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Archive for the ‘Psicología’ Category

Luego quedamos y terminamos de matarlo

Capitán, 15 meses, violado y destruido por unos niños

Unos niños de un pueblo de Almería dieron una brutal paliza a este burro de poco más de dos años en un descampado. Lo violaron con algún palo u otro objeto y le produjeron daños en los órganos, dejándolo al borde de la muerte.

Una profesora de su colegio escuchó una conversación en la que estaban planeando a la salida de la escuela volver al descampado y terminar con su vida. Avisó al SEPRONA y consiguieron salvarlo. Veterinarios y diversas asociaciones están cuidando de Capitán y parece que está saliendo adelante.

Ésta es nuestra España. Ese país amable y divertido en perpetua fiesta y alegría. Donde los turistas vienen a descansar y relajarse, a disfrutar del sol, de la gastronomía y del mar. Ese país que tiene su imagen en la fiesta de los toros donde se aterroriza, tortura, masacra y, por fin, se asesina, a un animal inocente para gozo de los espectadores y negocio de muchos intermediarios. Donde se jalea la sangre y el dolor de seres que no quieren estar ahí. Ese país que se acerca a la naturaleza con escopetas, con lazos metálicos, con trampas, venenos y extinción. Donde se miente sobre el lobo para cobrar subvenciones. Donde los animales se llaman alimañas. Donde se queman los bosques año tras año con total impunidad. Donde los agricultores llenan de veneno lo que comen, donde se fumiga a los insectos que deben polinizar las plantas que ellos mismos siembran. Donde se cría en cautividad linces para que los coches los aplasten. Donde las empresas pueden destruir el medio ambiente con el beneplácito, cuando no con la subvención, de los gobiernos.

Nuestra España donde luego nos echamos las manos a la cabeza cuando se producen tragedias como las violaciones, torturas y muertes a niñas y adolescentes por grupos de psicópatas que son capaces de hacer con ellas todo tipo de vejaciones, despedazarlas, quemarlas vivas y destruir sus restos sin revelar cómo, cuándo y dónde.

Y como psicólogo puedo asegurar que todo esto está relacionado. El psicópata de mañana fue el maltratador de animales de ayer. Esos niños que han apaleado y violado a una cría indefensa de burro terminarán haciendo lo mismo con una chica. Es así. Es el siguiente paso. En todos los perfiles de asesinos brutales, seriales y psicópatas está el maltrato y tortura animal en la infancia. No hay duda posible.

Hay una frase de Gandhi que dice:

 

La grandeza de España es la que entre todos hemos construido. Esos niños de Almería han visto cómo sus padres cazaban y mataban todo lo que había alrededor. Cómo luego colgaban a los galgos o les inyectaban lejía en las venas para verlos agonizar entre horribles sufrimientos. Han aprendido que la fiesta del pueblo es reunir a unos toros en una plaza y acabar con ellos poco a poco hasta que se desangran mientras sus padres y amigos aplauden y se divierten. Es lo que saben, lo que han visto, lo que creen.

Nuestra España.

 

Si no eres de esa España, te pido que firmes la petición en Change.org para que la justicia (ya, ya lo sé, no va a pasar nada) haga algo al respecto:

http://www.change.org/es/peticiones/seprona-de-almería-tomen-medidas-legales-contra-los-maltratadores-que-torturaron-y-apalearon-al-burrito-capitán?recruiter=40144573&utm_campaign=signature_receipt&utm_medium=email&utm_source=share_petition

 

Ánimo, amigo. Lucha por esa vida que esos hijos de puta decidieron que no valía nada.

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Recomendada por personas de las que me fío, comencé a regañadientes la serie de HBO True Detective. El caramelito que ofrece es comprobar que un tipo insufrible como Matthew McConaughey, deplorable en sus papeles de guapito más blando que la mierda de pavo, puede ser un buen actor. Yo levanté una ceja al estilo Nadal pero al final accedí a su visionado.

Y joder, el primer episodio me pareció realmente interesante. No por la trama en sí, más que vista en un país en el que la mayoría de la población parece que alberga un asesino en serie en su familia, sino por la manera de plantearse, de contarse lentamente, de imbricarse en las vidas personales de los policías, la ambientación y el formidable trabajo de los dos protagonistas. Porque si Mc está impresionante no menos lo está su compañero, Woody Harrelson. Y es que la química entre los dos creo que es lo mejor de la serie. Pocas veces se ha construido una pareja de policías, amigos y enemigos condenados a entenderse como estos dos actorazos. Están soberbios en cada palabra y en cada mirada. De verdad impresionante su trabajo.

No voy a entrar en describir los capítulos, el argumento y los tinglados porque creo que es mejor ver la serie sin demasiada información. Sí listaré (me gustan las listas) los aciertos en primer lugar y luego los fallos (horribles fallos) que desmerecen lo que de otro modo podría haber sido una serie inolvidable. Aún así, creo que es muy muy buena.

Puntos fuertes

  • La descripción perfecta del mundo rural de Louisiana, del Bayou y de sus inquietantes habitantes. Estamos en la América profunda y eso es algo aterrador en sí mismo. Aquí viven esos americanos que nos dan tanto miedo: fanáticos religiosos, hiperconservadores, racistas, ignorantes, de sexualidad enfermiza… Esas carreteras entre los pantanos, las manchas de sudor, el alcohol a cubos… Aterrador.
  • La extraña relación creada entre dos personas diametralmente opuestas en sus mentes pero muy próximas en sus comportamientos. La mejor pareja de policías inventada hasta la fecha, en mi opinión. Saltan chispas en cada conversación, en cada mirada. Y aún así están ligados a través de los años sin remisión.
  • Los monólogos de ambos, pero especialmente de Rust. Son una obra de talento narrativo. Esa mezcla de budismo, nihilismo, mecánica cuántica y jódete cabrón ha sido un auténtico hallazgo. Por lo que he leído, 180 páginas de monólogo que rodaron en tres días. Reconozco que en varias ocasiones he estado dándole al pausa y al rewind para volver a oír su flipada y conseguir que ninguna de sus palabras susurradas y guturales se me escapara y poder apuntarlas. Luego he visto que hay varias páginas y apps que las han recopilado. Ese acento texano de vocales largas y arrastradas cuesta un poco de pillar, pero creo que se me da bien una vez que le coges el aire. No hace falta decir que si lo ves o pretendes verlo en su versión doblada no te permito que sigas leyendo esto. Vete a ver los Serrano, el Príncipe o su puta madre. Adiós.
  • La fotografía y dirección artística es soberbia. Crea ese punto justo inquietante y algo sucio que va creando el ambiente que exuda la serie. (Exuda creo que es una buena elección para definirlo). Entre el alcohol, el tabaco y el sudor, aquello huele que a veces me ha dado nauseas. En serio.
  • Siempre que haya una referencia a Pink Floyd a mí ya me tienen ganado. El roble inmenso del crimen ritual del Lange es un calco de una imagen de Pink Floyd llamada Tree of Life. Y la camiseta que lleva Marty desde que entra al tugurio de los moteros hasta el asalto a la casa de los alegres asesinos cocineros de meta también es de ellos. Imagino que le gustarán a Nic Pizzolatto. Porque a Hart es imposible que le gusten dada su personalidad.

Imagen

  • Me creo totalmente los comportamientos de ambos policías y su vida personal. Hay pocas o ninguna inconsistencias en sus formas de actuar. Han construido unas personas creíbles llenas de aristas, facetas y demonios.
  • El plano secuencia de la acción entre los moteros y los niggers es de infarto, algo nunca visto y que te deja sin respirar durante los seis minutos de técnica y talento. Sólo por eso merece la pena ver la serie. Un diez a Cary Fukunaga.
  • El final del cap. The Locked Room con el monólogo de Rust y la imagen que sólo el espectador ve del día a día de Ledoux es terror puro. Escalofriante.

  • Dejo para el final la alucinante intro con la música mejor elegida para una serie que recuerdo. La canción Far from any road de los desconocidos The Handsome Family es obsesionante, mágica, poética y oscura. Un hallazgo. Lo que pueden conseguir dos acordes menores tan simples.

 

Puntos débiles

  • Estoy harto de las historias de asesinatos en serie. De verdad. Ya huelen. Comprendo que dan mucho juego y permiten ahondar en las tortuosidades de la mente humana. Lo sé. Vale. Lo acepto. Pero coño… ¿Ya, no?
  • Las pistas y los modos en que pasan de una persona a otra, de un escenario a otro, me parecen a veces confusos y no siempre se explican bien. Lo de las orejas verdes, de traca. No cuela.
  • Personalmente las historias truculentas con niños me joden mucho. Sé que es algo muy personal, pero me enervan. Así se consigue más fácilmente el terror y el asco del público. Pero me joooooden.
  • Han caído en una trampa similar a la de Lost: llenas la serie de referencias misteriosas, sobrenaturales (Carcosa, The Yellow King, the black stars, the two moons…) y luego todo eso queda en manos de un palurdo que era primo del Leather Face de la Matanza de Texas: la misma casa, la misma familia, los mismos gordos, las mismas aficiones malsanas. ¿De verdad ese redneck, esa familia de white trash, es capaz de montar todo un culto durante décadas en el que personas de alta clase social se reunían para hacer, ejem, lo que hacían? Las referencias a cuentos y mitos literarios de la época de Lovecraft, como los poemas y relatos de Ambrose Bierce y de Chambers no están al alcance de esos paletos descerebrados. No, no puede ser. No me lo vendas porque no lo compro. Bien es verdad que dicen que ninguno de los participantes en el vídeo (diossss) han sido arrestados ni identificados. Eso es un punto fuerte que no he colocado en la lista de arriba. Pero no puede ser que todo este esfuerzo y caída al infierno de estos dos se solvente por coger a un puto gordo psicópata. Me jode que me den pildoritas misteriosas hasta el último momento como la propia fortaleza de ¿Carcosa? tan macabra e inquietante chorreante de dolor y oscuridad, e incluso las palabras misteriosas del gordo: Come die with me, little priest… Take the bride’s path… y que luego el malo malísimo sea como Torrente cabreao. Tío, no, dame un poco más de nivel. 
  • El papel de las mujeres en esta serie ha sido… mmmm… ¿sexista? ¿machista? Igual es que en Louisiana ven así a las mujeres. Pero para un madrileño la verdad es que chirría bastante. O son putas o mueren, o las dos anteriores son ciertas. Maggie, la mujer de Marty, se escapa a esa clasificación y su actuación está francamente bien; pero reacciona de una manera bastante antigua y predecible a todas las mierdas de la vida (Curiosidad: la hija pequeña de Marty es la psicópata de The Walking Dead).
  • Y lo peor, como SIEMPRE, el condescendiente final. Me presentas dos personas llenas de mierda hasta las cejas. Ambos deberían estar muertos o en la cárcel. Tienen tanta basura dentro que se les sale por las orejas y al final… a) se salvan los dos: la escenita del redneck haciendo ‘la pausa’ antes de acabar con Marty para darle tiempo a Rust a que le vuele la puta cabeza no es de recibo en una serie de calidad: eso está bien en la tontuna diaria de las pelis de héroes, de Arma Letal o de alguna de Bruce Willis; pero Pizzolatto cabrón, me has hecho creer que eres un escritor bueno, que tienes talento… no me jodas; b) el nihilismo flipante de Rust, lo que ha dado empaque a la serie y te deja con la mente dando tumbos y volteretas, ¡se CURA!: vuelve a creer en dios y el amor, en los Teletubbies y en su puta madre bailando reggaeton; c) pero si hasta Marty le da un regalo de compromiso y se aman tiernamente bajo las estrellas… vomitivo…

Al final el puñetero McConaughey se ha salido con la suya y ha hecho una comedia romántica…

Terminemos bien, con la canción Far from any Road de The Handsome Family y mi propia traducción.

 

Lejos de cualquier camino

Desde la polvorienta altiplanicie
se cierne la creciente sombra
oculta entre las ramas
de la creosota venenosa.
Lentamente entrelaza sus espinas
hacia el hirviente sol.
Y cuando toqué su piel
mis dedos se cubrieron de sangre.

En el silente ocaso,
bajo una hinchada luna de plata
llegué de la mano del viento
para ver al cactus florecer.
Un hambre extraña se apoderó de mí
mientras las crecientes sombras bailaban,
caí sobre las zarzas
y sentí una mano temblorosa.

Cuando la última luz temple las rocas
y se desplieguen las serpientes de cascabel
vendrán los pumas
a llevarse tus huesos.
Y álzate conmigo, eternamente,
por la silenciosa arena,
y las estrellas serán  tus ojos
y el viento será mis manos.

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Weird Fishes

Por si a alguien le puede interesar. Se puede tocar fondo y desde ahí, darse impulso. Se puede.

Weird Fishes, del álbum In Rainbows, la versión de Scotch Mist. Cómo no, de RadioHead.

I, I’ll hit the bottom
Hit the bottom and escape
Escape

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Minimalismo

Cada día intento despojarme de más cosas, ideas, prejuicios, objetos… para quedarme con la esencia mínima de las cosas.

Mi hijo hace lo mismo…

 

Just cause you feel it doesn't mean it's there, foto de Jorge Delgado

Just cause you feel it doesn’t mean it’s there, foto de Jorge Delgado

 

Su album en flickr: http://www.flickr.com/photos/theworldisours7/with/10160260675/

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Asco

Aunque presumo de haberlo visto todo en la vida y de no sorprenderme ya por nada, reconozco que la apabullante noticia de las barbaridades que ha cometido Oscar Pistorius me ha sacudido estos días.

Los lectores de este rincón conocen de sobra mi visión pesimista sobre la humanidad en su conjunto y el asco que me suele dar el 99.99% de mis congéneres tomados de uno en uno o en grupos por afinidades comunes. Tengo al sapiens entre mis tres o cuatro especies menos favoritas, junto a las cucarachas, dípteros y parásitos diversos.

Sin embargo, entre tanta basura siempre surgen individuos a los que no me sale tan fácil odiarlos o despreciarlos: me gusta la gente valiente, que se recompone tras las hostias, los que luchan y se mantienen en pie a pesar de las tragedias. Siento también una inclinación favorable hacia los científicos que aman nuestro planeta y el universo entero y nos ayudan a entenderlo y respetarlo. Por último, hacia los artistas que nos traen un poco de belleza entre tanta mierda que generamos y en la que nos refocilamos como cerdos dementes.

La caída de Lance Armstrong, no por anunciada y rumoreada fue menos dolorosa. Un magnífico deportista, todo fuerza y pundonor que sobrevive al cáncer, que sale adelante, que se recupera y sigue en la brecha de la vida y del esfuerzo; que aprovecha su posición de ventaja en los mass media para ayudar a todos los que se pueden encontrar en una tesitura tan dura como la que él ha atravesado. Sin duda, un modelo, un ejemplo, alguien admirable.

Pero tras todas esas características magníficas se escondía un tramposo, un obseso por la victoria y la gloria sin importar contra quién y por encima de quién. Uno de esos individuos ególatras, carentes de empatía, cercanos a la psicopatía que no reparará en NADA para conseguir sus objetivos: nada lo detendrá, ni siquiera su propio hijo.

Y ahora el ejemplo más arquetípico de voluntad, de esfuerzo, de valentía, de ganas de vivir y luchar, de plantarle cara al infortunio y sonreír ante la adversidad, el atleta surafricano Oscar Pistorius, no es más que un maldito hijo de puta. A cuántas miles de personas no habrá servido de inspiración su vida y sus PROEZAS. Cuántos no habremos seguido sus intentos por participar en los Juegos Olímpicos a pesar de carecer de piernas. ¿Se puede ser más admirable?

Y no era más que una mierda. Alguien capaz de golpear con un bate a una mujer a la que se supone que amaba. A descerrajarle cuatro tiros y acabar con su vida. Ése era nuestro héroe.

No hace muchos meses descubrí que Albert Einstein, otro de mis personajes admirados, no sólo era una mente prodigiosa, un gigante entre más gigantes y un científico que ha marcado el mundo que ahora tenemos y nos ha permitido salir del oscurantismo y la ignorancia. Además de todo eso era un ser mezquino con los suyos, era guarro, olía mal, trataba con desdén a las mujeres que continuamente seducía para luego ser miserable con ellas y abandonarlas como un pañuelo usado. Nunca quiso a su hijo enfermo y no era la persona afable y entrañable de las fotos y los documentales.

Hay muchos más ejemplos. El lector echará mano de sus personajes admirados y de lo que escondían entre su basura.

Yo no sé si es que esa dualidad de sublime y miserable es la esencia del ser humano. Quizás lo sea.

Pero esta semana he bajado otro peldaño hacia el sótano del pesimismo.

Ya me quedan pocos. Veo perfectamente dónde acaba la escalera.

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Pocas cosas hay tan estúpidas como los estereotipos, especialmente aplicados al carácter de los pueblos: los alemanes son cuadriculados, los franceses sucios, los americanos tontos… Resulta obvio que nadie es por decreto como el resto de las personas con las que comparte el pasaporte. Ni siquiera si nos agrupan por comunidades o regiones los estereotipos se mantienen en pie: ni todos los andaluces son graciosines, ni los catalanes tacaños, ni los vascos brutos, ni los gallegos… lo que sean, que nadie lo sabe.

Pero sí hay algo que está en el interior más profundo y oscuro de la personalidad española. Algo que nos diferencia de nórdicos y centro-europeos; incluso de los estrafalarios anglos. Algo que nos define como nación y que va unido a nosotros sin podernos desprender de su pelaje.

La corrupción y, sobre todo, la normalidad asociada a ella.

Que pueda haber un político corrupto, o un grupo de ellos, es común en todos los países civilizados. Siempre se da el caso y resulta noticia, aun en los países más avanzados socialmente como los escandinavos. Ese político surge, se beneficia, se aprovecha un tiempo y luego pasa a manos de la justicia ante la que rinde cuentas.

También hay, por descontado, organizaciones criminales que se enriquecen a costa de los ciudadanos y que medran comprando a agentes de la justicia. Durante un tiempo.

Pero en España no es así. España está corrompida hasta la médula. No hay un político corrupto; ni un grupito de ellos. Lo normal y natural, lo cotidiano en nuestro país, es que cualquier persona que esté circunstancialmente en un puesto de poder se beneficie él y sus adjuntos (familiares, amigos, compinches) de las prerrogativas y ventajas que facilita el cargo. El dinero público sólo sirve para el enriquecimiento personal, nunca para el beneficio de los ciudadanos que lo han aportado para sufragar los gastos comunes que conlleva vivir en un país. Y ese dinero público nunca es suficiente. El que roba un millón no se contenta nunca. No se retira y hace como que ya ha pasado todo: aún quiere más, mucho más, infinitamente más. Y todo su empeño y resolución, su escasa o media inteligencia y todos los recursos públicos a su mando se emplearán en enredar, tergiversar, ocultar y manipular todo lo que sea necesario para que esa fuente inagotable de dinero, poder y maldad siga perpetuándose a su alrededor.

Pero no acaba ahí la idiosincrasia española. Lo PEOR de mi país es que ESO ES NORMAL. Es lo que hay que hacer, lo que se espera, lo que todo el mundo hace en su pequeño nicho de poder. Es así y cada uno lo repetirá en la medida de sus posibilidades en todos los ámbitos de la vida.

Si le cuentas a un sueco que te llevas los CDs, los tacos de 500 hojas de DIN-A4 y el material de oficina de tu empresa a tu casa, incluso aunque no lo necesites, simplemente no te podrá creer. Es algo que se le escapa al entendimiento. Si alguien se presenta a las elecciones municipales en un pequeño pueblo de EE.UU. (un país que detesto), trabajará para la comunidad y llevará a cabo mejoras en la localidad; mientras que en España si alguien lo hace es para recalificar sus terrenos, negociar un chanchullo con una empresa que le ha sobornado para obtener permiso para llevar a cabo algo ilegal y dañino o, si bajamos a pequeñas aldeas en las que apenas puede haber beneficio económico, para asfaltar su propia calle, llevar agua y luz a una caseta que tiene en una huerta cercana o convertir unas eras familiares en terreno urbanizable.

Y aquí estamos hablado no de una casta política corrupta, sino de la gente común, en su día a día. Cuarenta y siete millones de corruptos que se saltarán siempre la ley en su favor y que sólo apelarán a ella cuando las corruptelas de los demás los perjudiquen.

Los hechos que han sucedido en España durante las últimas décadas (el segundo gobierno de Aznar fue tan nefasto que, como dice el refrán de aquellos barros estos lodos) son tan infames, tan bochornosos, tan tremebundos que no puedo sino renegar de mi nacionalidad. Ser español nunca ha sido plato de gusto, pero ahora ya es un título tan vergonzoso que he decidido cambiar de nacionalidad en cuanto pueda y no perjudique a mi familia.

El comportamiento de los políticos del Partido Popular estas décadas ha sido de tal perjuicio a nuestra nación que no creo que pueda, no ya curarse la herida sino ni siquiera remendarse. Desde los municipios y las comunidades autónomas han establecido un saqueo concienzudo y sistemático a los ciudadanos (que aún así los jaleaban y seguían votando sus candidaturas). Han esquilmado las arcas públicas. Han establecido una mafia de adjudicaciones y compadreos con las empresas. Han normalizado lo demencial y lo criminal. Han destruido mi país. Posiblemente para siempre.

Cuando tenemos una monarquía corrupta dedicada a esquilmar y a derrochar. Cuando tenemos una casta política mafiosa (incluyo aquí a los del PSOE y a los nacionalistas catalanes). Cuando los jueces son elegidos por los partidos políticos en función de sus tendencias. Cuando cualquier juez que pretenda investigar algo relacionado con los tejemanejes es procesado por las causas más peregrinas y alejado para siempre de la judicatura. Cuando las Cajas de Ahorro se han usado para jugar al Monopoly con verdaderas mafias urbanísticas. Cuando se han llevado el dinero público en bolsas de basura y en carretillas. Cuando los medios de comunicación manipulan y son piezas de guerra entre los poderosos.

Cuando los ciudadanos aceptamos todo esto y no hacemos nada. Porque, en el fondo, creemos que esto es así y así ha sido siempre y así tiene que ser. Y es que si tú estuvieras harías igual…

España me hace vomitar. Odio profundamente ser español.

Y ahora, con la cantinela rusa de Kalinka…

Yo no soy español, español, español…

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Acaba de comenzar la segunda y esperadísima temporada de The Walking Dead (TWD), justo tras finalizar la primera de Falling Skies (FS). Dos puntos de vista distintos para una misma realidad postapocalíptica.

Confieso que me fascinan los zombis. Son, con diferencia, mis monstruos preferidos. No me asustan los vampiros ni hombres lobo, que considero trasnochados y decimonónicos. Los fantasmas me asustan poco o nada (algo más si son niñas japonesas dentro de pozos). Los demonios y sus vómitos de puré de verduras ni me afectan ya.

Pero los zombis, ay los zombis. Son infinitamente más reales. Los zombis son el arquetipo de nuestros terrores. Intentaré analizar por qué:

  • Son muertos vivientes: el miedo a la muerte y a que los fallecidos nos hagan algún mal está tan inervado en nuestro interior que está presente en todos los monstruos posibles. Vampiros, fantasmas y hombres lobo comparten con los zombis esta característica, que apela a nuestro inconsciente: en todas las religiones hay ritos para mantener a los muertos en su zona y a los vivos en la suya. Así debe ser si no queremos movidones.
  • Su condición es contagiosa, al igual que la mordedura de vampiros y lobisomes. Sin duda nuestra especie ha sufrido espantosas epidemias a lo largo de la historia que diezmaban a la población (peste, gripe, etc,) y que siguen siendo una de las principales causas de muerte. El contagio de una enfermedad por mordisco o herida abierta (rabia, por ejemplo) siempre ha sido temible para nosotros.
  • También zombis, hombres lobo y vampiros comparten su componente irracional. Tienen una parte humana y otra animal depredador. Su aspecto es como el nuestro pero se comportan como nuestros peores enemigos de la sabana. La vida de nuestros antepasados tuvo que ser ciertamente terrorífica con hienas, leones, leopardos, dientes de sable y osos cavernarios. Con ninguno de ellos -a diferencia de nuestros enemigos humanos- se puede negociar. No hay nada que hacer: vienen por nosotros.
  • Quieren comernos vivos. Directamente relacionado con la anterior, nos aterrorizan porque depredan sobre nosotros que somos los mayores depredadores. El miedo a ser devorado vivo está presente en todas las culturas y pesadillas de la humanidad. Si quien nos come es otro ser humano, el terror es absoluto.
  • Si todas estas características son más o menos comunes en todos los monstruos, los zombis cuentan con una que los diferencia de los demás y los convierte en los peores y más peligrosos de todos ellos: son muchos. Más que muchos, casi todos. No es un vampiro elegante en una ciudad. Ni un hombre lobo en un poblaco perdido en las montañas: son todos los hombres, mujeres y niños menos un puñado de supervivientes. Es la humanidad entera contra nosotros. Yo contra el mundo.

Creo que ahí radica su poder y su fascinación. Porque implica que el mundo que hemos conocido no volverá. Que todo ha acabado y no hay manera de solucionarlo. A un vampiro, o a un grupo de ellos, se los puede detener. Si nos unimos contra ellos los números están de nuestro lado. Son vulnerables. Podemos con ellos.

Pero no se puede luchar contra miles de millones de monstruos. La humanidad es el enemigo. El otro es el mal. Y hay muchos otros. La radicalidad de los zombis es que el mundo se ha acabado. No podemos unirnos para derrotarlos. Ya estamos derrotados. No hay esperanza.

Ésa es la gran diferencia con los Skitters y Mechs de Falling Skies. La gente critica con severidad esta nueva serie postapocalíptica. Quizás no vaya a pasar a la historia de la ciencia ficción ni haya supuesto un antes y un después como fue Lost. Pero quiero resaltar algunas originalidades que me parecen interesantes y que no deberían obviarse:

  • Nos sitúa directamente en el postapocalipsis. No sabemos por qué han venido ni qué intenciones tienen.
  • El asunto de los arneses biocibernéticos sobre los críos no está nada mal. Los cambios profundos que conllevan y su transformación en skitters es original, porque conduce al siguiente logro…
  • Los que parecen los alienígenas conquistadores (Skitters) no son sino piezas en manos de otras criaturas, esta vez bípedas (como los Mechs) que son los verdaderos enemigos (vamos, digo yo; eso aún no se sabe).

Pero también tiene algunas debilidades frente a TWD, ya que la estructura militar de los grupos humanos impide que los conflictos emocionales sean tan intensos como en la serie zómbica: la cadena de mando ahorra muchos quebraderos de cabeza. Los pequeños problemas personales no han quedado más que esbozados y sin repercusiones importantes en la trama: la muerte de la mujer de Tom Mason en presencia, o ausencia, del doctor que muere a manos (o lo que sean) del skitter capturado apenas ha dado juego; el rollo del capitán Weaver y sus droguitas y ganas de suicidarse no me ha conmovido. Es como si la trama pasara de puntillas sobre las cosas importantes para ofrecernos balazos, bombas y soldados vitoreando ante el Mech caído.

En FS han elegido el enfoque más fácil y yanqui de que el ejército nos liberará del enemigo (en los escenarios de la Guerra de la Independencia, para menos sutileza). Si mantenemos la disciplina, la cadena de mando y plantamos cara al enemigo en un frente común, conseguiremos devolver sus feos culos a Inglaterra, digo al planeta del que proceden. Eso para mí es poco apocalíptico y nada creíble.

Yo quiero un fin del mundo descorazonador, terrible, imposible de solventar. No quiero unión sino lucha por la supervivencia, aun sabiendo que está todo perdido. No quiero armas y victorias en batallas sino horror, muerte y desaliento. Quiero ver no a padres salvando a sus hijos con rifles de asalto, sino quebrando sus cabecitas con hachas porque pretenden comérselos vivos. Quiero ver desesperación, terror, cansancio, abandono. Quiero verlos sufrir, morir, convertirse en monstruos antes incluso de volverse zombis. Quiero ver a gente rota, reducida a lo esencial, a lo más crudo, oscuro y morboso: lo peor del ser humano.

No quiero esperanza.

Todo esto nos lo dan los zombis. No hay alegría en la victoria. No hay batallas ni guerras contra Los Otros. Los zombis somos todos. Somos nosotros.

Y nosotros nunca hemos tenido esperanza.

Lo que no quita para que la señorita Moon Bloodgood esté como un queso.

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