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Archive for the ‘Guadarrama’ Category

Siguiendo con mi intención de ir aligerando de manera importante los artilugios que llevo a la montaña, he adquirido el aislante Skin-Micro Lite de la empresa española Trangoworld en su versión corta de 120x50x3 y un peso increíble de 370 gramos. Empaquetado mide 25×10. Así que se acabó llevar el aislante por fuera de la mochila.

Skin Micro Lite Trangoworkd 120x50x3

Recomendada para alta montaña y senderismo en condiciones extremas. Gran confort. Volumen y peso mínimo. Su recubrimiento elástico especial aporta una máxima resistencia a la abrasión, microbios, agentes químicos externos y bajas temperaturas.

Descripción
  • Cubierta exterior de film de PU
  • “Lámina de esponja de baja densidad, silueta “”momia”” con canales transversales interiores”
  • Una válvula de hinchado estanca
  • Tape higiénico protector válvula
  • “Superficie antideslizante “Artistop”
  • Superficie elástica “Artistretch” antideslizante
  • Superficie elástica de PU antideslizante
  • Bolsa de almacenamiento y transporte
Prestaciones
  • Rápido hinchado y deshinchado
  • Peso y volumen mínimos
  • Confort y descanso en acampada
  • Excelente aislamiento térmico
  • Fácil transporte y almacenaje
Accesorios
  • Bolsa transporte
  • Manual instrucciones
  • Peso: 370g.

See more at: http://www.trangoworld.com/es/producto/coleccion-invierno-2013/colchonetas-montana/colchonetas/colchoneta/PC005263/627/2896#sthash.6BcMa9wu.dpuf

El estreno será a finales de este mes de enero en cuanto se estabilice el tiempo y un buen manto de nieve cubra otra vez la Cuerda Larga de Guadarrama. Veremos qué tal se comporta.

Ayer recibí el aislante y estas son las primeras imágenes.

473 gr y 27 cm con la funda

473 gr y 27 cm con la funda

456  gr y 25 cm sin la funda pero con las gomas

456 gr y 25 cm sin la funda pero con las gomas

En comparación con mi antiguo aislante de 1,059 gr y la funda AMK SOL Escape

En comparación con mi antiguo aislante de 1,059 gr y la funda AMK SOL Escape

Adivina cuál es el que se queda fuera en el siguiente viaje...

Adivina cuál es el que se queda fuera en el siguiente viaje…

Ahora sólo queda comprobar que con 120 cm tengo suficiente para no pasar frío.

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Mañana presentamos un proyecto de ultra trail a la iniciativa RaidLight Team. El equipo de la prestigiosa marca de material de trail ha abierto un concurso de ideas para patrocinar una de ellas.

Te presentamos Proyecto: Trail, una propuesta de colaboración para corredores populares con algún proyecto de trail running sugerente fuera de la competición. Preséntanos un desafío, una ruta, algo que te apetezca, y si resultas ganador, Raidlight te ayuda con material, lo haces realidad y lo cuentas.

Jesús me propuso participar con un viejo sueño que él tenía y no pude negarme: es demasiado bonito. Nunca hemos oído que nadie lo haya hecho hasta ahora y es a la vez sencillo de explicar y difícil de cumplir.

Lo hemos llamado Dos Cumbres. El día 15 se cierra el plazo y lo contaremos en nuestros respectivos blogs. No antes para evitar copieteos de última hora.

Como dice Jesús: Es ilusionante.

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Sigo con mi compromiso de aligerar al máximo mi equipo de montaña. Y lo primero que tengo que confesar es que el viernes pasado, día 15 de marzo, en una escapada a unos dosmiles de Guadarrama hice todo lo contrario. Anunciaban -15ºC  en las cumbres con viento del norte; así que preparé la mochila de 40 litros y la llené con casco, chaqueta de plumas, chaqueta de membrana y sobre pantalón con Thinsulate, además de guantes de invierno y manoplas también con el relleno aislante. Como siempre llevo en estas salidas invernales una manta térmica y la funda de vivac, iba preparadito para que se levantara la madre de todas las tormentas y aún así sobrevivir a ella. Luego, como suele ser lo normal, hizo un día estupendo, con pocos grados bajo cero y nada de viento. Así que no saqué nada de los pertrechos indicados y me sirvió con un soft-shell y unos guantes de forro polar.

De modo que tiene delito hablar de esto del minimalismo con ese pedazo de almacén invernal a la espalda. Pero creo que con la montaña en invierno no se juega y prefiero pecar por exceso.

De momento mis experimentos ultraligeros van a ir a tres estaciones. Y quiero ensayar una salida de dos días a principios de primavera con esta mochila que acabo de adquirir. Es la Altus Giza de 20 litros ¡y 118 gramos!

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Altus Giza 20 litros; peso: 118 gr. material: cordura

Viene dentro de este minúsculo bolsito con cremallera. La mochila es pequeña pero de aspecto bastante sólido, al ser de cordura 30D siliconada/PU. Tiene un bolsillo principal y uno pequeño en el exterior del tamaño del móvil o poco más.

Es completamente minimalista y austera. No tiene nada más: ni compartimentos internos para bolsa de hidratación, ni para guardar documentos y dinero… nada. Es sólo lo que es.

Con ella pretendo solventar la mayor parte de mis salidas de un día en tres estaciones. Pero eso no es todo. Como he dicho quiero probarla en una salida que incluya pernocta en modo vivac y ser capaz de portear todo lo necesario para dormir, comer, beber y protegerme de la lluvia y el frío.

Ahí queda mi nuevo reto.

La he comprado en El Corte Inglés de Goya. Quedan pocas. El precio es el mas barato que he encontrado: 19.90€.

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El pasado miércoles 28 de noviembre se realizó la presentación de un libro de botánica patrocinado por la Obra Social y Cultural de Caja Segovia. El título del estudio es: Árboles raros, escasos o amenazados de Segovia. Tejos y otras especies de interés segovianas. Conocerlos mejor para conservar.

Un amigo mío ha participado en el proyecto y puedo dar fe del trabajo intenso de campo que ha realizado el equipo de especialistas en recorrer toda la provincia e identificar todos aquellos ejemplares que por su escasez o rareza botánica requieran ciertas medidas de protección.

Árboles raros

Los puntos de venta serán en el Torreón de Lozoya y en la  librería Antares (sin confirmar) al simbólico precio de 9.36€. También veo que pueden adquirirse en estas webs:

Todos tus libros

Librería Cámara

Librería Vid

 

Si alguien está interesado en adquirir uno o más ejemplares y no tiene modo de acercarse a Segovia, puede hacérmelo saber y haré cuanto esté en mi mano para ponerle en contacto con los autores.

Reseñas en la prensa: El Adelantado.

 

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Si te piden nombrar cinco montañas de Guadarrama, nunca dirás ésta. Si te piden listar veinte, me juego lo que quieras a que tampoco sale. Es una desconocida. Está a trasmano, cerca de otras muy frecuentadas pero en una dirección divergente. Y merece la pena acercarse por allí y saludarla. Tenía ganas de hacerlo. Y tras una semana de tiempo horrible, temperaturas bajísimas y mucho viento y nubes, el día 22 de febrero de 2012 me planté en el Puerto de Navacerrada para ascenderla.

Después de unos días de horrible frío, hoy el termómetro marca unos cálidos y desconcertantes -2ºC a las 9:15 de la mañana. Comienzo a caminar por el sendero que sube a Bola bordeando las pistas de esquí en dirección al Emburriadero. Lo he hecho montones de veces y siempre me gusta ver el valle de Cercedilla y el de El Escorial desde la ladera mientras se sube.

Ladera hacia el Emburriadero. A la derecha Abantos

El sendero está con hielo malo, pisado y vuelto a congelar por la noche. En un tramo me tengo que parar a ponerme los pinchos. Pero al llegar arriba veo que el viento ha hecho de las suyas estos días y está más pelado que mi corazón. 

El Emburriadero

Hace un día espléndido, eso sí. Habrá que disfrutarlo. Me quito los camprones y me dispongo a subir hacia Bola, con la Maliciosa y el Peñotillo iluminados por el sol. 

Maliciosa y Peñotillo

Primera Guarramilla y Arroyo de Peña Cabrita

Asciendo por el sendero desnudo de nieve, entre piedras descarnadas. Pero para evitar la pista de hormigón tomo el desvío por la nieve: más trabajoso pero siempre preferible. Mirada atrás desde el desvío.

Cuerda de las Cabrillas

 Me vuelvo a poner los camprones. No es muy peligroso, pero si me caigo aquí me recogen en el Hotel de la Barranca. 

Hacia Bola.

Estoy tardando más que nunca. Entre las decenas de fotos (cada vez me gusta menos) y el no saber si crampones-sí, crampones-no, estoy invirtiendo mucho más de lo acostumbrado. Bueno, el día es largo y no tengo prisa. Me he dado un margen de 8 horas.

El Yeti en la Bola del Mundo (2.262 m)

Hace frío debido al viento que sopla siempre en estos lares. Tomo el desvío hacia Valdemartín en completa soledad. Frío y soledad, he ahí una buena manera de pasar la vida.

La mejor.

Imposible no echar un ojo a Peña Lara desde aquí. Saludos, Señora.

Peña Lara (2.430)

Y un poco más adelante las heridas de la estación de Valdesquí. No haré comentarios.

Valdesquí. Al fondo, Peñalara

Me encuentro con una nieve mala: tan pronto es blanda como está helada. A veces es mucha y otras no es nada.

Hielo en Guarramillas

Hoy no tengo buenas sensaciones. No sé por qué. A veces es inevitable subir a la montaña con los problemas cotidianos. Y aunque estoy aquí para despejarme, disfrutar del hielo y la soledad, explorar y ascender picos, no consigo abstraerme de ellos. Incluso al pasar por estas rocas, que el año pasado fotografié mucho más hermosas, no consigo más que una sensación un poco tristona que no me reconforta.

Cencellada

El lector que busque descripciones de rutas puede consultar las siguientes referencias en este mismo blog:

Hacia Cabeza de Hierro Menor, en verano,

Hacia Cabeza de Hierro Menor, en invierno.

Desde Cabeza de Hierro Mayor, en invierno.

En esta entrada daré por supuesto que todo el mundo conoce el camino hacia Cabeza de Hierro Menor y no abundaré en descripciones. Mi objetivo de hoy será la cresta que, desde la misma cima de ésta, parte perpendicularmente en dirección sur, paralela a la loma que une Bola y Maliciosa, creando entre ambas dos vaguadas gemelas por las que fluyen los arroyos que conforman el primigenio Manzanares.

He aquí la cresta de El Escalerón desde Valdemartín (2.278 m). La primera cima de la izquierda (y al fondo) es Cabeza de Hierro Mayor (2.381 m). Entre ella y su hermana pequeña se ve la vía de ascensión que seguí el invierno pasado. Vemos también el collado entre ambas (2.216 m) y, en primer término, Cabeza de Hierro Menor (2.374 m). Y como continuación de ésta y sirviéndole de contrafuerte, la cresta de El Escalerón (2.299 m), con todas las cimas y colladitos por encima de los 2.000 metros. En algunos mapas la llaman Loma de Cabezas.

Cresta de El Escalerón

En principio parece sencillo: subir a Cabeza de Hierro Menor y desde ahí tomar la loma sur recorriendo la cresta en dirección a la Cuerda de los Porrones, y antes de descender al Puente de los Manchegos, tomar el camino directo hacia la Maliciosa sin pasar por la Maliciosa Baja. De ahí a Bola y para el puerto. Largo y duro, pero asumible en 8 horas.

Al menos eso creía yo entonces.

El Escalerón

Pero primero hay que ascender a Cabezas de Hierro, y eso, dado el estado de la nieve/hielo, hay que currárselo. Zonas peladas, rocas heladas… En fin, no siempre va a ser una gozada.

Hacia Cabezas de Hierro

Desde uno de los balcones en la misma cuerda se abre esta panorámica hacia Peña Lara.

Dos Hermanas, Peña Lara y Claveles

Bueno, dejemos las fotos y centrémonos en la ascensión final, que hay que buscar el mejor camino en esta pedrera helada. Parece que no, pero el último repecho es agotador con esta poca calidad de la nieve.

Tercer escalón hasta Cabeza de Hierro Menor

Mirada atrás en la antecima para ver la loma entre Bola y Maliciosa. Un camino sencillo que tengo intención de recorrer a última hora de la tarde, si todo va bien.

Maliciosa y Bola

Desde la cima de Cabeza de Hierro Menor (2.374 m) la panorámica sobre la Pedriza siempre me ha parecido sobrecogedora.

La Pedriza desde la cima de Cabeza de Hierro Menor

Y aquí se puede ver perfectamente cómo la estribación de El Escalerón parte hacia la Maliciosa Baja (1.938 m), unida a la Maliciosa Alta (2.227 m) por el Collado de las Vacas (1.888 m). La mejor forma de aprender geografía.

El Escalerón, Maliciosa Baja, Collado de las Vacas y Maliciosa Alta

Y para que no todo sea geografía, un poco de criptozoología. Ahí estoy yo, con cara de acelga en la cima de la Menor, con la Cabeza de Hierro Mayor detrás. ¡He tardado casi tres horas!

Yeti encontrado en Cabeza de Hierro Menor

Bueno, hay que bajar de aquí para enlazar con la estribación que nos llevará sin pérdida por toda esa cresta que, desde aquí, parece muy fácil de seguir. Veo una pequeña pala de nieve con las huellas de unas raquetas y bajo por ahí. Saco el piolet y todo.

Nieve profunda en la bajada de Cabezas de Hierro

Hala, otra vez a quitarse pinchos. Parece que tendré roca durante una buena tirada. Me retrato con el trípode, la verdad que no sé por qué. Soy una de las cosas más feas que conozco, y eso que tengo mucho mundo y he visto de todo en esta vida. Pero os jodéis.

El Yeti al comienzo de la cresta

El camino es claro y pretendo seguir la cota máxima siempre que pueda. En el mapa hay varias cimas secundarias y colladitos entre ellas que siempre cabalgan por encima de los 2.000 metros. Cuando me ilusionaba coleccionar todos los dosmiles de Guadarrama, habría apuntado todos y cada uno de ellos. Ahora no me importa demasiado: prefiero disfrutarlos sin más.

Crestas paralelas

Valdemartín y Bola desde una cima secundaria

Ir a toda cresta no es complicado en sí mismo. Lo único es que el terreno es tan variado que lo mismo estás triscando por granito que metes la gamba en dos metros de enebros rastreros o tienes que deslizarte entre hielo malo. Pero entretenido es y las vistas son magníficas. Y la soledad absoluta de estos andurriales es lo más preciado para mí.

Más cimas secundarias de la cresta

Tras pegarme un susto bajando una roca helada, decido que tengo que progresar con los crampones. Aquí sí que no me va a buscar nadie si me caigo y me rompo algo. Por el lado de la derecha de la cresta la caída no resultaría mortal, pero por la izquierda… no sé, no sé…

Granitos helados

Me van a permitir que no me suba ahí...

Tengo que bordear una de las surgencias por la izquierda, por el lado más abrupto, porque por donde voy cae demasiado vertical. Lo hago con cuidado, por ese nevero que se ve en la imagen. Desde ahí las vistas sobre la Pedriza, el Embalse de Santillana y el Cerro de San Pedro merecen la pena. Pero la foto la hago antes, porque cuando paso por ahí tengo que andar con mil ojos. No es broma.

Pedri y Pedro

Pasadas las cimas secundarias me enfrento ya al personaje principal de la trama: El Escalerón.

Tramo final hacia el Escalerón

En pocos minutos llego ya al repecho final y veo que en la cima han colocado el clásico palito de escoba horrible que pone la gente por aquí. Ya podrían poner los Caballos del Viento del Himalaya. Aquí palotes.

Otra cosa que veo es que parece que me voy a quedar sin hacer cima: eso está muy quebrado para mí. Entre las rocas enormes, el hielo que hay entre ellas y que yo no me llamo Pou ni de quinto apellido, veo complicado subir al mogote cimero.

Peñón cimero de El Escalerón

A ver, chaval. Que has venido aquí a subir este pico y no te puedes quedar a treinta metros de la cima. A ver cómo te lo curras pero hay que subir ahí. Sin miedo, mariquita.

Ser de otro mundo en la cima de El Escalerón (2.299 m)

Ahí estamos. No sé muy bien cómo ni por dónde, pero con ayuda de los crampones he conseguido salvar las rocas heladas y trepar como un gusano hasta la misma cima. A un metro de los 2.300. Sólo cuatro picos en la Sierra de Guadarrama pasan de esta cifra: Peña Lara y Claveles, y las dos Cabezas de Hierro. Por tanto, si no me equivoco, éste es el quinto pico más alto de nuestra Sierra. Y ya es mío.

Esta foto es mejor, sin el horrible ser y con la Sierra de los Porrones (o Cuerda del Hilo) detrás. La caída por ahí es de leche total.

Cima de El Escalerón (2.299 m)

Bajando de la cima para seguir la cresta vuelvo a dudar si seguir con crampones o no. Justo por este lado no hay nieve, o casi nada. Así que me vuelvo a quitar los pinchos (no sé cuántos cambios he hecho ya).

Balcón hacia la Pedriza y el Cerro de San Pedro a la izquierda de la cresta

 

La Maliciosa Alta a la derecha de la cresta

Obviamente, en cuanto estoy sin pinchos vuelve la nieve y el hielo. Pero aún sigo un rato haciendo equilibrios por no parar otra vez. Estoy tardando una barbaridad en hacer estos pocos kilómetros.

Hermoso paisaje en la cresta

El camino es realmente agreste y accidentado. No hay más que rocas, hielo y piornos malévolos.

Roquelado

You leave me stone cold, decían los Rainbow

Seguimos descendiendo, pero aún en la cota 2.000. Otra pequeña cima, y nuevamente a por otra.

Las dos Maliciosas desde otra cima secundaria

El avance es lastimosamente lento. Los piornos y enebros rastreros son un suplicio. Si los mezclas con trozos de nieve profunda, planchas de hielo y rocas enormes se confabula una mezcla que me está dejando exhausto. En este montaje se ve el tipo de terreno que me espera aún.

La cresta sigue y sigue...

 ¿Qué harías tú? ¿Con pinchos o sin pinchos?

Pobre de ti si no clavas bien

En una de las cimas encuentro esta pala de nieve que desciende hasta la vaguada. Es nieve profunda, pero al menos no está salpimentada de rocas y arbustos. O sí, pero están bastante debajo. Digo adeu a la cresta y decido que ya la he recorrido bastante por hoy. No descarto llegar hasta el Puente de los Manchegos en otra ocasión. Pero se me está haciendo horrorosamente tarde y tengo que salir de aquí como sea.

Comienzo a bajar desde aquí

Adiós a la cresta

Por terreno más sencillo desciendo rápidamente hasta la vaguada formada por el arroyo de Valdemartín. Mi idea era seguirlo hasta donde pudiera, ascender la ladera que viene desde el pico y cruzarla hasta la siguiente vaguada. Más fácil pensarlo que hacerlo.

Bajando a la vaguada

Aunque el sol y las altas temperaturas han reblandecido la nieve, es mucho más fácil transitar por el arroyo que por la ladera cubierta de vegetación.

Arroyo de Valdemartín

Pero no hay que olvidar que transito sobre un río y que hay que tener cuidado dónde poner los pies. A mi izquierda veo que ya casi no quedan cimas en la cresta que he abandonado. Se ven huellas de esquís de travesía. Por donde he ido yo os quería ver, majetes.

Avanzando por la vaguada

Poco a poco el río se va haciendo más presente. Tal es así que llega el momento de tener que cruzarlo y ascender por la ladera contraria, pues cada vez hay más agua y pequeños saltos que se despeñan hacia abajo. Lo crucé justo por encima de donde hice esta foto, por un puente de nieve que se derrumbó a mi paso: una pata entera hasta la cintura metida en el hoyo, pero con sólo la bota dentro del agua. Nada grave.

Hay que cruzar el arroyo de Valdemartin

Y ahora sí que ya la cosa cambia de repente. Si bien el camino ha sido siempre malo y lento hasta ahora, con mucho terreno mixto que te hace perder tiempo, aún lo he pasado bien. Pero la subida y bajada de la ladera de Valdemartín se convierte en uno de los peores momentos que he pasado en la montaña. Horrible es poco. Todo ha cambiado y deja de ser divertido. No hago fotos, bastantes problemas tengo encima como para perder más tiempo con la cámara. Es un suplicio avanzar. Tengo malas sensaciones, sé que se me van los minutos sin progresar.

No me estoy divirtiendo. Sólo hay dos opciones a cada paso: o meto la pierna hasta la rodilla o la meto hasta la cintura. Prometo que ni una sola vez en más de una hora di un solo paso normal. Se me hace eterno avanzar unos metros. En dos ocasiones, con la nieve en la cintura tuve que echar mano del piolet para hacerme un hueco por donde poder mover las piernas aprisionadas por más de un metro de nieve y conseguir extraerlas. Horrible. Un espanto.

A las cinco horas sé que no lo voy a conseguir. No he avanzado nada.

Tras cinco horas, con nieve hasta la cintura, con cara de pasarlo como el culo

Este terreno es un infierno. Todo lo que diga es poco. Hay tanta nieve y tan profunda que es imposible avanzar. Cada paso me lleva una eternidad y siempre temo que la raíz de un piorno me tuerza el tobillo. Ni el bastón ni el piolet me sirven para nada, porque se hunden completamente y no me sirven ni como sujección.

El infierno blanco

A estas alturas del día tendría que estar ya subiendo decididamente hacia Maliciosa (a la izquierda de la fotografía anterior), pero no hay que ser muy listo para comprender que eso no va a ocurrir. Me estoy mosqueando yo solo. No dejo de despotricar contra todo por el mal rato que estoy teniendo cuando hoy se prometía un día guay y sencillo. Pero llegan las seis horas de ruta y estoy aquí.

A las seis horas de ruta. Tan cerca y tan lejos

Aún me quedaría media hora para llegar hasta el inicio de los campos helados que se aprecian tras de mí. Luego tendría que empezar a triscar por ahí hasta la misma cima de la Maliciosa. Sería genial y lo pasaría de maravilla, pero no cumpliría mi compromiso temporal. Se me haría de noche antes de llegar a Bola. Y si de algo me ha servido leer tantos libros de montaña y de expediciones es para saber que los mayores movidones siempre empiezan porque alguien se salta ese contrato previo con el reloj. Yo me había comprometido a seis horas en la cima de Mali. Estaba aquí abajo a las seis horas y me quedaría mínimo hora y media hasta la cima. Bien es verdad que conozco el camino desde ahí hasta Bola y de Bola al Puerto. ¿Podría hacerlo de noche? Creo que sí. Y llevo frontal. Pero es un compromiso aceptado, una promesa y un contrato. Me jode, lo paso mal, me revuelvo, lo vuelvo a pensar y me cago en mi alma, pero decido renunciar.

Renuncio a lo más bonito del día...

Con mucho mal rollo, avanzo ahora por el cauce del río Manzanares, tan joven que es un arroyo (arroyo de la Condesa).

Manzanares arriba

Intento que se me vaya pasando el mal rollo y conseguir volver a disfrutar de la montaña. Estoy en un paraje muy bonito y tendría que poder apreciarlo. En esta vaguada también se ha ido acumulando mucha nieve; no en vano esta zona es de donde nuestros antepasados recogían la nieve en los siglos previos a la electricidad. Con dos cojones venían aquí con una carreta de bueyes y cargaban arrobas de nieve y hielo para los señoritos de la capital. Este ventisquero, sin ser el de la Condesa (pelado de nieve en la cabecera del río), está en la unión de este arroyo con el del Cuerno y acumulaba un buen tomo.

Ventisquero del Cuerno (si no se llama así, desde hoy será su nombre).

Y me voy rindiendo a lo hermoso del paisaje. Poco a poco se esfuma el mal rollo y me voy sintiendo de nuevo más en equilibrio con la naturaleza. Estas cosas son así, Fran. Unas veces es más fácil y otras es más complicado. Y unas terceras son imposibles y tampoco pasa nada. Es así.

Imposible seguir enfadado.

Fuentes del río Manzanares

La pureza primigenia del agua, de la montaña, de la esencia de las cosas. Con esto soy feliz. Adiós, mal rollo, fantasma arrastrado del mundo estúpido de los objetivos, las metas y las gilipolleces. Ahora. Aquí. No hay más.

Madrid-Río nace aquí

Avanzar por aquí no es tampoco sencillo: la nieve está demasiado blanda. Pero no es tan agotador y frustrante como en la hora anterior. Salgo por fin del río y tras una subida por una pala de nieve pésima me encamino a las rocas que separan la vaguada de las antenas de Bola. Como ya me queda poco camino, decido regalarme un ratillo por esos tubitos, donde poder tirar un poco de piolet y disfrutar un rato. Pero aún habrá que ganárselo.

Un mar de nieve blanda antes de un poco de nieve dura

Si es que tienen aspecto de olas y todo… Frustrante de nuevo intentar avanzar por ahí. Cada paso es hundirse, torcerse los tobillos y caer hacia delante. Qué pasada. Parece tan cerca que en cinco minutos uno podría estar ya en las rocas. Pero pasa el tiempo y no llego. Cuando lo hago, por fin, piso nieve dura, que me aguanta, en la que hay que dar cramponazo y sujetarse con el piolet. Al menos me voy a desquitar un rato. No es gran cosa y las rampas son cortas y sin nada técnico que solucionar. Pero en comparación con los pantanos mucilagionosos que me han engullido, es una maravilla.

Y cuando asciendo este peñoncete y creo que ya estoy al lado de las antenas, un último repecho, apenas sesenta metros de ladera me detienen de nuevo en seco. No es nada, podría hablar (a gritos) con alguien que estuviera en las antenas. Tan cerca estoy. Pero ¡no sé si podré llegar! Es completamente desesperante. Estoy metido hasta la cintura en la nieve de nuevo. Cada paso que doy me hundo y conmigo se desmorona la ladera. Quiero salir YA. Estoy harto. No me estoy divirtiendo. Que llamen al encargado.

Todo en la vida termina. Hasta los malos ratos. Alcanzo las antenas, las bordeo y enfilo hacia abajo. Esto se está acabando. No ha sido el mejor día. Pero ha habido cosas buenas y con ellas debo quedarme: 8 horas en solitario por unos parajes hermosos, solventando los malos momentos que he tenido, disfrutando de bellas vistas, ascendiendo a un pico importante que requería una trepada que me daba miedo hacer solo y que he conseguido llevar a cabo: no diré que soy valiente, pero sí que tengo cierta determinación para triscar por estos andurriales salvajes en total soledad y cuidando de mí mismo. He tomado decisiones, las he respetado y he seguido un plan fijado de antemano con capacidad de improvisación y adaptación a las circunstancias. Y he visto nacer al río de mi ciudad en un entorno delicioso.

Coño, ha estado bien.

Para abajo

  

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Desde que decidí dejar de participar en carreras populares mi mente inquieta está buscando nuevos retos. Haber cumplido todo lo que me había propuesto cuando empecé a correr me podría dejar sin ilusiones; pero nada más lejos de la realidad.

Recorrer en solitario largas distancias es para mí una fuente inagotable de placer. No depender de nadie, no contar con nadie, salir solo de cualquier atolladero y no quejarse es algo que quien no ha probado no puede entender cuánta satisfacción proporciona.

Aún no he pasado de 100 kms en solitario. Y ya va siendo hora.

Listo a continuación tres proyectos a los que estoy dando forma desde hace unos meses. El orden quiere reflejar la creciente complejidad de la aventura:

GR-88 en solitario. 180 km

 Atravesando las provincias de Madrid y Segovia, desde el Pontón de la Oliva hasta San Rafael. Entre 180-200 km; más o menos balizado, sin demasiados problemas logísticos ni técnicos, a excepción de lo largo del recorrido. Una semanita, o al menos seis días si las distancias reales se acercan al margen menor de la horquilla. Un tramo ya lo conozco por compartirse con el GR-300 desde el río Lozoya hasta El Atazar.

El Jarama: un río en solitario. 200 km

Si preguntamos cuál es el río de Madrid apuesto a que el 99% de las respuestas será ‘el Manzanares’. Pero el verdadero río de nuestra Comunidad es el Jarama. Nace por encima de los 2.000 m en el pico Peña Cebollera (o Tres Provincias) y desemboca en el Tajo, en Aranjuez, tras 200 kms de heridas, maltratos y destrozos. Creo que no hay reseña de nadie que lo haya recorrido por completo desde el inicio hasta su fin. Atraviesa zonas muy solitarias y de difícil acceso en su tramo más montañoso. Me llevaría no menos de una semana, quizás más. Me gustaría contar con la ayuda de algún organismo público que me concediera un permiso (llámese salvoconducto) para poder recorrerlo y pernoctar sin tener problemas con forestales o el SEPRONA.

GR-48 Sierra Morena en solitario. 600 km

Desde la frontera portuguesa, atravesando Huelva, Sevilla, Córdoba y Jaen. Recién balizado y acondicionado, no parece complicado técnicamente, pero la distancia es algo para no tomarse a la ligera. Mínimo tres semanas, más cerca de cuatro a poco que el tiempo se tuerza. O en otoño o en primavera, evitando los rigores del verano y el invierno.

Como es natural, se admiten sugerencias y consejos.

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Cada día me da más pereza escribir crónicas, especialmente cuando éstas deben cubrir casi treinta horas de actividad. O te quedas en lo más general o buceas en las sensaciones más personales, lo cual siempre conlleva cierto melodrama del que ya me estoy hartando (aunque sé que tiene sus seguidores).

Tengo quince días para pergeñar la madre de todas las crónicas mientras descanso (conociéndome, es un decir) en la costa occidental asturiana. Temperaturas frescas, olas frías y playas salvajes me recompensarán por el palizón sufrido. Palizón relativo, porque tras unos días de moverme como C3PO en una de sus malas tardes, la cosa no ha revestido más importancia. Es curioso lo que es capaz de tragarse un cuerpo humano normalito.

Aprovecharé estas horas antes de la huída hacia tierras más benignas para intentar extraer alguna enseñanza (personal, no pretendo que a nadie más le sirva) de lo experimentado los días 3 y 4 de julio pasados.

1. Preparación

  • Hay que tomarse muy en serio los entrenamientos. Por motivos de salud no he podido hacerlo como quería, ni en horas ni en distancias ni en intensidad. Es fundamental llegar a la cita de un ultra trail con todos los deberes hechos. No valen ni la autocomplacencia ni la dejadez de pensar “Bueno, si esto no es más que cabeza”. Obviamente se tira mucho de cabeza, pero la forma física ha de ser óptima.
  • Trabajar la fuerza, la resistencia y la técnica de bajada. El secreto para mí es conseguir correr de verdad en muchos tramos sin caer en la desidia de decir: “Ahora camino rápido y ya está”. Es lo que te pide el cuerpo pero hay que decirle que se ponga a correr, y punto. Las subidas primeras, especialmente la de Maliciosa y Dehesilla, las hice muy bien. El factor climático es para mí determinante. Si no me equivoco, tiré del grupo en Maliciosa sin problema y llegué enterísimo al primer control. En cambio en Morcuera ya iba con la lengua fuera por el calor húmedo. Con el calor no puedo lidiar, es uno de mis puntos débiles. En cuanto a las bajadas, la primera caída tonta nada más coronar Maliciosa me hizo ser demasiado precavido en la larga bajada técnica. Tengo que mejorar y soltarme más. Eso es cuestión de entrenarlo y tengo un año para hacerlo.
  • La preparación psicológica, modestia aparte, la tengo aprobada. Nadie daba un duro por mí en las horas previas al alba, tirado en un bosque en la oscuridad. Sé que siempre sacaré fuerzas de este puto cerebro dañado que tengo. Creo que es mi único punto fuerte.

2. Material

  • La mochila me ha resultado pequeña. Iba todo a reventar, de manera que cualquier acción de mete-saca era un incordio logístico. El año que viene adquiriré una más liviana y con algo más de capacidad (Salomon o Raidlight).
  • Las zapas me han resultado óptimas, pero están destrozadas. Cualquiera que las vea pensará que llevo con ellas 5 años. Y no tienen ni 5 meses. Las pedreras, los caos de granito y las bajadas dementes han machacado el material de la suela (sabía que The North Face es muy blanda y se desgasta rápido) y en general, están ya para un uso secundario. Para el año que viene estoy abierto a otras opciones.
  • Calcetines. Hasta el km 45 o así, no tenía ampollas. Fue en la bajada de Morcuera a Rascafria cuando noté que llevaba las zapas ya algo sueltas y en los trotes me iba rozando. En dos ocasiones avisé de que tenía que parar para lazar de nuevo las zapas, pero no lo hice pensando que ya daba igual hasta llegar al Pte. del Perdón donde me cambiaría de calcetines y trataría de pegar algún Compeed sin resultado. Error que me costó ampollas ya formadas y que reventaron en el Alto del Morete, con escalofriantes consecuencias. Esos dolores te cambian la pisada, cada vez lo haces peor, cada vez el terreno es más abrupto y llegué a Peñalara con los pies en carne viva. La culpa no es de los magníficos calcetines Wright Socks (15 € el par), sino de mi empecinamiento en no cuidar los pies como precisaban (por no retrasar más al grupo, también hay que decirlo). Tengo que probar a pegarme vendas adhesivas grandes. Eso podría CAMBIAR mi carrera sin la menor duda.
  • Camisetas. Perfecto, pocas veces he tenido unas prendas tan baratas y buenas como las que he usado. La subida y bajada de Maliciosa, entre niebla, lluvia y frío la hice sólo con la Kalenji de manga larga (15 €) mientras la gente llevaba todo tipo de cortavientos y chaquetas impermeables. Ni siquiera me enteré del frío y apenas me mojé. Es excepcional. Por la noche usé una de CoolMax que compré en rebajas por 10 € y que ya había probado este invierno en la nieve. Magnífica. No sentí el menor frío y la evacuación del sudor es muy buena.
  • Mallas. Me equivoqué, posiblemente. Mi primera idea era llevar mallas cortas, pero la previsión de tormentas me hizo dudar entre echar unas largas a la ya autoexplosiva mochila o tirar por la calle del medio y comprarme unas piratas para todo el trail. Eso hice y pillé unas baratas y sencillas. Regulares en cuanto a suavidad. Creo que me evitaron algún picotazo de más, pero la parte desnuda en las pantorrillas es un museo del aguijón inséctico, del rasponazo pétreo y de la laceración vegetal. Nada grave, pero hay que darle una pensada a esta prenda para otras veces.
  • Bastones y guantes cortos. Para mí, imprescindibles en las subidas y en las bajadas me aportan equilibrio y un punto extra de apoyo a mi rodilla derecha maltrecha. No me molestaron más que en Claveles.

3. Alimentación e hidratación

  • Mi primer error fue llenar la Camel con isotónico desde casa. Cada vez me da más asco el sabor de esas bebidas. Para un entreno está bien porque te bebes medio litro (yo a veces lo rebajo con agua). Pero cuando llevas horas y horas bebiendo litros y litros, el sabor saladodulce se hace insufrible. Las pastillas de Isostar funcionan para un bidoncito o dos. Si tienes que hacer litros y litros, me da un asco el sabor que ya no puedo más. Me resultó más agradable las pastillas masticables que llevaban mis compañeros. Eso es buena idea.
  • El agua pura es lo mejor. Cuando bajamos de la pedrera inmunda de Peñalara por la noche, atravesamos varios riachuelos cantarines que, a la luz de los frontales, revelaban que eran de cristal. Tras atravesar uno y seguir unos metros le dije a Jorge que me esperara un minuto. Bebí del arroyo el agua más maravillosa del mundo, me llenó de vida, me quitó el sabor asqueroso de las sales y la glucosa y me permitió tirar hasta La Granja. Desde ahí, ya sólo bebí agua. No quise más Acquarius ni mierdas de ésas.
  • Pasé por muros de maratón varias veces. Me quedé literalmente sin energía. Las barritas hay que comerlas poco a poco de manera continuada, porque tardan más en soltar sus moléculas. Pero son buenas. Los geles de Isostar son instantáneos: me salvaron en tres ocasiones de venirme abajo por completo. Te tomas una mierda de ésa y notas en el mismo momento que la tragas que te llenas de energía. Los considero imprescindibles para estos casos.
  • Llevaba bocadillitos de jamón y pavo y no fui capaz de comerlos. En Morcuera me sentaron de maravilla los macarrones que me donó graciosamente Javi. Estaba torrao y me llenaron de fuerza. En el Pte. del Perdón tomé jamón y queso en un pequeño mini bocata y me sentó bien. Pero desde ahí ya no me pude meter más en el cuerpo. Fue en el Reventón cuando pensé en comer mis bocatas antes de que anocheciera. Pero tenía el estómgao completamente cerrado. Y no comer nada en toda la noche me dejó de nuevo sin un átomo de energía. Mi horrible rendimiento por la noche fue en gran parte debido a que no había comido nada desde el Pte. del Perdón. Eso hay que trabajarlo, estructurarlo y evitar esas diferencias abismales de alimento y vaciado. En La Granja, además de un caldo reconstituyente, comí dos o tres lonchas de embutido y me sentaron bien. Quizás más chicha y menos barritas sea una combinación que me vaya mejor. Eso aún tengo que probarlo.
  • Cafeína. Pensé que nos darían algún refresco de Cola en La Granja, pero no fue así. Poco después, me iba durmiendo de pie. Hubo en dos ocasiones en las que perdí la consciencia por segundos y a punto estuve de caerme al río. Mis hábitos incluyen estar en la cama como muy tarde a las 22:30, y dormido sí o sí a las 23:00. Si a eso le unes que la noche previa a la carrera no pegué ojo, que me levanté a las 04:30 y que llevaba una paliza brutal encima, la necesidad de sueño era abrumadora. Precisaba para sobrevivir cerrar los ojos unos minutos y depejar la cabeza embotada. Ahí es cuando eché a gritos a mis compañeros. Yo necesitaba un poco de descanso y no podía seguir retrasando su ritmo. Tendré que pensar en algún tipo de pastillas de cafeína, guaraná o similares. Sin eso, me duermo y bajo enormemente el rendimiento.

Cerramos por hoy. Me voy de vacaciones.

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