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Archive for the ‘Muse’ Category

Aunque me apunté a este disparate el día 7 de enero, no he querido hacer ninguna referencia en este rincón ni darle demasiada importancia.

110 km por la Sierra de Guadarrama, con un desnivel positivo de 5.100 m y 30 horas para terminarlo, con cortes de tiempo intermedios en los que si no pasas te quedas fuera.

Lo he preparado poco y mal, pero eso viene de oficio. A mí no me gusta obsesionarme con una prueba en concreto (cuando lo he hecho, como en mi primer MAPOMA, las cosas han salido muy mal). El truco es no hacer nada del otro mundo, ni enfocarse demasiado, ni dejarle que se cargue de energía. Silbar, mirar para otro lado, hacer como que no está y seguir con tu vida mientras el monstruo se desfonda, se deshincha y se queda reducido a lo que es: a unos cuantos metros (ciento diez mil metros, en este caso) que hay que recorrer. No es para tanto.

No estoy ilusionado por hacerlo. Eso me jode. Creo que la ilusión es lo único que puedo aportar a las memeces en las que me embarco. No tengo ni capacidades, ni habilidades ni dones para hacer estas cosas. Soy un gordito, un vejestorio y un pato mareao. Cualquier parecido con un corredor o montañero es pura coincidencia. Pero cuento con infinitas cantidades de ilusión en mi mochila. Y con ella sé que me puedo enfrentar a todo. A TODO.

Pero no tengo ganas de que llegue el día. Se me fue la motivación por el camino. Quizás la perdí demasiado pronto. No he sentido un fuego interior que me impulsara a entrenar y recorrer los tramos de la prueba para familiarizarme con ellos. Salí en dos ocasiones en grupo con los Paquetes y poco más. Ni siquiera hice ningún comentario en esta bitácora sobre esas salidas. Y es que no siento nada dentro. Estoy bastante vacío y creo que sin ese impulso vital que suelo llevar en mi corazón me va a resultar muy difícil enfrentarme a esto.

Si hubiera sido posible habría entregado mi dorsal a otra persona interesada. Pero las normas lo impiden y lo tengo asignado desde enero. Si quiero voy y si no, se pierde el dorsal y los 80 € de la inscripción. No me ha gustado en ningún momento la organización de la prueba y eso quizás ha colaborado en mi pérdida de ilusión. Pero al fin y al cabo la motivación ha de ser intrínseca y no puedo culpar a causas externas lo que me ocurra a mí.

El sábado 3 de julio estaré en el pueblo de Navacerrada con todo el equipo necesario para afrontar 30 horas de montañas, senderos y trochas. Lo intentaré con todas mis fuerzas, pero con poco, muy poco, de mi corazón.

Y para mostrar cómo me siento, nada mejor que música, como siempre. Un vídeo muy triste para una canción fantástica que no me saco de la cabeza.

Muse – Muscle Museum (1999)

P.D. Jamás lloro ni lloraré.

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They will not force us
They will stop degrading us
They will not control us
We will be victorious
  
 

 

De no ser por tener un hijo adolescente me habría quedado en casa y me habría acostado a las diez, como es mi costumbre. Pero hoy tocaba su grupo favorito, iba con sus amigos, todos menores, y algún adulto tenía que hacerse cargo de la situación. Como no encontraron ninguno, me tocó a mí.   

Las entradas habían volado en los días siguientes a su puesta a la venta, de manera que tuvimos que acoquinar una bonita suma para conseguir dos pases a la pista general (sí, ahí, en el mogollón).   

Dos entradas de Muse en la reventa: 140 €. Ver la cara de tu hijo disfrutando como un enano: no tiene precio.   

Mentiría si dijera que iba forzado. Compadezco a los padres que tienen que llevar a sus hijos a ver a Hannah Montana y a Pereza, Bisbal o dementes similares. Pero mi hijo tiene gustos refinados y Muse nos encanta tanto a él como a mí. Como es natural, él se conoce cada una de las canciones de memoria, las rarezas, los temas que han salido sólo en un single en Japón y cosas parecidas. Yo no llego a tanto, pero los oigo muy a menudo y me sé casi todas sus canciones.   

El tour de este año lo realizan en estadios. Llenar un estadio parece reservado a payasos acabados como los Rolling, a vejetes a los que se les perdona todo como al Boss, o a los sobrevalorados U2. Pero este trío de trientañeros ingleses se lo ha propuesto y arrasa en cada país que visita. Si se han caracterizado siempre por unas puestas en escena espectaculares y muy futuristas, las de esta gira son abrumadoras. Creo que han dado una vuelta de tuerca al concepto de escenario y de ‘juego de luces’. Yo que he asistido a un concierto de Pink Floyd en su explosión de láser y varilites, pensaba que lo había visto todo. He de reconocer que el espectáculo de Muse es impresionante: el sonido es aplastante, de una pureza y brillo formidables. La limpieza con la que se oía absolutamente todo, la perfecta sincronización con los media utilizados y la cantidad de sorpresas desplegadas en el concierto han sido soberbias. Desde el punto de vista de un espectador, un 10 sobre 10 sin duda alguna.   

Dados los nervios de mi vástago, a las 18:45 estábamos en el Vicente Calderón, junto con los otros amigos que lo acompañaban. Eran tantas las ganas que a las siete estábamos ya dentro, eligiendo sitio junto a una valla de seguridad, justo en el centro del escenario y perfectamente situados para una de las atracciones que nos aguardarían; pero eso no lo sabíamos aún. Unos bocatas y a esperar que empezaran los teloneros.   

Primero aparecieron The Big Pink, que me parecieron muy modernos y me gustaron mucho (especialmente la baterista japonesa, Akiko Matsuura, que estaba como un queso y andaba medio en bolas). Tengo que darles una escuchada porque creo que se merecen atención. Tras ellos tocaron los Editors, grupo indie más conocido (reconozco que sólo había escuchado  An End Has a Start). Me gustó la intensidad con la que tocaron y tendré también que seguirlos.   

Editors actuando de teloneros

  Como era de esperar, ninguno de ellos utilizó más que unas pocas luces y efectos del inmeeeeenso bloque en el que se alojaba el escenario. Todo el despliegue estaba reservado a los dueños y señores del rock del siglo XXI.   

   

Comenzaron con 15 minutos de retraso. Nosotros llevábamos ya tres horas de pie y cuatro y pico desde que salimos de casa. Nada, poca cosa. Pero mereció la pena esperar.   

Todo comienza con una manifa, sí, sí. Se enarbolan banderas de Resistance, con una española en el centro, entre el público los pipas elevan pancartas, lemas y emblemas y se dispara Uprising. La locura se expande como un universo recién nacido y la banda acomete su entrada de forma brutal y anunciando lo que nos espera: puro espectáculo audiovisual y una calidad excepcional en todos los aspectos.   

   

Al conocido single del último disco (se oye ya hasta en los supermercados) le siguen para el delirio de los allí reunidos la rítmica Supermassive Black Hole , una preciosa  New Born y la enorme Map of the Problematique. La entrega del público es total y el espectáculo está al mejor nivel de cualquier banda de rock que yo haya visto. El despliegue técnico es de los que te dejan la boca abierta, muy moderno, muy vanguardista (como es Muse), efectivo y, por qué no decirlo, efectista. Se van desgranando casi todos los temas del último álbum (Resistence) y muchos del anterior (Black holes and revelations). Que son ambos dos discazos, lo digo por delante, pero bueno, tienen más concesiones al público que los primeros: hay más que ecos de U2, el tecno de los 80 o incluso de Queen. Son más comerciales, si se quiere utilizar ese término algo despectivo: pero ya quisieran otros hacer temas comerciales con los matices  y calidad que derrochan estos. Sonó entonces la canción que han compuesto para cierta película innombrable y que no me dijo nada: demasiado blanda y comercial. Luego lo arreglaron con Bliss, temazo. Personalmente me apasionan los primeros trabajos de Muse y me recompensan con uno de mis temas favoritos del tercer disco (Absolution): Hysteria. Pura energía, enloquecemos todos con ese intensísimo nu-metal o como cojones se pueda llamar esa explosión total de rock brutal. Escalofriante. Tan intenso y furioso que te conquista para siempre.   

Para los que no conozcan al grupo (debería ser castigado con veinte azotes en plaza pública y ser motivo de escarnio) los componentes de Muse son:   

Matt Bellamy: compositor, cantante, guitarrista, teclista y todo. El alma creativa; un tipo simpático, hiperactivo, hipercreativo y un virtuoso al piano y a la guitarra (llegó a tocar los dos mástiles al mismo tiempo). Medio extraterrestre y algo gamberro. Eso sí, su español es peor que mi birmano.   

 

Dominic Howard, baterista menudo y con gran sentido del humor, desarrolla una energía y una creatividad muy grande en la sección rítmica. Cuando lo ves actuar comprendes que cada canción lleva exactamente el ritmo y adornos que necesita, ni más ni menos.   

 

Christopher Wolstenholme, el grandón bajista, que abandonó la batería en su anterior grupo para comenzar a tocar el bajo en Muse sin haberlo hecho nunca antes. No sólo aprendió sino que es un magnífico bajista, potente, creativo y que junto a Dom crea una base rítmica aplastante sobre la que Matt puede florear a su gusto.    

   

 No soy capaz de recordar el orden de las canciones (tocaron muchas y algunas de mis favoritas). Guiding Light según mi hijo no la habían tocado anteriormente, y quedó bastante bonita, con ese solo de guitarra corto pero intenso. (aunque sé a casi nadie le gusta este tema). United States of Eurasia me sorprendió porque pensé que no funcionaría en directo y sí lo hizo. Tuvimos momentos para la calma en Feeling Good y en Unintended, en la que que Dom nos pidió que ilumináramos el estadio con las luces de los móviles.    

   

Pero nos iban a arrollar con varias sorpresas, como la plataforma en la que Dom y Chris se subieron para iniciar una intro poderosa rítmicamente (MK Jam) para Undisclosed Desires, con una batería luminosa mientras subían y bajaban para incorporar a Matt a la fiesta. La canción, puro tecno ochentero, resultó bastante llamativa.   

   

Otro de mis momentos favoritos llegó tras Resistance y Starlight se zambulleron en Time is Running Out, un temazo que te agarra desde el principio y desearías que no te soltara nunca. El pogo era ya inevitable en la pista y no paró hasta el final del concierto.   Fue seguida por Unnatural Selection, contundente y con una guitarra fantástica.   

 
 
 

Ay, esos trajes plateados, Matt...

 Otro espectacular secreto que guardaban era un auténtico OVNI que salió de detrás del escenario al más puro estilo Pink Floyd con sus cerdos volantes. Mientras Matt desgranaba la primera parte de Exogenesis, una pequeña sinfonía clásica que aportaba la perfecta atmósfera mágica, un globo plateado llegó flotando hasta justo el lugar donde estábamos nosotros, que comprendimos en ese momento el por qué del pasillo que habían formado los de seguridad y que permitía a los pipas manejar diestramente el OVNI.     

   

 

Lo teníamos a pocos metros sobre nuestras cabezas cuando me sorprendió el “burruño” que formaba justo el vértice inferior del globo. Entonces, en perfecta sincronía con la música onírica que sonaba en el escenario (al que nadie prestó atención en esos momentos), el vértice se convirtió en una bailarina colgada del OVNI que, sujeta por unos cables invisibles evolucionaba con un aro en la cintura que le permitía girar libremente. Una auténtica extraterrestre (de género mamífero, sin lugar a dudas) bailó mágicamente sobre nuestros asombrados ojos tan cerca que casi podíamos tocarla. Resultó muy plástico y muy bonito. La ovación fue total.   

   

Aún nos lanzarían varios ojos enormes que rebotarían entre el público de lado a lado, mientras otro ojo inmenso parpadeaba en la bola de leds que coronaba la nave nodriza, digo, el escenario.   

 

 Ante el delirio de 50.000 personas entregadas desde el minuto uno, la despedida se compuso de cuatro temazos tras un corto tiempo que necesitó Matt para que le pusieran encima un auténtico traje de luces. Y nada menos que la magistral y epítome del rock alternativo que más me gusta, Stockholm Syndrome, siguió en el repertorio. En el más puro estilo Tron, subido a la plataforma en medio del público, con unas gafas del futuro y un traje de colores cambiantes y sincronizados con la música, interpretó Take a Bow. Impresionante. Pero bajó y la banda atacó Plug in Baby, para mí quizás la mejor canción de la década. Es tan visceral, tan poderosa, con ese riff que te llega tan dentro que no puedes hacer otra cosa que entregarte a ella. Allí bailaron cinco decenas de miles de personas y seguro que muchos de los vecinos del barrio. Para terminar, y precedida de la nueva intro gloriosa con la armónica estilo western de Chris, la incomparable Knights of Cydonia. Brutal, demoledora, perfecta.  

Un espectáculo total, moderno, ultramoderno, tecnológico, insuperable técnicamente. Pero sin dejar de cuidar el sonido, la interpretación, el ritmo, la rabiosa y mordiente guitarra. Con momentos de poesía y de furia, con magia y metal pesado. Con armonías de piano clásicas, guitarras desgarradas, riffs potentes, letras de amor o comprometidas políticamente, ritmos pulsantes y melodías cuidadas… ¡y todo ello a menudo en la misma canción!  

Pueden pecar de eclecticismo. Es cierto. Puede que sus dos últimos discos tengan demasiadas referencias a músicas ya escuchadas. Si bien sus primeros discos no suenan a nada anterior, son rompedores, alternativos y brillantes (para mi gusto imprescindibles para todo amante del rock), los nuevos trabajos son más digeribles por el gran público. No lo critico: un artista puede decidir acceder a mayor número de personas y para ello tiene que hacer ciertas concesiones. Pero Muse sigue siendo un señor grupo de rock con mayúsculas, poderoso y versátil, con discos muy cuidados y directos dificilmente superables por nadie en la actualidad. Son generosos y se entregan sin reservas. Invito a todo amante de la música a que los explore porque va a encontrar material de su gusto. De lo muy alternativo a lo muy digerible; de lo más duro a lo más delicado. Pero siempre honesto y original. Rock en estado puro.  

Tras acabar el concierto le dije a mi hijo que tuviera en cuenta que los próximos conciertos a los que asistiera no serían de tantísimo nivel, ni musical ni escénico. Había disfrutado enormemente con el espectáculo y estaba ronco y feliz. Se acostó a las dos de la mañana. A las nueve tenía examen final de Matemáticas e Historia. No sé qué tal le habrán salido. Pero considero mucho más importante para su felicidad este tipo de experiencias. Tras unos años nadie se acuerda de la nota que sacó en un examen en el colegio. Pero durante toda su vida uno se acuerda de los conciertos a los que asistió. Las experiencias quedan y te construyen como persona. Y el rock es para mí algo muy importante. 

Porque lo único que nos diferencia del resto de animales y seres vivos del planeta y,  me aventuro a decir, de cualquier otro sistema solar, es esa explosión de energía, vida, color, ruido, latidos, saltos, movimiento, ilusión y magia que es un verdadero y genuino concierto de rock.   

Poderlo compartir con mi hijo, indescriptible.   

Gracias, Muse.   

  

He encontrado el setlist del concierto:

1. Uprising
2. Supermassive Black Hole
3. New Born
4. Map of the Problematique
5. Neutron Star Collision (Love is Forever)
6. Guiding Light
7. Bliss
8. Interlude
9. Hysteria
10. Nishe
11. United States of Eurasia
12. Feeling Good
13. MK Jam
14. Undisclosed Desires
15. The Resistance
16. Starlight
17. Time is Running Out

Encore 1
18. Unnatural Selection
19. Unintended
20. Exogenesis: Symphony Part 1 Overture
21. Stockholm Syndrome

Encore 2
22. Take a Bow
23. Plug in Baby
24. Knights of Cydonia

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Me han llamado muchas cosas en la vida. Para ser sincero, pocas veces han sido cosas bonitas (vaaale, nunca); pero hace poco me han dicho algo que me ha gustado mucho. Alakan, en su magnífico blog, ha escrito literalmente: “Yoku, eres un yonki de la libertad“. Coño, qué guapo.

Hay quién me ha dicho que soy ácrata, anarquista o cosas parecidas. Puede ser. Pero me gusta más esa definición de Alakan. Porque implica un impulso irrefrenable más que un constructo razonado. Me gusta eso de ser adicto a la libertad.

Por eso a veces me pongo tan radical y tan destroyer con ciertas cosas (ver comentarios en Plan de Convivencia). Yo no pido derechos porque no acepto deberes. Reivindico mi absoluta libertad total, alocada, sin normas, sin bordes, sin cortapisas.

Lo que me salga del puto nabo.

Para que no se me caliente la boca (recordemos que sólo soy un pobre yonqui y debéis ser comprensivos) pararé aquí mi panfleto fuck-it-all y me quedaré con unos versos de una preciosa canción, que siempre es mejor cantar que farfullar (soy consciente de mis limitaciones dialécticas).

Quién me iba a decir que iba ahora a volver a escuchar a Iron Maiden. Fue un grupo que me acompañó durante mi temprana adolescencia (cuando aún estaba el primer cantante Paul Di’Anno) e incluso los fui a ver en directo cuando vinieron a España con el nuevo, Bruce Dickinson. Ahora le gustan a mi hijo y estamos todo el rato emepetresizando los discos, renovando las cintas y vinilos con CDs y redescubriendo otros temas.

Para el curioso, mi hijo de 13 años y yo compartimos el triunvirato actual de grupos que más nos gustan: además de los Maiden, los americanos Linkin Park y los británicos Muse son nuestros favoritos y los que oímos a todas horas. ¿Cuántos de vosotros oís la misma música que vuestros chavales?

Bueno, que me estoy enrollando… la canción es Journeyman, y es bastante poética. He encontrado la versión en directo de la gira Death on the road (la tenemos en CD). Está más o menos subtitulada en español.

Sé lo que quiero
Digo lo que quiero
Y eso nadie me lo puede quitar

Y para que nadie piense que no hay esperanza y que siempre perderemos, un tema de Muse, Uprising, (también más o menos subtitulado al español). Atentos a los ositos del final, porque al final, saldremos victoriosos.

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… de entrenos, de excusas, de miedos, de dudas. Aproximadamente hemos invertido tres meses de nuestra vida en preparar a conciencia lo que hemos elegido. Nadie nos ha obligado. Es nuestra elección. A nadie podemos culpar. En algunos casos sólo podremos dar las gracias a quienes nos lo han permitido, robándoles su tiempo para emplearlo en esta locura.

Se nos acaba el tiempo y, cruel y paradójicamente, ya sólo nos resta enfrentarnos al tiempo. Cada uno al suyo. No será el mismo tiempo el que busque Julio Rey o los africanos que se lo pondrán difícil, que el que buscaré yo. Una arbitraria sucesión de dígitos árabes en un reloj nos separan de la alegría o la tristeza. Así somos de estúpidos los humanos. Basamos nuestra felicidad en constructos irreales; nos despegamos de la realidad para vivir en los sueños.

Pero, por mucho que lleguemos a ser conscientes de esta incuestionable verdad, poco podemos hacer. Todos llevaremos instrumentos de medir: el tiempo, nuestro latido, nuestra zancada, nuestro camino. Los consultaremos una y mil veces, ajustándonos, exprimiéndonos, acercándonos a esas cifras que no existen y que nos configuran sin poderlo evitar.

Números, tiempo… quizá sea la esencia del ser humano. Mientras lo pienso y lo medito, y si no os importa, correré el domingo por mi ciudad 42.195 metros. Esos son mis números.

Tengo 43 años, peso 73 kg, estaré corriendo sobre 4h. Y me estoy quedando sin tiempo…

Time is running out – Muse

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