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Archive for the ‘Solidaridad’ Category

Luego quedamos y terminamos de matarlo

Capitán, 15 meses, violado y destruido por unos niños

Unos niños de un pueblo de Almería dieron una brutal paliza a este burro de poco más de dos años en un descampado. Lo violaron con algún palo u otro objeto y le produjeron daños en los órganos, dejándolo al borde de la muerte.

Una profesora de su colegio escuchó una conversación en la que estaban planeando a la salida de la escuela volver al descampado y terminar con su vida. Avisó al SEPRONA y consiguieron salvarlo. Veterinarios y diversas asociaciones están cuidando de Capitán y parece que está saliendo adelante.

Ésta es nuestra España. Ese país amable y divertido en perpetua fiesta y alegría. Donde los turistas vienen a descansar y relajarse, a disfrutar del sol, de la gastronomía y del mar. Ese país que tiene su imagen en la fiesta de los toros donde se aterroriza, tortura, masacra y, por fin, se asesina, a un animal inocente para gozo de los espectadores y negocio de muchos intermediarios. Donde se jalea la sangre y el dolor de seres que no quieren estar ahí. Ese país que se acerca a la naturaleza con escopetas, con lazos metálicos, con trampas, venenos y extinción. Donde se miente sobre el lobo para cobrar subvenciones. Donde los animales se llaman alimañas. Donde se queman los bosques año tras año con total impunidad. Donde los agricultores llenan de veneno lo que comen, donde se fumiga a los insectos que deben polinizar las plantas que ellos mismos siembran. Donde se cría en cautividad linces para que los coches los aplasten. Donde las empresas pueden destruir el medio ambiente con el beneplácito, cuando no con la subvención, de los gobiernos.

Nuestra España donde luego nos echamos las manos a la cabeza cuando se producen tragedias como las violaciones, torturas y muertes a niñas y adolescentes por grupos de psicópatas que son capaces de hacer con ellas todo tipo de vejaciones, despedazarlas, quemarlas vivas y destruir sus restos sin revelar cómo, cuándo y dónde.

Y como psicólogo puedo asegurar que todo esto está relacionado. El psicópata de mañana fue el maltratador de animales de ayer. Esos niños que han apaleado y violado a una cría indefensa de burro terminarán haciendo lo mismo con una chica. Es así. Es el siguiente paso. En todos los perfiles de asesinos brutales, seriales y psicópatas está el maltrato y tortura animal en la infancia. No hay duda posible.

Hay una frase de Gandhi que dice:

 

La grandeza de España es la que entre todos hemos construido. Esos niños de Almería han visto cómo sus padres cazaban y mataban todo lo que había alrededor. Cómo luego colgaban a los galgos o les inyectaban lejía en las venas para verlos agonizar entre horribles sufrimientos. Han aprendido que la fiesta del pueblo es reunir a unos toros en una plaza y acabar con ellos poco a poco hasta que se desangran mientras sus padres y amigos aplauden y se divierten. Es lo que saben, lo que han visto, lo que creen.

Nuestra España.

 

Si no eres de esa España, te pido que firmes la petición en Change.org para que la justicia (ya, ya lo sé, no va a pasar nada) haga algo al respecto:

http://www.change.org/es/peticiones/seprona-de-almería-tomen-medidas-legales-contra-los-maltratadores-que-torturaron-y-apalearon-al-burrito-capitán?recruiter=40144573&utm_campaign=signature_receipt&utm_medium=email&utm_source=share_petition

 

Ánimo, amigo. Lucha por esa vida que esos hijos de puta decidieron que no valía nada.

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De todas las frases que se han dicho hoy de él me quedo con ésta:

Era la encarnación del bien.

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24 oct.- Día de acción bloguera por los Arcti30 ¡Únete!

Las personas que luchan por el Ártico están detenidas y las que lo destruyen gozan de todos los privilegios. Quizás podamos hacer muy poco por salvar ya el planeta. Pero ‘algo’ es más que simplemente mirar a otro lado y dejar que los hijos de puta sigan depredando sobre todo lo bueno que nos queda.

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Suelo pedir poco. Hoy pido a mis 161.000 lectores que lean esto y si lo creen conveniente, que firmen para intentar detener esta barbaridad.

http://www.wwf.es/que_hacemos/especies/sos_virunga/

DRAW THE LINE – Save Virunga National Park

 

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Escalando con una sonrisa

Puesto que este blog está ya en sus últimas bocanadas antes de reposar para siempre en el inframundo del ciberespacio, me ha parecido adecuado que la entrada que aparezca sea ésta y no la de Sorprendente, porque lo que es sorprender, yo sorprendo ya poco.

Paralelo 66 es el título del blog de montaña creado por David de Esteban Resino, escalador, montañero y expedicionario… además de profesor del colegio Virgen del Carmen de Toledo, que organiza cada dos años un maratón solidario para recaudar fondos para proyectos en países que necesitan un poco de nuestra solidaridad. Tuve la fortuna y el privilegio de participar en el año 2010 y todo el colegio, desde los alumnos a los profesores y las monjas fueron un magnífico modelo de lo que tendrían que ser los españoles si no estuviera nuestro país yéndose al carajo.

David, además de un magnífico profesor (doy fe de que sus alumnos lo respetan y profesan un cariño auténtico) y una magnífica persona, es un escalador que en compañía de otros amigos abre nuevas vías de escalada en diferentes sistemas montañosos, como Gredos y La Pedriza. Pero también se embarca en fantásticas expediciones al Ártico, a Patagonia, al Atlas, a Islandia o asciende volcanes en los Andes.

De todo eso encontrarás en su blog. Puedes pasar un rato estupendo disfrutando de los paisajes, las escaladas y las sonrisas de todo el equipo montañero.

No te lo pierdas.

En la cima del Aconcagua (6.962m).

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No hay nada más fácil que hacer cosas para que te sucedan cosas. Tras decenas de años diviendo a las personas en conjuntos según infinidad de características, me he decidido a simplificar tales diferencias en dos grupos opuestos, antagónicos e incomprensibles entre sí: los que hacen cosas y los que no las hacen.

Yo hago cosas. Las hago mal. Pero las hago. Y cuando haces cosas te suceden otras. Al que está permanentemente en el sofá jamás le pasa nada. Al que está inquieto, buscando opciones, viviendo experiencias, mirando, probando, no dejan de sucederle cosas. No todas buenas, es obvio. Pero a menudo son de las que te dejan marcado.

Y así es como me metí en este asunto. Por hacer cosas. No lo pensaba. No lo tenía en mente ni planificado. No era, casi con certeza, ni conveniente siquiera. Un maratón así, de golpe, un día cualquiera, en medio de la semana, sin haberlo preparado, ni entrenado, ni haberse hecho uno a la idea. Venga. Que sí. Que lo hago.

III

III Maratón Solidario Circo Romano de Toledo

El año pasado Iván participó en la segunda edición, y su vivencia fue tan intensa que nos transmitió el deseo de asistir a una prueba tan especial. Este año se apuntaron cinco integrantes de los Paquetes.

El colegio Virgen del Carmen se ha comprometido este año a colaborar en la construcción de una granja avícola en Fonds Parisien, un pueblo de Haití cercano a la frontera con la República Dominicana, que se encuentra en un estado de extrema pobreza. Esa granja, un proyecto concreto (ver infra), ayudará a salir adelante a varias familias y beneficiará a toda la comunidad. En ediciones pasadas se recaudaron fondos para Guinea Ecuatorial y Congo.

Yo no me animé, puesto que había estado entrenado de forma muy desestructurada, sin demasiada motivación y me parecía muy arriesgado presentarme a un maratón en esas condiciones. Pero por circunstancias de la vida, la única mujer que se había animado a inscribirse sufrió un accidente (grave, pero del que está recuperada) y sobraba una plaza. Se lo comento a Iván, éste al padre de la iniciativa, David… y de repente estoy apuntado. Éramos seis. Corrimos cuatro. Terminamos tres.

Unas líneas para presentar a David de Esteban Resino, profesor del colegio Virgen del Carmen, de Toledo, padre de la idea e impulsor de todo el evento. Profesor, maratoniano, montañero, explorador ártico… todas tareas que precisan de energía, voluntad y temple. Y transmite esa energía. Especialmente a sus alumnos. Que, por lo que pude comprobar vuelta tras vuelta, lo aprecian de corazón.

A todas mis dudas se había unido una pequeña molestia de salud que, sin ser seria, es tremendamente dolorosa y agotadora. Llevaba más de dos semanas con intensísimos dolores que me tenían postrado en la cama, apenas sin poder entrenar y gastando mis energías en lidiar con el dolor. No eran excusas. Pero cuando el miércoles 3 de marzo me subí al coche a primerísima hora para desplazarme hasta la ciudad imperial, no las tenía todas conmigo. Si el día se presentaba como el anterior, descartaba totalmente ser capaz de correr un maratón con esos dolores internos insufribles. La horita en coche, bajo una molesta lluvia, no presagiaba nada bueno.

Gracias a las indicaciones de David, soy capaz de aparcar el coche exactamente donde nos lo había recomendado, a escasos metros del Parque del Circo Romano, lugar que no conocía y por el que discurriría el circuito que nos habían preparado: 110 vueltas a un rectángulo de 384 metros. A la dureza de los 42.195 metros del maratón se unía la pesada carga psicológica de dar vueltas a un circuito tan pequeño, similar a una pista de atletismo. Y con lluvia y barro. Muy épico. Como nos gusta a los maratonianos.

El desconocido Circo Romano de Toledo

Fue todo lo contrario.

Cuando llego está lloviendo. El parque está empapado. El circuito está delimitado y veo que están decorándolo con pancartas y globos. Todo el colegio está implicado en el proyecto: personal docente, monjas, alumnos, personal auxiliar… Es algo común, hecho con ilusión y alegría. Y eso se nota en cada mirada, en cada palabra y saludo que te ofrecen.

La verdad más simple de la vida y que a menudo olvidamos

Saludo a David y a otro profesor y me brindo a echar una mano, pero me recomiendan que descanse, que ellos se encargan.

Un colegio totalmente implicado

 Cuando estoy dando una vuelta de reconocimiento recibo el mensaje de Jesús: se está tomando un café en un bar cercano. Voy a buscarlo y regresamos al parque, donde llega también Carlos, a la postre ganador de la carrera. La hora se acerca, nos cambiamos, dudosos de la vestimenta que utilizar: el día está templado, no hay viento, pero aún llueve ligeramente. Cada uno toma sus decisiones. El que no llega es Iván, que con toda su familia al completo está atrapado en un atasco.

David nos reúne para darnos unas indicaciones. Se disculpa porque es una carrera organizada por un colegio y que no esperemos grandes maravillas. Increíble: sin duda es la carrera a la que he asistido mejor organizada, más agradable, con un trato al corredor ya no excelente, sino abrumador. Somos 24 o 25 inscritos. Alguno falló. Pero ahí estamos todos con sonrisas en el rostro, con ganas y muy relajados. Además de los corredores oficiales con dorsal personalizado, se unirían constantemente alumnos, profesores y amigos durante diferentes momentos de la carrera.

Los participantes


Foto de familia


David comentándonos la prueba y sus características

Esto empieza. No tengo muy claro qué hacer. Mi idea es salir despacio, sin agotarme. Buscar un ritmillo cómodo que no me suponga un palizón. Enseguida encuentro mi ritmo y comienzo a dar vueltas. Cada vuelta es sencilla: pasas por el arco de meta, el chip lo recoge en el ordenador, a los pocos metros hay un generosísimo avituallamiento de agua, isotónicos, plátanos, naranjas, barritas…, que alumnos de los cursos superiores te ofrecen continuamente a la vez que te animan sin parar. Nuestros nombres aparecen en el dorsal, de modo que todo el mundo se dirige a ti personalmente. No estoy muy acostumbrado a que me aplaudan y animen, ustedes se hacen una idea, de modo que sentir el cálido apoyo de tantos muchachos simpáticos, es algo que te empuja en cada vuelta. Vueltas que se acaban enseguida, al ser tan corto el recorrido. Una tras otra van cayendo sin descanso. A un ritmo muy suave pero constante. El terreno está correcto; sólo hay un par o tres de charcos que se pueden esquivar. Ya no llueve y el día se está quedando muy suave, ideal para correr.

Corriendo por el Parque Circo Romano de Toledo

En mi quinta vuelta me adelantan los primeros. A los tres que van en cabeza los conozco. Uno es Carlos (Micra) y los otros los recuerdo de alguna prueba de ultramaratón. El que va ahora en cabeza lleva la friolera de 180 maratones y es plusmarquista de 48h. No es el único que se mueve en esos números. Hay varios en torno a los 100. Creo que soy el más bisoño de todos; y eso que, escrupulosamente hablando, ésta es la séptima vez que me enfrento a la distancia en tres años. A mí me parece mucho, pero debería aún llevar la L en la espalda, a modo de dorsal.

Algunas vueltas después soy yo el que adelanta a los últimos, que no son otros que mis buenos amigos Iván & family y Jesús. Hacer un maratón empujando un carrito con dos infantes no es algo muy común. Los muchachitos, Luis y Bruno, aceptan a regañadientes el paseo matutino bajo la lluvia y el fresquito. Pero es que sus padres son así, qué le van a hacer. Les han tocado esos (suerte que tienen).

Jesús, Iván, Luis y Bruno, y Ana

Vuelta tras vuelta, empujado por las palabras de ánimo de los adolescentes que nos aplauden y jalean (en ocasiones sacándome los colores; yo soy muy tímido y no estoy acostumbrado a los piropos “Al de rojo, que se la …” “Vamos, guapo…“), los kilómetros caen sin enterarme. A pesar de ser pocos corredores, como el circuito es muy breve pocas veces vas completamente solo. Adelantas a unos, otros lo hacen contigo, charlas con unos, comentas algo con otros. Todo muy relajado y agradable.

Estoy disfrutando. Mucho. Corriendo un maratón y disfrutando. No sufriendo. Disfrutando. Increíble pero cierto.

Trato de hidratarme bien y de ir tomando alguna cosa. ¿Será posible pasar el muro sin enterarme? ¿Y si se tratara sólo de comer algo, de no vaciarme? Lo veremos en su momento, ahora hay que seguir pasando por meta, responder a los saludos y ánimos de los chavales, sonreírles, hacerles una señal, una mueca de las mías.

Cuando el primero pasa la media maratón (Carlos), cambiamos de sentido de la marcha, para no volvernos locuelos y, sobre todo, no hacer tantos giros continuos a derechas. A partir de aquí correremos en sentido contrario, con los giros a izquierdas. Mi paso por la media me deja totalmente tranquilo. Estoy entero, sin molestias, muy cómodo, muy a gusto y muy bien.

Carlos en cabeza de la prueba

Iván y Ana paran en ocasiones con los niños. Luis está un poco intranquilo y lo veo llorar. Y a Bruno hay que darlo de comer (teta). La carrera ha terminado para ellos, aunque Iván aún correrá una horita más. Yo ahora me he unido a Jesús y vamos casi todo el tiempo juntos, a un ritmo muy uniforme. A los chicos más mayores se han unido ahora el resto de chiquillería del colegio. El parque está tomado por centenares de chicos alegres, que corren las pruebas atléticas apropiadas a su edad, que animan, que gritan nuestros nombres incansables. Imposible no chocar el muro de manos que levantan a cada paso por la recta de meta. Si por ellos fuera, lo haríamos todos constantemente. Yo intento hacerlo cada dos o tres vueltas, para no perder mucho ritmo. Pero es imposible hacerse el sordo a sus voces gritando tu nombre y obviar sus manos dispuestas a chocarse con la tuya.

El mejor público

Paralelamente, otros alumos del colegio tratan de recaudar fondos en su hucha gigante. Según nos contaron luego, los toledanos también habían sido generosos.

Hucha solidaria

Recibimos la visita sorpresa de Juan (Aspen) que trabaja en Toledo y ha venido a saludarnos y desearnos suerte en su pausa para el desayuno. Aquí tendría que estar él, pero no disponía de días de vacaciones. Cuando se vuelve al trabajo se incorpora Julio Rey, plusmarquista español de maratón, también de Toledo que, aunque ya retirado, ha querido unirse y dar su apoyo al proyecto. Doy una vuelta con él, charlando de sus lesiones y de lo que hace ahora para seguir activo. Tras una vuelta, dejo que otros lo acompañen y puedan compartir con él unos minutos.

Julio Rey y Pedro

El día se abre, sale un tímido sol y Jesús y yo nos acercamos a los treinta y tantos kilómetros. Seguimos a un ritmo uniforme y yo no siento demasiadas molestias. Estoy cansado, pero dentro de lo normal. Sé que no voy a tener ningún problema en terminar el maratón. Y con buen crono, sin haberlo esperado. Mi idea era rondar las cuatro horas y media, en plan muy tranquilo. Pero sé que bajo de las cuatro horas cómodamente. En el kilómetro 36 le digo a Jesús que ya quiero ir terminando. Él se queda en el avituallamiento reponiéndose un poco y yo tiro a mi ritmo, un poco más rápido de lo que iba y sintiéndome muy fuerte y seguro. Sin muro, sin hombre del mazo, sonriendo en cada vuelta, chocando decenas y decenas de manos, saludando al pasar por el arco de meta a los que corean mi nombre.

Paquetes en el Circo Romano... para echarlos a los leones

Pregunto cuántas vueltas me quedan y recibo respuestas un poco desconcertantes. El GPS pierde señal en tantas vueltas cerradas sobre el mismo circuito corto y todos lo llevamos un poco desactualizado. Consulto con Antonio, un riojano con el que he ido charlando en varios momentos de la carrera y que me ha contado su historia (todo el mundo tiene una historia). Por nuestros ritmos, debemos llevar más o menos las mismas vueltas (yo alguna más), pero tampoco le cuadra lo que dice su GPS con lo que le cantan en meta.

You'll never walk alone

No sé si me quedan ocho o nueve vueltas. Ya son pocas. Hace tiempo que Carlos ha ganado la prueba con un magnífico tiempo de 3h05, se ha duchado y nos anima desde la barrera.

Carlos y Andrés, primeros clasificados

Ahora hay centenares de muchachos de todas las edades en la recta de meta, levantando muros de manos para que se las choquemos. Se da la circunstancia de que en una de esos barridos, bajo la mano para seguir avanzando y me paso a una niñita de ojos enormes que levantó la suya en el último momento. Yo la bajo y ella la sube. No coinciden en el tiempo y el espacio. Entonces me paro. No estoy aquí para mí. Ni para un reloj. Me he parado en seco. Vuelvo sobre mis pasos, cinco o seis metros. Le digo: “¡Chócala!”,  choco con ella la mano y sonreímos los dos. De eso se trata. Es tan simple…

Los más pequeños

Me cantan que me queda la última vuelta. Una sola y termino otro maratón. El que mejor he corrido. Cero molestias, cero dolores, cero épica espartana. Correr porque sí, porque mola, porque es para lo que estamos hechos, porque es vivir. Decido apretar esta última vuelta y la hago ligerito, sub5’. Barro el muro de manos infantiles, doy las gracias a todos los adolescentes del avituallamiento que no han dejado ni una vez de darme ánimos y sonreírme,  y empiezo a lanzar besos al llegar al arco de meta… que nunca llegaré a cruzar. El responsable de Chiptiempo, también participante de la carrera, me retiene a dos metros de la alfombrilla y me dice que ya había completado el recorrido en la vuelta anterior. Que se habían equivocado al decírmelo y que ya estaba terminado. Como 110 vueltas eran pocas, una más, en plan gladiador victorioso del circo romano.

Así que tendré que esperar a que me digan el crono, porque yo he marcado un par de minutillos más en la vuelta extra. Luego sabré que hice 3h49:13. De cualquier modo, muy contento por haber corrido un maratón tan cómodamente, sin agobiarme, sin presión, tan feliz y de una manera tan sencilla y natural. Y con tanto apoyo cálido y sincero de mucha gente estupenda.

Pero ahí no acaban las muestras de cariño. Me dan agua, una toallita húmeda para que me limpie la cara, me felicitan sin parar, me llevan al podium, me hacen fotos, me dan un diploma, me colocan al cuello la medalla más bonita que me han dado nunca (hecha por los más pequeños, y que conservaré siempre) y una bolsa llena de regalos. Sinceramente, como a mí no es que me quieran mucho y no estoy acostumbrado a muestras de cariño, todo esto me abruma un poco. Todo el mundo es tan cercano y cariñoso conmigo que no sé muy bien cómo actuar. Lo único que se me ocurre es sonreír a todos y darles una y otra vez las gracias.

A los pocos minutos llega Jesús, al que le hacen pasar por todo el procedimiento, y nos preparan una cohorte de chicos educados y amables que nos acompañan al colegio para que hagamos uso de las instalaciones. Nos llevan hasta unas duchas comunes donde podemos refrescarnos y quitarnos el sudor. Allí compartimos espacio con algunos de los chicos de bachillerato que han estado corriendo una hora en el circuito. Quieren prepararse para el año que viene una maratón. Pero todos los “mayores” coincidimos en que no es nada conveniente para su edad; además hasta los 18 años no está permitido. Aún así, les recomendamos que no se planteen siquiera la media maratón: tiempo tendrán de dedicarse al ultrafondo; ahora deben aprovechar la fuerza y velocidad de la juventud y centrarse en pruebas cortas y explosivas.

Una vez duchados y más presentables, tenemos un curioso encuentro con algunas de las monjas del colegio, que dejan a medias su almuerzo para saludarnos y charlar con nosotros de una manera muy simpática y amable. Tras unos minutos, nos acompañan al piso donde han preparado una salita para que podamos comer los corredores con las personas de la organización.

De verdad, yo estoy tan soprendido que me cuesta reaccionar. Hasta las cocineras vienen a saludarnos y felicitarnos por lo que hemos hecho. ¿Pero qué hemos hecho nosotros? Correr un rato, cosa que hacemos todos los días, que nos apasiona y nos llena de vida. Eso no es nada. Es algo natural y no tiene mérito. Pero no deja de venir gente, personal del colegio, a darnos la enhorabuena constantemente.

No todos los participantes nos hemos quedado a comer. Pero nos juntamos diez o doce personas ante una mesa llena de viandas, todas riquísimas. Yo de verdad estoy alucinado. Tenemos bebidas de todo tipo, ensaladas, tortillas y una jugosa paella. La charla entre todos es animada. Quizás nosotros tres somos los que menos experiencia tenemos de todos los comensales. Nos enteramos de la historia de Pedro, un sesentón menudo lleno de energía, que ha corrido 100 maratones, con 2h45 en MAPOMA, que nunca bebe nada en carrera, que no estira y que entrena tres horas al día. Todo un personaje que quiere montar una carrera para ayudar a una asociación de niños con síndrome de Down. O Antonio, que va a correr 52 maratones este año para recaudar fondos para los niños disminuidos de La Rioja; que corre 200 km a la semana y 10.000 al año. La conversación es fluida y simpática. Todo muy distendido y agradable. Nos dan postre, café, bombones y brindamos con una botella de cava. Yo no sé de dónde ha salido esta gente tan cálida y generosa.

Sólo puedo decir que si las personas que están en Haití montando la granja tienen la mitad de energía, entusiasmo y voluntad que las que he conocido en Toledo, el proyecto está asegurado.

Pero no será así.

Tendrán el doble.

GRACIAS.

 
 

Gracias

 

Y ahora te pido que sigas leyendo. Que no pares como yo no paré en el maratón y di una vuelta más. Lee hasta el final y mira qué puedes hacer…

Aquí tienes la web del Colegio Virgen del Carmen, Carmelitas de la Caridad – Vedruna, de Toledo. En ella puedes ver los proyectos solidarios que tienen en diferentes partes del mundo.

Con la organización de este maratón solidario se pretende recaudar fondos para  sufragar los gastos de construcción y dotación de una granja avícola en Fonds Parisien (Haití). Allí las hermanas carmelitas intentarán organizar la creación de esta actividad económica con el fin de que las familias obtengan un medio de vida para su mejor alimentación y desarrollo personal y humano.

A menudo somos reacios a donar dinero en general. Sé que en España no somos remisos en casos de urgencia. Somos junto a Estados Unidos el país que más donaciones realiza en casos realmente graves. Pero siempre queda esa pequeña duda, un cierto recelo: ¿qué harán con el dinero? ¿realmente llegará a quienes lo precisan?

En este caso sabemos exactamente para qué se va a destinar. Aquí te puedes descargar el proyecto concreto. Fonds Pariesien es una zona muy árida debida a la continua deforestación, donde apenas hay negocios, la gente sobrevive como puede y a menudo las mujeres son las encargadas de alimentar precariamente a toda la familia. Una granja avícola permitirá  muchas cosas:

  • Elevar el nivel de vida de varias familias.
  • Aumentar la cantidad y calidad de los alimentos de la comunidad, pues huevos y carne se venderán a bajo precio.
  • Formar a varias mujeres para que gestionen su empresa, recuperen la confianza en ellas mismas y propicien el cambio en la comunidad.
  • Fomentar la cooperación y solidaridad.
  • Mejorar toda la comunidad a medio plazo, tras el ejemplo de esta pequeña empresa.

Piénsatelo. Esto es algo tangible. Afecta directamente a cinco mujeres y sus familias. E indirectamente a todo un pequeño pueblo.

Si deseas colaborar con algo de dinero para llevar a cabo este sencillo, pero importante proyecto, puedes hacerlo en el nº de cuenta de la Fundación Vic, escribiendo como concepto: “Proyecto de granja en Fonds Parisien – Haití“.

BSCH  0049 0611 44 2310638829

Ahora sí, gracias a ti por leer hasta el final.

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