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Archive for the ‘Historia’ Category

Se está muriendo. Ha tenido una vida larga e intensa. Llena de dolor, amargura y tragedias, sí. Pero plena y valiente, sin cobardías ni egoísmos. No quiero ni imaginar lo que tuvo que sufrir en su niñez y juventud. Los largos años en prisión sometido a la crueldad infinita de esos hijos de puta nazis. No me quiero recrear en eso.

Siempre lo recordaré con una sonrisa. Es una sonrisa muy hermosa la que tenía. Inteligente, cálida, cercana, a veces con un poso de tristeza, pero siempre real y valerosa.

 

 

Es quizás, el último hombre de esa raza de seres humanos capaces de transformar lo malo en bueno. Ha habido otros, pero no acierto a pensar que haya más. Ahora estamos todos cómodamente sentados en nuestras casas, firmando en change.org en contra de las injusticias porque es rápido y sencillo; es limpio, no nos manchamos las manos de mierda. Y con eso nos conformamos. Nadie ya daría su vida por un ideal, por la justicia o la libertad. Ya no quedan hombres así, como Nelson. Acabaron con ellos. Y al resto, nos doblegaron para siempre.

Adiós, Mandela. Descansa en paz.

Cuando la adversidad me golpee con fuerza, te prometo que me acordaré de esa sonrisa.

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Pocas obras de literatura de ciencia ficción pueden presumir de haber creado un universo tan complejo y tan detallado como el que Frank Herbert imaginó en sus novelas. Quizás sólo se puede comparar a la saga de la Fundación de Isaac Asimov; si bien ésta, la cual conozco en profundidad, se me antoja más de cartón piedra y repleta de personajes menos consistentes y con demasiada importancia otorgada a los robots. Asimov es muy entretenido e inteligente; pero Herbert, siendo más denso, es también más profundo y rico en matices. Me atrevo a compararlo con Tolkien en el mundo de la fantasía, salvando todas las distancias: hay mundos, razas, misterios, lenguajes, etc., muy pensados, analizados, sintetizados e hilvanados.

La saga de Dune es larga y complicada. No la he leído entera, pero en ello estoy. Devoré los tres primeros libros (Dune; El Mesías de Dune; y Los Hijos de Dune) siendo aún adolescente. Y los he releído tantas veces (son densos y voluminosos) que casi me los sé de memoria. Son simplemente magníficos y nadie que guste de la literatura (sin más) y con el apellido de ‘ciencia ficción’, debería dejar pasar de largo.

No se pueden definir como libros de acción o aventura, si bien existe en ocasiones; pero de forma muy medida y lenta. Las novelas avanzan despacio, con mil matices, argumentos y subargumentos (‘fintas dentro de las fintas’; ‘planes dentro de los planes’). Aunque transcurre en un universo amplísimo –se llega a decir que hay un millón de planetas habitados dentro del Imperio–, la mayor parte de lo que sucede forma parte de las mentes –retorcidas, a veces diabólicas y siempre sorprendentes– de los personajes. No es lugar para desvelar argumentos. Pero el transfondo es un planeta desértico, Arrakis/Dune, en el que existen unos gusanos gigantes y una especia llamada melange con extrañas propiedades que la convierten en la sustancia más importante del Universo Conocido (detallo esto último porque tendrá su importancia en sucesivas novelas). Las luchas de poder, político, militar, comercial, religioso, incluso mesiánico, compondrán el entramado sobre el que decenas de personajes perfectamente creíbles (por lo actuales y humanos en todo el sentido de la palabra) irán participando a lo largo de… miles de años. Sí, la saga abarca decenas de miles de años; si bien la trilogía primera y principal se centra en un período de pocas décadas fundamental para el universo y el imperio : la vida de Paul Atreides.

Posteriormente, en los años 80, el autor escribió otras tres novelas (¡que aún no he leído!): Dios Emperador de Dune; Herejes de Dune; y Casa Capitular de Dune. Conozco las líneas argumentales principales pero, por alguna razón que no entiendo, no los compré en su momento; y ahora aún tendrán que esperar un poco. Porque tras la muerte de Herbert, su hijo Brian Herbert y Kevin J. Anderson comenzaron a escribir precuelas de la serie, guiados tal vez por esa misteriosa Yihad Butleriana que tanta importancia tenía en el ‘aspecto nada informático’ de ese Imperio Galáctico. Las tres novelas (verdaderos tochos como los de su padre) fueron: La Yihad Butleriana; La Cruzada de las Máquinas; y La Batalla de Corrin. En ellas se narra la lucha de la humanidad (más cercana a nosotros) contra una máquina que tomó conciencia (Omnius) precursora de Internet, de los Terminators y de los mil y un ejemplos que a todos se nos ocurren. En esa lucha a muerte –literalmente– se presentan algunas familias que luego tendrán un papel crucial en la trilogía principal: Atreides, Harkonnen y Corrino, por ejemplo, así como los orígenes de las Bene Gesserit, la Cofradía Espacial y la CHOAM. Los libros están escritos de una manera muy distinta a como lo hizo Herbert Senior y, tengo que decirlo, sin el portentoso talento de éste. Aún así, son interesantes, entretenidos y conviene leerlos para hacerse una idea previa de los acontecimientos que dieron lugar a un universo y un imperio como el que describe Dune. Los he leído los tres.

Lejos de detener ahí su ingente producción de páginas, Herbert Junior con su compañero pergeñaron otros tres tochazos que narran los hechos previos a la trilogía principal: la vida del abuelo y el padre de Paul Muad’Dib, y la explicación del papel crucial de Arrakis en todo el tinglado galáctico. Estas novelas son: Casa Atreides, Casa Harkonnen; y Casa Corrino. En su atenta lectura estoy, porque requiere su tiempo atravesar los pliegues del espacio tiempo de las miles de páginas, y no cuento con melange para acelerar el proceso.

Pero esto aún no ha terminado. Una vez muerto el bueno de Frank, y usando taladros para abrir su caja fuerte, encontraron manuscritos, notas y referencias para componer dos novelas más: Cazadores de Dune; y Gusanos de Arena de Dune. Aquí la cosa debe de ser ya un poco surrealista, porque se engarza con el principio… perdón, me callo ya.

Y ahora, viendo una web, descubro que siguen escribiendo secuelas, con novelas que encajan entre las anteriores, al menos una tras Dune y otra tras Mesías de Dune. Pero hay todavía más y creo que nunca dejarán de extraer el mayor beneficio de Arrakis, igual que sucede en la saga. Igual que sucede allá donde haya un humano.

Aquí tenéis todas las novelas habidas y por haber de Dune, algunas de las cuales no creo que estén traducidas. Recomiendo empezar por las tres centrales (Dune, Mesías e Hijos) y luego ya… a voluntad.

Quizás alguno recuerde la adaptación cinematográfica que David Lynch realizó en 1984. Bufff, no sé qué decir. Los ochenta fueron muy malos en lo ‘visual’: esos pelos que llevábamos, esas ropas y maquillajes. La elección de los personajes me pareció pésima (Paul Muad’Dib es diametralmente opuesto al insoportable Kyle MacLachlan, con esa melenita y más blando que la mierda de pavo…; y un pasadísimo de vueltas Sting…). Visualmente me desagrada, aunque sé que a mucha gente le apasiona. Para el que no conozca la novela el argumento es estúpido; para el que la conozca, es ¡distinto! y peor que el original. Los diálogos no se mantienen, los efectos especiales son anteriores al ‘boom digital’ y en general, la película es penosa. Aún así, el adicto a Dune debería verla.

Posteriormente realizaron una mini serie en el año 2000 que pretendía ser más fiel al original: al menos disponía de varias horas para contar la historia y bastante presupuesto; sin embargo, la nefasta elección de actores, los cambios absurdos en sus características y personalidad y los giros tontos de guión que no tienen nada que ver con la novela, hacen que tampoco se pueda salvar mucho. Aún así, hay que verla. Está disponible en DVD y se puede encontrar en Internet para visualizarla online.

Y con mucha mejor fortuna, para mi gusto, se gestó la miniserie de 2004 que, con el título de Hijos de Dune, abarca los dos libros siguientes al principal: Mesías e Hijos. A mí me ha encantado y creo que refleja mucho mejor la idea, tanto visualmente como en el comportamiento de los personajes, que yo me había formado al leer los libros. Siempre hay cambios (que no entiendo muy bien) pero resulta mucho más fiel que las anteriores. Hasta las tías están muy buenas, cosa que es de agradecer. Como la anterior, se puede adquirir en DVD y visualizar en la red.

En resumen, el universo de Dune es fascinante. He leído mucha ciencia ficción y me parece, de largo, lo mejor. Para mí, como psicólogo y como (todavía) hombre es un manual de cómo piensan, se comportan y actúan esos estúpidos animales llamados seres humanos.

Y de cómo lo seguirán haciendo.

Actualización de la entrada 30/11/2009

He encontrado una página en castellano sobre Dune, en la que hay mucha información y se ha tomado la molestia de listar ordenadamente todos los libros de la Saga de Dune. La web es ésta.

Leyendas de Dune (por Brian Herbert y Kevin J. Anderson, todo en castellano). En rojo los que no he leído aún.

-La Yihad Butleriana (2002)
-La Cruzada de las Maquinas (2003)
-La Batalla de Corrin (2004)

Precuelas de Dune (por Brian Herbert y Kevin J. Anderson, todo en castellano)

-La Casa Atreides (1999)
-La Casa Harkonnen (2000)
-La Casa Corrino (2001)

La Saga Clasica (por Frank Herbert, todo en castellano), tambien llamada “Cronicas de Dune”.

Dune (1965)
Mesias de Dune (1969)
Hijos de Dune (1977)
Dios Emperador de Dune (1981)
Herejes de Dune (1984)
Casa Capitular de Dune (1985)

Continuacion de la Saga Clasica (por Brian Herbert y Kevin J.Anderson)

Cazadores de Dune (2006)
Gusanos de arena de Dune (2007)

Heroes de Dune (por Brian Herbert y Kevin J.Anderson)
Serán cronologicamente situadas entre las novelas de la Saga Clásica.

Paul of Dune (2008)
Winds of Dune (2009)
-The Throne of Dune (próximamente)
-Leto of Dune (próximamente)

Rarezas de Dune (textos no publicados por Frank Herbert, novedades de Brian Herbert y Kevin J.Anderson…)

The Road to Dune (2005)
The Dune Encyclopedia (1984) -No oficial-
-Eye (The Road to Dune) -(1985)
Songs of Muad’Dib (1992) -post mortem-
-Dreamer of Dune: Biography of Frank Herbert (2003)- por B.Herbert

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Piratas

Ante todo avisar que aquí se evita lo políticamente correcto y que no se va a celebrar la vuelta a casa de “nuestros marineros”. Mi somero análisis no es autocomplaciente y puede herir sensibilidades. Es mejor leer otras cosas que esto (consejo válido siempre, pero más en este caso).

Piratas. Mira que hemos visto películas de piratas. Con ese aire romántico, de aventuras y amores imposibles. Lo cierto es que la Corona Española sufrió durante siglos la pesadilla de los piratas del Caribe y, especialmente, de los corsarios que compraban su patente a Inglaterra para acosar y desvalijar el mayor número posible de galeones españoles cargados de oro y mercancías desde América a la península. Qué cabritos los piratas y los ingleses.

¿No?

Bueno. Es una forma de leer la realidad. Como suele gustar a los humanos: sólo parcialmente, ignorando todo aquello que molesta. Porque cuando se estudian estas cosas o se realiza una película sobre el tema, jamás se hace referencia a que las riquezas que transportaban los barcos españoles o franceses eran el resultado del dolor, de la esclavitud, de la muerte y de la extinción de los seres humanos que vivían previamente en esas tierras a las que la avaricia sin límites de los europeos esquilmaba sin misericordia. ¿Acaso salen si quiera los indígenas que trabajaban en esclavitud para conseguir el tabaco o los productos que se traían de las Américas? ¿Se hacía referencia a las masacres producidas para conseguir el oro de los incas, de los aztecas, toltecas, etc., que fueron totalmente extinguidos? No. Todo se centra en el comercio europeo, en cómo subía y bajaba el precio en el Viejo Continente de los bienes traídos de ultramar. En las luchas de poder que el oro compraba en España, con sus palacios y navíos para nuevas conquistas, las soldadas que permitía pagar para conquistar Europa. Y como los ingleses eran tan cabrones que querían quedarse con “nuestro” oro, los españoles eran los buenos y los corsarios y piratas –con el maldito Drake a la cabeza– merecían la muerte en el cadalso.

Pero a poco que uno lo piense, y se libere del ruín barniz con el que la Historia maquilla la verdad, los piratas e hijos de putas eran los españoles (me refiero en ese momento histórico) que habían saqueado América sin medida, asesinando y destruyendo todo a su paso. Pero es que eso no es todo: las riquezas de ultramar no eran para los españoles; lógicamente eran para un puñado de españoles. Los de siempre. El marinero que viajaba durante meses en un barquichuelo infestado de ratas, piojos y mierda humana, aquejado de escorbuto y disentería, no veía un maravedí de toda aquella rapiña. Como el amerindio esclavizado. no era más que una miserable víctima más del maravilloso juego.

Ahora hablamos otra vez de piratas. Otra vez de barcos españoles, heroicos e inocentes. Y de nuevo Inglaterra como lugar maldito donde se producen las negociaciones sobre el deplorable asunto.

El Alakrana es un barco de bandera de las Islas Scheychelles, de la empresa Echebaster fleet. Obviamente, eso ya suena a chanchullo: paraíso fiscal, país sin leyes, donde el dinero negro, manchado de sangre, de droga, de armas, de prostitución, se lava y se deja precioso y reluciente. Y faena en las costas de Somalia.

Somalia, que como todo el mundo sabe, es un país moderno, democrático, avanzado, referente cultural y científico y adalid de los derechos humanos y medioambientales.

El infierno. Eso es lo que es. Y en el infierno no hay leyes ni normas. En esas aguas sólo impera la ley del más fuerte, sin cortapisas, sin mariconadas de regulaciones pesqueras, de especies, de redes, de vedas, de artes de pesca prohibidas, de protección medioambiental. El puto caos donde se esquilma y se rapiña sin pensar en nada. El mar es para forrarse y la población de la zona no es ni siquiera humana. Salvajes, esclavos. Lo mismo que en los siglos de Oro de nuestro maravilloso país. ¡Viva Egpaña!

Los señores de la guerra africanos tienen una estrategia fabulosa para dominar a la población. Niños. Los secuestran, los violan, los apalean, los fostian día sí y día también, los drogan, los convierten en alcohólicos y los obligan a matar, incluso a sus propios padres y familiares. Putos esclavos ciegos. Magníficos soldados. Harán cualquier cosa sin límite. Depredarán sobre su propia gente, la gente más desvalida y miserable que hay en la actualidad. ¡Qué fácil es todo! No olvidemos el lío por si el chaval tenía 17 ó 18 años. Un niño en todo caso. Un pirata. No es humano. Es un puto negro. Humanos son los marineros españoles, los gallegos y, si me apuras mucho, incluso los vascos. Joder, si hasta se les perdona que llevaran la ikurriña ondeando. ¡Somos españoles, coño! ¡A por ellos, oooeee!

Pero mira tú que no sólo nos muestran los caretos de los pobres marineros españoles secuestrados (no estoy siendo sarcástico ahora; sé que son pobres y víctimas, que nadie lo dude ni me lo critique). También nos muestran el drama de sus familiares. Gente sencilla, españolitas de a pie, con sus hijos y sus problemas domésticos. Qué pena dan, qué infierno están pasando, temiendo por las vidas de sus padres, maridos, hermanos… No es para menos. Esas cosas dan un miedo terrible.

Mercenarios. Es lo que hay que enviar. Chulos de gafas de sol, pelo rapado y perilla (son como caricaturas, ¿no lo habéis pensado nunca?), con sus camisetas ajustadas y su gesto adusto. Tranquila, beibi. Ya lo tenemos controlado. Verás tú esos putos negros.

Mientras tanto se negocia en Inglaterra (siempre la pérfida Albión) con la empresa que gestiona el secuestro. Como dijo ayer en la tele un inglés con cara de idiota que era experto en piratería, se trata de hombres de negocio que pretenden sacar el mayor beneficio económico posible. ¡Anda, qué cosas, qué curioso! Esquilmar, rapiñar, depredar, esclavizar, destruir, extinguir… Más de lo mismo.

El Estado Español ha pagado el rescate. Los pobres marineros españoles volverán a casa, cobrarán sus 30€ al día por echar las redes prohibidas. El Alakrana se llenará de mercenarios. Seguirá arrasando con la vida en el mar. Morirán niños negros en lanchas a motor, cazados como conejos. Los somalíes seguirán siendo masacrados, ignorados, destruidos y esclavizados, usados como piratas drogados. La empresa Echebaster fleet se irá de rositas, incluso con alguna contraprestación más en cuanto a impuestos y vista gorda sobre especies amenazadas o cuotas de pesca.

Todo seguirá igual.

Al menos, durante cuarenta y tantos días dejaron de matar atunes.

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El domingo por la  tarde hubo una extraña inundación en Ciudad Lineal que tuvo cerrada la línea 5 del Metro entre Quintana y Canillejas. Puesto que las explicaciones del personal del Metro y de la Policía Municipal eran demasiado parcas, intenté buscar si había algún comunicado. Lo que me salió fue esta graciosa noticia del viernes 17 de junio de 1910. Me ha hecho ilusión saber que hace 99 años por mi barrio ya corrían 137 corredores.

Habría que verlos…

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Gracias a Luis por hacerme llegar este enlace en el que podemos poner caras a los valientes “bisabuelos” que corrían por entonces en el Velódromo de Ciudad Lineal. No conocía su existencia, pero incluso hubo unos años que fue campo de fútbol del Real Madrid.

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Cursus honorum

El cursus honorum

Por Darth Vader

 

 

“Y ezo que eh lo que eh”, pues muy sencillo, es el sistema político elegido por la República Romana, no nos engañemos por el nombre la República Romana era una oligarquía al estilo de las repúblicas centroamericanas de los años 70 y 80, para resolver las tensiones que existían entre las grandes familias, patricias y  plebeyas, de la época.

Ese sistema, además de otros elementos, permitió que Roma conquistara el mundo, pero también ayudo a que la República desapareciera y se transformara en Imperio (tipo Star Wars, vamos).

Básicamente el sistema consistía en que el poder ejecutivo y judicial del Estado, el legislativo se reservaba para el Senado, aunque esto hay que decirlo entre comillas,  estaba encargado a una serie de magistraturas que se escalaban peldaño a peldaño, desde la cuestura hasta el consulado.

Era una estructura de ascenso rígida y legislada, que establece la edad y los requisitos que había que tener para acceder a dichos cargos.

Aunque no había norma alguna que impidiera el acceso al cargo a cualquier persona con la ciudadanía de Roma, en la práctica y debido al alto coste que suponía para las arcas particulares de los candidatos a los puestos, estaba restringida a un puñado de personas de los miles que conformaban el Pueblo de Roma, todos los cargos se obtenían por consulta popular, dicho también entre comillas, previa una campaña electoral en la que el candidato se dedicaba a gastar ingentes cantidades en la mejora los servicios públicos o bien en simples espectáculos (no os despistéis estoy hablando de lo sucedido hace mas de 2.200 años, aunque se pueda parecer al sistema actual, es distinto, aquellos se gastaban su dinero), además el candidato buscaba el apoyo de sus “clientes”, básicamente funcionaban como Don Vito, te hacen un favor y algún día te lo reclama.

Entonces, ¿para qué se presentaba la gente a dichos cargos?, pues para llevárselo crudo, muchas magistraturas controlaban infinidad de fondos que terminaban en el bolsillo del Pretor de turno.

Si bien en Roma había muchos magistraturas (cargos) solo me voy a referir a los que intervenían en el  cursus honorum.

Empezamos con una excepción, ya empiezo a faltar a mi palabra, como es el cargo de TRIBUNO MILITAR, que aunque no formaba parte del “cursus” todos los candidatos debían de pasar por él, ya que para acceder al resto de los cargos era necesario tener experiencia militar, este cargo era por designación, no por votación, en cada Legión había 6 Tribunos y normalmente se accedía a este cargo a la edad de 20 años, en este caso la edad no es fija pues como ya he dicho este cargo estaba al margen del “cursus”  y su duración en el tiempo variaba en función de factores externos, así un Tribuno en plena campaña militar era raro que dejara el cargo.

 

El primer escalón, propiamente dicho, de esta carrera, era el cargo de CUESTOR,  Los cuestores eran los encargados de fiscalizar las cuentas públicas, ya empezamos a movernos entre el dinero, ya que eran los encargados, entre otras cosas, de administrar los fondos del ejercito, de la marina o de las obras públicas. Su mandato solo duraba un año, así que ya se podían dar prisa en trincar todo lo posible,  y sólo podían acceder a él los candidatos que habían cumplido veintinueve años.

En el siguiente escalón, nos encontramos con los EDILES, que eran los “alcaldes” de Roma, de esta palabra viene el cargo de concejal que actualmente se utiliza en los ayuntamientos, eran los encargados de la planificación urbana, de las fiestas, los juegos, del reparto de trigo público, y sobre todo, porque era lo interesante del cargo, eran los que vigilaban el comercio en Roma controlando las pesas y medidas y presidiendo lo que podríamos definir hoy en día como tribunales mercantiles, que era donde se movía la pasta. La duración de su mandato era también de un año y aunque no todo el mundo está de acuerdo parece ser que la edad para acceder al cargo era la de 32 años.

Luego vienen los PRETORES que eran los magistrados encargados de presidir los distintos tribunales de Roma que existían por razón de la materia, algo así como jueces, gracias a este cargo yo logré aprenderme el único latinajo de toda la carrera “Praetor qui inter pregrinos ius dicit” o Juez que dictaba justicia entre los extranjeros, pues menudo rollo, es lo primero que se piensa, pero no es así, ni mucho menos, una vez acabado su mandato de un año, cualquiera de los 8 pretores podía convertirse en propretores y se le designaba una provincia para que la gobernara durante un año y ese era el sueño de cualquier político romano y actual, Siria,  Hispania Citerior, Galia Cisalpina, etc… solo para el propretor, sin tener que justificar nada, “to pa mi”, se podía esquilmar absolutamente a la provincia, Roma solo exigía un pequeño pago y el control militar de la misma, la edad para acceder a esta magistratura era la de los 35 años y eso significó que muchos propretores iniciaran guerras de conquista en sus provincias para acrecer su peculio particular, aunque a la larga la favorecida fuera Roma.

Y por fin el cargo máximo al que podía aspirar cualquier romano amante de servir a su pueblo, CONSUL. Los cónsules eran solo dos, con una duración de un año y eran los “jefes de estado” romanos, los encargados de presidir las sesiones del Senado, de presentar las leyes y los jefes supremos del ejército. El cónsul con mayor número de votos era el cónsul senior y el segundo el cónsul junior,  para poder presentarse al cargo, además de haber pasado por los escalones inferiores era necesario tener cumplidos los 42 años, no pudiendo repetir en el cargo hasta pasados nuevos 10 años, como con los pretores, también existía el cargo de Proconsul al que se le entregaba para su administración una provincia y como se ha visto antes era un pequeño aliciente, de hecho la famosa conquista de las Galias por parte de Julio Cesar se llevó a cabo porque tras su primer mandato se le entregó el gobierno de la Galia Trasalpina, entre otras, y decidió hacerla un poquito más grande.

Las magistraturas romanas republicanas tenían dos características llamativas: todas las magistraturas eran colegiadas, es decir, cada magistrado tenía uno o varios colegas, con lo que el poder teóricamente se equilibraba. Y eran elegidas por los Comicios bien por los Centuriados o los Tribunados (las Centurias y las Tribus eran las formas en las que el pueblo de Roma estaba representado). De hecho una de las máximas obsesiones de Julio Cesar y de cualquier romano con aspiraciones fue cumplir con el cursus honorum a rajatabla, pasando por todos los escalones en el momento preciso.

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Bronce y Acero

Por Darth Vader

 

Algo pasó, a día de hoy no se sabe con exactitud qué fue lo que pasó, pero grandes ciudades que presumían de ser invencibles cayeron una tras otra como fichas de dominó, algunos historiadores lo han calificado como un periodo de destrucción como no se ha conocido otro en la Historia.

A principios de siglo XII A.C. (Antes de Cristo) el Mediterráneo Oriental estaba dividido en varios espacios de influencia; por aquel entonces las fronteras no existían como las conocemos hoy en día, había muchos territorios vírgenes y espacios que hoy son eriales, por aquel entonces eran verdaderos vergeles.

Esa parte de la Historia (como ya existía la escritura ya no se llama Prehistoria) fue denominada Edad de Bronce, que como todos sabemos (ahora con el internet el saber lo tenemos más fácil) es la aleación de dos metales, cobre y estaño. Mientras el hierro, metal en el que está basada nuestra civilización actual,  no es difícil de encontrar, el estaño y el cobre, en cambio, tienen sus peculiaridades, si bien se encuentra en todos los puntos de la tierra, no existen, salvo en determinados puntos, con la abundancia suficiente para su uso intensivo.

Esa dificultad en encontrar los materiales para fabricar el bronce, aunque no lo parezca, es buena, ya que te obliga a crear relaciones comerciales con otros lugares para poder conseguirlo; y así fue: la necesidad de fabricar bronce, aleación muy útil para la guerra y para la agricultura, provocó que una serie de pueblos asentados en las orillas del gran mar estrecharan relaciones comerciales y crecieran en riqueza.

En esa época surgen las ciudades-estado minoicas de Grecia, no confundirlas con las del periodo clásico, a las que nos referimos son las de la Ilíada y la Odisea, las de Ulises, Menelao, Agamenón, Áyax, Aquiles…..; la ciudad de Troya, aliada del Imperio Hitita; el propio Imperio Hitita, único poder capaz de inquietar al todo poderoso Egipto y la ciudad-estado de Ugarit, enclave aliado de Egipto y situado en la actual Siria.

Aunque ya se conocía la existencia del hierro, y la forma de fundirlo, no era aún utilizado porque para su fundición se necesitaba un horno con mucha más temperatura que para el bronce y aún no se controlaba la mezcla de carbono necesaria para que hierro dejara de ser dulce y se convirtiera en algo duro y resistente, que es la aleación que se utiliza y no el hierro en sí, aunque se use el término de Edad de Hierro, realmente debería de llamarse Edad del Acero (si vamos, como en los comics de Conan El Bárbaro)

Con estos antecedentes, nos plantamos en alrededor del año 1.200 A.C. en Ugarit. Los arqueólogos que han escavado en la ciudad, hallaron en el horno del palacio real un lote de tablillas que se estaban cociendo. Entre éstas había una carta que pedía ayuda inmediata, ya que la ciudad estaba siendo atacada. La carta no pudo ser enviada, y el palacio y toda la ciudad fueron brutalmente saqueados. Su destrucción fue tan completa que ya no se reconstruyó jamás.

Ugarit contaba con un ejército, pequeño pero aguerrido, cuya estrella era el cuerpo de carros de combate, constituido por aristócratas, que estaba directamente bajo el mando del rey; los egipcios llamaban a estos guerreros maryannu, que significa “joven héroe”. Podían poner en pie de guerra unos 2.000 caballos, lo que era mucho para la época. Además, Ugarit contaba con una flota de 150 buques (aunque la ciudad carecía de puerto, era bastante habitual en la época que se usara algún abrigo costero cercano). En resumen: no eran Andorra bajo del punto de vista militar.

¿Qué ocurrió?, ¿Quiénes eran los invasores? El faraón egipcio mandó escribir estas frases sobre ellos:

En el año 8 del reinado de Ramses III (….) los países extranjeros conspiraron en sus islas. De súbito se lanzaron al ataque. Ningún país pudo sostenerse frente a sus armas, desde los hititas hasta los asirios. Los ejércitos invasores se establecieron en la costa. Desolaron a su gente y su tierra fue como lo que nunca había sido (…).  Aquellos que llegaron a mi frontera ya no existen (…). Aquellos que vinieron por mar (…) una empalizada de lanzas los rodeó en la playa (…). He hecho que los países se asusten incluso de pronunciar el nombre de Egipto.”

La verdad es que no fue tan fácil como lo pintan, Egipto tardó un par de generaciones en recuperar la estabilidad. El poderoso imperio egipcio apenas pudo hacer frente a estos invasores. La razón residía en el hecho de que estas bandas guerreras conocían el secreto del hierro y portaban armas de este metal, duras y resistentes, capaces de cortar con facilidad un escudo o una armadura de bronce, mientras que todos los pueblos a orillas del Mediterráneo, incluidos los egipcios, todavía utilizaban armas de bronce. Se trataba de tribus bárbaras de origen indoeuropeo conocidas históricamente con el nombre de “pueblos del mar”.

A esos pueblos conocedores del secreto del hierro/acero (más Conan) pasaron a la historia con el nombre que les impuso Egipto, Pueblos del Mar. Pero de dónde salen estos Pueblos del Mar, dónde habían estado escondidos hasta que irrumpen en la historia común de la humanidad.

Cuando el Imperio Hitita está en la cúspide de su poder, en Asia empieza a aparecer un nuevo poder, el Imperio Asirio, ambos imperios, como no podía ser de otra manera, chocan en la búsqueda de cobre para sus armas, que era obtenido por los hititas en el actual Kurdistán, minas que fueron arrebatadas por los asirios, por lo que los hititas volvieron sus ojos a la Isla de Chipre, lugar de influencia de las ciudades-estado de Grecia y rica en dicho mineral.

La conquista por parte de los hititas de la Isla de Chipre y el sur de Anatolia con la ayuda de sus aliados repartidos por la actual Turquía y Siria, causó que las ciudades micénicas entraran en un periodo de decadencia al ver limitadas sus expectativas de comercio.

Como respuesta, los micénicos empezaron a realizar ataques piratas sobre las flotas de barcos hititas y sus aliados. Posteriormente y gracias a sus victorias parciales, Grecia se atrevió con un plato mas grande: la conquista y destrucción de las ciudades aliadas y vasallos del Imperio Hitita asentadas en la costa del Mediterráneo, entre ellas Troya (lo de Helena, por muy buena que estuviera, siempre se ha sabido que era una simple excusa).

La combinación de ese ataque griego por el Oeste y la presión que mantenía sobre el Imperio Hitita por parte de los asirios por el Este, provocó el colapso de los hititas, su capital Hattusha fue completamente destruida y originó un cambio de poder en toda Asia; los hititas y sus aliados fueron desplazados de sus territorios y se convirtieron en nómadas. Pero dichos pueblos, antes de su caída, habían empezado a aprender a fundir el acero y en su huida se llevaron el conocimiento de la fundición del hierro con ellos. Convirtiéndose así en un grupo de desheredados peligrosos.

Y no tardaron en utilizar sus nuevos conocimientos, arrasaron  la ciudad de Ugarit, y toda Siria, Líbano, Palestina (son los famosos filisteos de la Biblia, los de Goliat),  llegando a Egipto, incluso cruzaron a la Grecia continental infligiendo un duro castigo al pueblo que ayudó a su caída, sin duda en un destino mas que curioso.

Con ello el poder establecido en el final de la Edad del Bronce (hacia el 1200 a.C.), con sus joyas, sus marfiles, sus comodidades y sus refinamientos, cayeron postradas ante las afiladas hojas de las espadas de hierro/acero, que iniciaron un nuevo capítulo en la historia del mundo.

Grecia tardó más de 400 años en recuperarse de lo sucedido, Troya no volvió a ser la que fue, Ugarit pasó al olvido, los hititas aunque 200 años después volvieron a fundar un nuevo imperio, careció del poder del anterior, Egipto abandonó sus territorios de Asia. Los Pueblos del Mar aunque vencedores al final, tuvieron que pagar el precio de abandonar sus lugares de origen para encontrar refugio.

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Una de las características más sorprendentes y erróneas del pensamiento humano es la tendencia a generalizar: basta una o dos exposiciones a una actividad, suceso o idea, y creemos que eso siempre sucede de la misma manera, siempre ha sido así y siempre lo será.

Por lo tanto, ahora, aquí sentados ante pantallas de ordenador, en nuestras cómodas viviendas del siglo XXI en la parte buena del mundo, tendemos a pensar que lo que nos sucede, lo que pensamos y nuestros ideales son comunes a la Humanidad, ahora y siempre. Y no es así.

Vivimos –nosotros, los que aquí estamos–  en un brevisimo período de fantasía que poco se puede tomar como modelo para explicar el comportamiento del género humano. Y aún así, se puede. Pero está muy camuflado entre las mentiras.

Vamos a remontarnos unas decenas de miles años atrás, ayer en términos evolutivos. Pongámonos hace 100.000 años. En esos momentos hay al menos cuatro especies de humanos en el planeta. Sí, no sólo nosotros: estaban los neandertales, había restos de erectus en Asia y, como recientemente se ha demostrado, florensis en algunas islas de Indonesia. Cuatro especies de humanos. No razas ni pueblos, ni culturas distintas: especies.

Curiosamente, ahora sólo hay una. La nuestra. Al menos se sabe que los neandertales eran tan “inteligentes” como nosotros, quizás más. Su cerebro era mayor, su encefalización podría ser mayor también, y los últimos avances genéticos prueban que podían hablar exactamente igual que lo hacemos nosotros. Del erectus, quizá en extinción superado por neandertales y sapiens, no podemos asegurar un lenguaje codificado, pero sí una buena capacidad de comunicación.

Imaginemos ahora el mundo en esa época y en las siguientes: depredadores gigantes, cambios climáticos tremendos, ninguna tecnología más allá del fuego, de afilar piedras y usar cuatro hierbas. Sería un buen ejercicio visualizar la infancia en Madrid rodeado de hienas, leopardos, leones, dientes de sable, cocodrilos, rinocerontes, hipopótamos, osos de tres metros… Eso es lo que había aquí.

Y los seres humanos medían 1.60 y pesaban 50-60 kg. Algo más pesados los neandertales, pues se adaptaron a vivir en una época muy dura de glaciaciones. Imaginemos un humano en un encinar de Madrid, rodeado de leones. Sin garras, sin dientes, sin protecciones, sin rapidez, sin músculos, sin nada.

Sobrevivimos. No sólo eso. Somos 7.200.000.000 y no dejamos de crecer. ¿Cómo pudo suceder algo así?

La respuesta es extremadamente compleja y no tengo ni los conocimientos ni la inteligencia para darle una respuesta definitiva. Pero sí he estudiado bastantes cosas sobre ello y he pensado mucho.

Sexo

La tasa de natalidad de los seres humanos es enorme. No se corresponde a la de los depredadores. Si los leones tuvieran tantos hijos como los humanos, acabarían con todas las reservas de proteínas y se extinguirían. Pero nosotros somos depredadores… ¿o no? Bueno, puede que lo parezcamos, pero no lo fuimos. No tenemos nada que nos asemeje a los grandes depredadores africanos. ¿Entonces dónde está el gran cazador? Lo más seguro es que los homo comenzaran como carroñeros. Hay una gran cantidad de animales muertos en un hábitat tan rico como la sabana. Aunque en los documentales siempre vemos cómo matan al ñú, lo cierto es que la inmensa mayoría de los herbívoros mueren de ¡viejos! Hay que imaginarse a las primeras familias de homo erectus luchando con los buitres y las hienas, y nunca compitiendo con los leones (lo cual es obvio, porque no podrían).

¿Cómo se consigue una tasa de población tan alta? Hay dos formas muy buenas que hemos adoptado:

  1. Promiscuidad. Los seres humanos somos muy promiscuos (bueno, yo no, ya me gustaría, pero hablo en general). Si comparamos el tamaño de los testículos de los hombres con los de sus parientes más cercanos veremos algo muy curioso: los orangutanes los tienen diminutos, los gorilas pequeñitos, los chimpancés grandes, y los humanos somos unos boludos, o pelotudos. ¿Y eso por qué? Hay una relación conocida y directa entre el tamaño de los testículos de los machos de una especie y la promiscuidad… de las hembras. Ay madre. Sí, sí. La hembra orangutana tiene una vida sexual lastimosa (un polvete cada cuatro o cinco años como mucho, y siempre con el mismo macho). El orangután no tiene que temer que otro macho copule con su hembra y le transmita sus genes: son escasísimos y siempre lo han sido; son solitarios y cada uno ocupa una zona de la selva distinta. Por eso necesitan muy pocos espermatozoides para asegurar su herencia. Los gorilas viven en grupo y podrían darse más “descuidos”, pero el macho espalda plateada es temible y no va a permitir muchas alegrías a las hembras. Son para él hasta que otro macho grande y fuerte lo supere. Los chimpancés son más folleteros y las hembras, aunque dependan de un macho dominante, a menudo eligen parejas a escondidas. Hay más mezcla de semen y por eso las eyaculaciones contienen muchos millones de espermatozoides que aseguren que tú vas a ser el padre. En los humanos, y en contra de lo que pueda parecer por la moral y la religión, la promiscuidad de las hembras es tremenda. Hay estudios en diferentes poblaciones actuales que indican que entre el 30 y el 50% de los hijos no son del padre declarado. Así que tu hijo, el pequeño, no es que se ponga muy moreno cuando le da el sol… Bromas aparte, la promiscuidad absoluta de los humanos garantiza hembras preñadas constantemente. ¿Es eso suficiente? NO. Una mujer embarazada es un incordio para una tribu que tiene que desplazarse constantemente buscando frutas, raíces, insectos y carroña. Morirían enseguida… a menos que… los machos AMARAN a su hembra. El amor es un invento maravilloso de la naturaleza para asegurar que los machos van a seguir alimentando y cuidando a su hembra y a su cría durante el tiempo que éstas son más indefensas. Por eso el enamoramiento dura 3-4 años. Queda claro que el amor siempre es del macho a la hembra. No hay ninguna necesidad de que la hembra ame al macho, porque lo que quiere es que éste no pueda pensar en otra cosa que en cuidar de ella y su cría y no se vaya a copular con otras hembras. Ésa es la explicación a los malos rollos que pasamos los hombres por culpa de las mujeres. Pasado este período, la hembra hace lo posible para que el macho se vaya y se producen nuevas uniones. Esto se conoce como monogamia sucesiva, que es el modelo típico de las poblaciones humanas a lo largo de la historia. Es muy importante que la hembra tenga varias parejas para que distintas cargas genéticas se mezclen con la suya y se produzca la variabilidad suficiente que permita afrontar enfermedades, plagas, etc. Es por eso que el concepto de “razas” es completamente ilusorio y anticientífico. Fuera de los círculos más fundamentalistas de Estados Unidos, ningún antropólogo trabaja desde hace décadas con el tema de las razas: los seres humanos estamos totalmente mezclados sin que haya ninguna población que tenga cierta carga genética distinta a otras: un finlandés blanco como la leche puede tener muchas más similitudes en su ADN mitocondrial con un negro de Zambia que con su propio vecino de piel mantecosa. Eso es así y no admite discusión. Pero lo importante es que esa mezcla continua garantiza un sistema inmunológico increíble que nos permite afrontar horribles plagas como la peste bubónica en Europa durante la Edad Media: imaginemos vivir hasta la cintura entre mierda humana y de animales; sin la menor higiene, sin medicinas, sin médicos, sin conocimientos de nada, con ratas mordiéndonos constantemente, piojos, garrapatas, pulgas, con una pésima alimentación, con una tasa de infección de la peste cercana al 99%. Y sobrevivimos. Eso sólo se consigue en poblaciones de animales con un pool genético inmenso. El lince ibérico no se está extinguiendo por que lo cacen, sino porque se ha agotado ese intercambio de mutaciones diminutas entre la población: hay muy pocos ejemplares y todos son prácticamente hermanos.
  2. Abuelas. Suena bobo, pero el efecto que tuviero las abuelas (y vuelven a tenerlo en nuestra sociedad) para criar y sacar adelante a las crías humanas fue tremendo. ¿Qué es una abuela? En términos estrictamente biológicos es la madre de la madre, y ya no puede tener hijos ella misma. Sorprendente. Las hembras de chimpancé pueden ser madres durante toda su vida. Pueden estar en la vejez y seguir quedándose preñadas. Será complicado que saquen adelante a su cría porque no conseguirán fácilmente el cuidado y la ayuda del macho que las ha preñado, pero pueden ser madres siempre. Por lo tanto, no hay abuelas. La menopausia es una maniobra evolutiva muy ingeniosa: la madre puede cuidar a su hija que está embarazada o en período de lactancia, sin temor a quedarse ella misma embarazada y no poder hacerlo. No tengo noticia de otra especie animal con menopausia. Puede que la haya, pero no la conozco.

Pensemos ahora en los neandertales: seres humanos como nosotros, más fuertes y poderosos, al menos tan inteligentes y con una forma de comunicarse similar a la nuestra, perfectamente integrados en una Euroasia glaciar. No están. Los últimos murieron en Gibraltar y el sur de España y Portugal hace unos 30.000 años, quizás algo menos. ¿Por qué?

Imaginemos que las hembras no fueran promiscuas, más del tipo gorila que chimpancé o humana. Imaginemos que tuvieran un período de gestación más largo que el nuestro: las caderas más anchas podrían ofrecer un canal de parto más cómodo y el feto podría estar más tiempo dentro de la madre y nacer más maduro que nuestros hijos; imaginemos también que no tuvieran la menopausia.  Su tasa de población sería bajísima. Habría siempre POCOS neandertales, muy dispersos pues las condiciones ambientales tan duras obligarían a las familias a buscar nuevas zonas, y con un pool genético cada vez menos variable. Compartirían demasiados genes que es el primer paso a la extinción. Por eso, sin entrar en la competencia directa con el homo sapiens, en cuanto llegamos de África a Europa ya nos encontramos con una población de neandertales muy debilitada: una enfermedad transmitida por nosotros, cuatro enfrentamientos violentos, y se acabó todo para ellos.

Como se puede ver, en sistemas tan tremendamente complejos como la ecología, cualquier mínima variación en una condición puede desembocar en realidades completamente distintas.

Próxima entrega: Mentiras.

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