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Archive for the ‘Ciencia Ficción’ Category

Touch

Otro entrentenido artículo de nuestro (único) colaborador, Darth Vader.

Touch

por Darth Vader

En las series de ciencia ficción existe una especie de contrato entre el director de la misma y el espectador: el director nos trata de vender una idea y nosotros se la compramos o no.

Cuando alguien en los diálogos de una película dice algo como: “Es capaz de superar en cinco puntos la velocidad de la luz y hacer la Carrera Kessel en menos de 12 parsecs” pueden ocurrir dos cosas. Que digamos, menuda gilipollez acaban de soltar. O bien, decir, “pero qué pedazo de nave más rápida tenemos entre manos”. En este segundo caso, lo que nos digan después da igual, nos lo vamos a creer e pies juntillas, por muy disparatado que sea lo que se nos dice, que a veces lo es y mucho.

Pues en Touch, el problema es ése, que nos les compro la idea, no me trago la existencia de personas que sean capaces de ver a través de las matemáticas, ni a través de ninguna otra disciplina del saber, lo que va a ocurrir en el futuro, “si hago que una persona no coja el tren esa persona al estar paseando y no montada en el medio de transporte salvará un autobús llenos de niños; claro si fueran convictos no sería tan impactante ni tan dulce”.

Y mucho menos que esas personas tengan que ser autistas; que manía tienen los de Hollywood con los autistas y sus supuestas capacidades matemáticas, si que les choca.

 

 Además el hecho de que Jack Bauer sea el protagonista tiene sus ventajas y sus inconvenientes. La ventaja es sin duda que tenemos a un pedazo de actor encarnando el papel principal. La desventaja es que en todas las escenas esperamos que el protagonista de 24 empiece a dar mamporros y reciba algún balazo que otro.

No hay manera, siempre ocurre lo mismo, no puedes pasarte ocho temporadas protagonizando una de las mejores series de los últimos años y esperar que la gente acepte fácilmente ese cambio de registro. Kiefer Sutherland es Jack Bauer y viceversa y difícilmente puede quitarse ese sambenito.

No es que haga mal su papel, todo lo contrario, creo que Kiefer Sutherland una vez superada sus chorradas juveniles, (“Jóvenes Ocultos” y “Línea Mortal” son películas para que él se sienta avergonzado de haberlas hecho y nosotros de haberlas visto), ha demostrado ser un actor muy solvente pero demasiado encasillado. ¿Alguien imagina a Chewbacca haciendo algún papel que no sea de wookiee? Pues con el hijo del Comandante Oddball (no el clon, sino el del tanque Sherman, lo digo para cuando los busquéis por los “interneses”) ocurre igual, ya no le veo fuera del papel de Jack Bauer.

Apenas si se puede comentar algo del resto de los personajes de la serie: el hijo de Kiefer lo tiene fácil, con hacer numeritos en un papel cumple y en cuanto a Danny Glover, ¡qué mayor está! Casi mejor que hubiera rechazado el papel; no escuchas lo que dice, solo te pasas todo el rato diciendo ¡qué mayor está! Por lo que las veces que sale desconozco lo que aporta a la trama. En cuanto a la Agente de Asuntos Sociales, no la veo en el papel, hubiera preferido a una Sofía Vergara en plan intelectual. Y de los no fijos, poco que decir,  apenas son usados para que el protagonista de la serie tenga unos decorados caros.

En definitiva, serie para olvidar y nueva demostración de que si ahora las series son buenas es por que hay otras (la mayoría) que son malas.

P.D. Las continuas referencias a la Guerra de las Galaxias en este comentario es debido a que con ello quiero demostrar que si te enganchas a una historia de ciencia ficción por muchas locuras en las que se base te da igual, lo aceptas como palabras de un Texto Sagrado.

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Otra colaboración de nuestro Señor Oscuro sobre series de televisión.

Por Darth Vader

 Terra Nova

Tiene una idea original bastante buena, tiene unos opening mas que decentes, tiene efectos especiales bien resueltos, tiene una trama principal bien llevada, tiene unas subtramas encargadas a secundarios que lo hacen muy bien, tiene las vivencias de un matrimonio, tiene el despertar a la vida (que cursi me ha quedado) de los hijos adolescentes, tiene la simpatía de la hija pequeña, tiene celos, tiene amor, tiene aventuras, tiene ciencia ficción, tiene traiciones, tiene intriga, tiene desengaños amorosos de adolescentes, tiene problemas típicamente de americanos de barrios residenciales (aunque estén en la selva acosados por múltiples peligros) y hasta tiene situaciones graciosas.

Entonces ¿Qué le pasa a la serie para que sea tan flojita? , pues le pasa eso, que tiene de todo, como en botica, a mi me recuerda a “Médico de Familia” pero cambiando la España cañí por la Tierra jurásica.

 

 Adolece de lo que adolecen, y tanto critico, las series españolas; intenta abarcarlo todo y a todos los posibles televidentes, a veces me quedo con la sensación de que falta un abuelo, y eso en ciencia ficción es sencillamente imposible, si haces ciencia ficción tienes que arriesgarte, es posible que te salga un truño con la apuesta, pero en esta “heredera de Avatar” (y esta ya era un truño considerable) el truño va de serie.

Si yo quiero ver dinosaurios y gente correr delante de ellos viajando en el tiempo, que me importa a mí que el hijo del prota este languideciendo por la esquinas por el amor que dejó en el pasado (bueno aquí en la serie lo deja en el futuro) o que la hija mayor sea un cerebrito y tenga problemas para desarrollar todo su potencial o que el marido tenga unos celos estúpidos de un ex de su mujer que casualmente aparece en la serie (los americanos superan muy mal lo de los ex y las ex, siempre te lo sacan y yo es algo que nunca he entendido) o que la hija pequeña sea muy graciosa.

¿Dónde están los problemas que surgen todos los días de hacer una colonia en territorio hostil? ¿Dónde las sesudas explicaciones de los viajes en el tiempo? No pueden despachar toda la teoría en base a un pedrusco que está en mitad de la colonia. ¿Y las interacciones con los bichos?

Arriésgate e inventa algo, dedícate a la cría de dinosaurios herbívoros para su ingesta y modifícalos genéticamente; si, ya sé, es una serie para toda la familia y los niños pequeños no pueden ver que nos alimentamos de seres vivos, empiezan a preguntar y al final se lía; y no hablemos de los problemas que pueden surgir con las asociaciones en defensa de los animales: manifestaciones delante de la casa del Sr. Spielberg todos los días.

Los medios de trasporte me parecen muy cutres. Qué obsesión tienen ahora de intentar hacernos tragar con ruedas de molino  e intentar convencernos que las motos son un vehículo idóneo para transitar en terrenos infestados de fieras salvajes.

Eso sí, me gusta la historia de los “sixthers” (no sé cómo lo traducirán en España), incluso como la resuelven a final de temporada, pero veo muy floja la del hijo rebelde que todo lo hace por joder al padre (nuevo problema americano que no entiendo) pero no desentona del todo.

En cuanto a los actores, no funcionan todo lo bien que sería deseable. Los hijos adolescentes son monos, no enseñan tanta carne como en las series españolas pero cumplen; en cuanto a los protagonistas, Jason O´Mara es poco conocido, sólo tiene que yo sepa el papel principal de Life on Mars (versión USA, otro truño) y creo que no le han dicho que está en otra serie, pues hace el mismo papel. En cuanto a Stephen Lang ocurre tres cuartos de lo  mismo: nadie le ha avisado de que no es la segunda parte de Avatar y, claro, él sigue haciendo de borde incorregible; lo que no sabe es que el puesto de abuelo está vacante y él tiene todas las papeletas para cubrirlo como ocurre al final de la temporada. En cuanto a Shelley Conn, bueno, es el tipo de mujer que gusta en los Estados Unidos ahora. Yo hubiera preferido a una Sofía Vergara aventurera, pero los estudios nunca tienen en cuenta mi opinión.

¿Y, lo mejor de la serie? Pues dos cosas: primero,  no engaña a nadie, a los diez primeros minutos ya sabes de qué va; y segundo, al final de la primera temporada parece, ojo, sólo parece, que quieren arriesgarse con el argumento.

En resumen, si ya viste “Los problemas crecen” con Kirk Cameron en los noventa ahora con “Terra Nova” descubres que los problemas familiares americanos no han evolucionado por muchos dinosaurios que tengan alrededor.

 

Pd. Fijaos como en los coches se nota que la serie está rodada en Australia.

 

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 (Artículo elaborado por Darth Vader, colaborador habitual de este blog)

Con un título tan sencillo y aprovechando la canción homónima de Bowie empieza una de las mejores series que se han hecho en los últimos años, tanto es así que le han salido multitud de clones, desde los Estados Unidos, con un reparto de secundarios de campanillas, señal del dinero gastado en la misma, y que van  desde Michael Imperioli (uno de los principales causantes  del triunfo de Los Soprano) hasta Harvey Keitel (el Sr. Lobo, aunque no sea el papel en el que más me guste); hasta en España con esa obsesión que tenemos a mirar la historia de La Transición desde todos los puntos de vista.

Pero la existencia de esos clones, o como se dice ahora “remakes”,  no han hecho sino hacer ver la calidad del producto original, demostrando que a veces no basta con tener un buen guión y unos buenos actores (me refiero claro al caso americano, no al español, en donde no existe la segunda premisa), sino que hace falta algo más, tal vez una chispa o algo de química que haga que la serie “no se corte y ligue como buena mayonesa”.

En la versión original eso ocurre así, y la premisa sobre la que se basa no puede ser más simple; un jefe de la Policía de Manchester tiene un accidente de tráfico y cuando despierta del mismo descubre que a pesar de estar en el mismo sitio donde ha ocurrido el accidente todo ha cambiado, sin saber el motivo, ha viajado 35 años atrás en el tiempo, con lo que eso conlleva de adaptarse a un nuevo mundo (de ahí viene el nombre de la serie) porque aunque no lo parezca 35 años hacen que el mundo cambie  de tal manera que parezca que estamos en otro planeta; una tontería de tomo y lomo, vamos.

 

Pero aquí esta lo bueno que con una premisa tan tonta la serie te engancha desde el primer momento bien por los actores, ni uno solo de los personajes o actores que los interpretan sobra y sobre todo por el jefe del protagonista en “Marte” Gene Hunt, el típico poli chulo que le gusta su trabajo y el repartir hostias si mirar quien las recibe, de hecho el protagonista ya recibe una muestra en el primer capítulo. O bien por lo fácil que es introducirse en la trama e identificarse con las peripecias del actor principal, respondiendo de una forma lógica a lo ilógico de las situaciones que vive.

No es una simple serie de policías, a las que tengo que reconocer que soy un adicto, Ley y Orden (y todas sus spin-off) debería ser de visión obligatoria en los institutos, si bien en cada capítulo se nos presenta un caso policial a resolver, cada uno de esos casos nos da una pista sobre la trama principal de la serie.

 ¿Qué es lo que ha ocurrido?  ¿Está el protagonista en coma y lo que vemos son sus sueños en estado vegetativo? O  ¿realmente y por avatares del destino ha viajado al pasado?, y aunque parezca mentira la serie sale triunfante con el final pensado por los guionistas.

Porque esa es otra de las cosas buenísimas de la serie, se planteo como 16 capítulos en dos temporadas y en 16 capítulos quedó, no ocurre como en los USA o en España que cuando una serie tiene éxito se explota de tal manera que solo se plantea su cese cuando la audiencia baja, y claro, una serie de con una o dos temporadas magnificas queda estirada a varias temporadas que no hacen otra cosa que repetir el modelo ya trasnochado y utilizado desde el primer día dejando las últimas temporadas un recuerdo amargo de la misma (alguien cree que se puede dormir durante tantos años junto a Allison DuBois y despertarse sobresaltado noche tras noche y no matarla) la serie acaba cuando y donde tiene que acabar sin exagerar las tramas y sin convertirla en una repetición de lo ya visto.

En resumen, una muy buena serie, en donde los actores están soberbios, el guión está muy cuidado y la ciencia ficción es solo un vehículo para contar una muy buena historia.

Ya sé que me comprometí a decir algo sobre “Espacio 1.999” y “Enana Roja” pero el comprometerme me estresa, el estrés lleva a la desesperación, la desesperación lleva al miedo, el miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento… … y el sufrimiento lleva al lado oscuro.

Darth

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¿Existe aún el talento audiovisual? Sin duda. Pero hace unas décadas ese talento desbordaba en la gran pantalla. El cine acaparaba a los mejores profesionales y se llegaron a realizar decenas de películas de una calidad tan sublime (independientemente del género y de nuestras propias preferencias) que forman parte ya del legado cultural de toda la humanidad.

Todos sabemos que hoy no. El cine es una puta mierda. Se puede justificar diciendo que ha cambiado el medio, las necesidades y expectativas de los consumidores de productos y todos los análisis sociológicos que queramos. El cine actual es una puta mierda. Me atrevo a decir que desde la trilogía de El Señor de los Anillos no se ha hecho nada que merezca la pena pasar a la videoteca del planeta Tierra; y de eso hace ya muchos años (Avatar fue una enorme mierda que no hay por dónde cogerla). Personalmente salvaría Inception, porque creo que sí mantiene el espíritu del cine “antiguo” haciendo uso del lenguaje y la tecnología actuales, pero eso no deja de ser una opinión muy personal.

¿Y dónde están todas aquellas personas con talento para imaginar historias, recrearlas y contarlas en formato audiovisual? Está claro que en la televisión. O para ser más estricto, en las series de televisión que se emiten en EE.UU. en las cadenas de pago. Y que aquí vemos fundamentalmente en Internet.

No me detendré en escribir lo que pienso de las series de televisión españolas. No merece la pena; que el lector salpimente este párrafo con las más abyectas expresiones que conozca, con los más pútridos epítetos y algún escupitajo sanguinoliento hacia los implicados. Mejor lo dejamos ahí y seguimos hablando de personas con talento.

Ya he comentado en ocasiones mi fascinación por la serie Lost (hasta que llegó a su incalificable final por el que todos los implicados debieron ser ajusticiados mediante empalamiento público). La serie marcó un nuevo hito como lo hizo en su momento mi idolatrada Twin Peaks. Puro arte audiovisual que reunía guiones sólidos, tramas complejas y cautivadoras, actores perfectamente elegidos y eficacísimos y sorpresas y más sorpresas que te dejaban cada día con ansias de más.

En una entrada anterior ofrecí mi opinión personal sobre The Walking Dead, que me resulta muy interesante y muy bien realizada; si bien comprendo las críticas que muchos zombi-adictos plantean ante su poca acción y esa focalización casi agotadora sobre las relaciones personales y sus conflictos. Como buen psicólogo aplaudo esa decisión de los responsables de dibujar con detalle el conflicto y no tirar por lo fácil que sería reventar cabezas de muertos vivientes a cascoporro capítulo tras capítulo. TWD no es una serie de zombis como tal, sino de supervivencia, de buscar esperanza en un mundo devastado y de tomar decisiones siempre difíciles. A mí me encanta y me parece que los actores principales (no así los secundarios) están magníficos.

Magnífica, con aplusos y ola incluida me ha parecido la primera temporada de Juego de Tronos. No he leído las novelas (pienso hacerlo) pero el universo que plantean es fascinante y riquísimo en matices y requiebros. Tú ponte a comparar esta maravilla con la del ninja castizo ése que sale. Dios santo… Por favor, por qué tienen que pasar estas cosas en mi país. ¿Qué hemos hecho para merecer tanto dolor?

Un enano. Un gigante

Los actores de Juego de Tronos son sublimes. Del primero al último. Ese enano es el mejor actor que he visto en mi vida. Dios, qué voz tiene (quiero suponer que vuestras mercedes ven la serie en inglés; de no ser así, salgan inmediatamente de mi blog y no vuelvan a asomarse). Cada uno de los diálogos está tan perfectamente hilvanado que nunca sobra ni falta nada. Cada trama principal se complementa con otras secundarias que la enriquecen y configuran un verdadero mundo real y creíble, por más que sea fantasía.

Hacer creíble lo increíble. Nada menos. Se precisa de un inmenso talento para ello. No siempre se consigue, como apuntaré en otra de las series que veo.

Todo está perfecto en Juego de Tronos. La ambientación, la historia, la trama, los diálogos, el equilibrio perfecto entre acción directa y conflictos emocionales, las luchas de poder, el punto de misterio y terror, la música… TODO. Espero con anhelo la segunda temporada, de la que ya hay algún pequeño avance.

¿Qué más he visto? Bueno, pues nada menos que la que considero la serie más sólida, profesional y subyugante desde Twin Peaks, aunque no tenga nada que ver con misterios y situaciones surrealistas: Breaking Bad.

Se me agolpan las palabras en los dedos sin llegar a ser capaz de reflejar el inmenso talento de todas las personas que han trabajado en esta serie. Los actores son INMENSOS (¿la ves en inglés, verdad?), los guiones son redondos, las tramas son tan innovadoras y sobrecogedoras que te quedas al final de cada capítulo con una cara de tonto que piensas: “Joder, pero… ¿y ahora? ¿Cómo van a poder salir de esta MOVIDA?”. Pues salen, y lo que es mejor, es que salen de una manera razonable, sin tenerte que tragar mierda a palas para pasar la píldora. Las cosas que suceden son siempre tremendas pero tienen una lógica y son siempre POSIBLES. (Esto también lo compararé con la última serie aquí comentada).

Sorpresas sobre sorpresas

Pocas veces TODO lo que sale en una serie larga (cuatro temporadas) se cierra perfectamente, todo cuadra, nada se deja colgando(*) (ese Lost, con más flecos que el pañuelo de un hippie). Cada escena, cada opening de cada uno de los capítulos, a menudo extraordinarios y soprendentes, cada cosa que se dice y hace queda completamente explicada, redonda, justificada, cerrada. Nada es al azar o por impactar al televidente, pero luego abandonado sin más. TODO se engarza en la serie hasta sus últimas consecuencias. De hecho, en el último segundo (literalmente) del último capítulo se desvela (yo que soy muy listo ya lo imaginé, pero aún así es precioso el momento) la última patada en la boca que te da la serie. El último y definitivo ahhhhrrrrg que tienes que soltar y que pone el lazo al mejor regalo de la televisión del siglo XXI.

Breaking Bad no ofrece concesiones, ni es cómoda de ver ni regala nada. Es dura, es la hostia y te da patadas en los huevos día sí y día también. Tiene un humor negro tan sutil y tan cabrón que no puedes dejar de sentirlo mientras te desesperas pensando lo siguiente que va a sucederle a los dos protagonistas. Están tan exquisatamente dibujados que son reales, se comportan de forma tan real que olvidas que son actores. Su “transformación” es tan gradual, tan sutil y tan… ahhhhhgggg, que no puedes sino alabar el trabajo de guión, dirección e interpretación.

Como se puede ver, no quiero desvelar nada de la trama porque desde aquí recomiendo a todo el mundo que vea esta serie que le impactará, le obsesionará y le reportará momentos sublimes de regocijo audiovisual. No es para el gran público, advierto. Si te gusta Cuéntame, ni te molestes. Obviamente.

Y ahora he visto (me falta el último que aún no ha salido) los once primeros capítulos de la serie a la que están dando todo el bombo y platillo y que parecía que iba a revolucionar el terror: American Horror Story.

En fin. Diré que es muy entretenida. Que se ve con una sonrisa en la cara y que está graciosa. American es mucho, muy americana. Horror, tiene poco; es más bien truculenta que terrorífica. Y Story, pues sí, tiene una historia que está bien contada pero que la hemos visto tantas veces que ya no dice nada.

A diferencia de Breaking Bad sí que voy a desvelar tramas, así que si no quieres que te joda algunas sorpresas, mejor no leas a partir de aquí.

La serie comienza con un opening que será siempre similar en cada capítulo, con una referencia a un hecho del pasado que va incluyendo pedacitos del puzle.

En el primero vemos a una niña Down (ya visto en mil pelis; lo siento, el síndrome de Down no confiere poderes sobrenaturales a su portador) en el patio de una mansión tenebrosa (pufff, una casa encantada, qué novedad). Unos gemelitos insufribles (otra “novedad”; los gemelos siempre aparecen en las pelis de terror, no se sabe por qué) que pronto van a ser presa del primo feo de IT (típico moztro deforme mil veces repetido) que reside en el horrible sótano (joder, otra novedad: un sótano oscuro y pestilente donde suceden cosas malas).

Mal comienzo. Para qué lo vamos a negar. Más mierda vista y revista. Pero chico, esto es American, y así tiene que ser.

Y nos presentan a una familia que tras un periodo malo (ella acaba de tener un aborto; él se ha follado a una alumna en su propia casa y su mujer los ha pillado) deciden recomenzar en un nuevo estado (van de Boston a L.A.) y darse una nueva oportunidad. La hija adolescente en plan emo aportará los conflictos de su edad en el cóctel explosivo. Para ello van en coche ¡hasta California! (¿cuántos kilómetros hay?) para ver una casa.

Y aquí hay un detalle que puede parecer nimio pero que a mí, que soy MUY EXIGENTE, me indica que los guionistas están más decantados por el impacto y lo truculento que por la historia en sí. La agente inmobiliaria les enseña la mansión y les dice que los últimos inquilinos, una parejita gay, murieron en el sótano en plan asesinato con suicidio. Es entonces cuando la niña decide que se quedan la casa (We take it). La escena siguiente muestra a la vendedora exactamente vestida igual colocando un cartel en el jardín que dice “Vendida” y vemos a dos operarios metiendo un sofá de la mudanza. Esta escena se vuelve a repetir en el opening de otro episodio. Bueno, pues a mí estas cosas me joden. Ellos iban en coche, no habían comprado la casa aún. ¿Y de repente hay una mudanza? Esto no cuadra. Además, la casa está totalmente amueblada. ¿Dónde estaba el camión de la mudanza mientras ellos viajaban durante días y días para ver una casa que no sabían si iban a comprar? No tiene sentido y a mí eso me jode porque refleja que no hay atención a los detalles.

Pero aún hay más. Al día siguiente el marido, que es psiquiatra, ya tiene pacientes en su estudio (dentro de la mansión). Y esto sucede sin que nos digan nada de cómo se ha establecido y cómo pensaba ganarse la vida. En otro episodio una simple llamada telefónica de tres segundos pretende explicar que se han quedado sin las inversiones que tenían en Boston y que no tienen nada de dinero. Sólo lo poco que puede ganar en su consulta. A mí esto me fastida porque no te lo crees.

Pero aún hay cosas mucho peores. Esto es una visión muy personal pero los actores son muy malos. El padre es un psiquiatra de unos cuarenta años. Tampoco te lo crees; es incapaz de lidiar con los conflictos que están sucediendo en su entorno familiar y las cosas que les dice a sus pacientes parecen sacadas de un test del Cosmopolitan. Por otra parte, parece muy masculino pero, y en esto no me suelo equivocar nunca, tiene una pinta de homosexual que echa patrás. A este tío lo ves como actor porno gay (Rod Steel en Bad Cops, donde los policías usan sus porras como no quieras saber) y te cuadra mucho más. Siempre está en pelotas por la casa, no se sabe por qué. Lo siento, no me gusta nada. Ya es difícil ver un actor americano que sea malo, pero este pavo es para matarlo.

¿Y la mujer? ¿Estamos seguros que Connie Britton siempre ha sido mujer? Creo que las mujeres en los cuarenta están en su punto justo de cocción, pero joder, qué tía más desagradable. Es algo inusual en mí, me produce rechazo físico. Es ASQUEROSA. Y su personaje no se hace querer; es fría, sin sentimientos, egoísta, no piensa en nadie más que en ella… calla, que sí, que es mujer. Retiro la maldad anterior (y la sustituyo por ésta, jejeje).

El caso es que no me gustan los protagonistas. La hija trabaja mejor y el resto de “seres” (lo dejaremos así) que pululan por la casa son eficaces, pero sin alardes. Incluso Jessica Lange está pasadísima y hace pensar en que King Kong se la tendría que haber entabicado y así no tendríamos que soportarla ahora.

Porque sí, aquí entabican. Los fantasmas de esta serie follan como conejos (eso no es nuevo) pero es que encima son chupapollas, lo cual sí que es verdad que es una novedad en el género de terror.

Moira, la chupapollas más rara de la historia

Hay uno de los muertos que aprovecha Halloween para poder salir de la casa (a la que todos los muertos están encadenados sin poder abandonarla) y chupar cuantas pollas le dé tiempo en esa noche. Y no olvidemos a la ama de llaves de gaélico nombre (mil veces usados; parece que no se puede llamar Juanita y que dé miedo), que se manifiesta como experta felatriz (eso sí, yo no te recomendaría que lo comprobases, sobre todo si eres armenio).

Veamos aquí muchas incongruencias de la serie (son SPOILERS, no seguir leyendo si no has visto todos los capítulos):

  • Muchos de los muertos que pululan por la casa muestran las heridas y lesiones que sufrieron al ser asesinados (gemelitos degollados, niños y mujer quemadas, enfermeras una ahogada y otra acuchillada, esposa del médico original con tiro en la cabeza, los jóvenes muertos en el instituto que vienen en Haloween…) pero otros no presentan tales truculencias y están perfectos: ¿por qué el rubio chupapollas va vestido e impoluto si murió disfrazado de vaquero y con un atizador clavado en el culo? ¿Por qué Rubber Man no lleva los 34 tiros en el pecho que le disparó la policía? Eso no cuadra. Unos parece que se pueden cambiar de ropa y otros van con el mismo atuendo de su muerte. Es verdad que esto permite que los muertos parezcan gente viva y puedan interactuar con los normales sin que estos sospechen, pero es una incongruencia que no se sostiene.
  • De los pacientes del psiquiatra, uno es un joven psicópata asesino en masa, la otra también es una psicópata asesina en serie y desaparece (la policía investiga un poco, sin mucho afán), la tercera es una negra que se intenta suicidar (la policía vuelve a hacer alguna pregunta de rutina) y el último es un pobre hombre que muere en su casa de un tiro. ¿No hay demasiadas muertes inexplicables como para que la policía tome cartas en el asunto? ¿Es normal que estén cada noche llamando a la policía por invasiones, asesinatos, desapariciones y violaciones y nadie haga nada? ¿A ningún policía le parece raro todo lo que pasa en esa casa día tras día?
  • ¿Alguien se ha parado a pensar que a la consulta de un psiquiatra no va esa GENTE TAN RARA? ¿Que suelen tener a pacientes con ansiedad, algo de depresión y alguna cosilla más? El cliché y el estereotipo es tan infumable que no hay por dónde cogerlo. Y el tío debió aprobar la carrera con un 4.5, porque no tiene ni puta idea de nada. Ah, que se me olvidaba: es un tío de cuarenta años y ha estudiado la psique humana, con todas sus angostas cavidades y recovecos… ¿y se echa a llorar después de masturbarse porque la zorra de la asistenta se estaba haciendo un dedo en su salita de estar? ¿Llorar? Joder, por dios bendito, ningún hombre llora después de hacerse una paja. Estaríamos todos a lágrima viva por las calles, con lagrimones en el trabajo y en las tiendas. ¿Pero qué es esto? No he llorado en mi puta vida y no paro de… en fin.
  • En el capítulo dos la madre y la hija sufren la invasión de tres psicópatas interesados en repetir pormenorizadamente los crímenes de otros asesinos. Son tres, están como motos y van armados. Pero por algún motivo que desconocemos, madre e hija han debido de recibir entrenamiento en los SEAL o algún cuerpo de operaciones especiales porque son capaces de manejar la situación, desatarse, hablar con ellos como si charlaran sobre el tiempo sin perder la compostura ni que les suban las pulsaciones y salir indemnes de una situación completamente terrorífica que tendría que haberlas dejado KO. Bien es cierto que reciben ayuditas, pero su comportamiento y actitud es totalmente increíble y patético desde el punto de vista argumental. Tampoco la chica compañera de clase de Violet, que es atacada por el moztro en el sótano y recibe lesiones irreversibles en su linda carita, está tan aterrada como debería estarlo. Habla tranquilamente en la piscina vacía como si nada malo hubiera sucedido. La policía tampoco tiene nada que decir en este ataque, claro.
  • Una cosa curiosa de la serie es que uno de los personajes es percibido de manera distinta por las mujeres y los hombres. Moira, la anciana y tuerta ama de llaves, es un chochete joven y vicioso a los ojos de los tíos. Pero es ridículo: todo el conflicto viene porque el marido se cepillaba a una alumna dado que la mujer estaba con depresión tras el aborto y no le daba mandanga: ¿Y entonces va la mujer y mete como señora de la limpieza a una tía buenísima que va con ligueros y se retuerce como una gatita a cada momento? ¿El marido no dice nada, no le parece raro ni chocante? ¿Es eso consecuente con lo que forma el origen de todo? ¿Alguien ha visto alguna vez a una señora de la limpieza como ésa? Joder, a mí no me ha pasado nunca que pille a la asistenta de 24 años haciéndose una paja en mi sofá, vestida de puta y pidiéndome que la folle. ¿Eso os pasa a vosotros? ¿Qué me he perdido en esta vida lamentable que me ha tocado vivir? Pero no queda aquí la cosa, sino que el armenio va a ver la casa para comprarla y la señora de la limpieza (misma vieja que es joven) le hace una mamada nada más entrar. ¿Eso pasa? Yo recuerdo que fui hace años a ver un piso para alquilar, y quitando que era tan horroroso que ciertamente podía tener fantasmas, me recibió un matrimonio muy feo que pedía un alquiler disparatado por aquel antro. Me hablaron de gastos de comunidad, pero de mamadas nadie dijo nada. ¿Pero yo a qué pisos voy, mísero de mí? Claro, que luego le dan lo suyo, pero joder… Por cierto, tras la primera mamada, el psiquiatra entra en la casa y pilla al armenio saliendo de la habitación con la chuperreteante ama de llaves. Ambos son hombres, por lo que tendrían que ver a la joven ninfómana; pero la que sale de la habitación es la vieja tuerta, secándose los restos de la comisura de los labios. Acepto que así tiene mucha más gracia la escena, pero tampoco es congruente.

Hay muchas incoherencias, tiene más trampas que una película de chinos. Recurre a los elementos típicos, cien veces vistos, manidos y clásicos del cine de terror. Abusa del truco de enfocar a un protagonista y que por detrás pase una sombra turbadora. Se vuelve al presentir algo y el fantasma pasa otra vez en otra perspectiva, para materializarse a su espalda y provocar el zutto.

Mi opinión es que no hay mucho talento; se usan los ingredientes de siempre: caserón encantado, doctor muerte, fetos, niños con poderes, violaciones sobrenaturales para conseguir seres demoníacos, sótanos, fantasmas, monstruos malignos… LO DE SIEMPRE. Toda esa ensalada se aliña con algo de sexo truculento (no me jodas que hay gente que le pone el látex, diomío, diomío…), unas pajillas, mamaditas varias y es como Padre de Familia pero con fantasmas. Por eso creo que es American: a ellos ver que alguien se masturba los turba más (juego de palabras muy chungo, admitido) que un tiro en la cabeza, a lo que ya están acostumbrados. Es como si estuvieran poco a poco acercándose al cine de Almodóvar porque les parece muy innovador lo que aquí ya era casposo en los ochenta. Meten gays y ya lo flipan.

¿Horror? Pues no. La historia es truculenta pero no da el más mínimo miedo. ¿Entretenida? Sí, para pasar el rato con las nuevas demencias que se les van ocurriendo no está mal.

Game of  Thrones y The Walking Dead ya… por favor.

(*) En toda la serie de Breaking Bad sólo he visto una pequeña cosa que no ha sido explicada y que es lo único que no me ha gustado. Para los castellano parlantes queda muy claro que Gustavo Frings no es chileno. Es obvio que habla español como segunda lengua, no como primera. Y su acento no se parece en absoluto al chileno. Sin embargo hay referencias a que hay algo muy turbio en su pasado en ese país y Mike investigó algo en Chile. Eso parecía interesante y sin embargo no se ha contado ni resuelto. Pero es sólo una mínima mota en cientos y cientos de perlas.

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Acaba de comenzar la segunda y esperadísima temporada de The Walking Dead (TWD), justo tras finalizar la primera de Falling Skies (FS). Dos puntos de vista distintos para una misma realidad postapocalíptica.

Confieso que me fascinan los zombis. Son, con diferencia, mis monstruos preferidos. No me asustan los vampiros ni hombres lobo, que considero trasnochados y decimonónicos. Los fantasmas me asustan poco o nada (algo más si son niñas japonesas dentro de pozos). Los demonios y sus vómitos de puré de verduras ni me afectan ya.

Pero los zombis, ay los zombis. Son infinitamente más reales. Los zombis son el arquetipo de nuestros terrores. Intentaré analizar por qué:

  • Son muertos vivientes: el miedo a la muerte y a que los fallecidos nos hagan algún mal está tan inervado en nuestro interior que está presente en todos los monstruos posibles. Vampiros, fantasmas y hombres lobo comparten con los zombis esta característica, que apela a nuestro inconsciente: en todas las religiones hay ritos para mantener a los muertos en su zona y a los vivos en la suya. Así debe ser si no queremos movidones.
  • Su condición es contagiosa, al igual que la mordedura de vampiros y lobisomes. Sin duda nuestra especie ha sufrido espantosas epidemias a lo largo de la historia que diezmaban a la población (peste, gripe, etc,) y que siguen siendo una de las principales causas de muerte. El contagio de una enfermedad por mordisco o herida abierta (rabia, por ejemplo) siempre ha sido temible para nosotros.
  • También zombis, hombres lobo y vampiros comparten su componente irracional. Tienen una parte humana y otra animal depredador. Su aspecto es como el nuestro pero se comportan como nuestros peores enemigos de la sabana. La vida de nuestros antepasados tuvo que ser ciertamente terrorífica con hienas, leones, leopardos, dientes de sable y osos cavernarios. Con ninguno de ellos -a diferencia de nuestros enemigos humanos- se puede negociar. No hay nada que hacer: vienen por nosotros.
  • Quieren comernos vivos. Directamente relacionado con la anterior, nos aterrorizan porque depredan sobre nosotros que somos los mayores depredadores. El miedo a ser devorado vivo está presente en todas las culturas y pesadillas de la humanidad. Si quien nos come es otro ser humano, el terror es absoluto.
  • Si todas estas características son más o menos comunes en todos los monstruos, los zombis cuentan con una que los diferencia de los demás y los convierte en los peores y más peligrosos de todos ellos: son muchos. Más que muchos, casi todos. No es un vampiro elegante en una ciudad. Ni un hombre lobo en un poblaco perdido en las montañas: son todos los hombres, mujeres y niños menos un puñado de supervivientes. Es la humanidad entera contra nosotros. Yo contra el mundo.

Creo que ahí radica su poder y su fascinación. Porque implica que el mundo que hemos conocido no volverá. Que todo ha acabado y no hay manera de solucionarlo. A un vampiro, o a un grupo de ellos, se los puede detener. Si nos unimos contra ellos los números están de nuestro lado. Son vulnerables. Podemos con ellos.

Pero no se puede luchar contra miles de millones de monstruos. La humanidad es el enemigo. El otro es el mal. Y hay muchos otros. La radicalidad de los zombis es que el mundo se ha acabado. No podemos unirnos para derrotarlos. Ya estamos derrotados. No hay esperanza.

Ésa es la gran diferencia con los Skitters y Mechs de Falling Skies. La gente critica con severidad esta nueva serie postapocalíptica. Quizás no vaya a pasar a la historia de la ciencia ficción ni haya supuesto un antes y un después como fue Lost. Pero quiero resaltar algunas originalidades que me parecen interesantes y que no deberían obviarse:

  • Nos sitúa directamente en el postapocalipsis. No sabemos por qué han venido ni qué intenciones tienen.
  • El asunto de los arneses biocibernéticos sobre los críos no está nada mal. Los cambios profundos que conllevan y su transformación en skitters es original, porque conduce al siguiente logro…
  • Los que parecen los alienígenas conquistadores (Skitters) no son sino piezas en manos de otras criaturas, esta vez bípedas (como los Mechs) que son los verdaderos enemigos (vamos, digo yo; eso aún no se sabe).

Pero también tiene algunas debilidades frente a TWD, ya que la estructura militar de los grupos humanos impide que los conflictos emocionales sean tan intensos como en la serie zómbica: la cadena de mando ahorra muchos quebraderos de cabeza. Los pequeños problemas personales no han quedado más que esbozados y sin repercusiones importantes en la trama: la muerte de la mujer de Tom Mason en presencia, o ausencia, del doctor que muere a manos (o lo que sean) del skitter capturado apenas ha dado juego; el rollo del capitán Weaver y sus droguitas y ganas de suicidarse no me ha conmovido. Es como si la trama pasara de puntillas sobre las cosas importantes para ofrecernos balazos, bombas y soldados vitoreando ante el Mech caído.

En FS han elegido el enfoque más fácil y yanqui de que el ejército nos liberará del enemigo (en los escenarios de la Guerra de la Independencia, para menos sutileza). Si mantenemos la disciplina, la cadena de mando y plantamos cara al enemigo en un frente común, conseguiremos devolver sus feos culos a Inglaterra, digo al planeta del que proceden. Eso para mí es poco apocalíptico y nada creíble.

Yo quiero un fin del mundo descorazonador, terrible, imposible de solventar. No quiero unión sino lucha por la supervivencia, aun sabiendo que está todo perdido. No quiero armas y victorias en batallas sino horror, muerte y desaliento. Quiero ver no a padres salvando a sus hijos con rifles de asalto, sino quebrando sus cabecitas con hachas porque pretenden comérselos vivos. Quiero ver desesperación, terror, cansancio, abandono. Quiero verlos sufrir, morir, convertirse en monstruos antes incluso de volverse zombis. Quiero ver a gente rota, reducida a lo esencial, a lo más crudo, oscuro y morboso: lo peor del ser humano.

No quiero esperanza.

Todo esto nos lo dan los zombis. No hay alegría en la victoria. No hay batallas ni guerras contra Los Otros. Los zombis somos todos. Somos nosotros.

Y nosotros nunca hemos tenido esperanza.

Lo que no quita para que la señorita Moon Bloodgood esté como un queso.

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They will not force us
They will stop degrading us
They will not control us
We will be victorious
  
 

 

De no ser por tener un hijo adolescente me habría quedado en casa y me habría acostado a las diez, como es mi costumbre. Pero hoy tocaba su grupo favorito, iba con sus amigos, todos menores, y algún adulto tenía que hacerse cargo de la situación. Como no encontraron ninguno, me tocó a mí.   

Las entradas habían volado en los días siguientes a su puesta a la venta, de manera que tuvimos que acoquinar una bonita suma para conseguir dos pases a la pista general (sí, ahí, en el mogollón).   

Dos entradas de Muse en la reventa: 140 €. Ver la cara de tu hijo disfrutando como un enano: no tiene precio.   

Mentiría si dijera que iba forzado. Compadezco a los padres que tienen que llevar a sus hijos a ver a Hannah Montana y a Pereza, Bisbal o dementes similares. Pero mi hijo tiene gustos refinados y Muse nos encanta tanto a él como a mí. Como es natural, él se conoce cada una de las canciones de memoria, las rarezas, los temas que han salido sólo en un single en Japón y cosas parecidas. Yo no llego a tanto, pero los oigo muy a menudo y me sé casi todas sus canciones.   

El tour de este año lo realizan en estadios. Llenar un estadio parece reservado a payasos acabados como los Rolling, a vejetes a los que se les perdona todo como al Boss, o a los sobrevalorados U2. Pero este trío de trientañeros ingleses se lo ha propuesto y arrasa en cada país que visita. Si se han caracterizado siempre por unas puestas en escena espectaculares y muy futuristas, las de esta gira son abrumadoras. Creo que han dado una vuelta de tuerca al concepto de escenario y de ‘juego de luces’. Yo que he asistido a un concierto de Pink Floyd en su explosión de láser y varilites, pensaba que lo había visto todo. He de reconocer que el espectáculo de Muse es impresionante: el sonido es aplastante, de una pureza y brillo formidables. La limpieza con la que se oía absolutamente todo, la perfecta sincronización con los media utilizados y la cantidad de sorpresas desplegadas en el concierto han sido soberbias. Desde el punto de vista de un espectador, un 10 sobre 10 sin duda alguna.   

Dados los nervios de mi vástago, a las 18:45 estábamos en el Vicente Calderón, junto con los otros amigos que lo acompañaban. Eran tantas las ganas que a las siete estábamos ya dentro, eligiendo sitio junto a una valla de seguridad, justo en el centro del escenario y perfectamente situados para una de las atracciones que nos aguardarían; pero eso no lo sabíamos aún. Unos bocatas y a esperar que empezaran los teloneros.   

Primero aparecieron The Big Pink, que me parecieron muy modernos y me gustaron mucho (especialmente la baterista japonesa, Akiko Matsuura, que estaba como un queso y andaba medio en bolas). Tengo que darles una escuchada porque creo que se merecen atención. Tras ellos tocaron los Editors, grupo indie más conocido (reconozco que sólo había escuchado  An End Has a Start). Me gustó la intensidad con la que tocaron y tendré también que seguirlos.   

Editors actuando de teloneros

  Como era de esperar, ninguno de ellos utilizó más que unas pocas luces y efectos del inmeeeeenso bloque en el que se alojaba el escenario. Todo el despliegue estaba reservado a los dueños y señores del rock del siglo XXI.   

   

Comenzaron con 15 minutos de retraso. Nosotros llevábamos ya tres horas de pie y cuatro y pico desde que salimos de casa. Nada, poca cosa. Pero mereció la pena esperar.   

Todo comienza con una manifa, sí, sí. Se enarbolan banderas de Resistance, con una española en el centro, entre el público los pipas elevan pancartas, lemas y emblemas y se dispara Uprising. La locura se expande como un universo recién nacido y la banda acomete su entrada de forma brutal y anunciando lo que nos espera: puro espectáculo audiovisual y una calidad excepcional en todos los aspectos.   

   

Al conocido single del último disco (se oye ya hasta en los supermercados) le siguen para el delirio de los allí reunidos la rítmica Supermassive Black Hole , una preciosa  New Born y la enorme Map of the Problematique. La entrega del público es total y el espectáculo está al mejor nivel de cualquier banda de rock que yo haya visto. El despliegue técnico es de los que te dejan la boca abierta, muy moderno, muy vanguardista (como es Muse), efectivo y, por qué no decirlo, efectista. Se van desgranando casi todos los temas del último álbum (Resistence) y muchos del anterior (Black holes and revelations). Que son ambos dos discazos, lo digo por delante, pero bueno, tienen más concesiones al público que los primeros: hay más que ecos de U2, el tecno de los 80 o incluso de Queen. Son más comerciales, si se quiere utilizar ese término algo despectivo: pero ya quisieran otros hacer temas comerciales con los matices  y calidad que derrochan estos. Sonó entonces la canción que han compuesto para cierta película innombrable y que no me dijo nada: demasiado blanda y comercial. Luego lo arreglaron con Bliss, temazo. Personalmente me apasionan los primeros trabajos de Muse y me recompensan con uno de mis temas favoritos del tercer disco (Absolution): Hysteria. Pura energía, enloquecemos todos con ese intensísimo nu-metal o como cojones se pueda llamar esa explosión total de rock brutal. Escalofriante. Tan intenso y furioso que te conquista para siempre.   

Para los que no conozcan al grupo (debería ser castigado con veinte azotes en plaza pública y ser motivo de escarnio) los componentes de Muse son:   

Matt Bellamy: compositor, cantante, guitarrista, teclista y todo. El alma creativa; un tipo simpático, hiperactivo, hipercreativo y un virtuoso al piano y a la guitarra (llegó a tocar los dos mástiles al mismo tiempo). Medio extraterrestre y algo gamberro. Eso sí, su español es peor que mi birmano.   

 

Dominic Howard, baterista menudo y con gran sentido del humor, desarrolla una energía y una creatividad muy grande en la sección rítmica. Cuando lo ves actuar comprendes que cada canción lleva exactamente el ritmo y adornos que necesita, ni más ni menos.   

 

Christopher Wolstenholme, el grandón bajista, que abandonó la batería en su anterior grupo para comenzar a tocar el bajo en Muse sin haberlo hecho nunca antes. No sólo aprendió sino que es un magnífico bajista, potente, creativo y que junto a Dom crea una base rítmica aplastante sobre la que Matt puede florear a su gusto.    

   

 No soy capaz de recordar el orden de las canciones (tocaron muchas y algunas de mis favoritas). Guiding Light según mi hijo no la habían tocado anteriormente, y quedó bastante bonita, con ese solo de guitarra corto pero intenso. (aunque sé a casi nadie le gusta este tema). United States of Eurasia me sorprendió porque pensé que no funcionaría en directo y sí lo hizo. Tuvimos momentos para la calma en Feeling Good y en Unintended, en la que que Dom nos pidió que ilumináramos el estadio con las luces de los móviles.    

   

Pero nos iban a arrollar con varias sorpresas, como la plataforma en la que Dom y Chris se subieron para iniciar una intro poderosa rítmicamente (MK Jam) para Undisclosed Desires, con una batería luminosa mientras subían y bajaban para incorporar a Matt a la fiesta. La canción, puro tecno ochentero, resultó bastante llamativa.   

   

Otro de mis momentos favoritos llegó tras Resistance y Starlight se zambulleron en Time is Running Out, un temazo que te agarra desde el principio y desearías que no te soltara nunca. El pogo era ya inevitable en la pista y no paró hasta el final del concierto.   Fue seguida por Unnatural Selection, contundente y con una guitarra fantástica.   

 
 
 

Ay, esos trajes plateados, Matt...

 Otro espectacular secreto que guardaban era un auténtico OVNI que salió de detrás del escenario al más puro estilo Pink Floyd con sus cerdos volantes. Mientras Matt desgranaba la primera parte de Exogenesis, una pequeña sinfonía clásica que aportaba la perfecta atmósfera mágica, un globo plateado llegó flotando hasta justo el lugar donde estábamos nosotros, que comprendimos en ese momento el por qué del pasillo que habían formado los de seguridad y que permitía a los pipas manejar diestramente el OVNI.     

   

 

Lo teníamos a pocos metros sobre nuestras cabezas cuando me sorprendió el “burruño” que formaba justo el vértice inferior del globo. Entonces, en perfecta sincronía con la música onírica que sonaba en el escenario (al que nadie prestó atención en esos momentos), el vértice se convirtió en una bailarina colgada del OVNI que, sujeta por unos cables invisibles evolucionaba con un aro en la cintura que le permitía girar libremente. Una auténtica extraterrestre (de género mamífero, sin lugar a dudas) bailó mágicamente sobre nuestros asombrados ojos tan cerca que casi podíamos tocarla. Resultó muy plástico y muy bonito. La ovación fue total.   

   

Aún nos lanzarían varios ojos enormes que rebotarían entre el público de lado a lado, mientras otro ojo inmenso parpadeaba en la bola de leds que coronaba la nave nodriza, digo, el escenario.   

 

 Ante el delirio de 50.000 personas entregadas desde el minuto uno, la despedida se compuso de cuatro temazos tras un corto tiempo que necesitó Matt para que le pusieran encima un auténtico traje de luces. Y nada menos que la magistral y epítome del rock alternativo que más me gusta, Stockholm Syndrome, siguió en el repertorio. En el más puro estilo Tron, subido a la plataforma en medio del público, con unas gafas del futuro y un traje de colores cambiantes y sincronizados con la música, interpretó Take a Bow. Impresionante. Pero bajó y la banda atacó Plug in Baby, para mí quizás la mejor canción de la década. Es tan visceral, tan poderosa, con ese riff que te llega tan dentro que no puedes hacer otra cosa que entregarte a ella. Allí bailaron cinco decenas de miles de personas y seguro que muchos de los vecinos del barrio. Para terminar, y precedida de la nueva intro gloriosa con la armónica estilo western de Chris, la incomparable Knights of Cydonia. Brutal, demoledora, perfecta.  

Un espectáculo total, moderno, ultramoderno, tecnológico, insuperable técnicamente. Pero sin dejar de cuidar el sonido, la interpretación, el ritmo, la rabiosa y mordiente guitarra. Con momentos de poesía y de furia, con magia y metal pesado. Con armonías de piano clásicas, guitarras desgarradas, riffs potentes, letras de amor o comprometidas políticamente, ritmos pulsantes y melodías cuidadas… ¡y todo ello a menudo en la misma canción!  

Pueden pecar de eclecticismo. Es cierto. Puede que sus dos últimos discos tengan demasiadas referencias a músicas ya escuchadas. Si bien sus primeros discos no suenan a nada anterior, son rompedores, alternativos y brillantes (para mi gusto imprescindibles para todo amante del rock), los nuevos trabajos son más digeribles por el gran público. No lo critico: un artista puede decidir acceder a mayor número de personas y para ello tiene que hacer ciertas concesiones. Pero Muse sigue siendo un señor grupo de rock con mayúsculas, poderoso y versátil, con discos muy cuidados y directos dificilmente superables por nadie en la actualidad. Son generosos y se entregan sin reservas. Invito a todo amante de la música a que los explore porque va a encontrar material de su gusto. De lo muy alternativo a lo muy digerible; de lo más duro a lo más delicado. Pero siempre honesto y original. Rock en estado puro.  

Tras acabar el concierto le dije a mi hijo que tuviera en cuenta que los próximos conciertos a los que asistiera no serían de tantísimo nivel, ni musical ni escénico. Había disfrutado enormemente con el espectáculo y estaba ronco y feliz. Se acostó a las dos de la mañana. A las nueve tenía examen final de Matemáticas e Historia. No sé qué tal le habrán salido. Pero considero mucho más importante para su felicidad este tipo de experiencias. Tras unos años nadie se acuerda de la nota que sacó en un examen en el colegio. Pero durante toda su vida uno se acuerda de los conciertos a los que asistió. Las experiencias quedan y te construyen como persona. Y el rock es para mí algo muy importante. 

Porque lo único que nos diferencia del resto de animales y seres vivos del planeta y,  me aventuro a decir, de cualquier otro sistema solar, es esa explosión de energía, vida, color, ruido, latidos, saltos, movimiento, ilusión y magia que es un verdadero y genuino concierto de rock.   

Poderlo compartir con mi hijo, indescriptible.   

Gracias, Muse.   

  

He encontrado el setlist del concierto:

1. Uprising
2. Supermassive Black Hole
3. New Born
4. Map of the Problematique
5. Neutron Star Collision (Love is Forever)
6. Guiding Light
7. Bliss
8. Interlude
9. Hysteria
10. Nishe
11. United States of Eurasia
12. Feeling Good
13. MK Jam
14. Undisclosed Desires
15. The Resistance
16. Starlight
17. Time is Running Out

Encore 1
18. Unnatural Selection
19. Unintended
20. Exogenesis: Symphony Part 1 Overture
21. Stockholm Syndrome

Encore 2
22. Take a Bow
23. Plug in Baby
24. Knights of Cydonia

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Lost se inició como una serie dirigida a un público de nivel cultural alto, muy exigente y a la vez fiel. Queda claro que no el mismo público que veía Los hombres de Paco, Aída o bodrios aún más infumables en los que las tramas son tocineras, los chistes escatológicos y los personajes de cartón piedra. Lost tenía todos los ingredientes necesarios para convertirse en ‘La Serie‘: tramas emocionantes, misterios interesantes, personajes torturados por un pasado que tratan de sobrevivir en un tremendo presente (y futuro, y otra vez pasado, y un nuevo presente y…), elementos actuales y creíbles de la mejor ciencia-ficción (materia extraña, agujeros de gusano, electromagnetismo, viajes temporales, presencias inexplicables) unido a argumentos que mezclaban la acción más trepidante, las luchas de poder, los sentimientos humanos en su máxima expresión, la aventura en su estado más puro… Todo esto regado con mucho talento en todo el personal técnico de producción y guión y un plantel de actores magníficos uno por uno que se metieron en la piel de sus –ricos– personajes y les dieron forma y matices de una manera extraordinaria. Destaco a Hugo, Sun, Penny y Desmond entre ellos, pero todos son geniales, porque las miradas de Locke son para que algunos pretendidos actores españoles tan premiados se dedicaran a otras cosas más a su alcance, como el lavado de retretes en las estaciones de autobuses, por ejemplo.

Lost, Perdidos, es para muchas personas la mejor serie de todos los tiempos. Yo así lo creo. Seis temporadas y más de 100 episodios a cual más impactante lo corroboran. Algunos de ellos son –literalmente– obras maestras del género audiovisual. Para mí hay decenas de episodios absolutamente sobrecogedores, pero mi favorito es “La constante“. Reúne una interpretación perfecta, un guión magistral y unas líneas argumentales tan actuales, modernas, científicas, humanas, psicológicas y emocionantes que no he visto en ninguna película de los últimos 25 años. Soberbio. Inigualable.

Seguir la serie en España no ha sido fácil. Ha ido rodando de cadena en cadena, de horario en horario, como si fuera morralla. En un país en lo que se ve es Belén Esteban y programas de periodistas hipergays descerebrados sacando las intimidades más soeces de casposos iletrados, la complejidad y riqueza de una serie de este calibre no tiene sitio en la parrilla. Lo que no quiere decir que no lo haya visto un amplio porcentaje de la población: jóvenes y maduros jóvenes de nivel intelectual medio alto era el target objetivo. Este colectivo tiene recursos para acceder a lo que quiere ver de otro modo que en el horario absurdo y mutante: Internet, otra vez, ha sido el lugar idóneo para seguir las peripecias apasionantes de nuestros amigos. Eso no cuenta en las audiencias y el share del programa siempre fue muy bajo.

Un aparte para comentar que quien ve la tele en este país es la gente mayor de 60 años. Ellos son los consumidores de televisión porque tienen mucho tiempo libre, no suelen tener hobbies y se pasan la vida pegados al televisor. A ellos les llegan los mensajes publicitarios de coches, hipotecas de bancos y caros perfumes que nunca van a consumir, pues el público al que van dirigidos pasa su vida trabajando. No soy quién para dar consejos a las agencias de publicidad (el que me conozca un poco sabe que detesto todo eso). Pero si me doy cuenta yo, deberían darse cuenta ellos y los profesionales de la televisión.

No es momento de desvelar nada: el que siguió la serie lo habrá visto y el que no, le dará igual. Un mínimo resumen podría ser así: un vuelo procedente de Sidney con destino a Los Ángeles sufre un accidente y cae sobre una isla en un lugar indeterminado del Pacífico. Es una historia de supervivencia. Las dos primeras temporadas nos van narrando el presente de los supervivientes en la isla a la vez que sabemos cómo eran sus complicadas vidas antes del accidente, en continuos y magníficamente integrados flasbacks. Pero la isla es un personaje en sí misma. Es una fuente de sopresas de todo tipo. La trama es complejísima pero creíble. Se superponen historias, se entrelazan vidas, surgen nuevos personajes fascinantes. Misterios, misterios y más misterios que te dejan siempre con la boca abierta.

En la tercera temporada nos centramos más en Los Otros y para mí fue algo más floja. Perdió aventura y los capítulos eran más teatrales. La cuarta por el contrario fue más de acción e incluyó el personaje de Faraday, un epítome del físico cuántico que añadió el lado científico que todo amante de la ciencia ficción necesita para que las cosas se desarrollen adecuadamente. El nivel de calidad de algunas escenas fue sobrecogedor. En la quinta temporada asistimos a viajes en el tiempo involuntarios, a la historia de la Iniciativa Dharma y las explicaciones perfectas de todo el caos temporal que se estaba produciendo. Una vez más, la serie iba por los cauces de la mejor ciencia-ficción actual, sin abandonar en ningún momento el drama, la aventura, el amor, la amistad y todos los elementos que conseguían dejarte pegado a la pantalla.

La sexta y última debía dar explicación a gran parte de los infinitos enigmas propuestos:  atar todos los cabos sueltos sería totalmente imposible, pues eran demasiados y había ya varios fallos de guión (inexcusables para alguien tan exigente como yo, por ejemplo). Empezó mal, muy mal. Horrorosamente mal. Luego remontó. El capítulo dedicado al extraño personaje de Richard, o Ricardo, fue espectacular y sorprendente, pues se grabó en español neutro aunque transcurría pretendidamente en las Islas Canarias del siglo XIX. Entonces empezamos a entender los flash sideways: una realidad alternativa, un universo paralelo. Magnífico, soberbio, sublime. La mejor ciencia-ficción posible.

En la isla había muchos puntos en contacto con civilizaciones antiguas, dioses y jeroglíficos egipcios, pirámides y templos milenarios. Una isla que no está en los mapas, que cambia de lugar, que se puede mover, que en el primer episodio de la sexta temporada llegó a estar sumergida… Para mí eran demasiados indicios sobre la Atlántida. Y me parecía que podría dar juego y que se ahondaría en esa línea. Pero no. Ni el extraño poder del electromagnetismo, ni las explicaciones científicas de la materia extraña con la que experimentaba Dharma y el ejército americano en los años cincuenta. Ni los viajes en el tiempo ni nada parecido.

Han recurrido al viejo, viejísimo, gastadísimo, inaceptable a estas alturas y después de tantas magníficas aportaciones de la serie a la ciencia-ficción actual, dualismo del bien y del mal, del cielo y el infierno, de ángeles y demonios. Todos estaban muertos. Todos murieron. Y durante esos segundos sin tiempo, sus almas (disculpad, voy a vomitar, ahora sigo) crearon todo ese mundo para no aceptar la muerte y seguir viviendo de alguna manera. Pero por fin Desmond Hume (inciso, Hume y Locke, dos de los personajes principales, eran filósofos ingleses; Faraday, un físico eminente) lo entiende y ayuda a todos los personajes a aceptar que han muerto, dejar de vivir esa fantasía, abandonar ‘la isla’ … y, ejem, tengo que decirlo, vamos, sin miedo… ir al cielo, donde les aguardan sus seres queridos y serán felices para siempre.

Para que no les acusaran de cristianismo execrable y pudiera ser digerido por el tropel de seguidores en todo el planeta, en la conversación de Jack con su padre, Christian Shephard (Pastor Cristiano, en su traducción: hasta Kate hace la broma en un momento del capítulo) en la iglesia (iiiihhh), el padre muerto está junto a una vidriera en la que, sorprendentemente, cada uno de los cristales refleja una de las religiones principales: islamismo, judaísmo, cristianismo, budismo, hinduismo y taoísmo). Aquí hay para todos. Coño, es el alma y el cielo. Entonces el papá muerto que ha ido a recibir a los no-supervivientes del vuelo 815 de Oceanic abre una puerta flanqueada por ángeles (arrrrggg) y la luz divina se desparrama graciosamente entre los difuntos.

Su puta madre.

Lo que se perdió en Perdidos fue explorar los límites reales de la realidad del universo, adentrarse en terreno cuántico, pantanoso y sorprendente. Se podría haber hecho toda clase de juegos divertidos con las leyes reales y mágicas del cosmos, introducir referencias a mitos históricos, a seres de otro tipo, a presencias sobrehumanas sin caer en la fáaaaaacil salida de que todo era falso. Cuando podría haber sido todo real. Pero todo eso quedó perdido.

P.D. ¿Por qué coño está Penny muerta, si no iba en el avión y jamás pisó la isla?

Pues eso, Namasté.

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