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Archive for the ‘Mundo loco’ Category

Admito que soy muy exigente en todas las facetas de la vida. A mí no se me contenta con nada. Lo sé. Lo que para el común de los españolitos es el paraíso (sueldecillo de ochocientos euros, fútbol, telecinco, centro comercial y semana de playa cutre con chiringuito incluido) es para mí el más insoportable de los infiernos. A menudo me quejo de que mi vida es un espanto insufrible y culpo de ello a mis guionistas.

Pero no. No soy el personaje cutre de unos guionistas tramposos y poco talentudos. Y lo sé porque cuando uno analiza las extrañas circunstancias que suceden SIEMPRE en las películas y las series de televisión, se comprende que lo que nosotros vivimos no está en el mismo plano de la realidad.

Me gustaría analizar algunas que he identificado

El bareto

Es extraordinario el tiempo libre del que disponen los personajes de las series de situación. Se pasan el día enredando en un bar o café (Cheers, Central Perk, MacLaren o nuestros Kasi Ke No y Max&Henry) donde transcurre la totalidad de su vida. Nunca trabajan (si no es para ligar o tener aventuras picaronas) ni hacen nada provechoso. Su existencia se reduce a estar sentados en el sofá del apartamento (o en la cama, ver supra) para luego bajar a sentarse al sofá del bar o café (siempre van al mismo pase lo que pase). El gasto en alcohol tiene que ser incompatible con su persistencia en no trabajar, además de las horribles consecuencias que tanta bebida tiene que tener sobre sus organismos. Aún así suelen soltar constantemente chistes y comentarios ingeniosos. Y luego estoy yo: si me tomo una cerveza al mes y casi me tienen que llevar en volandas no quiero imaginar pasarme 12 o 14 horas al día pimplando. Quizás para eso ponen el sofá.

El desayuno es la comida más importante etc.

A la hora del desayuno aparecen sobre la mesa familiar montañas de tortitas y tostadas, jarras de zumo, de leche, huevos revueltos, salchichas y tocino grasiento. La madre (siempre es ella) se ha tenido que levantar a las cinco de la mañana (seguro que viene directamente del bar) para preparar tal cantidad de calorías chorreantes de grasas saturadas. Lo peor es que tanto esfuerzo se ve poco recompensado: el padre lee el periódico, da un sorbo a la humeante taza de café y dice que se va con prisa a la oficina donde tiene una importante reunión (con eróticas implicaciones). Los infantes mordisquean una tostada y salen pitando porque llegan tarde al colegio y el autobús amarillo (que siempre tiene parada en la puerta de su casa) no espera. Qué se hace con tanta cantidad de comida tras el frugal encuentro y por qué se repite cada día el proceso es algo que nadie ha explicado nunca. Yo cada mañana me hago un desayuno muy sano y nunca nadie me lo ha tenido preparado cuando me levanto (y eso que no vengo del bar de abajo).

El misterio de la puerta abierta

En pocos países el porcentaje de la población con tendencias psicópatas es mayor que en los Estados Unidos. El que más y el que menos cuenta con un familiar que trocea víctimas, algún flipado místico que mata en nombre del dios bíblico permanentemente sediento de venganza o un primo que gusta de serrar gente antes de cocinarla. Eso se sabe. Pues resulta que en Estados Unidos todas las puertas están abiertas permanentemente. No hay serie o película en la que no se diga: Estaba la puerta abierta y entré… A menudo acompañan esta frase con un gesto apuntando con el dedo a la puerta, como si el inquilino no supiera muy bien qué es una puerta y dónde está.

Yo por mucho que quiera no puedo entrar en casa de mis vecinos (aclaro: no quiero). La puerta está cerrada y si no cuentas con llave, palanqueta o radiografía, es imposible penetrar en vivienda ajena. Por el contrario, en la realidad fílmica sucede constantemente con resultados hilarantes o terroríficos. Entrar en la casa o apartamento del otro es tan simple como mover el pomo. Los más precavidos disponen de un cerrojillo diminuto al que se accede rompiendo el cristalito que hay a escasos centímetros: rompes el vidrio, metes la mano y mueves el pestillo.

Lo curioso es que, especialmente en las comedias de situación, lo que en un episodio se desencadena porque alguien entra en casa del otro sin avisar y se encuentra la tostada, en el siguiente capítulo los mismos personajes hablan en el rellano y al cerrar la puerta a sus espaldas se dan cuenta de que se han dejado la llave dentro (con enredantes consecuencias). A nadie se le ocurre mover el pomo y abrir la puerta como hicieron ayer. O romper el cristalito como hace el malo.

Papá Räikkönen

Una gran mayoría de los coches americanos tradicionales son enormes barcas con cambio automático y una suspensión tan blanda como el pene de un político. El padre de familia conduce habitualmente como una vieja PERO… llegado el momento de las persecuciones el tío despliega unos conocimientos técnicos propios de un profesional del Dakkar. Velocidades de vértigo, cambios de dirección derrapando y tirando de freno de mano, la técnica de punta-talón, apurado de marchas… y a menudo combina esta conducción disparando o siendo disparado por enemigos hostiles. Otra cosa que siempre sucede es que, no importa qué coche sea, lleva tapacubos cutres que salen rodando libremente en alguno de los giros imposibles, demostrando científicamente los principios de la inercia y el movimiento uniformemente acelerado.

Por último, aunque la persecución o huida se desarrolle en cualquier ciudad americana, siempre hay un momento que llegan a la calle Lombard de San Francisco con unos desniveles imposibles y divertidas piruetas.

Un Ford Mustang del 67

No sólo el americano medio es un magnífico conductor de rallies, sino que además conoce todas las marcas, modelos y versiones de los automóviles. Si la policía te pregunta por el ladrón o asesino no dudas en describir que salió zumbando en un Taunus del 76 o un Camaro del 82. No entiendo por qué una anciana de pueblo es capaz de distinguir el año de fabricación de todos los coches posibles. Pregúntale a tu suegra qué coche tienes tú y me juego lo que quieras que dirá: Uno colorao, aunque te haya costado una pasta la pintura metalizada Crystal Graphite DeLuxe. Pedirle a alguien que sepa de qué año es un coche a la fuga es algo tan surrealista que sólo puede ocurrir en el universo paralelo del cine y la televisión. Otra cosa curiosa es que nadie lleva un Citröen de ese año, o un Corsa del 2012. Siempre son coches históricos. Ahí meten el plan PIVE y hunden el Tesoro Federal.

Puñetazos

Ninguna película se puede considerar tal si no hay una brutal pelea a mano abierta. Nuestro héroe, siempre bien musculado y en forma a pesar de llevar una dieta a base de whisky, hamburguesas y colillas de cigarrillo, pega unas hostias de campeonato. Es capaz de darle lo suyo y lo del inglés a cuadrillas de expertos en artes marciales, gigantones rusos de 140 kg y a mortíferos gladiadores forrados de espeluznantes armas pinchudas. Sin embargo en nuestro mundo cotidiano vemos las peleas que se graban en vídeo y dan grima: los contendientes parecen nenitas enfurruñadas que dan manotazos sin ton ni son al otro que responde con la misma falta de coordinación motriz. Lo cierto es que si alguien le da un buen puñetazo en la cara a otro suceden normalmente estas dos cosas: el que da se rompe la mano y el que recibe queda desactivado. Yo soy buen desactivador, si quieres saberlo o tienes intención de darme puñetacitos de niña boba.

Lo bueno de nuestros artistas del celuloide es que pueden recibir cincuenta hostias tremendas sin perder un solo diente ni sangrar por la nariz ni parecer Belén Esteban a las tres de la mañana: siguen igual de guapetones. Y tras golpear brutalmente al malo malísimo, éste, por fin, suelta unas gotitas de sangre por el labio; esto lo sorprende en gran manera: recoge la sangre en el dorso de la mano, la contempla estupefacto y piensa ¿Cómo es posible que después de una pelea a hostias de cinco minutos sin parar con este bigardo pueda estar yo con un labio partido? Entonces se lanza a fondo contra nuestro fornido héroe que acaba con él con un elaborado hostión a cámara lenta que lo deja, ahora sí, derrengadito en el suelo.

Puntería

Sabemos que todo hijo de vecino dispone de armamento pesado y, lo que es más importante, está acostumbrado a su uso y mantenimiento. Vemos también al padre de familia que iba antes en el coche de los tapacubos disparando ahora con mortal puntería su 9 mm o el fusil de asalto que le venga bien. No importa, es experto en todas las armas de fuego. Lo curioso es que se enfrenta a militares extranjeros o duros mercenarios expertos que, por el contrario, siempre fallan en sus disparos (por poco, pero erran el tiro). En nuestro mundo gris real disparar es algo extraordinariamente difícil. Rectifico: disparar es fácil; lo complicado es acertar. Cualquiera que haya disparado con pistola y con fusil de asalto sabe que es casi imposible acertar si no estás exhaustivamente entrenado. Une a eso el nerviosismo y el estrés del momento en que te juegas la vida contra soldados de fortuna, talibanes u hordas de zombis. No das ni una. Pero nuestros amigos de la pantalla no sólo aciertan entre ceja y ceja sino que lo hacen en movimiento, corriendo, a lomos de caballos, motocicletas o conduciendo el coche de los tapacubos a 180 y girando como una peonza. Si de verdad eres un héroe, eres capaz de acertar al jefe de los malotes mientras la onda expansiva de una explosión (que acaba con todos menos contigo) te impulsa desde el piso diez de un edificio acristalado, aprovechas el impulso para dar dos o tres volatines del Circo del Sol y descargas las últimas treinta y cuatro balas del (prácticamente) infinito cargador de tu Parabellum. Lleva un cigarrillo doblado en el bolsillo porque tendrás que encenderlo al aterrizar mientras haces un comentario ingenioso (yo lo llevaría ya medio preparado).

Amartillando

Esto es muy curioso y sucede invariablemente en todas las escenas en la que uno apunta al otro (bueno a malo o malo a bueno) con una pistola semiautomática. En general con revólver no pasa. Nunca he sabido por qué. En una pistola semiautomática para que entre la primera bala desde el cargador hay que echar la corredera hacia atrás: sube una bala y se coloca en el principio del cañón para esperar que el percutor la golpee por detrás produciendo la explosión. Si hacemos eso, el martillo queda hacia atrás y en cuanto apretemos el gatillo saldrá la bala (matando a nuestro enemigo). Como es muy peligroso llevar el ama amartillada, ya que con cualquier movimiento se podría apretar el gatillo, si se quiere llevar el arma con una bala en la recámara evitando ese peligro, se puede volver a colocar el martillo percutor despacito en su posición sin que la aguja inicie la explosión. Bueno, pues en todas las escenas en las que uno apunta al otro la pistola se encuentra en esta posición: una bala en la recámara y el percutor en posición “relajada”. Si te apuntan con una pistola así, por mucho que aprieten el gatillo no va a pasar nada. Sin embargo, vemos que SIEMPRE se produce este teatrillo: la chica, por ejemplo, presa de tembleques por lo angustioso de la situación, apunta al malo con la pistola sujeta con ambas manos; el malo levanta las manos y comienza a hablar; la chica no mata al malo sino que habla con él; a menudo se desvelan importantes ramificaciones de la trama argumental; cuando se destapa la ominosa verdad la chica ENTONCES amartilla el percutor de la pistola (dejándola lista para disparar la primera bala) y es cuando el malo AHORA, la golpea con algo o le lanza algún objeto desviando la trayectoria del proyectil. En resumidas cuentas: a) tenemos una chica que conoce cómo cargar un arma de fuego (yo no conozco ninguna); b) apunta al otro con una pistola que no puede disparar; c) esto asusta al otro que intenta desviar su atención o ganar tiempo; d) la chica decide matar al otro y amartilla por fin el arma; e) el otro, en vez de aprovechar el largo diálogo en el que el arma era inofensiva, elige el momento en que es letal para iniciar sus movimientos. Repito, esto sucede SIEMPRE, da igual la temática de la película o el grado de maldad y preparación bélica de los participantes en la escena.

Aléjate de mí

Tenemos al héroe luchando a brazo partido con el malo malísimo. La fortaleza de éste lo sobrepasa y todo apunta a que va a morder el polvo a manos del gigantón eslavo, orco o asesino en serie. El malvado golpea al guaperas contra un yunque, borde afilado o cualquier otro objeto potencialmente mortal. El golpe deja a nuestro protagonista como un pelele en manos del bichardo sanguinario. Se acabó.

Pero no. En el último momento, en vez de repetir el impacto y propinarle el golpe de gracia, lo lanza a varios metros de él contra algo (una pared, el marco de una puerta, una chimenea, lo que sea). Tiene que pensar: Voy a matarte, pero en vez de hacerlo, te lanzo lejos de mí, a salvo de mis cuchillos y armamento; así debe ser. Es entonces cuando nuestro héroe, tras recibir un impacto en los lomos que mataría a un buey, al borde de la muerte, echa mano a la derecha y sus deditos trémulos dan con un atizador, un cuchillo mellado, un martillo o un trozo de vidrio puntiagudo. Lo que viene después no merece la pena ni describirlo. Ya se sabe.

El sótano

En todas las películas americanas las casas disponen de un sótano húmedo y mugriento. En todas ellas lo habitan monstruos horripilantes. Debe de ser algo como aquí el microondas, que te lo regalan al comprar el piso. Es una magnífica promoción: tres habitaciones, garaje, cocina amueblada y sótano con espíritus. ¿No lo tienen con demonios? Bueeeno, por ser ustedes les incluimos engendros del mal al mismo precio. Pero que sepan que me quedo sin apenas comisión de ventas, ¿eh? 

Por algún motivo no se pueden meter halógenos o fluorescentes en el sótano. Hay que poner una diminuta bombilla mortecina que se enciende ¡con una cadenita! y que cuelga del techo para que al moverse proyecte espantosas sombras durante los crímenes. Nunca se ha sabido por qué el espectro habita ahí y no puede subir los peldaños de las escaleras y aguarda paciente a que vayan bajando uno tras otro los adolescentes para poder destazarlos.

También es inexplicable para los que habitamos el mundo normal por qué cuando tus familiares y amigos están siendo masacrados en tu hogar decides ir solo a buscarlos al sótano en vez de llamar a la policía o al héroe de unos párrafos anteriores. La lógica suele ser ésta: Llevamos toda la noche siendo asesinados y mutilados. Mi novio Billie ha ido a buscar una cerveza a la cocina y no ha vuelto. Entonces lo que hago es bajar al sótano a oscuras a ver si se le ha ocurrido ir allí. Bajo despacito por las escaleras llamándolo: ¿Billie, estás ahí? No me asustes.

Mira, niña, lo que te pase ahí abajo bien merecido lo tienes.

Embrujada

En nuestro aburrido mundo normal no hay espíritus ni fantasmas ni demonios maléficos. Si te mueres, se acabó. Punto final. Tú vas de vacaciones a una casa y puede haber cucarachas o unos muebles desastrados, pero no hay niñas japonesas atormentadas con el pelo por la cara. Compras un pisito y lo que da miedo y pavor es la hipoteca y las derramas, no el espectro de un antiguo propietario que mató a hachazos a su suegra y aún vaga por el diminuto pasillo.

Pero pongamos que existen esas cosas. Que te mudas a un caserón con tu familia y el primer día sangran las paredes, se oyen voces de ultratumba y al chico pequeño le dan vueltas los ojos en las órbitas y habla en arameo. ¿No haces nada? ¿Te quedas en la casa? ¿Preparas la cena? Pero es que la nochecita es toledana: el perro Pinky no deja de ladrar a un cuadro de una señora muy rara, hace frío en una esquina de la habitación a pesar de que es julio y estás en Murcia; y tu hija de 16 años ha desaparecido de la casa dejándose el Iphone en la cama (eso ya es imposible) y un rastro de sangre fresca que conduce desde su cuarto al sótano. Y aunque está toda la familia revolucionada de habitación en habitación cagándose de miedo por todas las cosas malitas que están pasando, te plantas, y con tu masculina y protectora voz les dices: Vamos a descansar un poco. Mañana con la luz del sol veremos todo esto de otra manera. Y recoges al pequeño del suelo que sigue con los ojos velados por la posesión infernal escribiendo con las uñas tintas en la sangre de su hermana mensajes diabólicos en el espejo. Lo acuestas solo en su cuarto con vistas al cementerio y te metes bajo el edredón con tu mujer que te pide cierta seguridad: ¿Hemos hecho bien en dejar la ciudad y comprar esta casa aquí en medio de ningún lado, Jake? Sí, cariño, sí, confía en mí. Será un buen lugar para empezar de nuevo y criar a nuestros hijos. Bueno, al que nos queda…

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Recomendada por personas de las que me fío, comencé a regañadientes la serie de HBO True Detective. El caramelito que ofrece es comprobar que un tipo insufrible como Matthew McConaughey, deplorable en sus papeles de guapito más blando que la mierda de pavo, puede ser un buen actor. Yo levanté una ceja al estilo Nadal pero al final accedí a su visionado.

Y joder, el primer episodio me pareció realmente interesante. No por la trama en sí, más que vista en un país en el que la mayoría de la población parece que alberga un asesino en serie en su familia, sino por la manera de plantearse, de contarse lentamente, de imbricarse en las vidas personales de los policías, la ambientación y el formidable trabajo de los dos protagonistas. Porque si Mc está impresionante no menos lo está su compañero, Woody Harrelson. Y es que la química entre los dos creo que es lo mejor de la serie. Pocas veces se ha construido una pareja de policías, amigos y enemigos condenados a entenderse como estos dos actorazos. Están soberbios en cada palabra y en cada mirada. De verdad impresionante su trabajo.

No voy a entrar en describir los capítulos, el argumento y los tinglados porque creo que es mejor ver la serie sin demasiada información. Sí listaré (me gustan las listas) los aciertos en primer lugar y luego los fallos (horribles fallos) que desmerecen lo que de otro modo podría haber sido una serie inolvidable. Aún así, creo que es muy muy buena.

Puntos fuertes

  • La descripción perfecta del mundo rural de Louisiana, del Bayou y de sus inquietantes habitantes. Estamos en la América profunda y eso es algo aterrador en sí mismo. Aquí viven esos americanos que nos dan tanto miedo: fanáticos religiosos, hiperconservadores, racistas, ignorantes, de sexualidad enfermiza… Esas carreteras entre los pantanos, las manchas de sudor, el alcohol a cubos… Aterrador.
  • La extraña relación creada entre dos personas diametralmente opuestas en sus mentes pero muy próximas en sus comportamientos. La mejor pareja de policías inventada hasta la fecha, en mi opinión. Saltan chispas en cada conversación, en cada mirada. Y aún así están ligados a través de los años sin remisión.
  • Los monólogos de ambos, pero especialmente de Rust. Son una obra de talento narrativo. Esa mezcla de budismo, nihilismo, mecánica cuántica y jódete cabrón ha sido un auténtico hallazgo. Por lo que he leído, 180 páginas de monólogo que rodaron en tres días. Reconozco que en varias ocasiones he estado dándole al pausa y al rewind para volver a oír su flipada y conseguir que ninguna de sus palabras susurradas y guturales se me escapara y poder apuntarlas. Luego he visto que hay varias páginas y apps que las han recopilado. Ese acento texano de vocales largas y arrastradas cuesta un poco de pillar, pero creo que se me da bien una vez que le coges el aire. No hace falta decir que si lo ves o pretendes verlo en su versión doblada no te permito que sigas leyendo esto. Vete a ver los Serrano, el Príncipe o su puta madre. Adiós.
  • La fotografía y dirección artística es soberbia. Crea ese punto justo inquietante y algo sucio que va creando el ambiente que exuda la serie. (Exuda creo que es una buena elección para definirlo). Entre el alcohol, el tabaco y el sudor, aquello huele que a veces me ha dado nauseas. En serio.
  • Siempre que haya una referencia a Pink Floyd a mí ya me tienen ganado. El roble inmenso del crimen ritual del Lange es un calco de una imagen de Pink Floyd llamada Tree of Life. Y la camiseta que lleva Marty desde que entra al tugurio de los moteros hasta el asalto a la casa de los alegres asesinos cocineros de meta también es de ellos. Imagino que le gustarán a Nic Pizzolatto. Porque a Hart es imposible que le gusten dada su personalidad.

Imagen

  • Me creo totalmente los comportamientos de ambos policías y su vida personal. Hay pocas o ninguna inconsistencias en sus formas de actuar. Han construido unas personas creíbles llenas de aristas, facetas y demonios.
  • El plano secuencia de la acción entre los moteros y los niggers es de infarto, algo nunca visto y que te deja sin respirar durante los seis minutos de técnica y talento. Sólo por eso merece la pena ver la serie. Un diez a Cary Fukunaga.
  • El final del cap. The Locked Room con el monólogo de Rust y la imagen que sólo el espectador ve del día a día de Ledoux es terror puro. Escalofriante.

  • Dejo para el final la alucinante intro con la música mejor elegida para una serie que recuerdo. La canción Far from any road de los desconocidos The Handsome Family es obsesionante, mágica, poética y oscura. Un hallazgo. Lo que pueden conseguir dos acordes menores tan simples.

 

Puntos débiles

  • Estoy harto de las historias de asesinatos en serie. De verdad. Ya huelen. Comprendo que dan mucho juego y permiten ahondar en las tortuosidades de la mente humana. Lo sé. Vale. Lo acepto. Pero coño… ¿Ya, no?
  • Las pistas y los modos en que pasan de una persona a otra, de un escenario a otro, me parecen a veces confusos y no siempre se explican bien. Lo de las orejas verdes, de traca. No cuela.
  • Personalmente las historias truculentas con niños me joden mucho. Sé que es algo muy personal, pero me enervan. Así se consigue más fácilmente el terror y el asco del público. Pero me joooooden.
  • Han caído en una trampa similar a la de Lost: llenas la serie de referencias misteriosas, sobrenaturales (Carcosa, The Yellow King, the black stars, the two moons…) y luego todo eso queda en manos de un palurdo que era primo del Leather Face de la Matanza de Texas: la misma casa, la misma familia, los mismos gordos, las mismas aficiones malsanas. ¿De verdad ese redneck, esa familia de white trash, es capaz de montar todo un culto durante décadas en el que personas de alta clase social se reunían para hacer, ejem, lo que hacían? Las referencias a cuentos y mitos literarios de la época de Lovecraft, como los poemas y relatos de Ambrose Bierce y de Chambers no están al alcance de esos paletos descerebrados. No, no puede ser. No me lo vendas porque no lo compro. Bien es verdad que dicen que ninguno de los participantes en el vídeo (diossss) han sido arrestados ni identificados. Eso es un punto fuerte que no he colocado en la lista de arriba. Pero no puede ser que todo este esfuerzo y caída al infierno de estos dos se solvente por coger a un puto gordo psicópata. Me jode que me den pildoritas misteriosas hasta el último momento como la propia fortaleza de ¿Carcosa? tan macabra e inquietante chorreante de dolor y oscuridad, e incluso las palabras misteriosas del gordo: Come die with me, little priest… Take the bride’s path… y que luego el malo malísimo sea como Torrente cabreao. Tío, no, dame un poco más de nivel. 
  • El papel de las mujeres en esta serie ha sido… mmmm… ¿sexista? ¿machista? Igual es que en Louisiana ven así a las mujeres. Pero para un madrileño la verdad es que chirría bastante. O son putas o mueren, o las dos anteriores son ciertas. Maggie, la mujer de Marty, se escapa a esa clasificación y su actuación está francamente bien; pero reacciona de una manera bastante antigua y predecible a todas las mierdas de la vida (Curiosidad: la hija pequeña de Marty es la psicópata de The Walking Dead).
  • Y lo peor, como SIEMPRE, el condescendiente final. Me presentas dos personas llenas de mierda hasta las cejas. Ambos deberían estar muertos o en la cárcel. Tienen tanta basura dentro que se les sale por las orejas y al final… a) se salvan los dos: la escenita del redneck haciendo ‘la pausa’ antes de acabar con Marty para darle tiempo a Rust a que le vuele la puta cabeza no es de recibo en una serie de calidad: eso está bien en la tontuna diaria de las pelis de héroes, de Arma Letal o de alguna de Bruce Willis; pero Pizzolatto cabrón, me has hecho creer que eres un escritor bueno, que tienes talento… no me jodas; b) el nihilismo flipante de Rust, lo que ha dado empaque a la serie y te deja con la mente dando tumbos y volteretas, ¡se CURA!: vuelve a creer en dios y el amor, en los Teletubbies y en su puta madre bailando reggaeton; c) pero si hasta Marty le da un regalo de compromiso y se aman tiernamente bajo las estrellas… vomitivo…

Al final el puñetero McConaughey se ha salido con la suya y ha hecho una comedia romántica…

Terminemos bien, con la canción Far from any Road de The Handsome Family y mi propia traducción.

 

Lejos de cualquier camino

Desde la polvorienta altiplanicie
se cierne la creciente sombra
oculta entre las ramas
de la creosota venenosa.
Lentamente entrelaza sus espinas
hacia el hirviente sol.
Y cuando toqué su piel
mis dedos se cubrieron de sangre.

En el silente ocaso,
bajo una hinchada luna de plata
llegué de la mano del viento
para ver al cactus florecer.
Un hambre extraña se apoderó de mí
mientras las crecientes sombras bailaban,
caí sobre las zarzas
y sentí una mano temblorosa.

Cuando la última luz temple las rocas
y se desplieguen las serpientes de cascabel
vendrán los pumas
a llevarse tus huesos.
Y álzate conmigo, eternamente,
por la silenciosa arena,
y las estrellas serán  tus ojos
y el viento será mis manos.

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Yoku a la cárcel

No había aún calentado el bollito anterior aludiendo a mi absoluta rebelión tocapelotas y ya me he metido en un lío. Pero de los gordos.

He salido con mi hijo a comprar una cosa. Antes he comprado para mí unas gafas de lectura, porque veo ya menos que un topo. Llevaba en la mano la cajita de cartón de las gafas porque no quería tirarla hasta ver que las gafas estaban bien. En el Carrefour de las Rosas mi hijo ha comprado un disco. Lo paga en la caja sin problemas pero la señorita me dice que le enseñe la caja que llevo en la mano.

Me niego. Le digo que es una cosa mía y que no he robado nada. Se acerca el guardia de seguridad y me dice que se lo enseñe. Le vuelvo a decir que no, que es una cosa mía. Obviamente podría haberlo enseñado, decir lo que era, mostrar el tíquet de compra de la otra tienda y todo solucionado. Pero me ha molestado de una manera tremenda que me tomaran por un ladrón delante de mi hijo. Me he puesto a caminar ignorando los requerimientos del guardia de seguridad, que ha llamado a compañeros suyos mientras caminaba detrás de mí. Informaba por la radio que tenía problemas con un caballero que había cogido un producto y se negaba a pagarlo. O sea, me iba tocando los huevos. No sólo eso sino que iba pidiendo refuerzos. Me he vuelto y le he dicho con todo mi desprecio: ‘Diles que estoy armado y peligroso’. Al bajar las escaleras mecánicas tres bigardos me han rodeado, colocándose de tal forma que me era imposible avanzar. A todo esto, mi hijo me pedía por favor que les enseñara el tíquet y acabara con esta tontería. Yo ya no iba a parar. Es mi esencia. Yo no paro. Yo voy hasta el final.

No me cabe la menor duda de que nos iban a pegar. Insisto, iba con mi hijo de 13 años y no podía permitir que le pusieran un dedo encima. La mirada de intensa furia de uno de los guardias de seguridad, mirándome fijamente desde centímetros, tratándome como a un peligroso delincuente me ha hecho soltar la bocaza: ‘¿De verdad merece la pena morir por esto?’.

Eso le ha debido de picar muy dentro: ‘¿Me estás amenazando de muerte? ¿A mí? ¡¿A mí!?’.

En ese momento han llegado dos agentes de la policía nacional, sin duda alertados por el responsable de seguridad. Sin duda nos han librado de que nos machacaran a porrazos. Les he contado lo que ha sucedido, les he enseñado el tíquet y han mostrado cierta intención de poner paz en el malentendido. Pero el primer guardia de seguridad privado le ha dicho al segundo: ‘Te ha amenazado de muerte, denúnciale. Yo soy testigo’.

La cosa se ha vuelto a liar. Han empezado a mentir, diciendo que me habían pillado con un producto debajo de la ropa y barbaridades parecidas. Pero abrevio. Me han tomado los datos porque el de la mirada de furia me ha denunciado por amenazas de muerte. Que espere el juicio, me han dicho los policías. Soy tratado como un delicuente, acorralado, a punto de que nos mataran a mí y a mi hijo, y encima me denuncian y tendré que ir a juicio. Esto lo cuentas y nadie se lo cree. Pero es la pura verdad.

Gafitas chungas de lectura: 3.95€
Disco de Iron Maiden, edición especial: 17.95€
Aguantar el tirón hasta el final, sin dejar que nadie me toque los huevos: No tiene precio.

Ahora, entre todos los lectores (más de 100.000) de este blog, si alguno quiere defenderme ante el juez, genial. Que mucho leer, que mucho comentar, pero aquí hay que sacar de la cárcel a este gilipollas. Y siempre le toca a Darth.

Lo digo en serio, ¿eh?

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Que yo aparezca en una revista de atletismo es similar a que Belén Esteban tuviera su columna en una publicación semanal sobre mecánica cuántica. Pero cosas más raras se han visto en este mundo (ver el intento de Pérez de Tudela de que apareciese en su programa de montañismo). Yo me sentiría más en mi salsa en Cretinos News, Serial Killers Tabloid o en la prestigiosa Creepy Creatures of the World.

Pero mira tú las vueltas que da la vida, que a finales de mayo uno de los redactores de la revista Planeta Running (Daniel Sanabria) dio con sus ciberhuesos en mi patochada de hace varios años sobre las verdaderas razones por las que corremos. Se puso en contacto conmigo y se mostró interesado en incluir tan atinadas observaciones en su revista, manteniendo el tono jocoso del articulito que pergeñé. Obviamente le dije que podía utilizar cualquier material que encontrara en esta bitácora (y que me perteneciera a mí, claro; sobre el material de otros no puedo opinar). Mis textos histéricos, mis opiniones enloquecidas y mis fotografías dementes se pueden utilizar libremente para lo que uno quiera (eso sí, háztelo mirar). No me gustaría que nadie tratara de sacar negocio con algo mío a mis espaldas; pero no por la ocasión perdida de forrarme, sino porque mi filosofía de vida es contraria al dinero, al negocio y a todas esas cosas que os hacen tan felices y a mí tan desgraciado. En pocas palabras: lo que hay por aquí se puede utilizar mientras no se comercie con ello y se mantenga tan libre y de acceso total como fue creado por mí.

De esta manera, en el número de agosto de la revista Planeta Running, en su página 10 aparece mi boceto de monólogo (la idea era interpretarlo ante un público entregado, preferentemente borracho hasta las cejas; el público, digo; yo no bebo; casi; bueno, a lo mejor para hacer monólogos tendría que tomar algo).

No puedo sino recomendar la compra de la revista por varios motivos que, como suele ser habitual en mí, listo a continuación:

  • Se trata de una publicación enfocada al atletismo popular, de ésas que hablan de las cosas que tanto nos excitan.
  • En el presente número hay planes para diezmiles, asunto que en septiembre y octubre nos mantendrá bien entretenidos.
  • Un reportaje sobre la dureza del Gran Trail de Peñalara hará que nos sintamos aún más machitos. ¿Os he dicho que soy finisher de esa monstruosidad? Podéis besarme el anillo ducal, pero sin dejar babas.
  • Hay que consumir. La cosa está muy malita y si compras la revista ayudarás a varias familias a mantener un sueldo en casa; las preciosas zapas y complementos deportivos seguro que te tentarán con sus colores y tejidos celestiales: más dinero en circulación; pero luego verás que hay tropecientas carreras y a todas querrás apuntarte; para muchas hay que viajar: más sectores que se benefician. Nosotros solos, los puñeteros raners, podemos poner en marcha la economía y así descargar a nuestros abnegados, benevolentes y responsables políticos de la espantosa carga que llevan en sus cansados hombros. ¡Levantemos el país, manguarrianes del running!
  • No es por nada, pero estoy a dos pasos de convertirme en una personalidad de calado internacional. Un arquetipo de lo excelso, un semidiós corpóreo (y vaya cuerpo escombro, oiga) al que las masas adoren en silenciosa y entregada veneración. Yo iría ya haciéndome con una pequeña colección de fetiches del semidiós, por lo que pudiera pasar. Que luego todo son subastas en E-Bay y lamentaciones de por qué no guardaría yo aquel esputo maratoniano de SAR Yoku, o aquella foto reptando en el Trail del Mondongo Negro… o aquel articulito que apareció en tal revista y que ahora se subasta en Sothesby’s (nunca he sabido pronunciar eso) junto a los Girasoles de Van Gogh (esto sí, Fan Joj) y a un precio similar.

Coleccionadme. No os defraudaré.

Bueno, un poco.

O sea, sí.

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Marilyn Manson?

  • Van vestidos de mamarrachos.
  • Ambos llevan las uñas negras.
  • Les encanta el sabor boca-sangre.

 

un friqui de Star Trek?

  • Van vestidos de mamarrachos.
  • Se compran todos los gadgets que encuentran.
  • Están obsesionados con las series.

 

Paris Hilton?

  • Van vestidos de mamarrachos.
  • Ambos gastan una pasta en ropa, calzado y complementos.
  • Están obsesionados por las marcas.

 

un niño superdotado?

  • Van vestidos de mamarrachos.
  • Están obsesionados con el espacio y el tiempo.
  • Se apuntan a todas las carreras.

 

Paulina Rubio y Boris Izaguirre

un presentador de TV?

  • Van vestidos de mamarrachos.
  • Cuentan todos los detalles más sucios en sus crónicas.
  • Van siempre bien surtidos de vaselina.

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Ser Paquete no es fácil. Implica una tremenda responsabilidad y unos deberes que pocos pueden afrontar. Muchos son los llamados pero pocos los elegidos a integrarse en tan prestigioso grupo. Para los que nunca conseguirán formar parte de nosotros pero nos admiran y envidian en la distancia, haré un repaso somero de la vida cotidiana de un auténtico y genuino Paquete.

Y de paso reflejo el extremo friquismo de este mundo nuestro en el que nos movemos.

Un Paquete vive en cualquier ciudad ibérica a la que, por su mera presencia, dota de tronío y honor. La calle en la que more no ha de hallarse necesariamente en la zona más rica y ostentosa. Pero sí ha de contar con ciertas características. Puede ser de varios tipos:

Tipo Macho Ibérico, directo y al grano.

Así, sin ambigüedades. Mostrando al mundo de qué estamos hechos. Calleja de los Huevos, Oviedo.

Tipo Sibilino, retador y travieso.

¿Retos a mí? ¿Pero es que todavía no me conoces? Calle Salsipuedes, Cudillero, Asturias.

Como nos recuerda Corredor del Cañamares, los más píos y religiosos pueden optar por una tercera variante (¡Pachasco!):

Calle del Cristo de la Repolla, Cifuentes, Guadalajara.

Sea como fuere, la casa del Paquete –como lugar de peregrinación– ha de estar siempre perfectamente identificada.

A cada uno lo suyo. Casa Falo, Brieves, Asturias.

Obviamente, su negocio y lugar de trabajo, se corresponde con tan noble atributo.

Sé generoso con tu semilla. Falo, S.L., Luarca, Asturias.

Hay una excepción: algunos Paquetes modestos quizá prefieran pasar más desapercibidos y buscarán aquellos rincones donde sea difícil, si no imposible, encontrarlos.

Nuestro reportero Malagueta ha localizado esta calle sin casas. Placa sobre una casa de la Calle Sin Casas, Lillo, Toledo.

El Paquete se comporta de manera sencilla, sin alardes. Hará sus compras en los colmados y ultramarinos de su barrio…

Apu tuvo octillizos. Gran Paquete. El Badulaque, Cudillero, Asturias.

…donde se aprovisiona de productos de primera necesidad.

De lo que se bebe se cría. Caramulo, agua de manantial, Portugal.

El Paquete, gran viajero, a veces tiene que embaular los mamíferos braseados que necesita para su óptimo rendimiento deportivo en restaurantes y casas de comida.

Aquí se puede celebrar un barullito. Restaurante en Oviedo, Asturias.

¡Pero cuidado! No todos valen. Las comidas rápidas en tierra extraña pueden acarrear horrosas consecuencias para el índice glucémico y la carga de hidratos pre-competición.

Lo del entrecosto, vale, quién no se ha fumado un peta... Pero lo otro... No quiero ni investigarlo. Casetas de comida en una feria en el barrio de la Alfama, Lisboa, Portugal.

Siempre será mejor acudir a los clásicos y tradicionales baretos, donde tomar algo con los amigos y relatar la crónica épica de aquel diezmil en el que conseguimos la quinta mejor marca personal en la distancia, o aquel maratón en el que, aunque petamos miserablemente en el km 35, si se hubieran dado otras circunstancias y blablablá blablablá… mientras el resto de Paquetes se trasiega hasta el agua de los floreros.

Matarile nos dio el hombre del mazo más de una vez. Bar Matarile, Trevías, Asturias.

¿Y qué bebe un Paquete? Básicamente de todo. Pero tiene sus preferencias…

Lo que me faltaba por ver en esta vida... Licores en tienda de Luarca, Asturias.

Tanta hidratación exige un lugar donde poder soltar lastre. El Paquete, héroe casi sobrehumano, no puede conformarse con cualquier aliviadero. Merece lo más selecto.

Gracias a Blus por el alivio aportado. Barriada Meadero de la Reina, Puerto Real, Cádiz

Y ahora que con el verano el Paquete se tomará unas bien merecidas vacaciones para descansar, recargar las pilas y volver reforzado para preparar la próxima –y plena de éxitos– temporada atlética, nada mejor que un magnífico hotel en el que alojarse y… y…

No podía ser de otro modo: un Paquete es, en el fondo, un madiquita. Hotel Gayoso, Luarca, Asturias.

Nosotros seremos friquis. De eso no hay duda. Pero el mundo de ahí fuera no lo es menos.

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Dices tú de mili... Foto Cortesía de Guille

Hombres de barro fuimos el pasado domingo.

Es difícil hacerle comprender a alguien lo que uno puede sacar levantándose un domingo a las 5:45 de la madrugada, echar un vistazo, ver que diluvia, y en lugar de volverse a la camita, preparar los trastos, desayunarse adecuadamente y salir hacia otro pueblo de su Comunidad donde ha quedado con otros frikis como él. Y ponerse a correr con ellos durante más de tres horas bajo la intensa lluvia y comiendo tanto barro que casi impedía avanzar.

Pero para eso los españoles sí que valemos. Estamos diseñados para hacer el mongui. Cuanto más el tonto, mejor. Es algo genético que no podemos evitar. Por contra, los ibéricos somos incapaces de hacer cuatro cosas. Las tres primeras tienen que ver con el lenguaje. La cuarta –la que nos ocupa en esta entrada– no está relacionada directamente con nuestro idioma, pero quizás sí y no lo he llegado a descubrir por mi falta de perspicacia. Las incapacidades absolutas de un español son las siguientes:

  1. Un español es incapaz de hablar otros idiomas correctamente. Podrá aprender su gramática y sus requiebros. Memorizará largas listas de vocabulario y será capaz de leer los textos más sesudos y arcaizantes de un autor medieval. Pero cuando le llegue el turno a decir “Esto es un lápiz.; mi sastre es rico y la flor está en la cocina” (frases imprescindibles en toda lengua que se precie), lo que le saldrá por la boca será una patochada ininteligible que dará grima y sudores fríos al escucharla. Nadie, absolutamente nadie que sea español viejo es capaz de pronunciar otro idoma sin que el oyente se sonroje y se eche las manos a la cara para ocultarse de la vergüenza ajena. No podemos. No se sabe por qué, pero somos la única subespecie humana que es incapaz de pronunciar otros sonidos.
  2. Un español jamás cantará bien. Sólo presta atención en la próxima fiesta de cumpleaños. Al entonar en grupo la cancioncilla ratonera (hay dos versiones, tres si incluimos la de los Payasos de la Tele) los desafines, salidas de tono, gallitos, variaciones asonantes y berridos hórridos aguan la fiesta del más pintado. Por eso la canción española siempre ha sido casposa y sobaquera. Bien es cierto que para cantar, o lo haces en inglés o queda cutre; pero me refiero más a la incapacidad personal de cantar con acierto una tonada, cosa que puede hacer una panda de bávaros borrachos y grasientos con mucho mejor acierto. Nosotros no.
  3. Un español no puede actuar. Ojo, no digo que no sea capaz de mentir y fingir; en eso quizás seamos de los mejores (nuestros políticos son verdaderos maestros). Me refiero a interpretar un papel en una película u obra de cualquier tipo. Tú ves una peli americana y todo el mundo lo hace bien, independientemente de que la obra sea absurda, infantil o demencialmente violenta. Pero sale un tío en un bareto tomándose un pedazo de tarta y lo hace bien. Hay unos extras paseando por la calle mientras el héroe hace no sé qué, y están paseando bien. Para un español es inalcanzable actuar. De manera que cuando alguien decide dedicarse al mundo del celuloide, ha de tomar dos decisiones cruciales: elegir el gesto (único) y el soniquete. Los actores españoles deben tomar la difícil decisión de  “sobreactuar cómicamente” cualquier emoción, por trivial que ésta sea, o bien, si elige el camino de la contención, poner la misma “cara de zote pasmao” en toda circunstancia y ocasión, ya sea dramática o tronchante. En cuanto al soniquete existen dos escuelas. La primera de ellas iniciada por Jorge Sanz y seguida por Bardem y la señorita laureada con el Óscar a las memeces, que consiste en decir todas tus frases con el siguiente tonillo: Nananí nananino“. Si farfullas y no se te entiende, el Goya está ya al caer. Los que no sean capaces de trasmitir tantos matices habrán de conformarse con el otro soniquete: (  ) también llamado “conjunto vacío”, que combinado con la “cara de zote pasmao” redondean una interpretación sobrecogedora.

Y ahora viene lo nuestro. Lo que más me preocupa. Lo que mostramos el domingo diez tíos que se supone que queremos hacer cosas (difíciles) juntos.

Un español es incapaz de trabajar en equipo. Imposible. No sabemos. No podemos. No nos imaginamos siquiera qué es lo que hay que hacer. Creemos que estando juntos ya somos un equipo. Pero somos diez individualistas tirando cada uno por su lado. Yo, yo y yo.

Estuvimos corriendo por los Cortados de Rivas-Vaciamadrid. Guiados por nuestros compañeros ripenses enlazamos el pueblo (¿ciudad?) con una zona geológicamente interesante, que estaba realmente bonita gracias a la primavera, para descender a la sosegada Laguna del Campillo, a la que bordeamos para luego volver a subir a los Cortados y retornar a Rivas. 27 km en 3h20, trotando, caminando en ocasiones y disfrutando del amanecer de un día de perros… y de conejos. Todo habría sido perfecto con algunas toneladas menos de barro, que llegó a ser desesperante.

Y con un poquito menos de individualismo español.

Amagostos ripenses (Foto cortesía de Guille)

Como banda sonora inevitable a esta salida, la versión de la canción Mudmen de Pink Floyd en  la película La Vallée, donde realmente aparecen estos Hombres de Barro de Guinea Papúa.

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