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Archive for the ‘Arte’ Category

Atención: frikada habemus.

Cosas del Facebook, de una cosa a otra di con esta noticia de Cuarto Milenio (sí, sé que casi quedaba mejor decir que estaba viendo porno extremo, pero es la cruda verdad).

¿Un verraco en el centro de Madrid?

Al verlo pensé: “Coño, si yo he visto eso“. Y así es. He pasado cientos de veces corriendo por ahí y alguna vez me he preguntado qué podría ser esa enorme piedra tallada que había en la esquina. No creo que tenga nada de arqueológico ni relacionado con los verracos vetones. Imagino que será algún resto de un parque o de un edificio que quedó por allí cuando levantaron el barrio y pesaba demasiado para moverlo.

Las fotos son de hoy después de la lluvia y con el móvil. Se aprecia claramente que es una especie de figura zoomorfa sedente, con cola y con el emplazamiento para una cabeza que ya no está.

 

Ni es una escultura vetónica ni está en el centro de Madrid; ni siquiera se trata de un jardín. Estos periodistas… ya tú sabes, mi amol. Pero un poco misteriosa es. A menos de una milla de mi casa. Y es que en cada rincón de Mordor hay una historia oculta.

Y demasiados orcos…

 

Nueva escultura que puede arrojar una pista clara de lo que se trata. En el antiguo cine Canciller, entre Alcalde López Casero y la Avenida Donostiarra y también abandonada junto a un árbol, se encuentra otra figura zoomorfa, ésta más elaborada que la anterior.

 

En ambos lugares hubo un cine, pues el cine San Blas estuvo en funcionamiento desde los años 60 en las inmediaciones de donde reposa la primera piedra. Dos cines, dos figuras de animales sin cabeza y abandonadas.

He estado buscando fotos antiguas de estos cines pero en ninguna de ellas aparecían esculturas de ningún tipo. Ni tampoco el estilo y la decoración espartana que tenían parecen conjugar con algo así. Pero sin duda tienen que estar relacionados y en algún periódico o libro de imágenes antiguas de Madrid se podrá encontrar el origen de estas dos curiosas reliquias.

Seguiremos informando…

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Minimalismo

Cada día intento despojarme de más cosas, ideas, prejuicios, objetos… para quedarme con la esencia mínima de las cosas.

Mi hijo hace lo mismo…

 

Just cause you feel it doesn't mean it's there, foto de Jorge Delgado

Just cause you feel it doesn’t mean it’s there, foto de Jorge Delgado

 

Su album en flickr: http://www.flickr.com/photos/theworldisours7/with/10160260675/

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Álbum de fotos de mi hijo

A

Me llena de orgullo y satisfacción…

Sí, claro que me llena de orgullo presentar las imágenes que mi hijo está subiendo a la red. Me encanta que se apasione con algo y parece que la fotografía va a ser uno de los caminos que va a tomar en la vida.

Ya sabéis cómo funciona esto: a los chicos les gusta mucho que les den al Me gusta, Compartir, Reblog, Favoritos, re-Tweet , Añadir Comentario y todas esas cosas que a mí ya me quedan un poco lejos pero que seguro que a muchos de vosotros os resultan tan cotidianas.

Os pido que visitéis su álbum de fotos en Flickr y si alguna de las imágenes os resulta grata, se lo hagáis saber de alguna de las maneras que se brindan en las redes sociales. De todos modos, quedará agregado en mi lista de enlaces permanentes.

Sinceramente creo que tiene ojo de fotógrafo y mucha sensibilidad para captar instantes. Aún le queda un mundo por aprender pero el interés y la ilusión se perciben en las instantáneas que ha ido eligiendo para el álbum.

Espero que os gusten. A mí muchas de ellas me fascinan, especialmente si pienso que sólo tiene 16 años.

Curiosidad: a los indies les fascinan las antenas. Si alguno tiene un hijo indie que se vaya acostumbrando…

D

E

B

F

C

H

G

I

Y con estos deseos de pasión, ilusión y creatividad me despido de vosotros hasta el año que viene y confío que el 2013 venga con menos mala hostia que el presente.

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¿Existe aún el talento audiovisual? Sin duda. Pero hace unas décadas ese talento desbordaba en la gran pantalla. El cine acaparaba a los mejores profesionales y se llegaron a realizar decenas de películas de una calidad tan sublime (independientemente del género y de nuestras propias preferencias) que forman parte ya del legado cultural de toda la humanidad.

Todos sabemos que hoy no. El cine es una puta mierda. Se puede justificar diciendo que ha cambiado el medio, las necesidades y expectativas de los consumidores de productos y todos los análisis sociológicos que queramos. El cine actual es una puta mierda. Me atrevo a decir que desde la trilogía de El Señor de los Anillos no se ha hecho nada que merezca la pena pasar a la videoteca del planeta Tierra; y de eso hace ya muchos años (Avatar fue una enorme mierda que no hay por dónde cogerla). Personalmente salvaría Inception, porque creo que sí mantiene el espíritu del cine “antiguo” haciendo uso del lenguaje y la tecnología actuales, pero eso no deja de ser una opinión muy personal.

¿Y dónde están todas aquellas personas con talento para imaginar historias, recrearlas y contarlas en formato audiovisual? Está claro que en la televisión. O para ser más estricto, en las series de televisión que se emiten en EE.UU. en las cadenas de pago. Y que aquí vemos fundamentalmente en Internet.

No me detendré en escribir lo que pienso de las series de televisión españolas. No merece la pena; que el lector salpimente este párrafo con las más abyectas expresiones que conozca, con los más pútridos epítetos y algún escupitajo sanguinoliento hacia los implicados. Mejor lo dejamos ahí y seguimos hablando de personas con talento.

Ya he comentado en ocasiones mi fascinación por la serie Lost (hasta que llegó a su incalificable final por el que todos los implicados debieron ser ajusticiados mediante empalamiento público). La serie marcó un nuevo hito como lo hizo en su momento mi idolatrada Twin Peaks. Puro arte audiovisual que reunía guiones sólidos, tramas complejas y cautivadoras, actores perfectamente elegidos y eficacísimos y sorpresas y más sorpresas que te dejaban cada día con ansias de más.

En una entrada anterior ofrecí mi opinión personal sobre The Walking Dead, que me resulta muy interesante y muy bien realizada; si bien comprendo las críticas que muchos zombi-adictos plantean ante su poca acción y esa focalización casi agotadora sobre las relaciones personales y sus conflictos. Como buen psicólogo aplaudo esa decisión de los responsables de dibujar con detalle el conflicto y no tirar por lo fácil que sería reventar cabezas de muertos vivientes a cascoporro capítulo tras capítulo. TWD no es una serie de zombis como tal, sino de supervivencia, de buscar esperanza en un mundo devastado y de tomar decisiones siempre difíciles. A mí me encanta y me parece que los actores principales (no así los secundarios) están magníficos.

Magnífica, con aplusos y ola incluida me ha parecido la primera temporada de Juego de Tronos. No he leído las novelas (pienso hacerlo) pero el universo que plantean es fascinante y riquísimo en matices y requiebros. Tú ponte a comparar esta maravilla con la del ninja castizo ése que sale. Dios santo… Por favor, por qué tienen que pasar estas cosas en mi país. ¿Qué hemos hecho para merecer tanto dolor?

Un enano. Un gigante

Los actores de Juego de Tronos son sublimes. Del primero al último. Ese enano es el mejor actor que he visto en mi vida. Dios, qué voz tiene (quiero suponer que vuestras mercedes ven la serie en inglés; de no ser así, salgan inmediatamente de mi blog y no vuelvan a asomarse). Cada uno de los diálogos está tan perfectamente hilvanado que nunca sobra ni falta nada. Cada trama principal se complementa con otras secundarias que la enriquecen y configuran un verdadero mundo real y creíble, por más que sea fantasía.

Hacer creíble lo increíble. Nada menos. Se precisa de un inmenso talento para ello. No siempre se consigue, como apuntaré en otra de las series que veo.

Todo está perfecto en Juego de Tronos. La ambientación, la historia, la trama, los diálogos, el equilibrio perfecto entre acción directa y conflictos emocionales, las luchas de poder, el punto de misterio y terror, la música… TODO. Espero con anhelo la segunda temporada, de la que ya hay algún pequeño avance.

¿Qué más he visto? Bueno, pues nada menos que la que considero la serie más sólida, profesional y subyugante desde Twin Peaks, aunque no tenga nada que ver con misterios y situaciones surrealistas: Breaking Bad.

Se me agolpan las palabras en los dedos sin llegar a ser capaz de reflejar el inmenso talento de todas las personas que han trabajado en esta serie. Los actores son INMENSOS (¿la ves en inglés, verdad?), los guiones son redondos, las tramas son tan innovadoras y sobrecogedoras que te quedas al final de cada capítulo con una cara de tonto que piensas: “Joder, pero… ¿y ahora? ¿Cómo van a poder salir de esta MOVIDA?”. Pues salen, y lo que es mejor, es que salen de una manera razonable, sin tenerte que tragar mierda a palas para pasar la píldora. Las cosas que suceden son siempre tremendas pero tienen una lógica y son siempre POSIBLES. (Esto también lo compararé con la última serie aquí comentada).

Sorpresas sobre sorpresas

Pocas veces TODO lo que sale en una serie larga (cuatro temporadas) se cierra perfectamente, todo cuadra, nada se deja colgando(*) (ese Lost, con más flecos que el pañuelo de un hippie). Cada escena, cada opening de cada uno de los capítulos, a menudo extraordinarios y soprendentes, cada cosa que se dice y hace queda completamente explicada, redonda, justificada, cerrada. Nada es al azar o por impactar al televidente, pero luego abandonado sin más. TODO se engarza en la serie hasta sus últimas consecuencias. De hecho, en el último segundo (literalmente) del último capítulo se desvela (yo que soy muy listo ya lo imaginé, pero aún así es precioso el momento) la última patada en la boca que te da la serie. El último y definitivo ahhhhrrrrg que tienes que soltar y que pone el lazo al mejor regalo de la televisión del siglo XXI.

Breaking Bad no ofrece concesiones, ni es cómoda de ver ni regala nada. Es dura, es la hostia y te da patadas en los huevos día sí y día también. Tiene un humor negro tan sutil y tan cabrón que no puedes dejar de sentirlo mientras te desesperas pensando lo siguiente que va a sucederle a los dos protagonistas. Están tan exquisatamente dibujados que son reales, se comportan de forma tan real que olvidas que son actores. Su “transformación” es tan gradual, tan sutil y tan… ahhhhhgggg, que no puedes sino alabar el trabajo de guión, dirección e interpretación.

Como se puede ver, no quiero desvelar nada de la trama porque desde aquí recomiendo a todo el mundo que vea esta serie que le impactará, le obsesionará y le reportará momentos sublimes de regocijo audiovisual. No es para el gran público, advierto. Si te gusta Cuéntame, ni te molestes. Obviamente.

Y ahora he visto (me falta el último que aún no ha salido) los once primeros capítulos de la serie a la que están dando todo el bombo y platillo y que parecía que iba a revolucionar el terror: American Horror Story.

En fin. Diré que es muy entretenida. Que se ve con una sonrisa en la cara y que está graciosa. American es mucho, muy americana. Horror, tiene poco; es más bien truculenta que terrorífica. Y Story, pues sí, tiene una historia que está bien contada pero que la hemos visto tantas veces que ya no dice nada.

A diferencia de Breaking Bad sí que voy a desvelar tramas, así que si no quieres que te joda algunas sorpresas, mejor no leas a partir de aquí.

La serie comienza con un opening que será siempre similar en cada capítulo, con una referencia a un hecho del pasado que va incluyendo pedacitos del puzle.

En el primero vemos a una niña Down (ya visto en mil pelis; lo siento, el síndrome de Down no confiere poderes sobrenaturales a su portador) en el patio de una mansión tenebrosa (pufff, una casa encantada, qué novedad). Unos gemelitos insufribles (otra “novedad”; los gemelos siempre aparecen en las pelis de terror, no se sabe por qué) que pronto van a ser presa del primo feo de IT (típico moztro deforme mil veces repetido) que reside en el horrible sótano (joder, otra novedad: un sótano oscuro y pestilente donde suceden cosas malas).

Mal comienzo. Para qué lo vamos a negar. Más mierda vista y revista. Pero chico, esto es American, y así tiene que ser.

Y nos presentan a una familia que tras un periodo malo (ella acaba de tener un aborto; él se ha follado a una alumna en su propia casa y su mujer los ha pillado) deciden recomenzar en un nuevo estado (van de Boston a L.A.) y darse una nueva oportunidad. La hija adolescente en plan emo aportará los conflictos de su edad en el cóctel explosivo. Para ello van en coche ¡hasta California! (¿cuántos kilómetros hay?) para ver una casa.

Y aquí hay un detalle que puede parecer nimio pero que a mí, que soy MUY EXIGENTE, me indica que los guionistas están más decantados por el impacto y lo truculento que por la historia en sí. La agente inmobiliaria les enseña la mansión y les dice que los últimos inquilinos, una parejita gay, murieron en el sótano en plan asesinato con suicidio. Es entonces cuando la niña decide que se quedan la casa (We take it). La escena siguiente muestra a la vendedora exactamente vestida igual colocando un cartel en el jardín que dice “Vendida” y vemos a dos operarios metiendo un sofá de la mudanza. Esta escena se vuelve a repetir en el opening de otro episodio. Bueno, pues a mí estas cosas me joden. Ellos iban en coche, no habían comprado la casa aún. ¿Y de repente hay una mudanza? Esto no cuadra. Además, la casa está totalmente amueblada. ¿Dónde estaba el camión de la mudanza mientras ellos viajaban durante días y días para ver una casa que no sabían si iban a comprar? No tiene sentido y a mí eso me jode porque refleja que no hay atención a los detalles.

Pero aún hay más. Al día siguiente el marido, que es psiquiatra, ya tiene pacientes en su estudio (dentro de la mansión). Y esto sucede sin que nos digan nada de cómo se ha establecido y cómo pensaba ganarse la vida. En otro episodio una simple llamada telefónica de tres segundos pretende explicar que se han quedado sin las inversiones que tenían en Boston y que no tienen nada de dinero. Sólo lo poco que puede ganar en su consulta. A mí esto me fastida porque no te lo crees.

Pero aún hay cosas mucho peores. Esto es una visión muy personal pero los actores son muy malos. El padre es un psiquiatra de unos cuarenta años. Tampoco te lo crees; es incapaz de lidiar con los conflictos que están sucediendo en su entorno familiar y las cosas que les dice a sus pacientes parecen sacadas de un test del Cosmopolitan. Por otra parte, parece muy masculino pero, y en esto no me suelo equivocar nunca, tiene una pinta de homosexual que echa patrás. A este tío lo ves como actor porno gay (Rod Steel en Bad Cops, donde los policías usan sus porras como no quieras saber) y te cuadra mucho más. Siempre está en pelotas por la casa, no se sabe por qué. Lo siento, no me gusta nada. Ya es difícil ver un actor americano que sea malo, pero este pavo es para matarlo.

¿Y la mujer? ¿Estamos seguros que Connie Britton siempre ha sido mujer? Creo que las mujeres en los cuarenta están en su punto justo de cocción, pero joder, qué tía más desagradable. Es algo inusual en mí, me produce rechazo físico. Es ASQUEROSA. Y su personaje no se hace querer; es fría, sin sentimientos, egoísta, no piensa en nadie más que en ella… calla, que sí, que es mujer. Retiro la maldad anterior (y la sustituyo por ésta, jejeje).

El caso es que no me gustan los protagonistas. La hija trabaja mejor y el resto de “seres” (lo dejaremos así) que pululan por la casa son eficaces, pero sin alardes. Incluso Jessica Lange está pasadísima y hace pensar en que King Kong se la tendría que haber entabicado y así no tendríamos que soportarla ahora.

Porque sí, aquí entabican. Los fantasmas de esta serie follan como conejos (eso no es nuevo) pero es que encima son chupapollas, lo cual sí que es verdad que es una novedad en el género de terror.

Moira, la chupapollas más rara de la historia

Hay uno de los muertos que aprovecha Halloween para poder salir de la casa (a la que todos los muertos están encadenados sin poder abandonarla) y chupar cuantas pollas le dé tiempo en esa noche. Y no olvidemos a la ama de llaves de gaélico nombre (mil veces usados; parece que no se puede llamar Juanita y que dé miedo), que se manifiesta como experta felatriz (eso sí, yo no te recomendaría que lo comprobases, sobre todo si eres armenio).

Veamos aquí muchas incongruencias de la serie (son SPOILERS, no seguir leyendo si no has visto todos los capítulos):

  • Muchos de los muertos que pululan por la casa muestran las heridas y lesiones que sufrieron al ser asesinados (gemelitos degollados, niños y mujer quemadas, enfermeras una ahogada y otra acuchillada, esposa del médico original con tiro en la cabeza, los jóvenes muertos en el instituto que vienen en Haloween…) pero otros no presentan tales truculencias y están perfectos: ¿por qué el rubio chupapollas va vestido e impoluto si murió disfrazado de vaquero y con un atizador clavado en el culo? ¿Por qué Rubber Man no lleva los 34 tiros en el pecho que le disparó la policía? Eso no cuadra. Unos parece que se pueden cambiar de ropa y otros van con el mismo atuendo de su muerte. Es verdad que esto permite que los muertos parezcan gente viva y puedan interactuar con los normales sin que estos sospechen, pero es una incongruencia que no se sostiene.
  • De los pacientes del psiquiatra, uno es un joven psicópata asesino en masa, la otra también es una psicópata asesina en serie y desaparece (la policía investiga un poco, sin mucho afán), la tercera es una negra que se intenta suicidar (la policía vuelve a hacer alguna pregunta de rutina) y el último es un pobre hombre que muere en su casa de un tiro. ¿No hay demasiadas muertes inexplicables como para que la policía tome cartas en el asunto? ¿Es normal que estén cada noche llamando a la policía por invasiones, asesinatos, desapariciones y violaciones y nadie haga nada? ¿A ningún policía le parece raro todo lo que pasa en esa casa día tras día?
  • ¿Alguien se ha parado a pensar que a la consulta de un psiquiatra no va esa GENTE TAN RARA? ¿Que suelen tener a pacientes con ansiedad, algo de depresión y alguna cosilla más? El cliché y el estereotipo es tan infumable que no hay por dónde cogerlo. Y el tío debió aprobar la carrera con un 4.5, porque no tiene ni puta idea de nada. Ah, que se me olvidaba: es un tío de cuarenta años y ha estudiado la psique humana, con todas sus angostas cavidades y recovecos… ¿y se echa a llorar después de masturbarse porque la zorra de la asistenta se estaba haciendo un dedo en su salita de estar? ¿Llorar? Joder, por dios bendito, ningún hombre llora después de hacerse una paja. Estaríamos todos a lágrima viva por las calles, con lagrimones en el trabajo y en las tiendas. ¿Pero qué es esto? No he llorado en mi puta vida y no paro de… en fin.
  • En el capítulo dos la madre y la hija sufren la invasión de tres psicópatas interesados en repetir pormenorizadamente los crímenes de otros asesinos. Son tres, están como motos y van armados. Pero por algún motivo que desconocemos, madre e hija han debido de recibir entrenamiento en los SEAL o algún cuerpo de operaciones especiales porque son capaces de manejar la situación, desatarse, hablar con ellos como si charlaran sobre el tiempo sin perder la compostura ni que les suban las pulsaciones y salir indemnes de una situación completamente terrorífica que tendría que haberlas dejado KO. Bien es cierto que reciben ayuditas, pero su comportamiento y actitud es totalmente increíble y patético desde el punto de vista argumental. Tampoco la chica compañera de clase de Violet, que es atacada por el moztro en el sótano y recibe lesiones irreversibles en su linda carita, está tan aterrada como debería estarlo. Habla tranquilamente en la piscina vacía como si nada malo hubiera sucedido. La policía tampoco tiene nada que decir en este ataque, claro.
  • Una cosa curiosa de la serie es que uno de los personajes es percibido de manera distinta por las mujeres y los hombres. Moira, la anciana y tuerta ama de llaves, es un chochete joven y vicioso a los ojos de los tíos. Pero es ridículo: todo el conflicto viene porque el marido se cepillaba a una alumna dado que la mujer estaba con depresión tras el aborto y no le daba mandanga: ¿Y entonces va la mujer y mete como señora de la limpieza a una tía buenísima que va con ligueros y se retuerce como una gatita a cada momento? ¿El marido no dice nada, no le parece raro ni chocante? ¿Es eso consecuente con lo que forma el origen de todo? ¿Alguien ha visto alguna vez a una señora de la limpieza como ésa? Joder, a mí no me ha pasado nunca que pille a la asistenta de 24 años haciéndose una paja en mi sofá, vestida de puta y pidiéndome que la folle. ¿Eso os pasa a vosotros? ¿Qué me he perdido en esta vida lamentable que me ha tocado vivir? Pero no queda aquí la cosa, sino que el armenio va a ver la casa para comprarla y la señora de la limpieza (misma vieja que es joven) le hace una mamada nada más entrar. ¿Eso pasa? Yo recuerdo que fui hace años a ver un piso para alquilar, y quitando que era tan horroroso que ciertamente podía tener fantasmas, me recibió un matrimonio muy feo que pedía un alquiler disparatado por aquel antro. Me hablaron de gastos de comunidad, pero de mamadas nadie dijo nada. ¿Pero yo a qué pisos voy, mísero de mí? Claro, que luego le dan lo suyo, pero joder… Por cierto, tras la primera mamada, el psiquiatra entra en la casa y pilla al armenio saliendo de la habitación con la chuperreteante ama de llaves. Ambos son hombres, por lo que tendrían que ver a la joven ninfómana; pero la que sale de la habitación es la vieja tuerta, secándose los restos de la comisura de los labios. Acepto que así tiene mucha más gracia la escena, pero tampoco es congruente.

Hay muchas incoherencias, tiene más trampas que una película de chinos. Recurre a los elementos típicos, cien veces vistos, manidos y clásicos del cine de terror. Abusa del truco de enfocar a un protagonista y que por detrás pase una sombra turbadora. Se vuelve al presentir algo y el fantasma pasa otra vez en otra perspectiva, para materializarse a su espalda y provocar el zutto.

Mi opinión es que no hay mucho talento; se usan los ingredientes de siempre: caserón encantado, doctor muerte, fetos, niños con poderes, violaciones sobrenaturales para conseguir seres demoníacos, sótanos, fantasmas, monstruos malignos… LO DE SIEMPRE. Toda esa ensalada se aliña con algo de sexo truculento (no me jodas que hay gente que le pone el látex, diomío, diomío…), unas pajillas, mamaditas varias y es como Padre de Familia pero con fantasmas. Por eso creo que es American: a ellos ver que alguien se masturba los turba más (juego de palabras muy chungo, admitido) que un tiro en la cabeza, a lo que ya están acostumbrados. Es como si estuvieran poco a poco acercándose al cine de Almodóvar porque les parece muy innovador lo que aquí ya era casposo en los ochenta. Meten gays y ya lo flipan.

¿Horror? Pues no. La historia es truculenta pero no da el más mínimo miedo. ¿Entretenida? Sí, para pasar el rato con las nuevas demencias que se les van ocurriendo no está mal.

Game of  Thrones y The Walking Dead ya… por favor.

(*) En toda la serie de Breaking Bad sólo he visto una pequeña cosa que no ha sido explicada y que es lo único que no me ha gustado. Para los castellano parlantes queda muy claro que Gustavo Frings no es chileno. Es obvio que habla español como segunda lengua, no como primera. Y su acento no se parece en absoluto al chileno. Sin embargo hay referencias a que hay algo muy turbio en su pasado en ese país y Mike investigó algo en Chile. Eso parecía interesante y sin embargo no se ha contado ni resuelto. Pero es sólo una mínima mota en cientos y cientos de perlas.

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Lost se inició como una serie dirigida a un público de nivel cultural alto, muy exigente y a la vez fiel. Queda claro que no el mismo público que veía Los hombres de Paco, Aída o bodrios aún más infumables en los que las tramas son tocineras, los chistes escatológicos y los personajes de cartón piedra. Lost tenía todos los ingredientes necesarios para convertirse en ‘La Serie‘: tramas emocionantes, misterios interesantes, personajes torturados por un pasado que tratan de sobrevivir en un tremendo presente (y futuro, y otra vez pasado, y un nuevo presente y…), elementos actuales y creíbles de la mejor ciencia-ficción (materia extraña, agujeros de gusano, electromagnetismo, viajes temporales, presencias inexplicables) unido a argumentos que mezclaban la acción más trepidante, las luchas de poder, los sentimientos humanos en su máxima expresión, la aventura en su estado más puro… Todo esto regado con mucho talento en todo el personal técnico de producción y guión y un plantel de actores magníficos uno por uno que se metieron en la piel de sus –ricos– personajes y les dieron forma y matices de una manera extraordinaria. Destaco a Hugo, Sun, Penny y Desmond entre ellos, pero todos son geniales, porque las miradas de Locke son para que algunos pretendidos actores españoles tan premiados se dedicaran a otras cosas más a su alcance, como el lavado de retretes en las estaciones de autobuses, por ejemplo.

Lost, Perdidos, es para muchas personas la mejor serie de todos los tiempos. Yo así lo creo. Seis temporadas y más de 100 episodios a cual más impactante lo corroboran. Algunos de ellos son –literalmente– obras maestras del género audiovisual. Para mí hay decenas de episodios absolutamente sobrecogedores, pero mi favorito es “La constante“. Reúne una interpretación perfecta, un guión magistral y unas líneas argumentales tan actuales, modernas, científicas, humanas, psicológicas y emocionantes que no he visto en ninguna película de los últimos 25 años. Soberbio. Inigualable.

Seguir la serie en España no ha sido fácil. Ha ido rodando de cadena en cadena, de horario en horario, como si fuera morralla. En un país en lo que se ve es Belén Esteban y programas de periodistas hipergays descerebrados sacando las intimidades más soeces de casposos iletrados, la complejidad y riqueza de una serie de este calibre no tiene sitio en la parrilla. Lo que no quiere decir que no lo haya visto un amplio porcentaje de la población: jóvenes y maduros jóvenes de nivel intelectual medio alto era el target objetivo. Este colectivo tiene recursos para acceder a lo que quiere ver de otro modo que en el horario absurdo y mutante: Internet, otra vez, ha sido el lugar idóneo para seguir las peripecias apasionantes de nuestros amigos. Eso no cuenta en las audiencias y el share del programa siempre fue muy bajo.

Un aparte para comentar que quien ve la tele en este país es la gente mayor de 60 años. Ellos son los consumidores de televisión porque tienen mucho tiempo libre, no suelen tener hobbies y se pasan la vida pegados al televisor. A ellos les llegan los mensajes publicitarios de coches, hipotecas de bancos y caros perfumes que nunca van a consumir, pues el público al que van dirigidos pasa su vida trabajando. No soy quién para dar consejos a las agencias de publicidad (el que me conozca un poco sabe que detesto todo eso). Pero si me doy cuenta yo, deberían darse cuenta ellos y los profesionales de la televisión.

No es momento de desvelar nada: el que siguió la serie lo habrá visto y el que no, le dará igual. Un mínimo resumen podría ser así: un vuelo procedente de Sidney con destino a Los Ángeles sufre un accidente y cae sobre una isla en un lugar indeterminado del Pacífico. Es una historia de supervivencia. Las dos primeras temporadas nos van narrando el presente de los supervivientes en la isla a la vez que sabemos cómo eran sus complicadas vidas antes del accidente, en continuos y magníficamente integrados flasbacks. Pero la isla es un personaje en sí misma. Es una fuente de sopresas de todo tipo. La trama es complejísima pero creíble. Se superponen historias, se entrelazan vidas, surgen nuevos personajes fascinantes. Misterios, misterios y más misterios que te dejan siempre con la boca abierta.

En la tercera temporada nos centramos más en Los Otros y para mí fue algo más floja. Perdió aventura y los capítulos eran más teatrales. La cuarta por el contrario fue más de acción e incluyó el personaje de Faraday, un epítome del físico cuántico que añadió el lado científico que todo amante de la ciencia ficción necesita para que las cosas se desarrollen adecuadamente. El nivel de calidad de algunas escenas fue sobrecogedor. En la quinta temporada asistimos a viajes en el tiempo involuntarios, a la historia de la Iniciativa Dharma y las explicaciones perfectas de todo el caos temporal que se estaba produciendo. Una vez más, la serie iba por los cauces de la mejor ciencia-ficción actual, sin abandonar en ningún momento el drama, la aventura, el amor, la amistad y todos los elementos que conseguían dejarte pegado a la pantalla.

La sexta y última debía dar explicación a gran parte de los infinitos enigmas propuestos:  atar todos los cabos sueltos sería totalmente imposible, pues eran demasiados y había ya varios fallos de guión (inexcusables para alguien tan exigente como yo, por ejemplo). Empezó mal, muy mal. Horrorosamente mal. Luego remontó. El capítulo dedicado al extraño personaje de Richard, o Ricardo, fue espectacular y sorprendente, pues se grabó en español neutro aunque transcurría pretendidamente en las Islas Canarias del siglo XIX. Entonces empezamos a entender los flash sideways: una realidad alternativa, un universo paralelo. Magnífico, soberbio, sublime. La mejor ciencia-ficción posible.

En la isla había muchos puntos en contacto con civilizaciones antiguas, dioses y jeroglíficos egipcios, pirámides y templos milenarios. Una isla que no está en los mapas, que cambia de lugar, que se puede mover, que en el primer episodio de la sexta temporada llegó a estar sumergida… Para mí eran demasiados indicios sobre la Atlántida. Y me parecía que podría dar juego y que se ahondaría en esa línea. Pero no. Ni el extraño poder del electromagnetismo, ni las explicaciones científicas de la materia extraña con la que experimentaba Dharma y el ejército americano en los años cincuenta. Ni los viajes en el tiempo ni nada parecido.

Han recurrido al viejo, viejísimo, gastadísimo, inaceptable a estas alturas y después de tantas magníficas aportaciones de la serie a la ciencia-ficción actual, dualismo del bien y del mal, del cielo y el infierno, de ángeles y demonios. Todos estaban muertos. Todos murieron. Y durante esos segundos sin tiempo, sus almas (disculpad, voy a vomitar, ahora sigo) crearon todo ese mundo para no aceptar la muerte y seguir viviendo de alguna manera. Pero por fin Desmond Hume (inciso, Hume y Locke, dos de los personajes principales, eran filósofos ingleses; Faraday, un físico eminente) lo entiende y ayuda a todos los personajes a aceptar que han muerto, dejar de vivir esa fantasía, abandonar ‘la isla’ … y, ejem, tengo que decirlo, vamos, sin miedo… ir al cielo, donde les aguardan sus seres queridos y serán felices para siempre.

Para que no les acusaran de cristianismo execrable y pudiera ser digerido por el tropel de seguidores en todo el planeta, en la conversación de Jack con su padre, Christian Shephard (Pastor Cristiano, en su traducción: hasta Kate hace la broma en un momento del capítulo) en la iglesia (iiiihhh), el padre muerto está junto a una vidriera en la que, sorprendentemente, cada uno de los cristales refleja una de las religiones principales: islamismo, judaísmo, cristianismo, budismo, hinduismo y taoísmo). Aquí hay para todos. Coño, es el alma y el cielo. Entonces el papá muerto que ha ido a recibir a los no-supervivientes del vuelo 815 de Oceanic abre una puerta flanqueada por ángeles (arrrrggg) y la luz divina se desparrama graciosamente entre los difuntos.

Su puta madre.

Lo que se perdió en Perdidos fue explorar los límites reales de la realidad del universo, adentrarse en terreno cuántico, pantanoso y sorprendente. Se podría haber hecho toda clase de juegos divertidos con las leyes reales y mágicas del cosmos, introducir referencias a mitos históricos, a seres de otro tipo, a presencias sobrehumanas sin caer en la fáaaaaacil salida de que todo era falso. Cuando podría haber sido todo real. Pero todo eso quedó perdido.

P.D. ¿Por qué coño está Penny muerta, si no iba en el avión y jamás pisó la isla?

Pues eso, Namasté.

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Palau de les Arts, Valencia

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