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Dune

Pocas obras de literatura de ciencia ficción pueden presumir de haber creado un universo tan complejo y tan detallado como el que Frank Herbert imaginó en sus novelas. Quizás sólo se puede comparar a la saga de la Fundación de Isaac Asimov; si bien ésta, la cual conozco en profundidad, se me antoja más de cartón piedra y repleta de personajes menos consistentes y con demasiada importancia otorgada a los robots. Asimov es muy entretenido e inteligente; pero Herbert, siendo más denso, es también más profundo y rico en matices. Me atrevo a compararlo con Tolkien en el mundo de la fantasía, salvando todas las distancias: hay mundos, razas, misterios, lenguajes, etc., muy pensados, analizados, sintetizados e hilvanados.

La saga de Dune es larga y complicada. No la he leído entera, pero en ello estoy. Devoré los tres primeros libros (Dune; El Mesías de Dune; y Los Hijos de Dune) siendo aún adolescente. Y los he releído tantas veces (son densos y voluminosos) que casi me los sé de memoria. Son simplemente magníficos y nadie que guste de la literatura (sin más) y con el apellido de ‘ciencia ficción’, debería dejar pasar de largo.

No se pueden definir como libros de acción o aventura, si bien existe en ocasiones; pero de forma muy medida y lenta. Las novelas avanzan despacio, con mil matices, argumentos y subargumentos (‘fintas dentro de las fintas’; ‘planes dentro de los planes’). Aunque transcurre en un universo amplísimo –se llega a decir que hay un millón de planetas habitados dentro del Imperio–, la mayor parte de lo que sucede forma parte de las mentes –retorcidas, a veces diabólicas y siempre sorprendentes– de los personajes. No es lugar para desvelar argumentos. Pero el transfondo es un planeta desértico, Arrakis/Dune, en el que existen unos gusanos gigantes y una especia llamada melange con extrañas propiedades que la convierten en la sustancia más importante del Universo Conocido (detallo esto último porque tendrá su importancia en sucesivas novelas). Las luchas de poder, político, militar, comercial, religioso, incluso mesiánico, compondrán el entramado sobre el que decenas de personajes perfectamente creíbles (por lo actuales y humanos en todo el sentido de la palabra) irán participando a lo largo de… miles de años. Sí, la saga abarca decenas de miles de años; si bien la trilogía primera y principal se centra en un período de pocas décadas fundamental para el universo y el imperio : la vida de Paul Atreides.

Posteriormente, en los años 80, el autor escribió otras tres novelas (¡que aún no he leído!): Dios Emperador de Dune; Herejes de Dune; y Casa Capitular de Dune. Conozco las líneas argumentales principales pero, por alguna razón que no entiendo, no los compré en su momento; y ahora aún tendrán que esperar un poco. Porque tras la muerte de Herbert, su hijo Brian Herbert y Kevin J. Anderson comenzaron a escribir precuelas de la serie, guiados tal vez por esa misteriosa Yihad Butleriana que tanta importancia tenía en el ‘aspecto nada informático’ de ese Imperio Galáctico. Las tres novelas (verdaderos tochos como los de su padre) fueron: La Yihad Butleriana; La Cruzada de las Máquinas; y La Batalla de Corrin. En ellas se narra la lucha de la humanidad (más cercana a nosotros) contra una máquina que tomó conciencia (Omnius) precursora de Internet, de los Terminators y de los mil y un ejemplos que a todos se nos ocurren. En esa lucha a muerte –literalmente– se presentan algunas familias que luego tendrán un papel crucial en la trilogía principal: Atreides, Harkonnen y Corrino, por ejemplo, así como los orígenes de las Bene Gesserit, la Cofradía Espacial y la CHOAM. Los libros están escritos de una manera muy distinta a como lo hizo Herbert Senior y, tengo que decirlo, sin el portentoso talento de éste. Aún así, son interesantes, entretenidos y conviene leerlos para hacerse una idea previa de los acontecimientos que dieron lugar a un universo y un imperio como el que describe Dune. Los he leído los tres.

Lejos de detener ahí su ingente producción de páginas, Herbert Junior con su compañero pergeñaron otros tres tochazos que narran los hechos previos a la trilogía principal: la vida del abuelo y el padre de Paul Muad’Dib, y la explicación del papel crucial de Arrakis en todo el tinglado galáctico. Estas novelas son: Casa Atreides, Casa Harkonnen; y Casa Corrino. En su atenta lectura estoy, porque requiere su tiempo atravesar los pliegues del espacio tiempo de las miles de páginas, y no cuento con melange para acelerar el proceso.

Pero esto aún no ha terminado. Una vez muerto el bueno de Frank, y usando taladros para abrir su caja fuerte, encontraron manuscritos, notas y referencias para componer dos novelas más: Cazadores de Dune; y Gusanos de Arena de Dune. Aquí la cosa debe de ser ya un poco surrealista, porque se engarza con el principio… perdón, me callo ya.

Y ahora, viendo una web, descubro que siguen escribiendo secuelas, con novelas que encajan entre las anteriores, al menos una tras Dune y otra tras Mesías de Dune. Pero hay todavía más y creo que nunca dejarán de extraer el mayor beneficio de Arrakis, igual que sucede en la saga. Igual que sucede allá donde haya un humano.

Aquí tenéis todas las novelas habidas y por haber de Dune, algunas de las cuales no creo que estén traducidas. Recomiendo empezar por las tres centrales (Dune, Mesías e Hijos) y luego ya… a voluntad.

Quizás alguno recuerde la adaptación cinematográfica que David Lynch realizó en 1984. Bufff, no sé qué decir. Los ochenta fueron muy malos en lo ‘visual’: esos pelos que llevábamos, esas ropas y maquillajes. La elección de los personajes me pareció pésima (Paul Muad’Dib es diametralmente opuesto al insoportable Kyle MacLachlan, con esa melenita y más blando que la mierda de pavo…; y un pasadísimo de vueltas Sting…). Visualmente me desagrada, aunque sé que a mucha gente le apasiona. Para el que no conozca la novela el argumento es estúpido; para el que la conozca, es ¡distinto! y peor que el original. Los diálogos no se mantienen, los efectos especiales son anteriores al ‘boom digital’ y en general, la película es penosa. Aún así, el adicto a Dune debería verla.

Posteriormente realizaron una mini serie en el año 2000 que pretendía ser más fiel al original: al menos disponía de varias horas para contar la historia y bastante presupuesto; sin embargo, la nefasta elección de actores, los cambios absurdos en sus características y personalidad y los giros tontos de guión que no tienen nada que ver con la novela, hacen que tampoco se pueda salvar mucho. Aún así, hay que verla. Está disponible en DVD y se puede encontrar en Internet para visualizarla online.

Y con mucha mejor fortuna, para mi gusto, se gestó la miniserie de 2004 que, con el título de Hijos de Dune, abarca los dos libros siguientes al principal: Mesías e Hijos. A mí me ha encantado y creo que refleja mucho mejor la idea, tanto visualmente como en el comportamiento de los personajes, que yo me había formado al leer los libros. Siempre hay cambios (que no entiendo muy bien) pero resulta mucho más fiel que las anteriores. Hasta las tías están muy buenas, cosa que es de agradecer. Como la anterior, se puede adquirir en DVD y visualizar en la red.

En resumen, el universo de Dune es fascinante. He leído mucha ciencia ficción y me parece, de largo, lo mejor. Para mí, como psicólogo y como (todavía) hombre es un manual de cómo piensan, se comportan y actúan esos estúpidos animales llamados seres humanos.

Y de cómo lo seguirán haciendo.

Viajar a pie

Aunque ya he hecho alguna referencia a su persona y a su web en anteriores entradas, quería dedicarle una propia por el enorme interés que tiene su espacio personal en Internet, y la cantidad de información –y formación– que aporta a cualquiera interesado en la Naturaleza.

Iñaki es un viajero. Viaja a pie. Si hace senderismo de larga distancia, trekking o thru-hiking, es algo que nos debe dar igual a todos. Eso son sólo palabras. Lo crucial es la esencia de andar en la naturaleza salvaje, de la manera más auténtica posible, sin otros medios que nuestras piernas y nuestra voluntad. Y como se trata de desplazamientos muy largos, el peso ocupa un lugar preponderante entre sus preocupaciones.

Hace ya más de año y medio leí un librito sobre senderismo ultraligero. Se me abrió un nuevo mundo. Siempre había tenido esa tendencia a buscar sólo lo esencial y no acarrear más de lo necesario. Pero la inercia es poderosa y todos tenemos esos prejuicios adquiridos: los porsiacaso. Desde entonces he intentado ir ajustando cada vez más el peso y la cantidad de material que llevo a mis pequeñas salidas. En algunas ocasiones me he sentido muy orgulloso de llevar tan poco peso para pasar tres días fuera en total autonomía. Hasta que lees a Iñaki y descubres que ese peso es el que lleva él cuando pasa tres meses en las Montañas Rocosas.

Sorprendente.

La filosofía ultraligera parte de un supuesto tan sencillo como olvidado: cuanto más ligero vayas, más distancia puedes recorrer. Te cansarás menos y podrás ir a un ritmo mayor y terminarás menos cansado al final de la jornada.

¿Qué simple, no? Pues no lo es. Es algo extremadamente complicado de poner en práctica. Iñaki ha ido afinando, aprendiendo, probando, (imagino que equivocándose en ocasiones) hasta que ha conseguido ese difícil equilibrio entre todo lo que es necesario pero sólo lo que es necesario. Y encima, lo más liviano posible.

Su página es de ésas en las que te puedes pasar horas enteras disfrutando de sus correrías, de sus descripciones y planteamientos filosóficos. Ha estado en lugares increíbles, los ha recorrido por su cuenta y los ha vivido intensamente. Es un magnífico relatador de historias: preciso, ameno, con un inteligente sentido del humor…

Recomiendo encarecidamente a todo aquel que esté interesado en la Naturaleza, en el montañismo en todas sus vertientes, en el senderismo, trekking, etc., que visite su página web y que navegue sin prisa por sus distintos apartados.

Los capítulos de filosfía, historia y ética son, en mi opinión, fundamentales. Comparto al 100% su visión del senderismo, o más ampliamente, de su actitud ante la vida y la naturaleza. Pero mejor que os lo explique él.

En el capítulo de Rutas podremos acompañarlo en multitud de aventuras maravillosas por lejanos rincones de América, Europa y Oceanía. Tiene la habilidad de los grandes viajeros de hacernos sentir cada paso que da y hacerlo con él.

Lo que más puede impactar, además de los bellísimos paisajes que describe en sus Rutas, es que ha llegado al punto de fabricarse su propio material ultraligero: se confecciona sus refugios (Siltoldo y Siltrapo), su “minifalda”, guantes, hornillo… Es algo increíble. Y describe minuciosamente el proceso de fabricación.

Dedicadle una visita con tiempo y os aseguro que visitaréis a menudo su página, y disfrutaréis de sus magníficas aventuras. Y mientras lo acompañamos por esos mundos a buen seguro que aprenderemos muchas cosas.

Además, es una persona muy amable y me ha contestado a varias cuestiones que le he hecho por correo. No dudéis en hacerle consultas técnicas o logísticas porque seguro que os responderá encantado. Contacto aquí.

Gracias, Iñaki.

Enlace a su web: http://viajarapie.info/index.htm

Piratas

Ante todo avisar que aquí se evita lo políticamente correcto y que no se va a celebrar la vuelta a casa de “nuestros marineros”. Mi somero análisis no es autocomplaciente y puede herir sensibilidades. Es mejor leer otras cosas que esto (consejo válido siempre, pero más en este caso).

Piratas. Mira que hemos visto películas de piratas. Con ese aire romántico, de aventuras y amores imposibles. Lo cierto es que la Corona Española sufrió durante siglos la pesadilla de los piratas del Caribe y, especialmente, de los corsarios que compraban su patente a Inglaterra para acosar y desvalijar el mayor número posible de galeones españoles cargados de oro y mercancías desde América a la península. Qué cabritos los piratas y los ingleses.

¿No?

Bueno. Es una forma de leer la realidad. Como suele gustar a los humanos: sólo parcialmente, ignorando todo aquello que molesta. Porque cuando se estudian estas cosas o se realiza una película sobre el tema, jamás se hace referencia a que las riquezas que transportaban los barcos españoles o franceses eran el resultado del dolor, de la esclavitud, de la muerte y de la extinción de los seres humanos que vivían previamente en esas tierras a las que la avaricia sin límites de los europeos esquilmaba sin misericordia. ¿Acaso salen si quiera los indígenas que trabajaban en esclavitud para conseguir el tabaco o los productos que se traían de las Américas? ¿Se hacía referencia a las masacres producidas para conseguir el oro de los incas, de los aztecas, toltecas, etc., que fueron totalmente extinguidos? No. Todo se centra en el comercio europeo, en cómo subía y bajaba el precio en el Viejo Continente de los bienes traídos de ultramar. En las luchas de poder que el oro compraba en España, con sus palacios y navíos para nuevas conquistas, las soldadas que permitía pagar para conquistar Europa. Y como los ingleses eran tan cabrones que querían quedarse con “nuestro” oro, los españoles eran los buenos y los corsarios y piratas –con el maldito Drake a la cabeza– merecían la muerte en el cadalso.

Pero a poco que uno lo piense, y se libere del ruín barniz con el que la Historia maquilla la verdad, los piratas e hijos de putas eran los españoles (me refiero en ese momento histórico) que habían saqueado América sin medida, asesinando y destruyendo todo a su paso. Pero es que eso no es todo: las riquezas de ultramar no eran para los españoles; lógicamente eran para un puñado de españoles. Los de siempre. El marinero que viajaba durante meses en un barquichuelo infestado de ratas, piojos y mierda humana, aquejado de escorbuto y disentería, no veía un maravedí de toda aquella rapiña. Como el amerindio esclavizado. no era más que una miserable víctima más del maravilloso juego.

Ahora hablamos otra vez de piratas. Otra vez de barcos españoles, heroicos e inocentes. Y de nuevo Inglaterra como lugar maldito donde se producen las negociaciones sobre el deplorable asunto.

El Alakrana es un barco de bandera de las Islas Scheychelles, de la empresa Echebaster fleet. Obviamente, eso ya suena a chanchullo: paraíso fiscal, país sin leyes, donde el dinero negro, manchado de sangre, de droga, de armas, de prostitución, se lava y se deja precioso y reluciente. Y faena en las costas de Somalia.

Somalia, que como todo el mundo sabe, es un país moderno, democrático, avanzado, referente cultural y científico y adalid de los derechos humanos y medioambientales.

El infierno. Eso es lo que es. Y en el infierno no hay leyes ni normas. En esas aguas sólo impera la ley del más fuerte, sin cortapisas, sin mariconadas de regulaciones pesqueras, de especies, de redes, de vedas, de artes de pesca prohibidas, de protección medioambiental. El puto caos donde se esquilma y se rapiña sin pensar en nada. El mar es para forrarse y la población de la zona no es ni siquiera humana. Salvajes, esclavos. Lo mismo que en los siglos de Oro de nuestro maravilloso país. ¡Viva Egpaña!

Los señores de la guerra africanos tienen una estrategia fabulosa para dominar a la población. Niños. Los secuestran, los violan, los apalean, los fostian día sí y día también, los drogan, los convierten en alcohólicos y los obligan a matar, incluso a sus propios padres y familiares. Putos esclavos ciegos. Magníficos soldados. Harán cualquier cosa sin límite. Depredarán sobre su propia gente, la gente más desvalida y miserable que hay en la actualidad. ¡Qué fácil es todo! No olvidemos el lío por si el chaval tenía 17 ó 18 años. Un niño en todo caso. Un pirata. No es humano. Es un puto negro. Humanos son los marineros españoles, los gallegos y, si me apuras mucho, incluso los vascos. Joder, si hasta se les perdona que llevaran la ikurriña ondeando. ¡Somos españoles, coño! ¡A por ellos, oooeee!

Pero mira tú que no sólo nos muestran los caretos de los pobres marineros españoles secuestrados (no estoy siendo sarcástico ahora; sé que son pobres y víctimas, que nadie lo dude ni me lo critique). También nos muestran el drama de sus familiares. Gente sencilla, españolitas de a pie, con sus hijos y sus problemas domésticos. Qué pena dan, qué infierno están pasando, temiendo por las vidas de sus padres, maridos, hermanos… No es para menos. Esas cosas dan un miedo terrible.

Mercenarios. Es lo que hay que enviar. Chulos de gafas de sol, pelo rapado y perilla (son como caricaturas, ¿no lo habéis pensado nunca?), con sus camisetas ajustadas y su gesto adusto. Tranquila, beibi. Ya lo tenemos controlado. Verás tú esos putos negros.

Mientras tanto se negocia en Inglaterra (siempre la pérfida Albión) con la empresa que gestiona el secuestro. Como dijo ayer en la tele un inglés con cara de idiota que era experto en piratería, se trata de hombres de negocio que pretenden sacar el mayor beneficio económico posible. ¡Anda, qué cosas, qué curioso! Esquilmar, rapiñar, depredar, esclavizar, destruir, extinguir… Más de lo mismo.

El Estado Español ha pagado el rescate. Los pobres marineros españoles volverán a casa, cobrarán sus 30€ al día por echar las redes prohibidas. El Alakrana se llenará de mercenarios. Seguirá arrasando con la vida en el mar. Morirán niños negros en lanchas a motor, cazados como conejos. Los somalíes seguirán siendo masacrados, ignorados, destruidos y esclavizados, usados como piratas drogados. La empresa Echebaster fleet se irá de rositas, incluso con alguna contraprestación más en cuanto a impuestos y vista gorda sobre especies amenazadas o cuotas de pesca.

Todo seguirá igual.

Al menos, durante cuarenta y tantos días dejaron de matar atunes.

El domingo por la  tarde hubo una extraña inundación en Ciudad Lineal que tuvo cerrada la línea 5 del Metro entre Quintana y Canillejas. Puesto que las explicaciones del personal del Metro y de la Policía Municipal eran demasiado parcas, intenté buscar si había algún comunicado. Lo que me salió fue esta graciosa noticia del viernes 17 de junio de 1910. Me ha hecho ilusión saber que hace 99 años por mi barrio ya corrían 137 corredores.

Habría que verlos…

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Gracias a Luis por hacerme llegar este enlace en el que podemos poner caras a los valientes “bisabuelos” que corrían por entonces en el Velódromo de Ciudad Lineal. No conocía su existencia, pero incluso hubo unos años que fue campo de fútbol del Real Madrid.

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Volver a correr

El domingo 1 de noviembre participé en la XXVI Media maratón de Villaverde, una de las decanas de la capital. Llevaba casi seis meses sin participar en una carrera popular; demasiado tiempo.

Desde la barbaridad aquélla de correr durante 24h en Torrejón no había tenido que clavar un dorsal a mi pectoral (retruécano donde los haya) ni sentido ese extraño impulso que nos empuja a correr todo lo rápido que podamos entre el punto A y el punto B. Aunque en mi caso particular esa velocidad de desplazamiento sea tortuguil o caracólica. Pero la idea es siempre la misma: correr a toda pastilla según las condiciones de cada cual.

El día se levantó luminoso y con buena temperatura para estas cosas del correr. Recogí a Ibki y aparcamos en la calle del Afecto, o del Cariño, o algo parecido: el barrio más riquitiflanders que conozco; al menos así lo han pretendido al elegir los nombres de las calles, a cada cual más sensiblero. Una vez allí la recogida del dorsal con el chip incorporado resulta rápida y sencilla. Es una carrera modesta pero bien organizada, sin florituras pero muy correcta en todos los aspectos. A mí cada vez me gustan más las cosas sencillas; huyo de lo saturado, de lo pomposo y tumultuoso. Como no lo pratocinaba ninguna marca de renombre, no daban camiseta técnica ni el recorrido era propicio para grandes cronos, no creo que fuéramos más de 800 corredores. Perfecto.

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Bichobolas y su chica, Ibki, un servidor y Malagueta antes de la salida

Calentamos por las calles adyacentes y le doy a Malagueta la última oportunidad de marcharse con Bichobolas e Ibki a un ritmo más adecuado a sus capacidades: sin embargo él decide permanecer a mi vera y acompañarme a un ritmo demoledor para mí y de trote cochinero para él. Me daba un poco de palo al principio pero, sinceramente, me vino de perlas.

La salida es rápida y enseguida marcamos un ritmo de 4:40 que resulta llevadero porque los primeros kilómetros son favorables. Pronto entramos en el Parque Lineal del Manzanares y resulta muy agradable recorrer los senderos adyacentes a nuestro herido Manzanares. Poco a poco se está recuperando este río que nadie quiso nunca y al que todos maltrataron. Los kilómetros caen suavemente, todos a un ritmo muy uniforme entre 4:39 y 4:41. Apenas hay algún repecho corto que no molesta y el camino entre los árboles es prácticamente llano.  Tan uniforme es nuestro ritmo que un corredor se nos acerca y decide venirse con nosotros. Es su segunda media y quier bajar un par de minutos de su anterior marca.

Sólo al salir del parque, sobre el km 10, tengo el primer atisbo de lo que va a ser la segunda parte de la carrera. Aunque cuesta creer al visitante ocasional de Madrid, la orografía de la capital del reino es abrupta; dicen que Roma se edificó sobre siete colinas, y también la bandera de nuestra Comunidad representa las siete colinas matritenses. Desde ese momento dejo de charlar con Malagueta y dejo que éste hable con el “nuevo”. Yo ya me tengo que centrar en echar el bofe y tratar de no perder demasiado tiempo en esta segunda mitad. No he entrenado nada, he corrido menos kilómetros desde el verano que en los primeros meses de mi primer año como corredor. He engordado, estoy fuera de forma cardiovascular y sé que se me va a hacer muy larga esta segunda parte hasta la meta; al menos a este ritmo que es bastante exigente para mí. No me cabe la menor duda de que voy a perder mucho tiempo y que voy a sufrir como un perro desde el 16. Y así es. En cuanto nos metemos en el barrio de Villaverde los desniveles son continuos y me cuesta avanzar. Veo cómo el ritmo desciende poco a poco y en algún momento puntual las paso canutas. Malagueta no deja de animarme y de contarme esas “sucias mentiras” que tan bien sientan al espíritu del “petado”, y que sin ellas el desánimo desembocaría en una pérdida mayor del ritmo: el cuerpo dice “No me hagas pasar este suplicio a lo tonto y baja el pistón, majete”. Pero ahí entra la liebre para obligarte sacar un poco más de esa energía –que tenemos todos a raudales, pero somos muy poco generosos al entregarla– y conseguir que no te derrumbes del todo. Siempre hay una bajada (cortísima) después de la larga subida, y esos segundos sirven para tomar aliento y conseguir dar más zancadas.

El último km es duro, una fuerte subida hacia la meta en la que –curiosamente– no pierdo tanto tiempo como preveía unos kms atrás. Nos adelanta Dani Martín, la voz de El Canto del Loco, al que habíamos mantenido un par de minutos por detrás hasta entonces. A mí me da igual que un chaval que podría ser mi hijo me adelante en una media, pero Malagueta me azuza para que no lo consiga. Imposible y entra un poco antes que nosotros.

Echando el bofe en el k21 con Malagueta (él sin echarlo, claro)

Aún así, pasamos por meta en 1h:40:30 según mi reloj, y 1h40:39 según la organización, que no dio tiempos netos. Mi tercera mejor marca en media maratón, similar a la que hice en Segovia en marzo y que,  dado el momento de la temporada, lo mínimo que he corrido desde el verano y la poca calidad de mis entrenamientos, no está nada mal. Es cierto que si hubiera ido solo fácilmente habría perdido dos minutos más, pero la compañía y el apoyo de Paco me permitieron terminar con cierto decoro.

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En meta, 1h40

La semana se cerraba con 68 kms y una media a buen ritmo. Parecía que era el pistoletazo de salida para una nueva temporada de entrenamientos y carreras. Pero no he conseguido mantener esa inercia y sólo he salido dos míseros días: me siento desmotivado y sin ese impulso interno que he tenido durante largos períodos. No sé qué me pasa, pero me tengo que forzar a salir. He pasado de 5-6 días semanales a 2-3. Y así, poco se puede conseguir.

Veremos en qué queda todo esto…

Ni truco ni trato

A nadie se le escapa el dominio que Estados Unidos ha ido consolidando sobre Europa desde principios del siglo XX. Y no me refiero sólo al dominio económico y al militar, sino al cultural y, por lo tanto, lingüístico. De hecho, tiene más influencia el inglés americano que el británico. No entro a valorarlo: es un hecho objetivo sin más.

Pero una cosa es adoptar modos lingüísticos extranjeros y otra, muy distinta, adoptarlos mal.

Ya no hay nada que hacer con el abominable footing, que no significa nada en inglés (sí tiene un significado, pero circunscrito a la corrección de textos en las editoriales) sino que se formó en Francia (¡toma ya!). Lo que nosotros llamamos footing en falso inglés es conocido en inglés como jogging.

Curiosos también son nuestros parking, o camping, que usamos como sustantivos (Deja el coche en el parking; Estuvimos en un camping) cuando no lo son: en inglés se usa parking lot y camp site.

Pero esta noche se oirá hasta la saciedad el completamente estúpido, palurdo y sonrojante: Truco o trato.

¿Pero qué cojones de truco y de trato? ¿Dónde pone eso?

Trick

Vale, trick significa entre otras cosas, truco. Un truco de magia, por ejemplo. O los trucos que puede hacer un animal amaestrado y todos los sentidos figurados de ingenio y maña (knack) que tiene esta palabra en español. Pero las tres primeras acepciones del Webster, por ejemplo, dicen (insisto, las tres primeras):

a: a crafty procedure or practice meant to deceive or defraud b: a mischievous act : prank c: an indiscreet or childish action.

Claramente, una travesura infantil. Significado: travesura o trastada. ¡Tiene sentido! Si no les das los caramelos, te lanzan huevos o cosas peores (según me ha insinuado mi hijo que van a hacer esta noche).

Ahondando en el significado, dirty tricks se traduciría por “putaditas“. Ya tenemos media parte de la frase.

Treat

A ver, el que haya ido a Opening, que levante la mano. Sí, vale, majetes, empecemos por maineimis… ¿Qué descerebrado cree que treat es trato? Supongo que el mismo que traduce eventually (finalmente, al final) por eventualmente o actually (realmente, en realidad) por actualmente. O sea, el que no sabe nada de inglés: es decir, el 80% de los que traducen novelas del inglés al castellano, por ejemplo. De toda la vida hacer un trato es to make a deal. Deal, no treat.

La confusión viene del sentido de treat como verbo: además de invitar, significa también tratar (a alguien de una determinada manera). Una canción de Bob Dylan: You should not treat me like a stranger… Se usaría con el significado de trátame bien, no me trates como a un extraño, etc. Pero insisto, no significa nunca “hacer un trato”; y se usa además –y de forma muy común– como invitar, convidar.

¿Qué significa treat como sustantivo, que es lo que nos interesa en la frase? Pues varias cosas, como suele pasar en inglés, pero todas del mismo campo semántico. Lo primero, una invitación. Cuando alguien invita a otros, eso es un treat. Pero también se refiere a una delicia, a algo que proporciona mucha felicidad obtenerlo, al estilo de cuando decimos “Me voy a dar un lujo“. Por último, se puede aplicar a las personas, como cuando antes se decía: “Menudo bombón“, y ahora se dice “Está como un quesito“. Una cancíón de Pink Floyd: Mary you’re nearly a treat but you’re really a cry… La idea de dulzura, de algo ñam ñam. Una chuche y lo dejamos actualizado y sonoro. Chuche, coño.

Chuche o trastada y queda con cierto equilibrio en las sílabas, manteniendo parte de la sonoridad original de la tr-.

¿Hay trato?

Eso nadie me lo puede quitar

Me han llamado muchas cosas en la vida. Para ser sincero, pocas veces han sido cosas bonitas (vaaale, nunca); pero hace poco me han dicho algo que me ha gustado mucho. Alakan, en su magnífico blog, ha escrito literalmente: “Yoku, eres un yonki de la libertad“. Coño, qué guapo.

Hay quién me ha dicho que soy ácrata, anarquista o cosas parecidas. Puede ser. Pero me gusta más esa definición de Alakan. Porque implica un impulso irrefrenable más que un constructo razonado. Me gusta eso de ser adicto a la libertad.

Por eso a veces me pongo tan radical y tan destroyer con ciertas cosas (ver comentarios en Plan de Convivencia). Yo no pido derechos porque no acepto deberes. Reivindico mi absoluta libertad total, alocada, sin normas, sin bordes, sin cortapisas.

Lo que me salga del puto nabo.

Para que no se me caliente la boca (recordemos que sólo soy un pobre yonqui y debéis ser comprensivos) pararé aquí mi panfleto fuck-it-all y me quedaré con unos versos de una preciosa canción, que siempre es mejor cantar que farfullar (soy consciente de mis limitaciones dialécticas).

Quién me iba a decir que iba ahora a volver a escuchar a Iron Maiden. Fue un grupo que me acompañó durante mi temprana adolescencia (cuando aún estaba el primer cantante Paul Di’Anno) e incluso los fui a ver en directo cuando vinieron a España con el nuevo, Bruce Dickinson. Ahora le gustan a mi hijo y estamos todo el rato emepetresizando los discos, renovando las cintas y vinilos con CDs y redescubriendo otros temas.

Para el curioso, mi hijo de 13 años y yo compartimos el triunvirato actual de grupos que más nos gustan: además de los Maiden, los americanos Linkin Park y los británicos Muse son nuestros favoritos y los que oímos a todas horas. ¿Cuántos de vosotros oís la misma música que vuestros chavales?

Bueno, que me estoy enrollando… la canción es Journeyman, y es bastante poética. He encontrado la versión en directo de la gira Death on the road (la tenemos en CD). Está más o menos subtitulada en español.

Sé lo que quiero
Digo lo que quiero
Y eso nadie me lo puede quitar

 

Y para que nadie piense que no hay esperanza y que siempre perderemos, un tema de Muse, Uprising, (también más o menos subtitulado al español). Atentos a los ositos del final, porque al final, saldremos victoriosos.

3.000

3.000 comentarios en este blog. Sorprendente. Me ha llamado la atención ver ese número justo y redondo. 555 entradas (mías) y 3.000 comentarios (vuestros) de las 66.270 visitas que he tenido.

Qué cosas…

Gracias a todos los que se han pasado por aquí.

Plan de Convivencia

Tengo en mis manos el documento que han elaborado en el colegio de mi hijo para regular la convivencia de alumnos, profesores y personal del centro. Literalmente ‘El contenido del Plan se resume en: las normas de conducta de obligado cumplimiento para los alumnos, los diversos tipos de faltas y sanciones, y el procedimiento disciplinario’.

Interesante. De manera que la convivencia trata de faltas y castigos. Y las normas son de obligado cumplimiento para los alumnos. Qué curioso.

El documento es espantosamente largo y concienzudo. Aterrador. No sé qué tipo de escrito entegrarán a un presidiario cuando ingrese en la cárcel. Supongo que será sencillo y directo: le dejarán claro los horarios y todo lo que no puede hacer. No creo que tenga tantas páginas como éste que hojeo ahora. Pero insisto, es de un colegio, no de un correccional o de una prisión federal del profundo sur de EE.UU. Y, así nos lo vendieron, de un colegio progresista (es absolutamente reaccionario, pero eso ya es otro asunto). Un colegio normal con chicos normales, muy majetes. Y el documento es aterrador.

Pero aún es más terrorífico saber que varias personas se han reunido para confeccionar esta sarta de barbaridades. Y terrorífico es pensar que ellos creen que hacen lo adecuado. Y sobre todo, me causa terror que los padres de los alumnos estén de acuerdo y se sientan satisfechos.

Esto sucede en un colegio de una ciudad moderna de un país europeo en el siglo XXI. En otras palabras: esto es el tope de modernidad y libertad que puede darse en la sociedad humana. Estoy horrorizado.

El totalitarismo y la dictadura consiguieron vencer definitivamente cuando se disfrazaron –burdamente– de democracia y libertad. La esclavitud obtuvo su mayor victoria cuando ofreció consumo y progreso a sus ciegos sirvientes. Miles de millones de felices borregos contentos por poder trabajar y comprar enseres. Por establecerse. Por acatar las normas de convivencia. Por ser esclavos para siempre con la mejor de las sonrisas.

Nuestros derechos caben en un billete de metro –y a menudo son pisoteados–. Nuestros deberes ocupan decenas de volúmenes. Y los castigos aparejados a su incumplimiento no dejan de regularse y aumentar.

Sólo quieren niños silenciosos y obedientes, moldeables, que acaten cualquier cosa que se les ordene; obreros temerosos, oficinistas sumisos, trabajadores acobardados: si aceptas lo que venga, más recortes, menos derechos, más humillación, menos libertades, conservarás tu puesto, tu exiguo salario, tu seguridad. Podrás pagar ese cuchitril por el que darás toda tu vida, podrás comprar lo que te digan que compres. Y sonríe, porque si te comparas con otros…

Os odio profundamente. Os detesto. No sabéis la suerte que tenéis: no he nacido en EE.UU. y nunca podré ser presidente de ese país. Yo no me andaría con tantos miramientos. Apretaría el puto botón rojo y os mandaría a todos a tomar por culo.

Os odio, uno por uno. A los amos y, sobre todo, a los esclavos.

Llevo demasiadas entradas seguidas con el puto tema de las montañas. Hay que cambiar de registro. Además, me encuentro bastante jodido en general y la única medicina que utilizo, la única que me devuelve un poco la paz de espíritu es una buena dosis de Pink Floyd.

Dos temas prodigiosos, sublimes, insuperables, perfectos, brutales, intensos, llenos de emoción y que crean una atmósfera tan fascinante que cuando revientan se produce una catarsis. Pura medicina.

Pink Floyd – Careful With That Axe, Eugene (Eugenio, ten cuidado con el hacha, 1973).

Pink Floyd – One of these days I’m going to cut you into little pieces (Un día de estos te voy a cortar en pedacitos, 1994).

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