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Etapa 2. Laguna de los Pájaros – Reventón – Rascafría – El Paular – Mirador de los Robledos.

Nochecita toledana. Así es como se suele llamar a las noches en las que no se ha podido descansar por la razón que sea. No sé muy bien por qué ocurre eso en Toledo. Sólo sé que el viento no me ha dejado dormir en condiciones. Aún así he tenido un período de sueño REM en el que estaba acampado y unas vacas me pisoteaban la tienda y la mochila. Qué cosas. Si he soñado es que he dormido y si he dormido es que he descansado. Así que arriba, holgazán.  

06:50 – Salgo del refugio y me encuentro con el amanecer. Está entero para mí. No tengo que compartirlo con nadie. El cielo se pinta de colores para saludarme. Qué privilegio estar aquí, ver esto, disfrutar de un nuevo día en este planeta. No necesito gran cosa: aquí se relativiza el dinero y el poder. Quizás nuestros políticos y banqueros deberían tener este tipo de experiencias y, me cuesta creerlo, ver cómo es el mundo en realidad. Tal vez dejarían de hacer el mal y se dedicarían tan sólo a vivir. Bueno, me dejo de filosofías y vivo intensamente el momento de extrema belleza y serenidad que se dibuja ante mis ojos.  El viento se ha calmado con la salida del sol (igual sucede en el mar) y dispongo de un buen rato de tranquilidad para desmontar el campamento. No quiero que venga ahora un guarda del parque y me eche la charla por dormir aquí y me amargue la buena experiencia. Creo que si alguien monta la tienda al anochecer, la levanta al amanecer y no deja rastro alguno de su presencia, no está cometiendo delito alguno.

Amanecer en la Laguna de los Pájaros

Amanecer en la Laguna de los Pájaros

 Es increíble que uno pueda llegar a la montaña en coche, desplegar mesas, sillas, neveras, niños con pelota lanzando bolsas de patatas por las rocas, arrojando latas de refrescos al río, la música a todo volumen… y eso sea bueno y medioambientalmente sostenible; y que yo esté cometiendo un delito por el que podría ser juzgado. Las leyes las redactan gordos malévolos en sus despachos, cuyo único contacto con el “campo” es cuando van a cazar ciervos y jabalíes al coto del cuñado del empresario que les unta para recalificar terrenos. Matan un poco, engullen buenos asados, caros vinos, puros, putas, y el domingo por la tarde a casita, que el lunes hay que gobernar a esta masa de gilipollas. Y ese puto bosque, me lo talen, que así evitamos los temidos incendios en verano, que restan votos. Y de paso construimos un campo de golf, que eso sí que es bonito y sostenible. Lo siento, no puedo evitar el sarcasmo; creo que en el fondo tengo razón.

Desayuno con apetito. He decidido no calentar nada de lo que tome por el respeto absoluto que tengo a la naturaleza. Lo gracioso es que aquí se puede fumar. Al día siguiente leí un cartel en el bosque de la Angostura: Prohibido tirar cerillas o colillas sin asegurarse de que están totalmente apagadas. ¡Me cago en tu puta madre! ¿O sea, que se puede arrojar basura asquerosa al bosque mientras no esté ardiendo todavía? Hay que joderse… En fin, creo que uno debe seguir sus valores y no dejarse contagiar por la cenutriez que le rodea sin remisión.

8:27 – Todo recogido, debidamente lavadito (lo que viene siendo un gato) y en marcha. El día se ha levantado espléndido, pero llevo el cortavientos encima de dos capas de ropa. Salgo por el senderillo que se adivina en el aliviadero de la laguna y me alejo del lugar mágico donde he pasado la noche.

 El camino es suave y sin problema alguno. Tras llanear un poco veo que hay que descender al puerto y desde ahí remontar a los Neveros. Estoy de magnífico humor y me siento muy bien. Echo una miradita atrás para despedirme de la laguna, pero ya no está visible. Sin embargo, la perspectiva del Risco de Claveles es preciosa y nueva para mí.

El Cordal que voy a seguir

El Cordal que voy a seguir

Risco de Claveles desde el camino al Puerto de los Neveros

Risco de Claveles desde el camino al Puerto de los Neveros

El terreno es suave, con amplios prados alpinos salpicados de enebros rastreros y retamas pequeñas. Se baja con facilidad con amplias vistas a ambos lados: la llanura segoviana a la izquierda y el valle del Lozoya a la derecha.

08-44 -  Puerto de los Neveros (2.121 m). Hay un poste con señales de madera indicando los tiempos a Claveles y Peñalara. Al lado segoviano se distingue el embalse del Pontón, La Granja y el Moño de la Tía Andrea. Y la inmensidad de la meseta castellana a lo lejos.

Segovia desde el Puerto de los Neveros (2.121 m)

Segovia desde el Puerto de los Neveros (2.121 m)

Comienzo la subida hacia el pico, que presenta una pequeña cresta rocosa. Enseguida se ve una especie de muralla de piedra seca, que cruzo en un lugar derruido para seguir subiendo por la derecha, buscando el camino entre las rocas por el lado que da a Lozoya. No es una cresta complicada ni aérea y se hace muy bien y es entretenida, entre granito y retamas amarillas.

08:57 -  Alto de los Neveros ( 2.136 m). Las vistas son magníficas a ambos lados, y entre las rocas se ven formaciones que fueron torretas y baluartes de la Guerra Civil; un aperitivo de lo que me encontraría a partir de ahora en estos altos.

Alto de los Neveros (2.136 m)

Alto de los Neveros (2.136 m)

09:05 – Según el libro de Domingo Pliego, hay otra cota en la lista: Segunda Cumbre de los Neveros  (2.121 m), que me apunto sin saber muy bien si tiene sentido este tipo de contabilidad. No me importa tanto el listado como recorrer toda la Sierra de Guadarrama usando esa lista como excusa. Pero no me quiero obsesionar con unas marcas en un mapa.

El sol aprieta y me quito el cortavientos Una vez superada esta pequeña cresta rocosa (fácil y bonita) vuelvo a transitar por terreno muy suave y ondulado, con el piso de piornos y retamas que crece por estas alturas. Hay que ir buscando el mejor paso, pero hay algún hito que facilita las decisiones. Se desciende suavemente al siguiente colladito entre piornos con algunos hitos, no muchos, pero sin pérdida posible.

09:28 – Collado de Hoyo de los Poyales (2.021 m). Es un lugar ancho y abierto desde donde tomo dos fotografías. En el lado segoviano y algo más abajo, veo las primeras vacas, que serán los únicos mamíferos que me acompañen hoy.

Macizo de Peñalara y Claveles desde Hoyo de Poyales (2.021 m)

Macizo de Peñalara y Claveles desde Hoyo de Poyales (2.021 m)

Montón de Trigo y Cordal de la Mujer Muerta desde una perspectiva inusual

Montón de Trigo y Cordal de la Mujer Muerta desde una perspectiva inusual

Ahora hay una pequeña subida hacia unas rocas que se ven destacadas a la derecha del camino; seguimos ya casi llaneando y se alcanzan otras surgencias rocosas que parecen ser la cota de 2.072 m que anuncia Pliego. Pues vale. Al saco. Otras rocas a la izquierda, que ahora no se apuntan como dosmil, y una ligera bajada hacia el Collado de Oquendo (2.054 m, aunque a mí me da 2.063 m, cosas del GPS). Son las 10:02 y llevo 4 kms desde Pájaros.

Desde el Collado del Pinar de Oquendo

Desde el Collado del Pinar de Oquendo

El pinar de Oquendo parece una repoblación de las faldas del macizo de Peñalara en la vertiente segoviana. Ahora me toca realizar una subida importante hacia el siguiente pico. No es en absoluto complicada y tampoco es muy exigente. Al comienzo de la ascensión me encuentro unas gafas de sol de Adidas que no están nada mal. Como no me he cruzado con nadie, de estar por aquí su dueño estará más adelante y no más atrás. Las cojo por si veo a otro andarín, pero hoy toda esta cuerda está para mí solito. Remonto esta ladera inclinada, con cada vez más rocas y arbustos, pero sin mayores contratiempos. Por el camino me han asaltado así como ochocientos mil saltamontes: simpáticos camaradas que me acompañarán el resto del día con sus saltitos y aleteos. Los hay de todos los tamaños y colores.

10:17 – En apenas un cuarto de hora he subido al Alto del Morete (2.133m). En esta cumbre es donde más restos de la Guerra Civil me encuentro. Su cima es alargada y se encuentra llena de trincheras, parapetos y restos de construcciones defensivas de cuando nuestros abuelos se liaron a hostias. O sea, como ahora pero con balas. Mientras recorro estos restos de nuestro pasado más negro no dejo de maravillarme de cómo una especie tan rematadamente estúpida ha llegado a creerse el centro del universo.

Lozoya desde la subida al Morete (2.133 m)

Lozoya desde la subida al Morete (2.133 m)

Hacia el lado segoviano tenemos esta vista completa del citado pinar de Oquendo, la cresta de Siete Picos, el Minguete, Montón de Trigo y la Mujer Muerta. ¿Alguien da más?

Vista de la vertiente segoviana desde el Alto del Morete (2.133 m)

Vista de la vertiente segoviana desde el Alto del Morete (2.133 m)

Sigo circulando por restos de antiguas fortificaciones derruidas y rellenadas, buscando el paso entre las piedras caídas, las retamas y los piornos. Es una larga meseta que tiende a bajar y que muestra un nuevo resalte rocoso, otra cota de la colección: Cota NE del Morete (2.095 m).

Cota NE del Morete (2.095 m)

Cota NE del Morete (2.095 m)

Van cayendo dosmiles sin mucho esfuerzo. Pero como he dicho, no me preocupa en absoluto pasar exactamente por todas las cotas sino recorrer la sierra y explorar terrenos que desconocía. Todo este cordal es nuevo para mí y no está nada mal. Es sencillo de recorrer y las vistas son espléndidas. Bien es cierto que técnicamente no suponen ningún reto (quizá como mucho la subida por los Neveros y el Morete aportan algo parecido a la sensación de subir una montaña, pero son extremadamente cortas y sencillas). Pero el paseo es bonito y estoy disfrutando. Sólo un pero: el día está enturbiándose, y unas nubes altas afean el cielo, aportan agobio, y aunque a estas alturas el viento sopla lo suficiente como para que no haga calor, en el valle tiene que hacer un tiempo más bochornoso.

Yo ahora tengo una bajada con los acostumbrados piornos hasta el Puerto del Reventón, cuyo conocido mojón cilíndrico veo desde lejos, igual que la valla de piedra seca que separa Madrid de Segovia y asciende al pico del Reventón, cuyo vértice geodésico también se aprecia perfectamente.

 10:47 -  Puerto del Reventón (2.038 m). He invertido media hora justa en llegar desde Morete al puerto. Exactamente lo que marca Pliego en su guía (sus tiempos son bastante aproximados a los que hago, en esta excursión y en otras que he realizado siguiendo sus indicaciones).

Me toca descansar, relajarme unos minutos, tomar un tentempié e hidratarme. Valoro la posibilidad de dormir aqui esta noche: la valla de piedra hace justo un esquinazo que me protegerá del viento (siempre que no sople por el lado abierto, como suele suceder). El lugar es ciertamente desolado y carece del encanto de la Laguna de los Pájaros. Pero era mi primera opción desde la planificación en casa porque en mi mapa hay una fuente no lejos del puerto con el indiscutible nombre de Fuente del Reventón. No hace falta decir que desde el manantial de Pájaros no he vuelto a ver nada que se asemeje al agua en estas cumbres. De momento no tengo problema porque es pronto, apenas he tenido que beber y aún conservo las provisiones de agua helada. Pero el día será largo y la caminata no ha hecho sino empezar. Con estas –importantes– consideraciones en la cabeza me hago una arretrataura que me queda de medio lado; además el viento me mueve el cortavientos que llevo por fuera de la mochila. Pero como el modelo es el que es, tampoco importa demasiado.

En el monolito del Puerto del Reventón (2.038 m)

En el monolito del Puerto del Reventón (2.038 m)

Para el curioso, el cilindro presenta la siguiente inscripción: LA SOCIEDAD MILITAR DE EXCURSIONES A SU PRESIDENTE EL TENIENTE CORONEL IBÁÑEZ MARÍN 23 JULIO DE 1909 EN MELILLA B. LÓPEZ  ??? 1910

11:12 -  Termino el descanso y decido que puedo dormir aquí sin problemas; y me dirijo hacia la cima del pico que da nombre a este puerto. La cuesta es corta y llego en 12 minutos. Una manada de vacas ha tomado el lugar y hago unas fotos para que conste que se pueden sumar un dosmil; a ver quién termina antes la lista. Esto es como la carrera de Edurne con los ochomiles, sólo que yo compito con la Vaca Paca. A cada uno lo suyo.

Reventón (2.079 m)

Reventón (2.079 m)

Cuernos en el Reventón

Cuernos en el Reventón

11:24 – Pico del Reventón (2.079 m). Desde aquí me encuentro en un terreno prácticamente llano. Es una enorme y larga extensión de piornos, con una valla a mi derecha que separa ambas Comunidades. No tienes la sensación de ir por una cumbre, sino por una meseta alta. La única dificultad es sortear los piornos, las retamas, otras leguminosas de flores naranjas que no sé cómo se llaman y las vacas con sus terneros que pueblan esta zona. El día se está convirtiendo en pegajoso y no tengo ya tan buenas sensaciones. A lo lejos veo la cumbre de la Flecha,  mi siguiente objetivo.

Avanzo rápidamente por esta extensión y llego a la cota al N del Reventón (2.042 m, a mí me da cuatro o cinco más). Desde aquí veo el siguiente puerto al que tengo que bajar antes de ascender a la Flecha.

Cota al N del Reventón (2.042 m)

Cota al N del Reventón (2.042 m)

Pero la cosa se complica. Cada vez hace más calor. Y no veo la manera razonable de bajar desde aquí hasta el collado que se vislumbra bastante más abajo. Me asomo por todas partes y no veo camino. La zona más accesible sería una ladera inclinada de piornos que baja sin contemplaciones. Pero bajar por ahí sin camino sería agotador y no me apetece nada. Especialmente porque tengo que llegar al collado, subir la cuesta de la Flecha (que tampoco es demasiado retadora como montaña, y volver a realizar el camino de vuelta. Me entra un poco de mal rollo. Para colmo de males, las indicaciones de la guía son al revés, es decir, desde la Flecha hacia donde estoy. Y no son demasiado precisas y son ambiguas, dejando al libre albedrío la subida hacia la cota donde me encuentro, para evitar justo las rocas donde estoy ahora mismo. Genial. Comprendo que me tengo que tirar por la ladera de piornos a saco para bajar al colladito y recordar bien el camino de ida para no equivocarme a la vuelta. Y total por acceder a un vértice geodésico más. No me apetece.

Sigo un buen tramo el sendero que desciende de las rocas con la esperanza de que haga una curva y gire a la derecha para bajar al collado, pero hacia donde gira es a la izquierda. Saco un mapa y veo que además de las cotas que lista Pliego hay otras tres, un poco más alejadas en la vertiente segoviana y que veo perfectamente desde donde estoy… más abajo del resalte donde me encuentro.  Joder, una de ellas es Peñas Buitreras. Alguno la conocerá porque se ve muy bien desde La Granja y tiene un chorro muy característico que despeña el agua muy cerca del pueblo. Es un risco muy bonito. ¿Qué hago? ¿Lo bajo? ¡Sí, tendría que bajar para subir a su cima! Me río yo solo. Peñas Buitreras es un risco complicado de subir, al menos eso creo yo que sólo he ido hasta el Chorro, y los paredones se vuelven completamente verticales. Pero si subo una montaña será de abajo arriba, ¿no? No de arriba abajo. Qué lío tengo. ¿Me sentiría bien diciendo que he estado en la cima de una montaña cuando lo que he hecho es bajar desde un camino plano y dar cuatro pasos hasta su cumbre rocosa? Decididamente no. Si algún día subo Peñas Buitreras será desde La Granja.

12:21 – Se me han ido cuarenta minutos en ir y volver, bajar un poco, mirar por aquí y por allá y no decidir nada. Así que rompo la baraja y me vuelvo por donde he venido. Algún día subiré a la Flecha desde el Puerto de las Calderuelas y, si es posible, en invierno y con nieve, para adecerar un poco el monótono vagar por estos piornos.

Deshago el camino y le hago una foto a la cota desde donde me ha entrado todo este follón mental.

Cota al N del Reventón (2.042 m)

Cota al N del Reventón (2.042 m)

No quiero perder el sentido del humor, pero estoy cansado, no he llegado hasta donde quería y tengo la sensación de estar en un terreno inhóspito. Hablo con las vacas que me encuentro y les pregunto qué hacen por estos andurriales.

Familia Vaca. Al fondo la Flecha

Familia Vaca. Al fondo la Flecha

Ahora tengo en frente el camino que he hecho esta mañana. El macizo de Peñalara se encuentra bien lejos. He caminado bastante, la verdad. Me siento un poco cansado y el runrún del agua no deja de atosigarme: “Por aquí no hay agua, Fran“. Con la que tengo no puedo pasar el día y la noche y mantener algo para desayunar y aguantar el camino hasta que encuentre una fuente.

Macizo de Peñalara desde el camino de vuelta al Reventón

Macizo de Peñalara desde el camino de vuelta al Reventón

Agua. El año pasado las pasé realmente putas por este tema. Estaba completamente perdido y deshidratado, y sé que en esos casos el cerebro funciona peor (el mío ya lo hace estando en condiciones normales). El razonamiento se confunde y se tiende a tomar decisiones muy equivocadas. Ajá, pienso, entonces es que me he pasado la vida deshidratado, porque sólo he tomado decisiones equivocadas.

Subo ahora al vértice del Reventón, no vaya a ser que alguien me saque los colores porque diga que no he subido las cuatro piedras que sujetan el cilindro.

Panorama desde el vértice del Reventón (2.038 m)

Panorama desde el vértice del Reventón (2.038 m)

 13:45 . De nuevo en el Puerto del Reventón. No me entretengo demasiado. He decidido que voy a comer en la fuente anunciada en el mapa. Una vez alimentado e hidratado, podré decidir con más claridad. Inicio el claro descenso a Rascafría desde el puerto. No tiene que estar lejos…

Primeros pasos del camino desde el Puerto del Reventón a Rascafría

Primeros pasos del camino desde el Puerto del Reventón a Rascafría

¿Fuente? En este terreno desolado no puede haber una fuente. Vuelvo a mirar el el mapa y me aparece la jugosa fuente en el mismo camino que sigo. No existe. Si la hubo, no está. Y si está, que alguien me diga por favor dónde. Aquí ya no me puedo quedar a pasar la noche. Dormir en estas laderas desoladas sería un suplicio, y volver a subir al puerto para pasar la noche sin agua en esa valla de piedra… sin hacer nada desde ahora hasta la noche… Tengo que bajar a Rascafría, reponer las reservas de agua y dormir en el valle. Hala, para abajo. La guía me dice que voy a tardar ¡3 horas! en bajar desde el Reventón a Rascafría. ¿Pero cómo puede ser eso? ¿Tres horas bajando? Se habrán equivocado.

El camino es completamente de bajada, sin descanso y por unas laderas salvajes sin cobijo ni comodidades. El camino pedregoso va negociando zetas interminables.

Zetas y más zetas en el descenso del Reventón

Zetas y más zetas en el descenso del Reventón

Son las dos de la tarde, hace un calor insufrible, no hay sombra, no hay árboles, haces una curva, continuas quinientos metros, la curva ahora te devuelve en dirección contraria sólo que diez metros más abajo de donde venías… no hay otra manera de salvar el enorme desnivel que tienen estas laderas agrestes. Decido parar a comer. No tengo sombra. Me siento en una piedra irregular rodeada de pinchudos piornos y me trasiego la manduca sin hambre. Y a seguir descendiendo.

En otras condiciones diría que el paisaje es hermoso a su manera. Y lo es. Pero estoy cansado, me duelen los pies por el calor y las piedras. Noto las primeras ampollas saltando jubilosas en las botas.

Vistas del valle en el descenso desde el Reventón

Vistas del valle en el descenso desde el Reventón

Aparecen los primeros pinos de repoblación. Ejemplares minúsculos que bordean el camino y que lo delimitan, ocultando el enorme desnivel de las laderas dominadas por los piornales. Escucho el retumbar del arroyo del Paular que baja bravío por este barranco, que el camino no llega a atravesar en ningún momento. Un nevero en la cabecera del arroyo es el culpable de tanta agua y tan alejada de mí. 

Barranco del Arroyo del Paular

Barranco del Arroyo del Paular

Cómo estaré de agotado que me topo con el grillo más bonito que he visto en mi vida, con su ovipositor enorme y unos colores irisados inmejorables… y no me agacho a hacerle una foto. Tendría que desenganchar el cinturón de la mochila, la travilla del pecho, dejar todo en el suelo, arrodillarme ante la grilla, esperar que se quede quieta, probar cuatro o cinco fotos, recolocarme el macuto… qué pereza. A quién sí tomo un daguerrotipo es a este congénere que se quedó sin agua por estos andurriales.

Otro que se quedó sin agua

Otro que se quedó sin agua

La pista desemboca en otra que la cruza en horizontal. Estoy en el Raso de la Cierva y mi camino se mete por fin en un bosque. Es un pinar de verdad.

Pinar en el Raso de la Cierva

Pinar en el Raso de la Cierva

La cosa cambia. El piorno deja paso al brezo, señal de sombra y humedad. El camino se parece mucho a los que hice el año pasado por la zona de Abantos y el GR-10 por la sierra de Malagón.

El brezo, suave y fragante

El brezo, suave y fragante

 Me encuentro con un roble, el primero que se ha perdido en este pinar. Inmediatamente miro el GPS y encuentro la respuesta: estoy a 1.585 m. He descendido desde más de 2.000 y a esta altitud ya pueden sobrevivir los robles. Me detengo y repaso el día. Llevo 19,23 km y 7 horas de actividad. Y aún me queda bastante para llegar al pueblo y casi no me queda agua.

Cada vez los robles son más abundantes, hasta que pasada una verja que avisa de la entrada en un coto privado de caza (ahí es donde van a cazar jabalíes y corzos los politicastros que luego hacen las leyes cretinas contra los montañeros) entro en un robledad inmenso que se llama Los Horcajuelos. Es ladera sur, un bosque tupido y eso significa insectos y más insectos. El robledal es bonito, pero no estoy yo para apreciar tanta belleza y tanta tontería.

Los Horcajuelos

Los Horcajuelos

Sólo quiero llegar a la Fuente del Chorro que aparece en mi mapa (el que lo confeccionó era o un cachondo o un hijoputa) al desembocar este camino en el pueblo. La proximidad del tal chorro me permite detenerme a captar a este enorme ciervo volante.

Ciervo volante

Ciervo volante

Este camino por fin desemboca en otro más abierto desde el que veo a un lado el monasterio del Paular y al otro las primeras casas de Rascafría. Veo una especie de polideportivo en las afueras y hacia él me dirijo, convencido de que la Fuente del Chorro se encuentra a su vera.

16:33 – Ni fuente, ni chorro, ni nada. El poli es de reciente construcción y está cerrado. Enfrente hay una centro cultural y alguna casa aislada. A mi derecha está el helipuerto (!). Pero nada de agua. Veo una cruz a la sombra y me detengo a descansar. Estoy molido. No he tardado las tres horas anunciadas, pero casi. La bajada del puerto es agotadora. ¿Cómo será la subida? Con razón le pusieron ese nombre. Me hago un café con leche con el último resto de agua que me queda y pienso mientras en lo dura que tendría que ser la gente en la Edad Media. Sin gore-tex, sin vibram, sin mariconadas. Unas abarcas de esparto, unos trapos en los pies en invierno, y a subir el carro con los productos que tuvieran que transportar desde aquí a Segovia. Con calor, con nieve… qué huevos tenían nuestros antepasados. Y yo quejándome por no tener agua…

La cruz de piedra está pegada a lo que veo que es un parque. Estoy salvado. Veo a unas chicas jóvenes más abajo y me dirijo a ellas con paso resuelto. “Disculpad, ¿sabéis dónde hay una fuente?“. “No, no hay ninguna. Que yo sepa no hay ninguna por aquí“. Vaya, no hay fuente. Estoy en un parque sin fuente. Como en Madrid, qué casualidad. Debe de ser la consigna de los alcaldes de la Comunidad: ni un parque con fuente. Me encuentro justo a la salida del pueblo, en la carretera que se dirige al Paular. ¿Qué hago? Son las cuatro y media. Necesito agua YA. Cuando cuento esto es muy fácil decir: “Pues te vas al pueblo, entras en un bar y te pillas bebidas y lo que sea, cara huevo“. Vale, eso podría haberlo hecho y lo pensé unos segundos. Pero no era consecuente con mi filosofía de ser autosuficiente. Y no me apetecía ir de un sitio a otro de un pueblo con ese calor, a la hora de la siesta intentando encontrar un lugar donde comprar lo que se suponía que debía encontrar por mi cuenta. Rompía las reglas del juego, por muy tonto que le parezca a alguien que no comparta mis ideas (el 99% de los humanos).

Tomo el carril que han hecho desde el pueblo hasta el Puente del Perdón, enfrente del monasterio. Es un largo paseo y seguro que además de los banquitos han colocado alguna fuente. Pues no, mira tú. Dos kilómetros de carril bici con descansaderos y sin agua. ¡Anda, como en Madrid!  Tendré que mirar si el alcalde de Rascafría es primo de Gallardón o han hecho el cursillo en la misma academia de psicópatas.

Pero no pasa nada. Sólo tengo que llegar al Puente del Perdón, cruzarlo, llegar al Bosque de Finlandia y saciar mi sed en la Fuente del Botijo, que conozco y que sé de su existencia probada y real. Tardo más de lo que debiera, porque mis ampollas reclaman atención en forma de dolores insufribles y alegres llamaradas de escozor infinito a cada paso. Por fin llego a la ¿fuente?: del caño sale un mínimo chorro que huele mal y que ha embarrado todo alrededor. Miles de insectos pululan en el fango. Lleno a medias una de las botellas mientras me pican los bichardos. Pruebo el líquido… sabe a demonios, a moho o algo peor. Joder, no me lo puedo creer. En otoño manaba el agua de una manera tan fuerte que casi era imposible llenar el envase. Decido no rellenar las otras dos botellas. Tomaré el RV1 y seguro que encontraré una fuente no conectada con los retretes del infierno.

Cada decisión es peor que la anterior. Ahora es muy fácil descojonarse de mí y decirme lo que tenía que hacer, pero en ese momento las cosas son distintas: estoy muy cansado, llevo ocho horas andando por caminos duros, apenas he comido, tengo los pies deshechos, los labios resecos e hinchados, tengo que buscar agua y un lugar alejado de la civilización donde poder pasar la noche. Son muchas cosas y cada vez se complica más. Llego a las Presillas, una zona donde hay gente en bañador en las praderas que han plantado al lado de una pozas de baño del río Lozoya. La gente medio en pelotas tomando helados y yo con 20 kg a la espalda cruzando ante ellos. Como un puto marciano. Sigo un poco más y me siento debajo de unos robles. Saco las dos bebidas de frutas que traía para merendar y me las bebo de dos tragos. Están buenas y parecen bastante naturales: contienen un montón distinto de frutas y me llenan de energía. La inyección que necesitaba para seguir adelante y llegar hasta la siguiente señal de fuente que viene en mi (fucking) mapa. La primera parte de este camino ya la había hecho en un par de ocasiones, porque es común con el que se dirige a las cascadas del Purgatorio. Pero en un cruce se separan y yo sigo por el RV1, que es el que me llevaría por todo el valle de la Angostura de vuelta a Cotos mañana por la mañana. Es una putada llevar un río al lado cuando te estás muriendo de sed. Imposible beber de ahí. Además del tráfico humano que hay en la zona, hay explotaciones ganaderas y ganado suelto por todas partes. Y los herbívoros tienen la fea costumbre de cagar donde beben. Vete tú a saber qué ventajas evolutivas les traerá este hábito tan curioso; pero para los españoles es una ligera putada que la mayoría de los ríos y arroyos estén contaminados (no sólo por las vacas, especialmente por los humanos, pero no voy a entrar ahora en el tema). Oyes el Lozoya, cantarín y risueño saltar por las piedras. Y tu lengua se queda pegada a los labios hinchados. Y las ampollas también se pegan y se despegan.

Qué bien me lo estoy pasando.

Agua. Lozoya. Estoy hasta la p...

Agua. Lozoya. Estoy hasta la p...

Bien. Restaurante La Isla. Al otro lado del río, más adelante. Parece que en el mapa hay un puente. Es cuestión de avanzar incansablemente hasta dar con tal isla de felicidad en medio del bosque. No sé ni cuánto tardo ni hago más fotos ni pienso en nada. Llegar a la Isla, comprar todo lo que tengan, o robarlo, o matar a los propietarios, o secuestrar a la joven y bella hija de estos, o llamar a la policía exigiendo billetes pequeños y un helicóptero (tienen uno, porque he visto el helipuerto). Pero yo quiero AGUA, esmoc on de guoter, o lo que sea. Y lo quiero ya.

Veo un puente. Lo veo de casualidad porque no está nada claro desde el sendero que sigo. Pero tengo una valla metálica que me impide pasar. Yo me deshuevo ya… Joder con el guionista. Se está sobrando conmigo. Investigo y encuentro la manera de cruzar la puta verja. Luego me tengo que arrastrar como un gusano por unos árboles que cierran el paso y consigo encontrar la manera de llegar al puente. Restaurante La Isla… cerrado. No pasa nada. Cruzo el puente y llego al otro lado. Un parking. Unos señores. Les pregunto si saben de alguna fuente. Con acento argentino responden que no saben. Veo otro restaurante… cerrado. Salgo a la carretera. Ya sólo me queda una opción. O sale bien o me muero. Hay un símbolo de fuente en el Mirador de los Robledos, donde se encuentra el Monumento a los Guardas Forestales. He estado dos veces ahí, sé llegar, está a un kilómetro de donde me encuentro. Nunca he visto si había fuente porque no la he necesitado. Pero viene el dibujito en el mapa hecho por Hannibal Lecter. Venga, mil metros más. Si fuera corredor lo haría en 4 minutos (soy paquete). Pero tardo casi 20. Cosas del agotamiento, las ampollas y las mochilonas. Cuando llego a la caseta me encuentro con la cuadrilla de vigilancia de incendios. Mira qué bien. A ver ahora dónde duermo yo. Les deseo buenas tardes y les pregunto por la fuente…

¡Y existe! ¡Es real! ¡Está ahí mismo! Con su grifo, con su pulsador, con su agua… Bebo como un camello hasta que se me sale por las orejas y luego un poco más. Mientras relleno las botellas veo cómo se montan en los dos todoterrenos y se largan. Se ha acabado el turno (son las 19:40) y me dejan solito y repleto de agua como un odre viejo.

La caseta es abierta, pero tiene techo, dos bancos y no está nada mal para dormir protegido del viento. Pero expresamente prohibe siquiera el paso, al ser de uso de la brigada contraincendios. No descarto venir a pasar la noche aquí si no consigo encontrar un lugar apropiado en la zona. Y es que estoy ya molido. Me meto en el bosque, busco un lugar tranquilo, elijo un claro rodeado de pinos y suelto la mochila.

19:44 – Doy por terminado mi día. He caminado 34,15 km durante 11h y 17′ y he ascendido 12 dosmiles. Se acabó. Aquí tengo agua a demanda, toda la que quiera, y desde este punto puedo reincoroporame al camino que he de seguir mañana en 20 minutos. Perfecto. Voy a hacer una llamada y veo que no hay cobertura. El frondoso bosque no deja pasar la señal. Me alejo hasta la pista asfaltada y me doy cuenta (el cerebro vuelve a funcionarme gracias al agua) de que si me descuido no sé volver a donde he dejado la mochila. Entonces voy tomando referencias y dejando pistas que me permitan volver a donde tengo todo el material. Y hago bien, porque en cuanto me separo unos pasos, las sombras del bosque mixto de robles y pinos ocultan por completo todo. Eso es bueno, porque aunque estoy a poco más de 100 metros de una pista forestal, nadie podrá verme si monto el campamento.

Vuelvo gracias a las miguitas que he ido dejando y monto el refugio, preparo las cosas del dormir y me hago la cena. Estoy tan cansado que me meto en el saco muy pronto. Aquí hace calor y no necesito tanto abrigo. Estoy desnudo dentro del saco, sin funda de vivac y con la puerta abierta del refugio. El bosque está plagado de insectos, pero en cuanto desciende la temperatura se van las moscas y sólo quedan millones de arañas de todos los tamaños y colores. Veo que son totalmente inofensivas y no les doy más importancia. La noche se va adueñando del bosque y mis ojos se van cerrando.

Entonces oigo unos rápidos zancos y unos ladridos de alarma muy típicos de los corzos. Oigo perfectamente cómo pasa uno muy cerca de donde estoy, pero las sombras me impiden verlo bien. Va apurado, ladrando de forma lastimera. No sé qué le habría pasado al pobre. Cierro la puertecilla, cierro los ojos y descanso como el niño que soy.

Hasta mañana.

 

Laguna de los Pájaros - Reventón - Rascafría - Mirador de los Robledos

Laguna de los Pájaros - Reventón - Rascafría - Mirador de los Robledos

Etapa 1. Puerto de los Cotos a la Laguna de los Pájaros

La mayoría de las personas entienden por “tener una aventurilla” tontear con Pili, la de Administración; intercambiar miraditas, un cumplido aceptado en la máquina del café (ella toma capuccino sin azúcar), un par de insinuaciones sonreídas y un ligero besito en los morretes el día de la cena de navidad de la empresa, después de tomar dos copas en la discoteca ésa que conocían Cháves y Fonsete, los de Marketing, que es un antro insufrible. Generalmente, ahí termina todo.

Para mí, tener una aventurilla es pasarme unos días solo en la naturaleza, depender sólo de mí, explorar lugares que no conozco o disfrutar de los que ya he visitado anteriormente. Consiste en vivir conmigo mismo, sin nadie más, solventarme los problemas que puedan aparecer, salir adelante y tener una experiencia enriquecedora y natural. No busco grandes peligros ni enfrentarme con situaciones de vida o muerte. Es algo sencillo y simple, sin mayores alardes ni objetivos.

Con la excusa de los Dosmiles de Guadarrama podía aproximarme a una zona de la sierra que desconocía por completo y que tenía ganas de visitar. Uno tiende a repetir las rutas que conoce, bien porque son muy hermosas o porque son las que quedan más cerca de su casa o por ese hábito de repetición que tenemos los humanos. He ido muchas veces hasta la Laguna de los Pájaros, en todas las estaciones, con calor, con nieve, en primavera… y nunca había pasado de ella. Era mi límite por esa parte de Guadarrama. Y tenía ganas de ver qué había más allá.

El 6 de julio, a las 18:00 estaba aparcando el coche en el Puerto de los Cotos (1.830 m). La tarde era espléndida, con una luz muy hermosa y cálida, y me encontraba de magnífico humor. Humor que disminuyó al cargarme a los hombros el enorme mochilón que me había preparado con los enseres y chuminadas de la entrada anterior. Hay algún coche más, pero el puerto está completamente tranquilo y en silencio. Última revisión de todo lo que tengo que llevar, ajustes varios de correas, botas y demás y me pongo en marcha.

18:06 – Empiezo a contar desde el segundo aparcamiento. Subo por la vereda de madera que corre paralela al arroyo y llego a la caseta de los guardas. Tengo mis dudas sobre si me dirán algo: es indudable por el volumen de mi macuto y porque llevo el aislante por fuera que voy a hacer noche en la montaña. Con esa manía estúpida de no dejar acampar es posible que me digan algo. Pero me saludan los dos y sigo mi camino. Paro en la fuente Cubeiro a llenar el buche de agua helada; llevo 3 litros de agua conmigo. Poco para la estación en la que estamos y la escasez de agua que hay en las cumbres; pero no puedo llevar más peso. Hoy no tendré problema, pero mañana…

El primer tramo hasta llegar al circo glaciar de la Laguna Grande de Peñalara es un paseo muy agradable, con vistas magníficas sobre el Valle de la Angostura y la Cuerda Larga.

Cabeza Mediana y la Sillada de Garcisancho

Cabeza Mediana y la Sillada de Garcisancho

Recomiendo en alguna ocasión subir a Cabeza Mediana (1.682 m), pues es la única montaña entre los cordales de Peñalara y la Cuerda Larga, de forma que estás en medio de ambos macizos. En otoño o invierno, con nieve en ambas, es precioso. Y nunca faltan los corzos por esos bosques mixtos de pinos, robles, acebos y abedules.

A mi derecha, Cabezas de Hierro (2.381 y 2.374 m), rivales de Peñalara y Claveles en altura y hermanamiento.

Cabezas de Hierro (2.381 m)

Cabezas de Hierro (2.381 m)

El camino es fácil y sin pérdida posible, de forma que los fines de semana se convierte en una peregrinación de paseantes de todo pelo y no siempre conscientes de dónde están y de cómo comportarse. Llegar a la Laguna Grande de Peñalara no tiene ningún problema y accede demasiada gente. Ya hace años que rodearon la laguna con una valla para que nadie pueda acercarse (y lanzar botellas, bolsas usadas de aperitivos, compresas y esas cosas que la gente suele transportar durante kilómetros para luego arrojar en el lugar apropiado). El equilibrio de las lagunas es muy frágil y estaba en serio peligro. Ahora, gracias a la accesibilidad de la ruta y la llegada de humanoides que vienen aquí a destruir, ya no podemos aproximarnos a sus orillas. De cualquier modo, hoy por aquí no hay absolutamente nadie y lo tengo todo para mí. Me empapo de la grandiosidad de las vistas y sigo mi camino.

Peñalara desde la entrada al circo glaciar

Peñalara desde la entrada al circo glaciar

La vista del circo es magnífica: Peñalara y Dos Hermanas abrazan a la Laguna Grande, que no es visible aún y que resposa a sus pies. El valle es jugoso y verde, con el riachuelo saltarín por el que vacía la laguna y que recibe varios nombres; me quedaré con el más simple: Arroyo de la Laguna. Más abajo confluye con el de Peñalara, luego con el de Guarramillas, para unirse al de la Angostura… que remontaré el día 8, para desembocar en el río Lozoya. Nuestras vidas son los ríos, etc.

Puente sobre el arroyo de la Laguna

Puente sobre el arroyo de la Laguna

Antes de llegar al puente hay un cartel señalizando un área de descanso (?) que antes no estaba. Es el caminito que lleva a la Laguna Chica de Peñalara, mucho más modesta pero también bonita e interesante. Desde sus orillas hay magníficas vistas de la Pared de Zabala y el refugio.

Si quisiéramos visitar la Laguna Grande habríamos de seguir el camino sin cruzar este puente y continuar más adelante por unas pasarelas de madera que han instalado para que los vándalos no destrocen las praderas. Pero yo hoy voy a cruzar ese puentecillo y a tirar hacia arriba de esa cuesta de piedras que nos permite ganar altura en pocos metros. La subida es exigente, pero está permitido parar con la excusa de las magníficas vistas que contemplamos desde cada paso.

Cuerda Larga desde el puente

Cuerda Larga desde el puente: Najarra, Bailanderos, Asómate de Hoyos

Sin embargo, no es fácil ver la Laguna Grande desde donde estamos. Cuando subimos toda la cuesta hay un cartel que nos indica la dirección correcta hacia la Laguna de los Pájaros hacia la derecha. Si remontamos un poco ese cartel y nos acercamos al borde, se divisan las aguas tranquilas de la Laguna. El contraluz que tengo es muy malo y apenas se distingue: la foto es pésima, pero prefiero ponerla por si alguno se quiere asomar. Antes se podía bajar desde aquí a la Laguna por un senderillo. No estoy seguro de que esté permitido ahora.

Laguna Grande de Peñalara

Laguna Grande de Peñalara

Desde la subida tenemos ahora un sendero menos duro pero entretenido, con hermosas vistas al circo y la Cuerda Larga.

Cuerda Larga: Cabezas de Hierro, Valdemartín, Guarramillas

Cuerda Larga: Cabezas de Hierro, Valdemartín, Guarramillas

Este camino, sin ser exigente, ya habrá echado para atrás al grueso de los domingueros. La subida es una especie de filtro natural para los que sobran. Siento ser tan sarcástico, pero aquí he visto a gente con chancletas y bañador en verano, o con vaqueros y playeras en invierno.

19:00 – Mientras estoy con mis fotos y mis pensamientos una serpiente de unos 60 cms se desliza entre mis botas. No acierto a distinguir de qué especie es, quizás de escalera por el tamaño. No me parecía una víbora, pero apenas he podido ver su cabeza. Me encanta encontrarme con fauna. Siempre es un motivo de alegría ver animales en su entorno natural. Poco después, me cruzo con una muchacha joven (y muy guapa y saludable) que lleva también un buen macuto. Nos saludamos y compruebo que lleva un logo con algo que pone Ambiental en el forro polar  (no, no es que le mirara las tetas… bueno, yo qué sé). Supongo que vendría de hacer alguna medición en las lagunillas, o contar ranitas: hay varias especies endémicas de estas lagunas y están obviamente protegidas. Bonito trabajo. ¿Ves?, en eso no me importaría currar.

Hito en el cambio de vertiente (2.089 m)

Hito en el cambio de vertiente (2.089 m)

El camino nos ha traído a esta acumulación de hitos visible desde cualquier parte del camino y que nos serviría de guía en caso de mal tiempo o mucha nieve intacta. Llegas aquí y cambias de vertiente. Das dos pasos y ves la Hoya de Pepe Hernando con la pradera de las Lagunillas. En primavera, un espectáculo; en invierno, inenarrable, con las lagunas heladas como espejos. Pero yo estoy ahora en verano, y siento que tienen poca agua y que algunas están secas. No es raro encontrar aquí nieve en julio. Pero estamos sufriendo un verano muy duro que ha empezado pronto y se ha llevado toda la nieve antes de tiempo.

Hoya de Pepe Hernando

Hoya de Pepe Hernando

He trazado más o menos el senderillo que hay que seguir para atravesar la Hoya de Pepe Hernando (no podían haber buscado un nombre más feo para un lugar tan bonito). No hay pérdida porque algunos carteles nos informan de la fragilidad de las praderas y nos conminan a seguir por el mínimo senderillo que las bordea. Como se ve en la imagen, bajamos a la hoya, vemos las primeras lagunas, ascendemos a otra terraza donde se ve otro conjunto de lagunillas, y subimos a otra nueva terraza donde nos aguardan otras más grandes.

Pradera de Cinco Lagunas

Pradera de Cinco Lagunas

Se llama en algunos mapas Cinco Lagunas, supongo que porque las más grandes son cinco. Pero hay multitud de pequeñas charquitas, alguna estacionales, y todas unidas por canalillos de agua gélida y transparente donde vive una microfauna valiosísima y, en ocasiones, endémica.

Al subir el primer resalte hay una caída de agua que a veces he visto con una fuerza tremenda descender desde las rocas y deslizarse como un torrente bajo la nieve para aparecer unos metros más allá. Hoy la cosa era mucho menos dramática. Ésta es la vista de la segunda terraza de las lagunillas mientras se sube a la tercera.

Segunda pradera de lagunillas

Segunda pradera de lagunillas

La subida no tiene gran problema y hay hitos que nos indican el mejor paso. La roca descompuesta ya no nos abandonará en todo el trayecto. Aquí hubo morrenas glaciares no hace tantos miles de años. Y algo se tiene que notar. La luz se está acabando, porque el inmenso paredón de Claveles arroja sus sombras amenazantes sobre mí. El brusco cambio de luz no favorece las fotos, pero quería al menos describir el camino y lo que uno se va encontrando. Tras atravesar la Hoya de Pepe Hernando y volver a subirla por el lado contrario, nos encontramos con la Laguna de los Claveles, de forma alargada y creo que la más profunda. En ocasiones he visto una poza subsidiaria a la derecha, pero hoy no estaba. Se me está haciendo tarde con tantas fotos.

Laguna de los Claveles

Laguna de los Claveles

Un poco más adelante y a la izquierda del camino que llevamos se ve otra laguna, de la que desconozco el nombre. Cuando estaba fotografiándola escuché un estruendo y una parte del nevero que se aprecia en la pared de Claveles se vino abajo. Los trozos de hielo que caían eran enormes e impresionaban bastante. Un alud en pleno julio, quién lo diría. Si ese ruido lo provoca un neverillo de nada, qué no será un alud invernal con miles de toneladas de hielo cayendo hacia ti. Mejor verlo desde lejos.

Laguna sin nombre y alud del nevero

Laguna sin nombre y alud del nevero

Este lugar es grandioso, primigenio, brutal. Estar aquí solo, al atardecer, podría resultar amenazador y darme miedo. Pero no. Quizás porque he venido muchas veces y me conozco bien la zona. Porque la he recorrido en todo tiempo y voy anticipando lo que me viene. No tengo la menor inquietud y me siento completamente relajado. Supongo que sería distinto para alguien que no esté acostumbrado a la montaña. Porque el lugar impresiona y te hace sentir muy pequeño y vulnerable. Lo que sí siento ya es el frío producido por la ausencia del sol. La tarde es estupenda, pero al ocultarse el sol la temperatura ha descendido de manera instantánea. Me pongo una segunda capa y solucionado.

Aún queda un ratito hasta llegar a Pájaros. Ya no hay jugosas praderitas ni alegres lagunillas. Esto es un terreno mucho más áspero y agreste. Pero aún guarda tesoros de una belleza pasmosa. Un poco más arriba nos encontramos con esta joyita, poco conocida y que se suele omitir en las descripciones de esta ruta: la Laguna de la Mariposa, en un balcón natural hacia el valle del Lozoya, con la Najarra y Bailanderos a la derecha de la imagen.

Laguna de la Mariposa

Laguna de la Mariposa

Contraste en la Laguna de la Mariposa

Contraste en la Laguna de la Mariposa

Desde aquí hay que remontar una pedrera de granitos de buen tamaño y, en general, muy estables. No es problemático ir pasando de uno a otro con cierta ligereza. Hay algún hito que permite elegir el mejor camino. Lo importante es mantenerse más o menos por el centro y no escorarse hacia la izquierda, en las proximidades de las paredes de Claveles, porque ahí el caos es inmenso y el paso mucho más dificultoso.

Pedrera en la última subida hacia Pájaros

Pedrera en la última subida hacia Pájaros

Aprovecho la luz que aún conserva el valle para llevarme otra instantánea. Me queda ya muy poco camino para llegar a Pájaros. A mis pies el Valle del Lozoya.

Valle del Lozoya

Valle del Lozoya

Si eso tengo a mi derecha, a mi izquierda tengo el paredón ominoso y sombrío del Risco de los Claveles (2.387 m), un lugar peligroso que cuenta con gran número de accidentes mortales.

La área Cresta de Claveles

La área Cresta de Claveles

20:09 -  Llego a la maravillosa y distante Laguna de los Pájaros (2.170 m). He invertido 2h03m en subir desde el aparcamiento de Cotos (5,6 km), parando infinidad de veces a hacer fotos y con 20 kg a la espalda. Alguien con una mochila de asalto y sin detenerse mucho que calcule sobre 1h45. En la información de las Rutas de Peñalara del Parque indican 2h30. Será para el capitán Muñones, digo yo.

Laguna de los Pájaros (2.170 m)

Laguna de los Pájaros (2.170 m)

Se llama de los pájaros por la cantidad de ellos que viven aquí, alimentándose de los pequeños insectos y microfauna que puebla la laguna. Revolotean a esta última hora de la tarde alegrando el mundo con sus cantos. La quietud y la tranquilidad que se respira aquí es algo indescriptible. Reconozco que es uno de mis lugares favoritos. La laguna no es profunda: creo que sobre 50-60 cms de manera uniforme. Cuenta con esos pequeños islotes herbosos que aportan profundidad al espejo que es su superficie.

Agua y cielo

Agua y cielo

Dada su posición elevada, sin cotas que la cierren por ese extremo, la lámina azul se funde con el cielo de la tarde de una manera realmente hermosa. Desde donde estoy se oye el cantarín tintineo del manantial que vierte sus aguas en la laguna: jamás se seca, siempre mana de forma abundante y cuenta con el agua más pura, gélida y deliciosa que se pueda soñar. Hoy no tendré problemas de agua. Y mañana pasaré el día con la pura vida que me otorga este agua primigenia, nacida del hielo y la nieve y filtrada por el granito de las montañas.

Otra vista de la Laguna de los Pájaros

Otra vista de la Laguna de los Pájaros

Circundo la laguna para no perderme una sola perspectiva. Al final existe un desagüe natural en forma de diminuto arroyuelo que primero serpentea y luego baja decidido para formar mucho más abajo la desconocida Laguna del Intendente.

Aprovecho los últimos rayos dorados del sol de la tarde para conseguir captar la pureza del azul de estas aguas tan cristalinas que reflejan el cielo de Madrid.

El azul de Madrid en la Laguna de los Pájaros

El azul de Madrid en la Laguna de los Pájaros

Me separo un poco para contemplar el macizo tremendo de Claveles, iluminado por la última luz vespertina. Ahí voy a dormir hoy, por fin. Algo que deseaba desde hacía mucho tiempo.

Risco de los Claveles desde la Laguna de los Pájaros

Risco de los Claveles desde la Laguna de los Pájaros

Camino unos metros por el pradizal arbustivo que tendré que recorrer mañana cuando parta hacia nuevas montañas y tomo la última foto; ya no hay luz para más.

Claveles y Pájaros desde el camino a los Neveros

Claveles y Pájaros desde el camino a los Neveros

 Es hora de cenar: bocadillo de tortilla y manzana, y un cafetito con leche. Se ha levantado un frío bastante intenso en poco tiempo. Ya estoy a 11º y el viento acrecienta la sensación. Me coloco una tercera capa cortavientos y unos guantes de polar con membrana cortavientos también mientras monto mi pequeño refugio. La opción de dormir sin nada, sólo con el saco y la funda de vivac, queda descartada en cuanto compruebo el intenso frío que ocasiona el viento tan fuerte.

Mi pequeño refugio a la luz de la luna

Mi pequeño refugio a la luz de la luna

A las 22:00 estoy listo, ha salido la luna llena y el lugar es mágico. El muro inmenso y frío de Claveles sólo es suavizado por el encanto de la laguna. Estoy en un sitio maravilloso, uno de los más bonitos de Madrid. Soy muy afortunado de poder pasar aquí estas horas.  No sé por qué he esperado tantos años a hacer esto.

Hasta mañana

Hasta mañana

Me introduzco en el refugio, que es muy ligero y apenas protege del viento que golpea contra las tenues paredes impermeables. No puedo tensar más que la cabeza y los pies, y el viento agita la tela de una manera tremenda. Llevo mallas de polartec, camiseta térmica, calcetines, buff, estoy dentro de un saco, que a su vez está dentro de una funda de vivac térmica e impermeable… y no me sobra nada. Sé que la nochecita va  a ser de bigote. Hay 8º en el interior del refugio, pero son engañosos. El aire que se mete como cuchillos por las aberturas del refugio es gélido. Pero para el frío estoy preparado; lo malo es el ruido ensordecedor del viento y cómo agita de manera inmisericorde las paredes del tubo donde estoy. Esta noche, dormir lo que se dice dormir, poco. Veo pasar las horas y cada vez el viento es más intenso.

Bueno. Ya dormiré otro día. Hoy toca estar aquí, en un lugar maravilloso pero salvaje. La calidez y belleza de la laguna no oculta el hecho de que me encuentro a gran altitud, a los mismos pies de la montaña más alta de mi Comunidad y que esto no es el campamento de las Alegres Florecillas. Pero el cuerpo es sabio y me hace descansar un rato; lo suficiente como para cumplirse mi sueño de dormir en la Laguna de los Pájaros.

Hasta mañana.

Etapa 1: Puerto de los Cotos - Laguna de los Pájaros

Etapa 1: Puerto de los Cotos - Laguna de los Pájaros

Lista de la compra

Por si a alguien le puede servir de orientación, de base o de contraejemplo de lo que no llevar en una pequeña travesía, a continuación listo todos los trastos que me voy a llevar el lunes (ver entrada anterior).

Ropa Marcha, refugio y dormir
Cortavientos impermeable 1   Refugio vivac 1
Pantalón impermeable  1   Saco de dormir Light 0º 1
Segunda capa técnica 1   Funda vivac Ferrino 1
Pantalón técnico  1   Aislante Quechua A200  1
Camiseta Quechua 1   Mochila Forclaz 40 Air 1
Camiseta Asics 1   Bastón Forclaz 300 1
Camiseta manga larga 1   Mosquetones 3
Calzoncillos  2   Frontal Hosa LEDs 1
Calcetines montaña 2   Silbato, luz, brújula 1
Calcetines dormir 1      
Camiseta térmica 1   Botiquín
Mallas cortas 1   Venda 1
Gorra  1   Gasas 2
Bandana  1   Esparadrapo  1
Guantes polar  2   Tiritas surtidas paquete 1
Braga buff 1   Compeed 4
Botas 2   Vaselina 1
Gafas de sol 400V 1   Betadine 1
Gafas de sol 400V polarizadas 1   Halibut 1
Bolsa ropa compresión 1   Gelocatil 2
Bolsa ropa sucia 1   Ibuprofeno 6
         
         
Comer y beber Varios
Cuchara 1   Anti-mosquitos  1
Tenedor 1   Red anti-insectos 1
Navaja multiherramienta 1   Pasta de dientes 1
Tazón 1   Cepillo de dientes 1
Botella aluminio 1000 cc 1   Crema solar  1
Bidón plástico 500 cc 1   Protección labial  1
Botella plástico 1500 cc 1   Toallitas humedas  1
Pastillas sales bote 1   Toalla microfibra 80×40 1
Pastillas potabilizadoras  4   Portalentes 1
         
      Bolígrafo 1
Comida Cuaderno 1
Leche condensada 8   Mapas 2
Café soluble 8   Guía montaña 1
Galletas chocolate paquete 1      
Crackers 6   Cartera documentación 1
Tortilla patatas bocata 1   Llaves casa 1
Manzana 1   Llaves coche  
Pan molde rebanadas 6   Dinero 1
Arroz  pollo y curry   envase 1   Tarjeta crédito 1
Arroz paella   envase 1      
Albóndigas 1   Teléfono 1
Lasaña envase 1   GPS Geonaute  1
Atún 2   Brújula Electrónica 1
Fiambre pavo envase 1   Walkie-Talkie 1
Orejones paquete 1   Cámara fotos 1
Dátiles paquete 1   Trípode 1
Zumo bricks 3      
Barritas energéticas  5      
Gel glucosa  3      
Bolsas basura 2      

Nuevas andanzas

Puerto de las Calderuelas

Puerto de las Calderuelas

Si no hay nada en contra, el lunes comenzaré una travesía de montaña con inicio y final en el Puerto de los Cotos, pasando por la Laguna de los Pájaros, los Puertos del Reventón, Calderuelas y Malagosto, sin tener muy claro dónde parar, para descender al pueblo de Rascafría y regresar a Cotos siguiendo el valle de la Angostura. Veremos qué tal se da y si mis convalecientes ampollas me permiten embaularme la panzada de kilómetros que pretendo.

  • Etapa 1 -Lunes 6 de junio
    Salir del Puerto de Cotos sobre las 18:00 de la tarde y llegar a la Laguna de los Pájaros, en plan muy descansado y sin prisas. Muchas fotos y a disfrutar de la noche en una de las zonas más especiales de Madrid. Vivac en la zona de la laguna.
  • Etapa 2 -Martes 7 de junio
    Tomar el cordal en el puerto de los Neveros y recorrerlo pasando por Hoyo Poyales, Oquendo, Morete, Reventón, Flechas, Calderuelas y Malagosto. En función del calor y el horario, seguir en dirección al Puerto de Navafría hasta donde se pueda, con intención de volver de regreso a Calderuelas o Reventón. Vivac en uno de esos puertos.
  • Etapa 3 -Miércoles 8 de junio
    Descender desde el puerto hasta el pueblo de Rascafría y pasar las horas de más calor en el Bosque de Finlandia. Sobre las 17:00, seguir el RV1 por la Angostura hasta encontrar un lugar donde dormir. Vivac en el bosque.
  • Etapa 4 -Jueves 8 de junio
    Terminar el camino hasta llegar al Puerto de los Cotos y volver a la civilización con algún kilo de menos y muchos instantes míos de más.

Iré en autosuficiencia de comida (sin necesidad de calentar nada) y descanso (funda vivac). Preveo problemas de agua en la etapa 2.

Me desearé suerte.

Siete Picos (92-6= 86)

Hoy he aprovechado un par de casualidades y me he ido prontito a Navacerrada con la intención de recorrer la zona de Siete Picos. El día se presentaba de extremo calor en la capital, con temperaturas en torno a los 38º y eso me impediría correr sin morirme de asco. Así que he elegido patear un poco la montaña confiando en que el calor sería más soportable a 2.000 metros.

A las 9:06 salía en marcha desde el aparcamiento del Puerto de Navacerrada (1.860m) en dirección a la estación superior de las pistas de esquí del Telégrafo (1.937m), a la que se llega en 10 minutos. Desde ahí el camino hacia el Alto del Telégrafo es claro.

Desde la estación superior del Telégrafo y el Escaparate

Desde la estación superior del Telégrafo y el Escaparate

Aunque tal pico no supera por poco los dos mil metros, tampoco vamos a ser tan tontos de no subir una montaña sólo porque no sobrepase esa altitud. Así que me dirijo por buen camino hasta las rocas sobre las que reposa una imagen religiosa.

Alto del Telégrafo (1.970m)

Alto del Telégrafo (1.970m)

09: 27 – Desde ahí el perfil de la Maliciosa permite ver perfectamente la Brecha del Peñotillo.
Un precioso perfil de la Maliciosa y el Peñotillo

Un precioso perfil de la Maliciosa y el Peñotillo

Imagen en el Alto del Telégrafo (1.970m)

Imagen en el Alto del Telégrafo (1.970m)

Bola, Maliciosa, Brecha y Peñotillo

Bola, Maliciosa, Brecha y Peñotillo desde el Alto del Telégrafo

Es sencillo trepar hasta la misma imagen. El milagro luminoso es mío o,  mejor dicho, del ordenata.

Qué miedo...

Qué miedo dan los dioses y todos esos...

Desde aquí se ve perfectamente el caminito a seguir, pero yo quiero pasar por esas rocas de la izquierda y me entretengo un poco.

Allá vamos

Allá vamos

Navacerrada desde Telégrafo

Navacerrada desde el Alto del Telégrafo

Las vistas desde esas rocas merecen el desvío

Las vistas desde esas rocas merecen el desvío

Cuerda de las Cabrillas desde el cordal

Cuerda de las Cabrillas desde el cordal

Tengo que buscar el paso entre los piornos desde estas rocas para buscar el camino claro y ancho que avanza sin pérdida posible hasta la Pradera de Siete Picos. Con tantas horas de luz y este día soleado, me da igual demorarme un poco o no alcanzar las diferentes etapas por el camino más directo. Si alguien no quiere desviarse al Telégrafo o subir a estas rocas, el camino bordea ambos dejándolos a la izquierda y sigue sin problemas hasta la Piedra Ventolera, (1.950m) a la que llego a las 09:50 y bebo algo antes de proceder a la dura ascensión que me aguarda ahora.

La famosa Piedra Ventolera con fauna local

La famosa Piedra Ventolera con fauna local

Más fauna, en este caso mejor adaptada que yo a estos pedrolos. Había también muchos cuervos, pero es difícil sorprenderlos.

Una de las decenas que he visto hoy

Una de las decenas que he visto hoy

Peñalara desde Piedra Ventolera

Peñalara desde Piedra Ventolera

Ahora viene una subidita por la cuesta de este pinar. El calor se empieza a notar (es ladera sur), y las moscas se vuelven un tanto molestas. Pero el camino es entretenido: se puede elegir una gran cantidad de senderillos que siguen todos hacia arriba, con la única salvedad de no tomar el primero que desde la Piedra Ventolera sale a la izquierda, pues se trata de la Senda Herreros, que une esta pradera con el collado de Majalasna. Así que consiste en ir hacia arriba buscando el mejor paso entre piedras y pinos. Hay numerosos hitos y los niños disfrutarán buscando el camino entre las múltiples posibilidades. En ocasiones las vistas hacia el valle son muy hermosas.

El valle desde la subida hacia Siete Picos

El valle desde la subida hacia Siete Picos

La subida se hace un poco larga, pero al llegar arriba las vistas son asombrosas y el pequeño esfuerzo se ve largamente recompensado. Éste es el último pino que hay en la subida, cuando llegas a la cresta de Siete Picos (a las 10:28).
El último pino mira a embobado a Peñalara, Cabezas de Hierro, Guarramillas...

El último pino mira enamorado a Peñalara, Cabezas de Hierro, Guarramillas...

Bueno, pues ya estamos en la cresta del Dragón, como se llamó esta sierra en la Edad Media, y quizás, mucho antes. La salvaje visión de los picos sobresaliendo de la enorme espalda disparó los miedos y el asombro de los primeros pobladores de estos pagos. Es un nombre sugerente y deberíamos volver a utilizarlo. Desde donde mejor se contempla esa estructura es desde Cercedilla, antes de entrar al pueblo.
Pico 7º y altura máxima de la cresta (2.138m)

Pico 7º y altura máxima de la cresta (2.138m)

Cresta del Dragón

Cresta del Dragón

Rodeo el Pico 7º y empiezo a subir por donde mejor veo que puedo. De repente soy consciente de que el abismo que hay a mi derecha, hacia el Cóncavo de Siete Picos, es acojonante y da un miedo horrible. Acierto a fotografiar esa formación que parece un dios cabreado ante mi presencia en estas zonas reservadas a otros seres.
Cóncavo de Siete Picos

Cóncavo de Siete Picos

Entonces me doy cuenta de que hay una reunión de escalada (dos cadenas azules) y que yo estoy aquí más solo que la una y considero que es mejor que empiece a bajar con cuidadito. Es lo malo de tener menos amigos que Freddy Krueger: siempre tengo que hacer todo solo y asumir más riesgos de los que serían recomendables para mi provecta edad y mis patosas habilidades.
Reunión bajo una tortuga

Reunión bajo una tortuga

Desde arriba, el camino hacia el siguiente pico se dibuja claro entre el granito.
Desde el Pico 7º

Desde el Pico 7º

Anda, majete, tira p'abajo

Anda, majete, tira p'abajo

Y ahora viene un inmenso caos de rocas enormes lanzadas al azar por gigantes borrachos. Cada paso es una auténtica maravilla que te deja boquiabierto. Podría haber hecho mil fotos y no haber mostrado ni la décima parte de los rincones y escorzos que muestran estos granitos insultantes. Voy despacio, pululando por aquí y por allá, disfrutando de la belleza agreste y demoledora de la naturaleza.
Una habitación con vistas

Una habitación con vistas

Aplastadas por el puño de un gigante

Aplastadas por el puño de un gigante

Dame un besito, Diablillo

Dame un besito, Diablillo

Mirada atrás

Mirada atrás

Veo a una persona que acaba de llegar a la zona, pero aún está curioseando por las primeras rocas. Así que no he sido el único que se ha movido hoy por estos lares.
Gorditos al sol

Gorditos al sol

¿Granitos o granazos?

¿Granitos o granazos?

No creo que nadie pueda repetir dos veces las mismas vistas. Es subirse a una piedra y cambia la perspectiva; desciendes un poco y encuentras otras formaciones. Echas la vista atrás y te enfrentas a la omnipresente Lara.
Serena e inmutable, Lara

Serena e inmutable, Lara

Ya he perdido la cuenta de por cuál de los picos voy. Es un caos de rocas y estructuras y, sinceramente, lo mismo me da. Allá donde miro es hermoso y brutal.
Otro de los picos (¿el 4º?)

Otro de los picos (¿el 4º?)

Creo que es el Pico 3º

Creo que es el Pico 3º

Segovia, El embalse del Pontón, La Granja, la Atalaya y mil cosas más

Segovia, El embalse del Pontón, La Granja, la Atalaya y mil cosas más

Piedra caballera

Piedra caballera

Después de un buen rato por la zona, disfrutando mucho del magnífico día, es hora de bajar de la cuerda. El camino, señalado por hitos, no es ninguna tontería. En caso de niebla o lluvia, o si se va con niños, yo no recomendaría bajar por aquí y considero que sería mejor dirigirse de nuevo hacia el Pico 7º y regresar a Navacerrada por el camino de ida. De cualquier modo, comienzo a bajar por una canal muy empinada que no permite ir mirando el paisaje sino buscar buenos apoyos de manos y pies. En las guías califican el camino de fácil, pero para mí no lo ha sido en absoluto. Creo que hay que ir con mucho cuidado, especialmente los primeros 10-15 minutos, hasta llegar a la primera línea de pinos que aportan algo más de seguridad (el hostiazo en los primeros 300 metros puede ser de órdago).

Stairway to heaven or to hell, si te caes

Stairway to heaven or to hell, si te caes

Allí veo un hito

Allí veo un hito

Una canal fácil, dice mi guía...

Una canal fácil, dice mi guía...

Al iniciar la bajada el hombre que había visto antes me pregunta por el camino cuando me ve destrepando por estos monolitos. Le digo que hay hitos de vez en cuando y que con cuidado se puede bajar. Lo veo probar dos o tres de los pasos, unas decenas de metros más arriba de donde yo estoy. Le doy una voz para decirle que el camino se hace un poco más llevadero un poco más abajo (mentira podrida) pero ya no me responde ni vuelvo a verlo ni oírlo. Yo creo que se ha dado media vuelta. No me extraña. Joder con el caminito fácil.

Lo bueno de bajar tan a saco es que enseguida se pierde altura y se llega a la línea de pinar, que esconde el desnivel y tranquiliza los pasos. Pero el camino desciende de manera vertiginosa.

Laderita dura: se agradecen los pinos

Laderita dura: se agradecen los pinos

Por aquí no debe venir mucha gente, porque está muy poco pisado y casi no se diferencia el “sendero” del suelo del pinar, entre rocas y piornos. Es una ladera salvaje muy hermosa. Eso sí, subir por aquí con algo de niebla o poca luz, sería muy complicado. La orientación hacia arriba sería más difícil.

Por ahí he bajado... ¿sabría regresar por el mismo sitio?

Por ahí he bajado... ¿sabría regresar por el mismo sitio?

Voy despacio, disfrutando del olor del pinar, del silencio sólo roto por los crujidos de las ramas, por algún pájaro que cambia de árbol al verme.

Cuenta pinos

Cuenta pinos

Tras vueltas y revueltas llego al Camino Schmid a las 12:00, el cual tengo que tomar hacia la derecha y que me depositará después de una horita en el punto de partida. Hacía muchos años que no venía yo por aquí y está desconocido: ¡es el doble de ancho, está perfectamente apisonado y marcados los límites con losas de piedras a los lados! Oigo voces y me encuentro en pocos minutos con unos operarios que están colocando grandes lajas de granito para delimitarlo. Tienen también una pequeña máquina excavadora o algo así. Tras saludarlos, pienso que están acondicionando perfectamente el camino para evitar pérdidas de excursionistas. La cosa llega a extremos inquietantes: me encuentro con otros dos trabajadores con cemento canalizando un arroyuelo que cruza la pista. Lo último que me podía imaginar. No exagero, ahora es completamente imposible perderse en este camino: es ancho, apisonado y han retirado piedras, rocas y raíces. Hace años había que ir pendiente de no perder las marcas amarillas de los árboles, y en caso de nieve, ésta podía llegar a cubrirlas (doy fe de ello, y están a dos metros de altura). Ahora ni hay que mirar los árboles. Hasta Belén Esteban y Falete se podrían llegar de Navacerrada a Fuenfría comiendo croquetas o lo que coman esos engendros. Al menos tengo un bonito par de encuentros:

Primero con ganado en la pradera de Navalusilla, que comen la hierba jugosa y encharcada.

Pradera de Navalusilla

Pradera de Navalusilla

Y más adelante con esta manada de caballos y potrillos, que sacian su sed en una fuente cercana a la pista del Escaparate.

Fuente del Escaparate (que antes no estaba)

Fuente del Escaparate (que antes no estaba)

Ahora ya, en las inmediaciones de las pistas de esquí, me encuentro con paseantes. Algunos responden al saludo, otros no. Es casi la una de la tarde. Algo menos de cuatro horas de disfrute total en casi completa soledad. Al llegar al puerto no puedo evitar acordarme de los valientes que tuvieron que subir y bajar Guarramillas dentro del MAM.

Heridas en la montaña

Heridas en la montaña

Tras haber recorrido una zona especialmente agreste y dura, en la que la naturaleza aún marca las leyes que rigen el día y la noche,  el contraste con el puerto humanizado es aún mayor. Senderos, carreteras, pistas de esquí, remontes, casas, coches, ruido… Un día todo esto se difuminará en las sombras del tiempo y no quedarán cicatrices de nuestro paso por el mundo. Las montañas seguirán un tiempo más, pero aun ellas nacen y mueren, se transforman y desaparecen.

Qué efímero es todo y qué importancia nos damos…

Pírate

Puede sonar un poco duro para lo que le ha pasado al bueno de Michael Jackson. Se ha pirado, sí, porque se lo ha ido buscando durante todos estos años. Ha vivido una vida de escaparse de sí mismo, de huír de lo que era y de cómo era. Vivir para que te quieran mientras tú te niegas y te destruyes. No estoy seguro de que me dé pena: yo soy bastante cabroncete, bien se sabe ya.

Le robaron la infancia unos padres de ambición enloquecida (¿hay otro tipo de ambición?) y quizás de ahí derivó toda su desastrosa existencia. Pero estos personajes –actores y músicos principalmente– que lo tienen todo y más: ingentes cantidades de dinero, talento, belleza, admiración, amor y reconocimiento de millones de personas en todo el mundo… y lo desperdician tirándolo por la borda en forma de alcohol, drogas, violencia, derroches estúpidos, extrañas desviaciones sexuales… pues no me dan mucha pena, para qué voy a mentir. Que se jodan y se mueran. Así que, ya sabes, Beat it, gilipollas.

Esta canción ‘Beat it’ (Pírate, date el piro) es la más rockera y guitarrera de su repertorio y una de las pocas que aguanto. Nunca me gustó ni su música ni su actitud. Pero indudablemente tenía talento y hay que reconocérselo.

Duna en la Playa de Oyambre, Cantabria

Duna en la Playa de Oyambre, Cantabria

Grima

En general, y salvo honrosas excepciones, suelen dar mucha grima las siguientes situaciones:

  • Alguien haciendo el robot.
  • Realizar algo con las manos mientras el cigarro queda colgando de los morretes y el humo hace guiñar los ojos y componer muecas.
  • Un borracho hablando.
  • Un borracho haciendo cualquier cosa.
  • Una conga, en todas las ocasiones y sin excepción.
  • El meneíto de manos alzadas en los conciertos cuando tocan una balada. Si sacan mecheros, el vómito es instántaneo.
  • Hablar por la calle con el manos libres, tanto si es de última tecnología como si es cutre salchichero.
  • Alguien bailando sin música (con música, en el 90% de los casos también).
  • Pedir la vez en la pescadería.
  • Decir: “Bueno, ¿y qué tal?”, cuando no se sabe qué decir.
  • Responder: “Bien, bien”, a la pregunta anterior.
  • Incluir palabros en pseudo inglés en la conversación empresarial para intentar parecer algo.
  • Llevar corbata, sandalias y calcetines con el chándal (más común de lo que pueda parecer).
  • La gente que siempre habla de enfermedades.
  • Las chicas que preguntan: “¿Y tú de qué signo eres?”.
  • Los huesos de aceituna, especialmente si están en la mesa.

Impossible is casi nothing

Me permito fusilar el lema –magnífico– de una conocida marca deportiva (el de su rival también lo es) porque cada vez estoy más convencido de ello. Pocas cosas se le pueden resistir a un ser humano que se proponga conseguirlas. La voluntad es una poderosísima fuerza de la naturaleza y reside en todos nosotros.

casi

Hace tres años yo me consumía en la inactividad absoluta; la inercia de la vida cotidiana, el trabajo, los problemas, la rutina, el gris paso de los días en monótona tristeza. Fumaba como un puto cerdo. A pesar de que siempre he sido delgado (no sólo por el apellido) me encontraba con una gruesa capa adiposa tan blandengue como mi espíritu. Beber y drogarme no han entrado nunca entre mis aficiones, pero la imagen queda clara: cuarentón aburrido, sin ilusiones, un perdedor, una patata de sofá que dicen en Iueséi. Un día decidí que me daba tanto asco mi vida que no podía seguir así. Dejé de fumar y empecé a hacer cosas. Cosas muy sencillas, ridículas en su simpleza. Pero cosas que te van transformando poco a poco, inexorablemente y sin vuelta atrás.

He cambiado, me he transformado. Sigo siendo un perdedor triste y macilento, eso no lo voy a poder cambiar (de ahí el casi del título); pero soy otra persona.

Y sé que me puedo enfrentar a cualquier sueño que tenga y hacerlo realidad. Lo sé. No tengo la menor duda. Es algo que se puede leer con meridiana claridad en los pliegues de mi cerebro. Es un axioma irrevocable. Un principio sobre el cual construir cualquier otra cosa.

Puedo hacer lo que me proponga.

En estos tres años he formado parte de manera más o menos continuada de un grupo de personas autodenominadas Los Paquetes que se enfrentaban a las cosas del correr con más ganas que aptitudes; con más ilusión que piernas. No es del todo cierto porque algunos de sus integrantes tienen un nivel más que aceptable y sólo pululan por ahí porque se pasa bien o vaya usted a saber. Pero bueno, aún incluyendo a los de mayor nivel, la media es muy modesta y nuestros tiempos en las distintas distancias son mediocres para lo que el corredor popular español consigue.

Sin hacer referencia a los extremos, el Paquete medio está entorno a los 40 años, con hijos y con la vida normal y corriente de un español de clase media. Saca tiempo de donde puede para entrenar, en general de forma muy desestructurada, y procura divertirse sin volverse loco por estas cosas.

Y sin embargo…

Todos hemos corrido al menos un maratón, algunos 20; unos han participado en la San Silvestre internacional; más de la mitad hemos corrido más de 100 km en un día; uno de nosotros es Iron Man; tres se han proclamado superviviventes del maratón de montaña más duro del mundo…

Y nos quieren echar de las carreras porque desprestigiamos las pruebas. O nos dicen que no deberíamos correr porque  ponemos en peligro nuestra salud al no estar en forma. O que sólo corremos porque está de moda y no queremos esforzarnos…

No creo que haya nada a lo que no seamos capaces de enfrentarnos. Esto no ha hecho más que empezar. Aún haremos más locuras y nos embarcaremos en aventuras que parecen reservadas a otro tipo de personas: lo último a lo que se atrevería el típico cuarentón gordito.

De manera que si has llegado hasta aquí por casualidad y eres de ese tipo de persona y percibes estas cosas como de ciencia ficción, como actividades impropias de tu andar pausado por la vida, sólo te pido una cosa: deja de ver la puta tele, salta del sofá y descubre el mundo que hay ahí fuera, esperándote. Llena tus bolsillos de ilusión y deja que la fuerza de tu voluntad haga realidad cualquier sueño, por disparatado que te parezca ahora.

Todo lo puedes hacer. Todo.

Así que mueve el puto culo.

Lo primero que he de confesar es que no he leído la trilogía ni, de momento, tengo inteción de hacerlo. En general, las cosas que consiguen tanto éxito me resultan muy sospechosas y no me suelen gustar. No todas son malas (El Señor de los Anillos, verbigracia) y no descarto hacerme con los gruesos volúmenes (me da pereza) y dedicarle unas (cuantas) horas de mi vida.

Me refiero, cómo no, a la cantada y laureada trilogía de Millenium, de Stieg Larsson. Pero lo que vengo aquí a mostrar es el estupidísimo baile de cambio de títulos. Me llamó la atención leer el título original en sueco del libro primero, llamado en España ‘Los hombres que no amaban a las mujeres’. Resulta que en sueco es ‘Män som hatar kvinnor’. No soy experto en sueco, pero es evidente que lo que dice es ‘Los hombres que odian a las mujeres’. Creo que no es necesario ahondar en la enorme diferencia que hay entre ‘odiar’ y ‘no amar’. No es lo mismo: que no te ame no significa que te odie: yo amo a pocas personas y odio a un puñado; y luego hay unos cuantos miles de millones a los que ni una cosa ni otra. No conozco el meollo de la novela, pero si el autor ha querido hacer mención de odiar, no sé a qué cojones va un listo y dice ‘no amar’. Imagino que al patán le parecería muy incorrecto políticamente con la que está cayendo o alguna memez por el estilo. Y encima le cambian el tiempo verbal del presente al pasado. Pero no queda ahí el disparate, porque en francés han usado el mismo revirado y gilipollesco eufemismo: ‘Les hommes qui n’aimaient pas les femmes’, lo que me hace sospechar que la versión española se confeccionó con la traducción del francés que alguien hizo del sueco, del inglés o vaya usted a saber. Porque, acojónate ahora, la versión en inglés dice: ‘The Girl with the Dragon Tattoo’, vamos, que hasta los de Opening saben que significa la chica del dragón tatuado. No dudo que en la novela salga tal señorita con tal dibujito, pero el buen escritor decidió que su novela se llamara de una manera clara y concisa (los hombres que no aman a las mujeres) y van unos comemierdas y se lo desfiguran hasta límites ridículos.

Pero calla, que llega el segundo volumen: ‘Flickan som lekte med elden’, ‘La chica que jugaba con fuego’ en román paladino (nota a los corredores: farlek, juego de velocidad; lek es jugar). En inglés han respetado el título sin variación y han mantenido el comienzo de ‘The Girl…’ en las tres partes. Pero la versión castellana (habrá que ver si eso es castellano… al final lo voy a leer para descojonarme) han decidido que eso no mola nada y han echado más imaginación: ‘La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina’; les ha faltado incluir… el lunes por la noche, después de ver un episodio de Fama… A bailar y cenar un filetito de pescado a la plancha, con una ensalada de aguacate y tomatitos cherry, un kiwi y un yogur, por aquello de la fibra. Toma ya.

Tercera parte: ‘Luftslottet som sprängdes’ (algo así como ‘El castillo en el aire que estalló’, siendo castillos en el aire una expresión que entendemos perfectamente en castellano). Traducción al español: La reina en el palacio de las corrientes de aire. ¡Coño! El traductor es un fiera o ha pasado más frío que un tonto mientras escribía el bodrio que le pedía la editorial. Recurramos al inglés, a ver qué dice: ‘The Girl Who Kicked the Hornets’ Nest’. Como vemos, han decidido mantener la idea de empezar con ‘la moza que…’ y en este caso le pega una patada al avispero. Pues nada.

No sé la chica, pero yo le pegaría una patada en los huevos a tanto gilipollas…

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