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Ni truco ni trato

A nadie se le escapa el dominio que Estados Unidos ha ido consolidando sobre Europa desde principios del siglo XX. Y no me refiero sólo al dominio económico y al militar, sino al cultural y, por lo tanto, lingüístico. De hecho, tiene más influencia el inglés americano que el británico. No entro a valorarlo: es un hecho objetivo sin más.

Pero una cosa es adoptar modos lingüísticos extranjeros y otra, muy distinta, adoptarlos mal.

Ya no hay nada que hacer con el abominable footing, que no significa nada en inglés (sí tiene un significado, pero circunscrito a la corrección de textos en las editoriales) sino que se formó en Francia (¡toma ya!). Lo que nosotros llamamos footing en falso inglés es conocido en inglés como jogging.

Curiosos también son nuestros parking, o camping, que usamos como sustantivos (Deja el coche en el parking; Estuvimos en un camping) cuando no lo son: en inglés se usa parking lot y camp site.

Pero esta noche se oirá hasta la saciedad el completamente estúpido, palurdo y sonrojante: Truco o trato.

¿Pero qué cojones de truco y de trato? ¿Dónde pone eso?

Trick

Vale, trick significa entre otras cosas, truco. Un truco de magia, por ejemplo. O los trucos que puede hacer un animal amaestrado y todos los sentidos figurados de ingenio y maña (knack) que tiene esta palabra en español. Pero las tres primeras acepciones del Webster, por ejemplo, dicen (insisto, las tres primeras):

a: a crafty procedure or practice meant to deceive or defraud b: a mischievous act : prank c: an indiscreet or childish action.

Claramente, una travesura infantil. Significado: travesura o trastada. ¡Tiene sentido! Si no les das los caramelos, te lanzan huevos o cosas peores (según me ha insinuado mi hijo que van a hacer esta noche).

Ahondando en el significado, dirty tricks se traduciría por “putaditas“. Ya tenemos media parte de la frase.

Treat

A ver, el que haya ido a Opening, que levante la mano. Sí, vale, majetes, empecemos por maineimis… ¿Qué descerebrado cree que treat es trato? Supongo que el mismo que traduce eventually (finalmente, al final) por eventualmente o actually (realmente, en realidad) por actualmente. O sea, el que no sabe nada de inglés: es decir, el 80% de los que traducen novelas del inglés al castellano, por ejemplo. De toda la vida hacer un trato es to make a deal. Deal, no treat.

La confusión viene del sentido de treat como verbo: además de invitar, significa también tratar (a alguien de una determinada manera). Una canción de Bob Dylan: You should not treat me like a stranger… Se usaría con el significado de trátame bien, no me trates como a un extraño, etc. Pero insisto, no significa nunca “hacer un trato”; y se usa además –y de forma muy común– como invitar, convidar.

¿Qué significa treat como sustantivo, que es lo que nos interesa en la frase? Pues varias cosas, como suele pasar en inglés, pero todas del mismo campo semántico. Lo primero, una invitación. Cuando alguien invita a otros, eso es un treat. Pero también se refiere a una delicia, a algo que proporciona mucha felicidad obtenerlo, al estilo de cuando decimos “Me voy a dar un lujo“. Por último, se puede aplicar a las personas, como cuando antes se decía: “Menudo bombón“, y ahora se dice “Está como un quesito“. Una cancíón de Pink Floyd: Mary you’re nearly a treat but you’re really a cry… La idea de dulzura, de algo ñam ñam. Una chuche y lo dejamos actualizado y sonoro. Chuche, coño.

Chuche o trastada y queda con cierto equilibrio en las sílabas, manteniendo parte de la sonoridad original de la tr-.

¿Hay trato?

Eso nadie me lo puede quitar

Me han llamado muchas cosas en la vida. Para ser sincero, pocas veces han sido cosas bonitas (vaaale, nunca); pero hace poco me han dicho algo que me ha gustado mucho. Alakan, en su magnífico blog, ha escrito literalmente: “Yoku, eres un yonki de la libertad“. Coño, qué guapo.

Hay quién me ha dicho que soy ácrata, anarquista o cosas parecidas. Puede ser. Pero me gusta más esa definición de Alakan. Porque implica un impulso irrefrenable más que un constructo razonado. Me gusta eso de ser adicto a la libertad.

Por eso a veces me pongo tan radical y tan destroyer con ciertas cosas (ver comentarios en Plan de Convivencia). Yo no pido derechos porque no acepto deberes. Reivindico mi absoluta libertad total, alocada, sin normas, sin bordes, sin cortapisas.

Lo que me salga del puto nabo.

Para que no se me caliente la boca (recordemos que sólo soy un pobre yonqui y debéis ser comprensivos) pararé aquí mi panfleto fuck-it-all y me quedaré con unos versos de una preciosa canción, que siempre es mejor cantar que farfullar (soy consciente de mis limitaciones dialécticas).

Quién me iba a decir que iba ahora a volver a escuchar a Iron Maiden. Fue un grupo que me acompañó durante mi temprana adolescencia (cuando aún estaba el primer cantante Paul Di’Anno) e incluso los fui a ver en directo cuando vinieron a España con el nuevo, Bruce Dickinson. Ahora le gustan a mi hijo y estamos todo el rato emepetresizando los discos, renovando las cintas y vinilos con CDs y redescubriendo otros temas.

Para el curioso, mi hijo de 13 años y yo compartimos el triunvirato actual de grupos que más nos gustan: además de los Maiden, los americanos Linkin Park y los británicos Muse son nuestros favoritos y los que oímos a todas horas. ¿Cuántos de vosotros oís la misma música que vuestros chavales?

Bueno, que me estoy enrollando… la canción es Journeyman, y es bastante poética. He encontrado la versión en directo de la gira Death on the road (la tenemos en CD). Está más o menos subtitulada en español.

Sé lo que quiero
Digo lo que quiero
Y eso nadie me lo puede quitar

 

Y para que nadie piense que no hay esperanza y que siempre perderemos, un tema de Muse, Uprising, (también más o menos subtitulado al español). Atentos a los ositos del final, porque al final, saldremos victoriosos.

3.000

3.000 comentarios en este blog. Sorprendente. Me ha llamado la atención ver ese número justo y redondo. 555 entradas (mías) y 3.000 comentarios (vuestros) de las 66.270 visitas que he tenido.

Qué cosas…

Gracias a todos los que se han pasado por aquí.

Plan de Convivencia

Tengo en mis manos el documento que han elaborado en el colegio de mi hijo para regular la convivencia de alumnos, profesores y personal del centro. Literalmente ‘El contenido del Plan se resume en: las normas de conducta de obligado cumplimiento para los alumnos, los diversos tipos de faltas y sanciones, y el procedimiento disciplinario’.

Interesante. De manera que la convivencia trata de faltas y castigos. Y las normas son de obligado cumplimiento para los alumnos. Qué curioso.

El documento es espantosamente largo y concienzudo. Aterrador. No sé qué tipo de escrito entegrarán a un presidiario cuando ingrese en la cárcel. Supongo que será sencillo y directo: le dejarán claro los horarios y todo lo que no puede hacer. No creo que tenga tantas páginas como éste que hojeo ahora. Pero insisto, es de un colegio, no de un correccional o de una prisión federal del profundo sur de EE.UU. Y, así nos lo vendieron, de un colegio progresista (es absolutamente reaccionario, pero eso ya es otro asunto). Un colegio normal con chicos normales, muy majetes. Y el documento es aterrador.

Pero aún es más terrorífico saber que varias personas se han reunido para confeccionar esta sarta de barbaridades. Y terrorífico es pensar que ellos creen que hacen lo adecuado. Y sobre todo, me causa terror que los padres de los alumnos estén de acuerdo y se sientan satisfechos.

Esto sucede en un colegio de una ciudad moderna de un país europeo en el siglo XXI. En otras palabras: esto es el tope de modernidad y libertad que puede darse en la sociedad humana. Estoy horrorizado.

El totalitarismo y la dictadura consiguieron vencer definitivamente cuando se disfrazaron –burdamente– de democracia y libertad. La esclavitud obtuvo su mayor victoria cuando ofreció consumo y progreso a sus ciegos sirvientes. Miles de millones de felices borregos contentos por poder trabajar y comprar enseres. Por establecerse. Por acatar las normas de convivencia. Por ser esclavos para siempre con la mejor de las sonrisas.

Nuestros derechos caben en un billete de metro –y a menudo son pisoteados–. Nuestros deberes ocupan decenas de volúmenes. Y los castigos aparejados a su incumplimiento no dejan de regularse y aumentar.

Sólo quieren niños silenciosos y obedientes, moldeables, que acaten cualquier cosa que se les ordene; obreros temerosos, oficinistas sumisos, trabajadores acobardados: si aceptas lo que venga, más recortes, menos derechos, más humillación, menos libertades, conservarás tu puesto, tu exiguo salario, tu seguridad. Podrás pagar ese cuchitril por el que darás toda tu vida, podrás comprar lo que te digan que compres. Y sonríe, porque si te comparas con otros…

Os odio profundamente. Os detesto. No sabéis la suerte que tenéis: no he nacido en EE.UU. y nunca podré ser presidente de ese país. Yo no me andaría con tantos miramientos. Apretaría el puto botón rojo y os mandaría a todos a tomar por culo.

Os odio, uno por uno. A los amos y, sobre todo, a los esclavos.

Llevo demasiadas entradas seguidas con el puto tema de las montañas. Hay que cambiar de registro. Además, me encuentro bastante jodido en general y la única medicina que utilizo, la única que me devuelve un poco la paz de espíritu es una buena dosis de Pink Floyd.

Dos temas prodigiosos, sublimes, insuperables, perfectos, brutales, intensos, llenos de emoción y que crean una atmósfera tan fascinante que cuando revientan se produce una catarsis. Pura medicina.

Pink Floyd – Careful With That Axe, Eugene (Eugenio, ten cuidado con el hacha, 1973).

Pink Floyd – One of these days I’m going to cut you into little pieces (Un día de estos te voy a cortar en pedacitos, 1994).

Cabras en la Najarra

Ayer domingo ascendimos a la Najarra en total soledad desde el Puerto de la Morcuera. Al atravesar uno de los peñones nos encontramos con una manada de capra pyrenaica que descansaba sobre los roquedos. No llevaba zoom y sólo pude captar estas imágenes con la compacta. Siempre es un placer encontrarse con fauna silvestre (también vimos un lagarto verdiazulado).

Cabras en la Najarra

Cabras en la Najarra

Cabras en la Najarra

Cabras en la Najarra

Vértigo (sin)

Vértigo (sin)

Y ahora una bajando desde la meseta cimera al Collado de la Najarra.

Capra Pyrenaica

Capra Pyrenaica

Y los otros mamíferos que compartíamos sus dominios.

Hacia el Collado de la Najarra

Hacia el Collado de la Najarra

Cancho de los Brezos

 

cancho brezos

Tras consultar varias fuentes de información he podido averiguar dónde han encontrado a José Carlos Marcos del Blanco tras diez meses desaparecido en La Pedriza. Los medios hablaban de una zona cercana a El Yelmo, o entre éste y Manzanares, sin precisar demasiado. Parece que ha sido en el Cancho de los Brezos, realmente cerca de Canto Cochino. No sabemos si iba o venía, ni de dónde partió. La zona es muy conocida por los escaladores porque hay muchas vías de escalada. No parece que fuera a escalar por la ropa que llevaba, tan sólo a darse un buen paseo. La zona del Barranco de los Huertos y el Hueco de las Hoces es puro caos granítico. Quizás venía de El Yelmo y se despistó ya tan cerca de Canto Cochino. O se subió por el canchal para explorar o contemplar una imagen inolvidable.

Ahí quedó.

Listo un par de referencias por si alguien quiere profundizar.

En El País,

En 20 Minutos

Y me he encontrado una noticia calcada, exacta, de lo que le ocurrió a otro montañero en la misma zona (qué complicada es…), Alberto Manuel Gil Ponce, desaparecido en 1996 y encontrado cinco años después.

No es mal sitio para descansar nuestros huesos. O como decían los romanos…

Sit tibi terra levis

Que la tierra te sea leve.

Jungfraujoch (21-07-2009)

El Yeti, digo el Yoku

El Yeti, digo el Yoku

Aunque con mucho retraso, y sin el contraste que habría tenido en las semanas más calurosas de este insoportable verano, me he animado a preparar un extenso reportaje fotográfico sobre esta conocida región de Suiza. Es un punto de visita obligado a todo el que pase por el Bernese Oberland.
Y aunque extraordinariamente turístico, creo que merece la pena subir y permanecer unas horas en una zona que quedaría vetada al común de los mortales por su altitud y condiciones atmosféricas y técnicas. Poder caminar por donde sólo los verdaderos alpinistas llegarían es una oportunidad que no se puede dejar pasar de largo. Yo ya había estado hace 17 años y ahora quería compartirla con mi hijo.

El viaje en tren tiene dos etapas: la primera enlaza desde varios pueblos de los valles cercanos con Kleine Scheidegg. En nuestro caso salimos a primera hora desde Grindelwald; el Good Morning Ticket cuesta 138 CHF en lugar de los 162 que te soplan a partir de ese primer viaje; te dejan estar hasta las 12:30 en Jungfraujoch y luego puedes coger el tren que quieras desde Kleine Scheidegg; las tres horas ahí arriba son más que suficientes y te permiten hacer todo sin agobios; los niños viajan gratis con la tarjeta anual infantil.

Esta zona montañosa es donde estuvimos ayer. La nieve se ha derretido

Esta zona montañosa es donde estuvimos ayer. La nieve se ha derretido

Esta barrera tiene un parecido con la Brecha de Roldán. Es la zona de Schinyge Platte

Esta barrera tiene un parecido con la Brecha de Roldán. Es la zona de Schinyge Platte

El tren sube sin desfallecer por las impresionantes laderas del valle. Atravesamos alguna parada intermedia.

La miniestación de Brandegg (1.336m)

La miniestación de Brandegg (1.336m)

Las vistas sobre el valle y la cadena montañosa donde anduvimos ayer en busca de los laguitos son magníficas.

Valle de Grindelwald desde la subida

Valle de Grindelwald desde la subida

Llegamos a Kleine Sheidegg y bajamos del tren. Esta segunda etapa es común para todo el mundo y consiste en subirse a un bonito tren cremallera que enfila la morrena de un enorme glaciar y se introduce directamente en el corazón de una montaña… y no de cualquier montaña, sino del Eiger (3.970 m), una de las más míticas de los Alpes. Ese carácter metódico e ingenieril de los suizos los llevó a plantearse en el siglo XIX acometer esta barbaridad de proyecto. Y mira tú si lo consiguieron.

Durante el trayecto por el tunel inmenso te ponen una película que te va contando cómo lo hicieron y lo que te vas a encontrar arriba. La primera parada que hace el trenecito es en la pared norte del Eiger, a la que te puedes asomar por medio de unas cristaleras. Se llama Eigerwand (Pared del Eiger) y está a 2.865 m.

Primera parada: Eigerwand (2.885m)

Primera parada: Eigerwand (2.885m)

Cara norte del Eiger

Cara norte del Eiger

First y el Schwarhorn desde el Eiger

First y el Schwarhorn desde el Eiger

Como el día anterior habíamos subido a 2.300 metros aproximadamente, no estábamos mal preparados para afrontar la altitud. Pero hay que tener en cuenta que el trayecto cubre unos 2.500 metros de desnivel en algo menos de dos horas. Y se nota mucho, pero mucho, ese cambio de altitud tan rápido. Cuando llegas a los 3.000 metros empieza a molestarte la cabeza. Al descender en la segunda parada (Eismeer, Mar de Hielo, 3.160 m) hace frío y sabes que estás ya en un ambiente completamente alpino y durísimo.

Eissmeer (3.160m)

Eismeer (3.160m)

Las grietas del glaciar son aterradoras. Intentar ascender por ahí tiene que ser cosa de héroes o de locos.

Grietas en el glaciar

Grietas en el glaciar

El día está perfecto en el valle y es lo que nos ha animado a subir. Pero aquí en las alturas las nubes se van formando cada vez más pesadas y oscuras. Es lo que hay. No puedes encargar día azul y soleado al adquirir el billete.

Terreno alpino de libro

Terreno alpino de libro

Al llegar a la estación superior, existe un cartelito turístico para dar fé de la altitud: la estación de tren más alta de Europa, en el glaciar más largo de Europa, con el restaurante más alto de Europa y la estación de Correos más alta de Europa. Inevitable que caiga una foto.

Jungfraujoch (El collado de la Doncella) 3.454 m)

Jungfraujoch (El collado de la Doncella) 3.454 m)

Desde la estación se accede a un complejo con muchos pisos y dependencias: cafeterías, tiendas de recuerdos, oficina postal, restaurantes y chuminadas varias. Ahí es por donde pulula el 80% de la gente (en su mayoría japoneses, que tienen en Grindelwald una segunda patria y que son los únicos extranjeros que se ven. Españoles muy pocos.

La primera visita que te conduce al interior del complejo es el Palacio de Hielo, donde han esculpido diferentes escenas y animales para que te hagas fotos con ellos. Ahí ya tienes que ponerte guantes y cerrarte la chaqueta porque estás a varios grados bajo cero.

Palacio de Hielo

Palacio de Hielo

Nuestra primera salida será al Plateau para contemplar el glaciar y la Esfinge. No sale ni dios del frío que hace. Un panel en tiempo real te informa de la temperatura (-0.2ºC, o sea, calorcito) y de la velocidad del viento (ráfagas entre 50-60 km/h, o sea, un frío insoportable). Salimos al Plateau con cuidado para que no nos lleve el viento. La sensación es vivificante pero aquí tan expuestos al viento no se puede estar demasiado tiempo.

Glaciar Aletsch

Glaciar Aletsch desde el Plateau

Las vistas sobre el glaciar Aletsch, de 27 kms, el más largo de Europa, son espectaculares. Esto que vemos es Konkordia Platz (Plaza de la Concordia, 2.779 m), la unión de varias lenguas glaciares que convergen en el principal.

Una pareja de japoneses muy jóvenes me pide que les haga un par de fotos, con esa risa nerviosa que los caracteriza. Van en vaqueros y se están quedando pajaritos. Pedazo de cámara… konnichiwa, amigos nipones, tirad pa’dentro que se os congela la sonrisa. Nos quedamos solos en el Plateau y puedo tomar unas cuantas instantáneas.

Éste observatorio (Sphynx, 3.571 m) es un laboratorio climático y se puede acceder a las terrazas. Luego subiríamos. La salida al Plateau es justo debajo de la montaña sobre la que se asienta.

La Esfinge

La Esfinge desde el Plateau

Justo detrás se encuentra el Mönch (El Monje, 4.099 m) que rodearemos en nuestra pequeña excursión por el glaciar. Como se puede ver, cada vez hacía peor tiempo.

Mönch, (El Monje, 4.099 m)

Mönch, (El Monje, 4.099 m)

Aunque soy poco dado a dejarme robar el alma, me pillan pelado de frío. La sensación térmica dada la velocidad del viento era de entre -15º y -19º C. Realmente fría.

El Ogro en el glaciar

El Ogro en el glaciar

Aletshgletscher

Aletshgletscher

El Ogro con su vástago en el Plateau

El Ogro con su vástago en el Plateau

Cumbre helada sobre la que se asienta la Sphynx

Cumbre helada sobre la que se asienta la Sphynx

Sphynx (3.454 m)

Sphynx (3.571 m)

Nos metemos de nuevo en el complejo y recobramos el calor. Si este frío es el que vamos a sufrir durante la rutilla por el glaciar, la cosa va a ser casi imposible. Quiero pensar que en el Plateau estábamos totalmente expuestos al viento, que entraba a cuchillo por el collado. Recorremos las zonas más turísticas donde la gente bebe y compra y salimos al glaciar. Hace frío y nos colocamos toda la ropa que hemos traído. Pero el viento no es tan insoportable y podemos echar a andar, con el Mönch a nuestra izquierda.

Seracs del Mönch

Seracs del Mönch

Nuestra ruta va paralela al Mönch para ascender al Oberes Mönjoch (Collado Superior del Monje, 3.627 m) y llegar al Mönsjochhütte (Refugio del Collado del Monje, 3.650 m). A pesar de transcurrir por un glaciar, está perfectamente balizada y cuidada para que no haya demasiado problema en seguirla. Son unos 2.6 km de ida y otros tantos de vuelta por el mismo camino. Unos 204 metros de desnivel, que parecen pocos, pero que hay que tomarse con muuucha calma.

Camino al Refugio del Monje. Enfrente la arista del Trugberg (3.932 m)

Camino al Refugio del Monje. Enfrente la arista del Trugberg (3.932 m)

Es lo que le sugiero a mi hijo, de manera que comenzamos a caminar de forma muy lenta. Tanto es así que somos los últimos de los que han comenzado la ruta (pocas personas, la mayor parte de ellas se han quedado en los restaurantes y tiendas de recuerdos). Le digo que vaya aún más despacio, que el camino sencillo y sin fuerte desnivel que seguimos es muy engañoso. Me hace caso y acertamos de pleno: al poco tiempo adelantamos a los que no contaron con la altitud y que han bajado el ritmo de manera drástica. Cuando ellos empiezan a echar el bofe nosotros seguimos con nuestro ritmillo lento que nos permite adelantar a todo el mundo.

Mirada atrás: Jungfrau y Sphynx. Somos los últimos... por poco tiempo

Mirada atrás: Jungfrau y Sphynx. Somos los últimos... por poco tiempo

Desde aquí podemos ver cómo las lenguas glaciares y los seracs caen hacia Konkordia Platz, aumentando el caudal de ese mar de hielo.

Lenguas glaciares hacia Konhordia Platz

Lenguas glaciares hacia Konhordia Platz

Pasamos al lado de los seracs del Mönch, con esa cueva abierta en ellos. Vemos los primeros alpinistas por sus aristas. Qué envidia…

A los pies del Mönch

A los pies del Mönch

La temperatura es bajísima y el viento arrecia. Comienza a nevar y la ventisca es dura. Casi todo el mundo que avanzaba por la ruta se da media vuelta y echa hacia abajo con gran velocidad. Cobardicas… No quiero forzar a nadie a seguir. Yo tengo claro que voy a llegar hasta el refugio. Mi hijo dice que está cansado (los 15 km de ayer le han pasado factura, junto con el madrugón y la altitud), que le cuesta avanzar, pero que va a intentarlo. Nos quedamos los dos solos. Cuento seis cuerpecillos llegando al Collado. Y luego nosotros dos. Nadie más se queda en estos andurriales. Me siento algo preocupado por mi hijo. Es voluntarioso y nada cobarde. Pero hace muy malo y la altitud lo está machacando.

Ahora sí que estamos solos

Ahora sí que estamos solos

La ventisca es tremenda y la sensación invernal es intensa. Sé que por muy mal que se ponga y nos cubra esa niebla que oculta a la Jungfrau, sabría encontrar el camino con esas balizas cada 15 metros. Yo no tengo ningun miedo pero no quisiera meter a mi hijo en un tinglado. Ya no nos tiene que quedar mucho hasta el collado, pero el viento nos da en contra y hace más lento el avance.

Ahí, con 12 años y con un par...

Ahí, con 12 años y con un par...

Imposible no mirar a los alpinistas que están progresando por las aristas del Mönch. No es una montaña especialmente difícil. Tiene unos pasos mixtos de roca, nieve y hielo de grado II al comienzo de la ascensión (ver foto) y luego un par de aristas aéreas heladas con bastante patio a ambos lados. Por lo que he leído, el principal peligro son los guías suizos, que como los franceses, deben ir de sobrados por la vida y empujan y apartan a los que no son sus clientes. Lo digo de oídas, no puedo asegurarlo. Pero donde hay negocio hay mafia y no me extrañaría.

Alpinistas en el Mönch

Alpinistas en el Mönch

¿Queda esto a mi alcance? Obviamente en solitario como suelo ir yo a la montaña, sería imposible. Pero yo creo que en una cordada con alguien más experto… En fin. Nunca se sabe. Los sueños, sueños son.

Terreno mixto, grado II

Terreno mixto, grado II

Llegamos al Oberes Mönchsjoch (Collado Superior del Monje, 3.627 m) con un tiempo horrible, una ventisca que nos lacera la cara y con mi hijo callado y un poco tenso. Desde aquí vemos a otros dos montañeros iniciando el ascenso al Monje.

Oberes Mönjoch (Collado Superior del Monje, 3.627 m

Oberes Mönchsjoch (Collado Superior del Monje, 3.627 m)

Ya vemos el refugio y sólo queda el último empujón. La nieve está completamente dura y congelada. No habrían sobrado los crampones. Pero es pleno verano y cuesta meter esas cosas en la maleta, junto a las camisetas de manga corta.

Mönsjochhütte (Refugio del Collado del Monje, 3.650 m)

Mönchsjochhütte (Refugio del Collado del Monje, 3.650 m)

Llegamos justo hasta la cabaña y damos por concluida la ruta glaciar. Hemos llegado.

Die Hütte (3.650 m)

Die Hütte (3.650 m)

Mi hijo levanta las manos: ¡menudo campeón! No sólo ha sido una de las escasísimas personas que ha llegado hasta aquí (he contado seis antes que nosotros y que salieron bastante antes) sino que ha aguantado la ventisca que amilanó a casi todos y es el único menor de edad que ha conseguido terminar. Y con doce añitos… Me siento muy orgulloso de mi hijo y se me caería la baba haciéndole decenas de fotos si no fuera porque hace tanto frío que se congela la saliva.

12 años, 3.650 m.

12 años, 3.650 m.

No se le puede pedir más a un chaval. A pesar de la alegría de haber llegado juntos hasta aquí no dejo de tener un puntito de culpabilidad: es mucha altura, es sólo un niño, y hace realmente mal tiempo. ¿Soy un mal padre por haberlo traído hasta aquí? ¿Lo he forzado más allá de lo conveniente? No lo sé.

Joven alpinista

Joven alpinista

Me gusta que sea valiente. No quiero forzarlo a hacer cosas imprudentes pero no quiero crearle miedo a nada. Es una frontera muy sutil. En la que no sé si acierto o no.

El orgulloso padre del montañero

El orgulloso padre del montañero

Yo me quedaría un rato explorando el collado y adentrándome un poco más por la zona que se abre. Pero mi hijo dice que hasta aquí hemos llegado y que tenemos que volver. Hemos tardado 45′ caminando muy despacio y haciendo fotografías sin medida. Un paseo, de no ser por la ventisca y la altitud, que me tiene a mí también con un ligero dolor de cabeza.

La cresta Trugberg (3.932 m) desde el refugio del Monje

La cresta Trugberg (3.932 m) desde el refugio del Monje

Volvemos sobre nuestros pasos. Como sólo llevo guantes de polar con cortavientos, puedo disparar la cámara sin tener que quitármelos. Éstas que he puesto son sólo una mínima parte de las que tomé. Aún nieva y el viento sopla con fuerza.

Glaciares

Glaciares

Se ven algunas grietas a los lados del camino. Si hay algo que me pueda dar pavor no es la Niña de Medeiros o zombis por el estilo: es caerme en algo así.

Para que no se nos olvide dónde estamos

Para que no se nos olvide dónde estamos

Mi hijo me dice que se lo lleva el viento. Pega tan fuerte que hace daño. Me coloco delante de él y lo voy protegiendo como puedo. El camino se hace igual de duro que a la ida. Aún así lo detengo varias veces para seguir tomando fotos.

Pero mira que soy pesado con las fotos...

Pero mira que soy pesado con las fotos...

El lugar es precioso y lo tenemos para nosotros solos. El mal tiempo ha sido una bendición.

Placer solitario

Placer solitario

Vale, no todo puede ser bonito. Así el contraste es mayor

Vale, no todo puede ser bonito. Así el contraste es mayor

Y según vamos bajando el viento se lleva las nubes. Parece mentira con la ventisca que hemos sufrido que a cada paso que damos el cielo se va abriendo más y más. Tanto es así que ya vemos a los primeros “valientes” que se han decidido a realizar la ruta.

La segunda hornada ya está lista para partir

La segunda hornada ya está lista para partir

El cielo se va abriendo lentamente

El cielo se va abriendo lentamente

Un cielo azul sobre el valle permite ver la Esfinge y la Doncella en todo su esplendor. A buenas horas…

Jungfrau (4.158 m) y Sphynx (3.571 m)

Jungfrau (La Doncella, 4.158 m) y Sphynx (3.571 m)

Tras cruzarnos con un grupito de seis personas que van hacia la cabaña, volvemos a quedarnos solos en la bajada.

El Doncel camina hacia la Doncella

El Doncel camina hacia la Doncella

Siempre bajo la atenta mirada del Ogro

Siempre bajo la atenta mirada del Ogro

Volvemos a pasar junto a los seracs del Mönch, esta vez contrastados con el azul cobalto del cielo.

Camino de vuelta

Camino de vuelta

El observatorio se alza ahora desafiante bajo un cielo azul. Es como si hubiéramos tenido dos caminos distintos en el mismo trayecto. Ahora el día es espléndido, rotundo, perfecto.

Sphynx y Mathildenspitze (3.557 m)

Sphynx y Mathildenspitze (3.557 m)

Con ganas ya de llegar

Con ganas ya de llegar

Contraste

Contraste

Al loro con la grieta que se abre ahí en medio

Al loro con la grieta que se abre ahí en medio

Al llegar a la entrada del complejo, a los pies de la Esfinge, comentamos con el resto de la familia lo que se ha perdido por no echarle un poquito más de valor a la vida. Ahora la salida al glaciar es una fiesta y todo el mundo se anima a realizar paseos o seguir la ruta hacia el refugio. Sí, ahora, cabrones, que hace solito y no hay ventisca…

El Observatorio de la Esfinge

El Observatorio de la Esfinge

Nos toca subir ahora al observatorio, para echar una última mirada a esta parte del mundo con el cielo azul. Mi hijo está cansado y lo noto de mal humor. Dos días seguidos de alta montaña lo han dejado agotado. Joder, si es que no tengo compasión… ¡Que se haga duro, coño, que la vida no es para los blandengues! Blandengues que no salen de la cafetería y de la tienda de regalos. Allá cada cual.

Hay dos pisos de terraza desde donde puedes contemplar todo el espectáculo majestuoso del glaciar y los picos que lo circundan. Puesto que la zona es pasto de las tormentas día sí y día también, y caen rayos constantemente, han colocado diferentes cables metálicos en la estructura de manera que es una jaula de Faraday. En caso de descarga de un rayo, todo el mundo se encontraría a salvo.

Una vez más, Konkordia Platz

Una vez más, Konkordia Platz

Este caminito es el que hay que seguir para llegar al Collado del Monje, torcer a la izquierda y alcanzar el Refugio. Ahora parece una peregrinación.

Ruta hacia el Collado del Monje

Ruta hacia el Collado del Monje

Otra sección de la ruta

Otra sección de la ruta

Desde aquí puedo ver cómo dos cordadas se acercan a la cima del Mönch por la arista. Qué gozada tiene que ser estar ahí en estos momentos, con el cielo azul cobalto, la cima tan cerca y una arista helada bajo los pies. Bajo los crampones, más bien.

Cima del Mönch (4.099 m)

Cima del Mönch (4.099 m)

Y las últimas imágenes de esta belleza deslumbrante antes de volver al valle.
Chova alpina en la jaula de Faraday

Chova alpina en la jaula de Faraday

Gletscherhorn (3.983 m), Rottalhorn (3.969 m) y Jungfrau (4.158 m)

Gletscherhorn (3.983 m), Rottalhorn (3.969 m) y Jungfrau (4.158 m)

Aletschgletscher

Aletschgletscher

Gletscherhorn (3.983 m), Louwihorn (3.773 m) y Rottalhorn (3.969 m)

Gletscherhorn (3.983 m), Louwihorn (3.773 m) y Rottalhorn (3.969 m)

Jungfrau (4.158 m)

Jungfrau (4.158 m)

Decidimos tomar el siguiente tren. Nos cruzamos con una pandilla de jóvenes estadounidenses. Dios, qué paletos son, de verdad. Qué ignorantes… Vemos a chicos en bermudas y a varias chicas con camiseta de tirantes, pantalón corto y ¡chancletas! Yo creo que es que no saben ni adónde van, ni lo que hay ni lo que tienen que hacer. En eso los japoneses suelen ir más preparados.

Bajamos a la estación dentro de la montaña. Tenemos que esperar el tren que trae a nuevos turistas a presenciar este paisaje alpino tan maravilloso. Nosotros les dejamos sitio. Mi hijo está visiblemente tocado por la altitud. No recuperará su típica alegría y vitalidad hasta después de comer y descansar un rato en casa, a 1.015 m.

Jodido pero contento

Jodido pero contento

El camino en tren de vuelta a Kleine Scheidegg lo hacemos casi en silencio. Estamos algo tocados los tres. Yo me recupero del dolor de cabeza en cuanto bajamos un poco y me encuentro en plena forma. No estoy nada cansado porque si algo tengo es resistencia. Para mí los 15 kms de ayer triscando por los montes no fueron más que un paseo y ahora me iría sin dudarlo a realizar el Eiger Trail. Pero mi propuesta no es aceptada.

Al salir del túnel del Eiger logro hacer una foto de la morrena del glaciar que se desprende al final de la lengua.

Morrena glaciar

Morrena glaciar

Hemos llegado a Kleine Scheidegg, lugar lleno de restaurantes con vistas a la pared norte del Eiger y al resto de los gigantes que lo acompañan. Para mí esto carece de interés. No hay más que japoneses comiendo y turistas de todo pelo. El triperío no es sólo typical Spanish, también lo es typisch Schweiz. Para mí comer no es algo que me llene y me subyugue. Tengo que hacerlo y lo hago de la forma más saludable que puedo, pero no es el centro de mi existencia como lo es para tanta gente. Yo me como un bocata y una manzana y sigo triscando por el monte.

De vuelta a Kleine Scheidegg

De vuelta a Kleine Scheidegg

Yo me iría inmediatamente a tocar el Eiger. Existe un sendero de montaña que te acerca a su misma pared norte. La oportunidad de tocar y contemplar desde abajo una de las paredes más míticas del alpinismo europeo me parece única. Pero mi hijo está de un humor pésimo y sólo quiere bajar. No quiere comer, ni andar, ni hacer nada. Sintiéndolo mucho, aparco mis deseos (como casi siempre en mi vida) y tomamos la decisión de bajarnos en el próximo tren.

Cara norte del Eiger

Cara norte del Eiger

Esta panorámica muestra el macizo completo. Al hacer clic se ve ampliada.

Macizo de la Jungfrau desde Kleine Scheidegg

Macizo de la Jungfrau desde Kleine Scheidegg

No me olvido de mi querido Wetterhorn, que sigue siendo la niña de mis ojos.

Wetterhorn, los murallones del Schreckhorn y su unión con el Eiger

Wetterhorn, los murallones del Schreckhorn y su unión con el Eiger

Y ahora a volver a Grindelwald, donde nos espera nuestra casita suiza

Y ahora a volver a Grindelwald, donde nos espera nuestra casita suiza

Como hemos acordado, tomamos el primer tren que nos devuelva al valle. El sistema ferroviario suizo es tan perfecto como uno se imagina. No hay retrasos, todo está coordinado y da gusto usarlo.

Hacia el valle de Grindelwald

Hacia el valle de Grindelwald

Hacia el valle

Hacia el valle

Me paso el tiempo reprochándome a mí mismo el palizón que le he metido a mi hijo en dos días. Yo soy insaciable en cuestión de naturaleza: aún me habría pasado toda la tarde pululando por el Eiger. Pero él es aún un niño y demasiado ha hecho. De veras que lo paso mal pensando que ha podido tener un edema o algo así.

Vaya mal padre que tienes...

Vaya mal padre que tienes...

Tras comer, hidratarse y echarse una pequeña siesta, se levantó como nuevo. Como recompensa a su pundonor, valentía y esfuerzo, una de las cosas que más le gustan…

Una partida de minigolf en el entorno más bonito que uno pueda imaginar

Una partida de minigolf en el entorno más bonito que uno pueda imaginar

B. Material imprescindible (cont.)

En capítulos anteriores analizamos someramente la indumentaria que tendríamos que vestir y la mochila más adecuada a nuestra aventurilla. Es el turno de filosofar sobre una necesidad básica que tendremos en cuanto salgamos de casa (los ricos incluso dentro de ella).

 

B.2. Orientación

Antes de llenar de chuminadas y majaderías la mochilona enorme que nos hemos comprado vamos a detenernos unos momentos en algo que se suele pasar por alto en el 90% de las excursiones, salidas y rutas. Todos somos muy listos, todos conocemos la zona que vamos a patear y todos sabemos ir de un sitio a otro sin problemas. “Si, hombre, me voy a perder yo… pero si ese camino lo he hecho mil veces“.

Insisto, seamos humildes. Perderse es muy fácil; enormemente fácil. Uno puede ir por un sendero trillado, subirse a una piedra que está a 10 metros del camino para disfrutar del panorama, girarse, dar tres pasos hacia otro ventajoso punto de vista y… de repente, no saber dónde está el camino. Y entonces da inicio el conocido protocolo absurdo de desechar las opciones más razonables y echar a andar con paso decidido por un vericueto que no nos suena de nada, pero que “joder, tiene que estar por ahí, seguro“. Sigues por la trocha hasta que ésta desaparece, se confunde el camino, se desdibujan las trazas y estás perdido. Prometo que esto sucede con una facilidad pasmosa. Si hay niebla, lluvia, nieve o simplemente la estación es otra de la última vez que anduvimos por ahí todo esto se puede precipitar en menos de dos minutos. Perderse es algo extraordinariamente fácil. La mayor parte de las ocasiones el despiste no nos conducirá a un desastre, dado lo humanizado de nuestro entorno. Pero en parajes más silvestres la cosa se puede complicar en muy poco tiempo. Lo digo por experiencia.

Si comenzamos a triscar por la montaña hay que saber que antes o después nos perderemos. Esto puede ser aterrador o motivador, según las circunstancias y nuestra actitud. Uno puede venirse abajo y otro empezar a disfrutar de verdad.

Hay personas que para hacer una ruta se informan, estudian el terreno, preguntan, revisan paneles informativos, refrendan los datos con los mapas y las guías, están atentos a desvíos, hitos, balizas, consultan brújula y GPS y, con el tiempo… terminan perdiéndose como todo el mundo.

El simple hecho de adentrarse en un bosque de pinos por un senderillo es un acto que no todo el mundo está dispuesto a realizar. Alejarse de la civilización, de la carretera, del coche, de la seguridad de nuestro mundo occidental es algo que paraliza de miedo a un porcentaje enorme de la población.

Hay otras personas más exploradoras que no ven nada aterrador en salirse del camino, en ir a mirar qué hay más allá o a subir por esa ladera para ver qué surge al otro lado. Personalmente, me incluyo en este grupo, que no es ni mejor ni peor que el anterior. Sólo que las personas del primer colectivo tenderán a realizar rutas supertrilladas, más que seguras y no permitirán el más mínimo desvío del plan inicial. Eso hay que tenerlo en cuenta si vamos en grupo porque se pueden producir situaciones muy conflictivas y de auténtico pánico. Otra vez, lo digo por experiencia.

Cuando la ruta sea desconocida para los integrantes o transcurra por zonas poco señalizadas, campo a través, con posibilidad real de equivocarse y tener que buscar pasos alternativos, etc., es importante que antes de iniciarla,  todos estén convencidos de querer hacerla, no sientan “fobia a perderse” y cuenten con cierta experiencia en la orientación en la naturaleza. Y por último, y quizás lo más importante, que todos estén preparados por si hay que pasar más tiempo del planificado en la zona e incluso pernoctar.

Creo que antes o después nos perderemos. Lo que hay que procurar es que ese estado de perdición sea lo menos largo posible y nada lesivo para nuestras vidas. Los hábitos que he comentado en un párrafo anterior sobre la gente responsable deberían ser obligatorios para todo aquel que salga a la naturaleza. La aventura empieza en casa, con una reseña en un libro de rutas, en una guía de ascensiones, en un artículo personal de alguien que nos cuenta un camino que ha seguido. Luego vienen los mapas, que para mí son algo precioso siempre y que no me canso de mirar. Disfruto enormemente los días previos a una salida imaginando mi camino en el mapa. 01082006_1349462Previendo las dificultades, los lugares de visita obligada, los puntos de agua o descanso, las vías de escape si las cosas se tornan malas… Un mapa es aventura siempre y deberíamos tener una buena colección de las zonas que visitamos.

Todos sabemos que el Ejército Español confecciona unos mapas muy precisos de todo el territorio. Son baratos y abarcan cualquier lugar que queramos visitar. El Instituo Geográfico Nacional hace lo propio y también son muy sencillos de conseguir. En zonas de montaña, y en especial de nuestro Guadarrama, la Editorial Alpina y la Tienda Verde tienen todo lo que podamos necesitar. Lo malo de tener 3 ó 4 mapas de la zona es comprobar que… no son iguales.

Este verano estaba en un punto del arroyo de la Angostura delante de una baliza en el terreno, consultaba dos mapas de montaña y un tercero de los editados por el P.N. de Peñalara y miraba la realidad, miraba los mapas…¡y no sabía qué hacer! Hay zonas que están muy cambiadas, senderos que se han abierto nuevos y otros que han desaparecido totalmente o, lo que es peor, que desaparecen en medio de la espesura o de unos canchales… y ahí te quedas tú, mirando el mapa como un tonto diciendo: “Joder, pero si aquí viene claramente un camino“. Y lo hubo en los años 60, pero ahora se ha cerrado por la vegetación, o los animales han abierto otro cercano y se ha dejado de usar… Complicado orientarse y sencillo despistarse. Y qué decir de las fuentes, mi demonio personal. Un símbolo en el mapa parece la salvación… que no llega, que no encuentras, que no está.

Aún así, llevar con nosotros un mapa es obligatorio. En ocasiones podemos creernos perdidos, pero si nos serenamos, consultamos el mapa y podemos reconocer dos o tres puntos clave (un embalse, dos picos conocidos, un pueblo, un cordal o un colladito) podemos enseguida saber por dónde andamos con bastante precisión. En la mayor parte de los casos será suficiente para marcar un rumbo aproximado que nos devuelva a zona despejada o conocida.

Truco: evitaremos llevar el mapa de la zona concreta que vamos a visitar… y nada más. Si nos despistamos o nos perdemos, puede sernos de mucha utilidad conocer zonas limítrofes y su geografía. Nada puede ser más lamentable que nuestro mapa se corte justo en la ladera que hemos tenido que tomar como única opción debido a la ventisca que se ha producido en el camino que estábamos siguiendo. Llevaremos mapa, pero no nos servirá de nada. No imprimas o fotocopies sólo la ruta estricta que pienses recorrer: acostúmbrate a tener mapas complementarios de toda la zona y prevé posibles escapes de la ruta principal.

Cuando uno está en la naturaleza se encuentra en muchas ocasiones en un estado que no es perdido, pero se le parece bastante. Es algo un tanto ambiguo que tiene mucho encanto si se tiene el humor para verlo. La idea de estar “más o menos por aquí” y de que nuestro siguiente punto tendría que estar “más o menos por ahí” es bastante bonito si uno lo piensa detenidamente. En un porcentaje alto de los casos esa aproximación será más que suficiente para salir de cualquier situación.

Por el contrario, si buscamos unos hitos que nos guían en una cresta complicada, si necesitamos rodear un barranco peligroso por el único paso que hay o tenemos que encontrar un refugio en la noche, la cosa cambia. Hemos de ser muy precisos y debemos huír de la ambigüedad. El uso correcto de la brújula o de sistemas GPS serán primordiales.

En todos los manuales de montaña, de senderismo y de supervivencia existe un capítulo dedicado al uso de la brújula y otro a los medios de los que disponemos para sustituirla si no disponemos de una.

Minicurso rápido del uso de una brújula sobre el mapa

1. Coloca el lado largo de la brújula sobre el mapa, entre el punto de partida y el destino, con las flechas de dirección de la placa base apuntando hacia la dirección de marcha. En este ejemplo suponemos que queremos dirigirnos del punto 10 al 21.

2. Gira la cápsula de la brújula o limbo sin moverla del mapa, hasta que sus líneas Norte-Sur (pintadas en la base del limbo) estén paralelas a las líneas de los meridianos Norte-Sur del mapa (azul), la parte N del limbo (estará marcada con dos líneas destacadas, o con una flecha… En este caso dos líneas verdes) tiene que apuntar al N del mapa.

3. Mantén la brújula horizontalmente frente a tí y ve girando hasta que, sin mover el limbo, hagas coincidor la punta roja de la brújula (la que marca el Norte) con las dos líneas destacadas o flecha del limbo. ¿Qué dirección debes seguir para alcanzar el destino?… Muy sencillo, la que marquen las flechas de dirección de la placa base.

Nota: no se ha tenido en cuenta la declinación magnética, que en España es de unos 5º Oeste. Para ser puristas habría que compensarla y girar el limbo esos 5º a la derecha, pero en la mayor parte de los casos no será necesario.

Creo que jamás he coincidido con otra persona en el grupo que llevara brújula. Se omite este aspecto, no sé muy bien por qué. Quizás porque uno quiere disfrutar de la naturaleza, de las bellezas que lo rodean, del esfuerzo físico y de los momentos irrepetibles que puede obtener; y lo que menos apetece es ponerse con limbos, declinaciones magnéticas y zarandajas que no tienen nada que ver con recorrer la cuerda de una sierra o con ascender a tal picacho. Es comprensible.

Y ahora es mucho más fácil tirar de GPS y descargarse un track en un foro de Internet y simplemente seguir la flecha que nos muestra el camino hacia el siguiente waypoint. Totalmente comprensible.

Yo aconsejo conocer un uso básico de la brújula y llevar una sencilla con nosotros. Aunque sea de manera general, nos puede marcar un rumbo aproximado a seguir y proporcionarnos cierta seguridad: el hecho de tener algo que seguir en un momento de miedo puede serenarnos lo suficiente como para pensar con claridad y tomar decisiones acertadas. Sin ese rumbo recto y objetivo que podemos consultar a cada momento, nuestro camino se hace cada vez más errático, nos cansaremos mucho, caminaremos en círculos y el ánimo del grupo se puede venir abajo. Si al principio pululábamos en ese borroso margen de estar un poco perdidos, en cuanto el pánico se apodere de nosotros y echemos a andar en cualquier dirección, los márgenes se harán muy claros: estaremos muy perdidos.

No es este el lugar para ofrecer clases de orientación con brújula y GPS. Se imparten cursos en muchos lugares de montaña y existen manuales y libros de todo tipo. Lo que nos tiene que quedar muy claro es que llevar brújula y GPS no es obligatorio si no se conoce su uso. De hecho, puede ser contraproducente usar un GPS mal: nos encabezonaremos en seguir una dirección aunque todo a nuestro alrededor muestre que estamos en otro sitio. Se puede llegar al caso grotesco de que el tío del GPS diga: “¡Joder, si tenemos que estar en la misma cima del Cerro Mostrenco!” y que el grupo se encuentre en una ladera salvaje de un barranco intransitable. El mozo con su juguete nuevo insistirá una y otra vez hasta que alguien con más cabeza le dé una hostia al GPS (y al dueño) y reconduzca al grupo a la realidad: “¡Estamos aquí!”

Aquí es un lugar concreto. Es donde estaremos en cada momento. Eso es real. No es un mapa, ni unas coordenadas UTM, ni un waypont ni nada parecido. Es algo físico, real, tangible. Un aquí y un ahora. Se le puede poner nombre geográfico o no tener la más remota idea. Pero existe y es nuestra realidad. Aceptar la realidad es un acto valiente siempre en la vida. No solemos vivir en la realidad, sino en mundos ficticios que nos inventan para dominarnos o que nosotros mismos creamos para no volvernos locos del todo. Pero si uno está en ese barranco perdido, con mal tiempo, anocheciendo, sin equipo suficiente e insiste en seguir morando en mundos ficticios, la tragedia será inminente. Sólo aceptando la realidad se puede sobrevivir.

Filosofías zen aparte, recomiendo una lectura detallada de algún capítulo de uso básico de la brújula y estudiar con detenimiento el mapa de la zona donde vayamos a ir. El hecho de haber memorizado las cimas principales, los collados y algún otro elemento geográfico curioso nos podrá permitir echar un vistazo alrededor y poder distinguir alguno de ellos.

Una vez me perdí en La Pedriza, pero no un poco, sino totalmente perdido. Jamás había ido por esa zona; había empezado a trepar y dejé de ver el siguiente punto de control. Eché la vista atrás y no vi el lugar por donde debería estar el anterior. En ese instante uno debe ser capaz de reaccionar correctamente y volver sobre sus pasos antes de que las cosas se vuelvan más serias. No lo hice. Seguí trepando. No había marcas. Llegué a un punto en el que destrepar se hacía cada vez más difícil y sólo podía seguir internándome en ese caos de granito que no me llevaba a ninguna parte. Alcancé el punto de no retorno: ya me era imposible destrepar sin matarme y, de conseguirlo, tampoco sabría regresar por donde había venido. Un desastre. Y es cuestión de minutos, lo aseguro. Sin embargo, el conocimiento anterior que tenía de los riscos, tolmos y paredes de la Pedriza me permitieron posicionarme en el mapa. En un lugar abierto vi El Pájaro y algunos riscos más y supe “más o menos” donde estaba yo. Eso me tranquilizó bastante. Ya no estaba perdido: sólo me había despistado y apartado del camino principal. Es algo que te concede un respiro y te permite pensar. Y aunque me dejé un poco de sangre  en el trayecto, conseguí llegar a un camino que, aunque no lo había pateado nunca, identifiqué perfectamente en cuanto llegué a él porque me había situado correctamente en la realidad. Y de la realidad pasé al mapa, Y el mapa me condujo a la siguiente realidad.  

De manera que considero que un mapa es obligatorio; brújula y GPS serán muy útiles si sabemos usarlos. Si no tenemos ni idea, compararemos el mapa con la realidad, buscando aquellos accidentes geográficos que podamos identificar sin ninguna duda y triangularemos.

Truco: es importante conocer los diferentes perfiles que tienen los picos principales. Podemos reconocer sin pestañear la cara sur de la Maliciosa porque la vemos desde la carretera, sale en muchos cuadros y es hermosísima. Pero vista desde el norte, o del noreste, es completamente distinta. Cuantas más rutas hagamos mayor será nuestro repositorio de imágenes, hasta formar una biblioteca inconsciente de la que podremos tirar en momentos críticos.

978-84-9619-283-6_gEn muchos casos será más importante que la brújula contar con unas buenas reseñas de la ruta. Hay magníficos libros que nos guían por caminos, ascensiones y travesías de todas las zonas que podamos desear. Bien es cierto que podemos descubrir nosotros rincones mágicos que se apartan de lo más trillado. Pero nuestro país está muy humanizado y no será fácil abrir nuevas rutas, sobre todo si somos novatos. Dejarse guiar por montañeros expertos que se han pateado desde hace décadas el lugar por donde nosotros damos los primeros pasos no es mal consejo. Domingo Pliego y Manuel Rincón son montañeros experimentados y grandes conocedores de Guadarrama (Pliego es responsable de la señalización de la Integral de la Pedriza, por ejemplo) y se las saben todas. Sus libros son amenos, exhaustivos y bien documentados. Unen cultura y leyendas populares con descripciones muy profundas de cada ruta, de manera que es fácil seguirlas sin despistarse. El único inconveniente es que lo que para ellos puede ser un paso sencillo que solventan con las manos en los bolsillos, para nosotros los novatos puede requerrir de echar las manos y pasar un mal trago. Los tiempos que calculan no son de máquina, como suele suceder en las guías de ascensiones a montañas, y nos ayudarán a calcular el esfuerzo total de las salidas. Cualquiera de sus guías de Guadarrama será una fantástica compañera.

También encontraremos centenares de páginas en Internet con todas las rutas posibles. Muchas de ellas están documentadas con fotografías. Uno de los inconvenientes de las guías impresas es que cuentan con pocas fotos, puesto que el papel a color es caro . Y éstas suelen centrarse en un bello amanecer, un contraluz artístico o las vistas impresionantes desde tal vértice geodésico. Pero lo que nosotros necesitamos es saber de dónde sale exactamenteel pequeño senderillo, casi una vereda de conejos, que habrá que tomar para llegar hasta una piedra caballera que, una vez rodeada a poniente, nos conducirá entre jaras y tomillos a la canal que nos subirá hasta…”: “Vale, tío, en vez de la imagen de la ermita del Mondongo que se ve desde el cerrito, ponme la del lugar exacto donde me tengo que desviar; y qué cojones es eso de a poniente“. Las descripciones documentadas con fotografías y comentarios nos pueden ayudar mucho. Es cuestión de buscar un poco por la red y encontraremos este tipo de reportajes.

Resumiendo: mapa y reseñas, obligatorio. Brújula y GPS, optativo y recomendable. Actitud mental adecuada para no entrar en pánico y llegar a disfrutar de la situación ambigua, conditio sine qua non.

Y ahora, unos consejitos gratis:

  • Habla con los ojos abiertos. Es habitual marchar en grupo o con alguien que conoce la zona y se encarga de guiarnos a todos. Es muy fácil delegar en otros las tareas de orientación. Pero es una manera de hacerse dependiente por completo de una persona que puede ser muy experta o no, o que se equivoque como hacemos todos muy a menudo. Ir en grupo implica ir charlando amigablemente y conlleva bajar la guardia en la atención al camino seguido. Uno puede mantener una conversación mientras se va fijando en desvíos, señales, referencias, etc. No delegues toda la responsabilidad en una persona y sé responsable de tu propia seguridad en todo momento.
  • Mira de vez en cuando hacia atrás. Es curiosísimo lo que cambia un paisaje, un sendero o una ladera vista desde un lado o del contrario. Lo que parece un camino sencillo de seguir se convierte en completamente nuevo y sin referencias a la vuelta. Es muy útil volverse cada poco y echar un buen vistazo. Nuestro cerebro sumará estas vistas al camino principal y nos resultarán familiares muchos accidentes geográficos en el camino de vuelta. Esto sirve también para conocer perfiles distintos de las montañas que conformarán un modelo en tres dimensiones de muchos picos y que puede servirnos en algún momento de apuro para localizar dónde estamos o hacia dónde tenemos que ir.
  • Caminos en Y y en Y invertida. Hay quien los llama senderos malditos. Suelen estar en bosques frondosos y son una verdadera pesadilla. Vas andando por un sendero sin ningún problema. Si se presenta una desviación en Y memorizas el que tomas (el de la izquierda, por ejemplo) o incluso dejas piedras, unos palos señalando la dirección o lo que sea. Perfecto. Pero es posible que hayas dejado atrás una incorporación en Y invertida y que te haya pasado totalmente inadvertida: a tu camino se ha unido otro desde atrás en el que ni has reparado. A la vuelta te encuentras con que tu único camino seguro y sencillo tiene dos ramales que desconocías… Oh, oh. Esto es mucho más frecuente de lo que parece y por eso hay que seguir el consejo anterior.
  • senderos malditos

  • Tus propios hitos. Es muy común seguir una ruta complicada o una ascensión mediante hitos que otros montañeros más capaces que nosotros colocaron con anterioridad buscando el mejor paso, el menos peligroso o… el único posible. Hay que ser escrupulosamente respetuoso con estas marcas y no tocarlas siquiera. Podemos añadir una piedra o dos si consideramos que está dañado por los animales o el paso del tiempo. Pero no se debe abrumar un camino con más señales de las necesarias, porque a) puede ser contraproducente y liar más el trayecto; b) parte de la sensación de aventura lo conforma el buscar un camino; y c) debemos ser una vez más humildes y no creernos capaces de abrir huella en terreno inexplorado. Pero si hay un paso conflictivo que consideremos vital para nuestra progresión o para poder volver sobre nuestros pasos con seguridad y no está marcado o consideramos que necesitamos más ayuda y confianza para reconocer el lugar exacto, podemos dejar un hito personal que sepamos divisar en el momento apropiado y que nos reconduzca felizmente al sendero correcto. Queda claro que con el máximo respeto al entorno (nada de romper ramas o tronchar nada) y si es posible, dejando luego todo como estaba.
  • Compara el mapa con lo que ves. Para de vez en cuando y compara la realidad con la imagen falsa del mapa. No puede haber divergencias notables. Si hay algo que no te cuadra, revísalo otra vez hasta que ambos constructos cuadren. Es común decirse: “Teníamos que haber llegado a este arroyuelo… Bah, si será por aquí, no queda otra“. Un ligero desvío de un grado nos puede alejar en poco tiempo una gran distancia del lugar al que debemos llegar. Lo digo por triste experiencia. Revisa el mapa y revisa la realidad de tu aquí porque es lo que tienes.
  • Memoriza picos y accidentes geográficos. Las montañas son siempre una belleza impresionante. Conócelas. Aprovecha cualquier momento para identificarlas. A los niños les gustan los nombres graciosos que tienen en muchas ocasiones. Jugad a buscar en el mapa los nombres y reconocerlos en la realidad. Guadarrama es una sierra “pequeña” que se puede abarcar casi entera desde muchos lugares. Sube a picos diferentes para ver las perspectivas que dan de cada cuerda y macizo. Todo eso te dejará un poso inconsciente que te facilitará enormemente la orientación cuando lo precises.
  • Haz mejoras y anotaciones en tus mapas. En los mapas hay errores, inexactitudes y sorpresas que nos pasan por alto. Si la fuente ya no existe, anótalo para que en el futuro no cuentes con ella. Si el sendero se ha perdido o se ha formado otro, trázalo aproximadamente en tu mapa. Puedes anotar tiempos de marcha de un punto a otro, así como dificultades, rincones que has descubierto, etc. Otra cosa que se suele obviar es buscar senderillos secundarios para ir de un sitio a otro en lugar de por el principal. Haciendo esto ahorré bastante tiempo en la bajada desde el Pto. de la Fuenfría hasta las Dehesas por un mínimo sendero que viene en el mapa y que nunca se cita en las guías. Es cierto que está tan poco usado que casi se pierde; pero está y se puede seguir ahorrando mucho a la bajada.
  • Documenta tus salidas. Una cámara digital está al alcance de todo el mundo. No se piden fotos artísticas (que también) sino descriptivas. Lo que te ha servido a ti de otras personas lo puedes ofrecer tú a las siguientes. Desde que documento mis excursiones he recibido muchas visitas a esta página de personas que buscaban hacer rutas parecidas. Sé que mi estilo no es el más adecuado, porque estoy como una regadera y me centro en cosas que no son del todo objetivas; pero quizás alguna referencia o comentario, alguna fotografía, pueden haber ayudado a otros en la montaña.
  • Piérdete adrede. Perderse es algo que puede ser muy enriquecedor y motivante. Si uno lo hace en situaciones controladas y sin riesgo, no es más que un entrenamiento muy divertido. Hay que empezar por lugares sencillos y aumentar progresivamente la dificultad. En el pueblo segoviano al que voy desde hace 20 años hay una masa de pinos a la que llaman El Pinar Grande. La inmensa mayoría de los habitantes jamás lo ha pisado y pocos se aventuran en él. Se lo teme desde siempre porque uno puede perderse. Me desalentaban a adentrarme en él en bici o andando porque, siendo de la capital, me perdería al momento. Obviamente, me lo conozco al dedillo, tengo un mapa mental de todo el pinar bastante preciso y lo he recorrido en todas las direcciones. Jamás me he perdido y nunca me he despistado más allá de unos minutos (buscando setas es fácil desorientarse porque la atención se centra en el suelo y hay muchos giros y cambios de dirección). Tras recorrer la mayor parte de sus caminos decidí que el siguiente paso sería intentar perderme. Caminaba campo a través, eludiendo los caminos con los que me cruzaba. El juego podía durar un par de horas hasta que llegaba al punto de partida por un trayecto nuevo. Este tipo de entrenamiento aviva el sentido de la orientación, te aporta seguridad y te habitúa a caminar en silencio por un lugar desconocido sin temor y de manera muy relajada. Esta actitud te vendrá muy bien en situaciones más complicadas y críticas.
  • Disfruta mientras te encuentras. Si sales con frecuencia a la naturaleza llegará el día en que te pierdas. Es ineludible. Puede ser más o menos grave en función del tiempo atmosférico, de la noche, de lo escarpado del terreno… pero es el tipo de experiencia que te hace sentir vivo y te obliga a dar lo mejor de ti mismo. En esas situaciones te conocerás mucho mejor, verás tus miedos reales, dónde están tus límites y lo que puedes llegar a hacer. Perderse y luego encontrarse es algo que te hará crecer como ser humano. Subir un pico difícil, esforzarse y solventar pasos complicados y llegar a la cima aporta una satisfacción enorme; pero era lo que buscabas, tu objetivo, y te habías preparado para ello. Salir de una situación complicada que no buscabas te pondrá mucho más a prueba porque no estabas preparado para hacerlo; superarlo será aún más satisfactorio. Por muy putas que las estés pasando… disfrútalo.

Continuará…

B. Material imprescindible

En capítulos anteriores analizamos someramente la indumentaria que tendríamos que vestir en cada circunstancia. Ahora es el turno de precisar el material que debemos llevar con nosotros cada vez que realicemos una actividad en la naturaleza. Queda claro que se tratan de rutas y excursiones sencillas entre el senderismo y el montañismo, en todas las estaciones y sin pasos de escalada, para los que se necesitaría un material distinto y adecuado que escapa a este pequeño análisis.

B.1. Mochila

Inseparable compañera de nuestras aventuras. Yo recuerdo con absoluta precisión todas las que he tenido a lo largo de mi vida y a los lugares a los que me ha acompañado cada una. También he visto la evolución de su forma, estructura, materiales y hasta la estética. ¿Alguien recuerda aquellas que tenían una estructura de tubos de aluminio con un resalte en el que ese encajaba el saco o la tienda? Eran un incordio, pero en su momento, molaban. Luego llegaron materiales más impermeables (he tenido una Altus tantos años que no sé cuántos pueden ser, que me salió perfecta; la he tirado hace poco por cuestión de no seguir almacenando trastos; pero estaba como el primer día y ahora me arrepiento de haberlo hecho).

Además de tropecientas mochilas urbanas tengo 5 para la montaña (y aún me gustaría comprarme otras dos…). Puede parecer que soy un consumista compulsivo, pero prometo que es todo lo contrario: nunca compro nada que no vaya a usar, y cuando lo hago es porque lo he pensado mucho, he esperado mucho hasta decidirme y aún así, dudo hasta el último segundo. Y todo lo que compro lo uso durante muchos años.

Empezaremos de menor a mayor capacidad.

Diosaz 10Las mochilas Raid o Trail son pequeñas, anatómicas y están pensadas para correr con ellas sin que el peso nos impida avanzar con rapidez. Su función principal es la de portar el agua (en bolsas tipo CamelBak y en depósitos independientes) y llevar con nosotros el material de supervivencia necesario entre etapas o controles de la carrera: cortavientos, alguna muda, guantes, mapas, móvil, bastones, botiquín y comida rápida.

¿Se pueden utilizar en una salida de montaña en la que no vamos a correr? Yo antes diría que no. Pero mi opinión ha cambiado totalmente tras comprarme una. Se puede usar perfectamente en una salida corta de medio día en la que la mayor parte de la ropa la llevemos puesta desde el principio y sólo necesitemos guardar un cortavientos, un par de calcetines y poco más. Obviamente la capacidad de almacenaje queda restringida a esas mínimas prendas, un bocata, el botiquín y algún gel o barrita en caso de apuro. El resto del equipo lo llevaremos puesto: en primavera y otoño, nos abrigaremos con un forro polar o un Soft Shell que no nos quitaremos durante la ruta. Un chubasquero o un cortavientos fino será lo que nos quepa en su aprovechadísimo interior. En los bolsillos del cinturón caben barritas, frutos secos, chocolate, el móvil, la cámara… Sin duda es una magnífica opción para una ruta sencilla, corta, rápida y que estemos seguros de que no nos va a deparar ninguna sorpresa (bueno, de eso no se puede estar nunca seguro; pero me entendéis). Es también una buena opción para que los más pequeños de la casa se acostumbren a llevar una mochila en las salidas y se hagan responsables de su agua y su comida, por ejemplo, mientras el papi lleva el grueso de las provisiones y demás material.

Las mochilas de ataque tienen una capacidad mayor y están diseñadas para portar más material de montaña. Suelen tener unos 30-40 litros distribuidos en el bolso principal, los laterales, el de la seta y el cinturón. Tener una de éstas es imprescindible. Es la que más usaremos en nuestras salidas de un día y la más polivalente. Hay decenas de modelos de todas las marcas, cada día son más chulas y es difícil decidirse por una (o dos, o tres…). No suelen tener una estructura interna que les aporte forma y su punto fuerte es la ligereza. Casi todas vienen ya con Mochila Lafumacinturón lumbar y pectoral, lo que nos permitirá ajustarla perfectamente sin que se mueva y nos desequilibre. Suelen tener uno o dos bolsillos para meter la cantimploras y también suelen ser compatibles con sistema de hidratación tipo CamelBak. No olvidemos lo útil que puede ser un par de enganches para los bastones o el piolet. Algunos modelos tienen algún sistema de aireación que separa la espalda del cuerpo principal del macuto con una rejilla aireada. En fin, si nos queremos engañar… lo hacemos. Con calor y tras los kilómetros suficientes, sudarás por la espalda. Yo tengo una así y bueno… no está mal.

Otra cosa fundamental es la funda impermeable. Muchas mochilas ya llevan incluido un bolsillito con cremallera en la base de la que se extrae esta funda que impedirá que se nos moje la ropa y el material. En caso de que no la lleve o de que sea demasiado justa y no cubra el material que podamos llevar por fuera (saco, aislante…) venden fundas independientes de todos los tamaños. En ocasiones podemos ahorrarnos esto si llevamos un poncho impermeable que cubra también la mochila.

No soy capaz de recomendar ninguna marca porque creo que todas están muy bien y cada uno encontrará un modelo más acorde a sus necesidades, sensación de comodidad o simple gusto estético. El precio, desde 20 € los modelos más simples y sin pretensiones (que pueden servir para el 80% de nuestras salidas, si somos sinceros) hasta 100 € o más los modelos más ligeros y adaptados al alpinismo, el esquí de fondo o la escalada. Buscar en períodos de ofertas o en modelos de años anteriores puede ser recompensado con drásticas rebajas de precio. Yo diría que por 30-50 € te puedes llevar algo muy majete.

Las usaremos en todas las excursiones de máximo un día o en los ataques a cima mientras dejamos la mochila principal en la base, metiendo en la pequeña sólo lo imprescindible para subir y bajar: hidratación, comida rápida, seguridad y calor. El resto de la ropa y provisiones quedará a buen recaudo en el refugio o donde podamos guardarlo.

Los amantes de la ligereza (Light packing o incluso Ultralight packing) pueden (y ejem, modestamente, podemos) usar este tipo de mochilas para pasar varios días en la naturaleza, llevando saco, funda vivac, aislante, comida para varias jornadas… Pero es algo que se va aprendiendo con el tiempo y no lo recomiendo a principiantes. Yo he usado una de 40 litros para estos menesteres y reconozco que me va muy justa, pero cada vez voy afinando más y se puede hacer sin problemas. Para profundizar en esta filosofía recomiendo encarecidamente la web Ultraligero. El vasco que la lleva es un fiera que se ha recorrido enormes distancias con el peso y el material tan ajustado que parece imposible que lo haya conseguido. No dejéis de visitarla porque es una fuente de sabiduría magistral.

Las mochilas de media carga permiten un volumen de 40-60 litros y son las ideales para pasar dos o más días en la naturaleza transportando el saco de dormir, el aislante, los aparejos de cocinar y alimentos varios.

En este caso que incluimos siempre saco y aislante, la funda impermeable que cubra por completo la mochila y los elementos externos es fundamental. Pasar varias horas bajo la lluvia, acampar, cambiarse de ropa y descubrir que está mojada puede deprimir al más optimista. Si encima se nos ha empapado el saco, la nochecita ya será insufrible.

En este segmento de mochilas es importante que presente un armazón semirígido, las hombreras bien acolchadas y los cinturones cómodos y anatómicos. En muchos casos es posible regular la espalda en función de la altura de manera simple. Interesante que tengan un compartimento especial para el saco y que podamos acoplarle el sistema de hidratación. Varios bolsillos laterales, enganches para el material de invierno y posibilidad de sujetar una tienda en la parte inferior serán también aspectos que podemos valorar.

Todo esto está muy bien y hay que tenerlo en cuenta. Pero quién es el guapo que después de dos días acarreando 15-20 kg a la espalda durante una media de 10 horas al día va cómodo y no está hasta las cejas de llevar el mochilón. Creo que hay que evitar las mochilas demasiado grandes para una travesía de dos o tres días por la sencilla razón de que siempre llenaremos el macuto hasta su máximo… y un poco más. Si tenemos una de 45 litros la llenaremos con 50 y si la hemos elegido de 60 portearemos 65. Aprender a llevar todo lo necesario, pero sólo lo necesario es algo que no es en absoluto sencillo. Los porsiacaso nos llenarán la mochila de cosas que echamos habitualmente y que nunca terminamos de usar.

Truco: es importante hacer una lista exhaustiva de lo que incluimos en cada escapada y que no sólo sirva como lista de comprobación para que nada se nos olvide antes de empezar… la tenemos que volver a revisar al regresar a casa para ver lo que hemos utilizado… y lo que no. Si hay algo que siempre aparece en ese último grupo de cosas no usadas es hora de replantearse su inclusión (el botiquín queda exento, claro: ójala no tengamos que usarlo nunca pero siempre hay que llevarlo).

Las mochilas de trekking o travesía son enormes y preciosas, y con sólo verlas nos transportan a espacios salvajes en completa soledad. Aunque ahora se llama trekking a cualquier cosa,  (“Ayer hicimos trekking por Cercedilla“) habría que reservar tan bonita palabra para aquellas rutas alejadas de la civilización, de muchos días y con autonomía total; y ser más realistas y humildes con nuestras salidas domingueras. Puesto que nadie va a emprender un trekking sin haberse baqueteado a fondo durante muchos años antes en salidas más cercanas, sencillas y controlables, no deberíamos adquirir una de estas mochilas de 60-80 litros (incluso las hay de 100) hasta no tener la experiencia necesaria. Un trekking por las Rocosas de tres meses nos exigirá llevar todo tipo de ropa y material (desde chanclas hasta crampones, desde bañador a plumífero). Pensar en 70 litros (¿25-30 kg a la espalda?) es ya algo que hay que barajar. En estos viajes uno puede pasar 7-10 días seguidos en completa soledad, en un paisaje salvaje en el que tenemos que salir por nuestros propios medios. Ahí los porsiacaso se convierten en necesidades básicas.

Tengo algunas ideas en mente sobre este asunto y estoy viendo las primeras mochilas que me permitirán llevarlo a cabo… Bueno, ya iremos viendo…

Y para terminar, la cita del sabio griego Bias de Priene, que decía lo siguiente:

Omnia mea mecum porto
(conmigo llevo todo lo mío)

 

Apéndice: Cómo organizar la mochila

Peliaguda y muy personal cuestión. Incluso he visto consejos y argumentos contrapuestos. Supongo que la realidad se centra en dos premisas fundamentales:

  1. Las cosas se meten como quepan, porque siempre llevamos más de lo que cabe y hay que hacer hueco cómo sea.
  2. Tras unas horas de sacar y meter cosas, el caos es ya tan completo que da igual la primera intención o la organización científica que habíamos planificado en casa.

Una idea se que se repite en varias guías de montaña es la siguiente:mochilero

  • El saco en el fondo de la mochila, pues es lo que no vamos a utilizar más que al final de la jornada. Si la mochila tiene bolsillo especial con cremallera, es donde mejor va. Si lo metemos en una bolsa de plástico nos aseguraremos de que no se mojará.
  • Lo más pesado que llevemos (de hecho no deberíamos llevar nada pesado) junto a la espalda, para que no nos desequilibre hacia atrás y nos transforme demasiado el centro de gravedad. Habrá que tener cuidado para que nada puntiagudo o demasiado duro nos vaya tocando en los lomos: lo que al principio casi ni se nota puede convertirse en una tortura tras unas horas de rozamiento. Si llevamos una estructura semi-rígida y malla de aireación conseguiremos separar esa zona del rozamiento con nuestra espalda.
  • Lo más ligero, lo que vamos a necesitar (guantes, cortavientos, gorro…) y que no nos desequilibre el peso podemos meterlo rodeando el centro más pesado. Lo que viene siendo a mogollón.

 

Funda con vacío de aire XLUnos cuantos consejos:

  • Meter en bolsas cada elemento para que no se manchen o se derramen (leche condensada, chocolate, miel, etc., tienen una tendencia natural a pringarlo todo, por muy alejado que esté de nuestro flamante polar).
  • Bolsas por colores para guardar objetos de la misma categoría que podamos recordar puede servir para no estar abriendo todas las bolsas hasta dar con lo que buscamos.
  • Yo uso este tipo de bolsas estancas para la ropa: la ropa siempre está seca, limpia y por el sistema que tiene de extracción del aire, ocupa mucho menos que si la guardamos tal cual.
  • Es conveniente utilizar los bolsillos externos de la mochila para transportar todos los objetos de mayor uso: así evitaremos abrir y desordenar el bolso principal del macuto cada vez que queremos coger agua, o los guantes o unas gafas de sol.
  • Conviene guardar cada cosa siempre en el mismo lugar para que lo encontremos rápidamente y sin desorganizar el resto.
  • No olvidemos que la ropa de montaña suele contar con abundantes bolsillos (muchas veces con cremallera) que nos permite portar pequeños objetos de primera necesidad (picoteo, protector labial, móvil, guantes, pañuelos…) sin tener que parar cada dos por tres a abrir la mochila. Tampoco conviene llevar demasiadas cosas en la ropa porque molesta al moverse por terreno accidentado.

  Continuará…

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