Día 2, miércoles 11 de mayo de 2011.
No he dormido mucho, todo hay que decirlo. El calor agobiante (no bajaba el termómetro de 25ºC) metido en una tienda minúscula no permitía coger el sueño. He estado en julio y agosto durmiendo entre 0º-5º en Guadarrama, bien arrebujadito en mi saco de dormir y con ropa interior térmica. Pero esta noche estaba en bolas (prácticamente) y con el saco tapándome sólo la barriga. Añadido al calor pegajoso, los aviones de carga tienen que tener una ruta por aquí, porque no han dejado de sobrevolar. Te vienes a la zona más recóndita de Madrid y resulta que la puta civilización sobrevuela vigilante para que nunca olvides que no puedes escapar de ella hagas lo que hagas. De cualquier modo, he descansado y a las siete y algo me despierto como nuevo. Justo ahora sí que me arropo bien con el saco y se está de maravilla. Aún me hago el perezoso un ratillo, pero tengo que ponerme en marcha.
Aireo la ropa, me preparo un nutritivo desayuno, que hoy sí me entra bien, y recojo todo despacio para que la mochila tenga un aspecto más o menos ordenado. Gracias a las agujas de pino, mi paso por aquí queda absolutamente borrado (deja sólo huellas, toma sólo fotos).
Totalmente recuperado muscularmente (incluso sin ampollas tras los 42 km de calor y agua), emprendo con magnífico humor el camino que me conducirá hasta arriba de esta ladera, no sin antes disfrutar de la bonita luz de la mañana.
La subida es ya muy breve (1,3 km desde mi lugar de pernocta). Qué maravilla es levantarse en la montaña y tener todo esto para mí solo. Me siento tan afortunado…
Llego al Collado de Fragüela (1.122 m), al lado de las antenas de comunicación que coronan Matachines (1.141 m). Y en esta clarísima señal vuelvo a tener dudas. Hay dos maneras de llegar a Robledillo de la Jara desde aquí; una directa y otra por Eras Viejas. Llevo unas reseñas de alguien que bajó por la primera opción; en el croquis del Genaro hay dos variantes claras: una más larga que pasa por Fuente la Rana y la variante en BTT que baja directamente y que debe ser la que llevo en mis apuntes. Como es más corta y tengo referencias, elijo ésta; sin pasar por las antenas y la Fuente de la Rana, confiando en que habrá agua en Robledillo. En mi mapa de la Tienda Verde no veo camino desde las antenas y, sin embargo, no deja dudas por el camino más corto y directo. Decidido.
Y se trata de un camino muy sencillo que baja a una carreterita solitaria que viene desde La Puebla de la Sierra. Algún Genarito azul tranquiliza mis dudas y sólo se trata de ir bajando suavemente sin el menor problema, con buenas vistas sobre la Sierra de la Cabrera.
El camino es corto y en 3k desde donde dormí se llega a Robledillo de la Jara (1.042 m; 107 habitantes), que parece que aún no ha despertado. Justo a la entrada se encuentra el descansadero en medio de un parque que han preparado con algunas especies botánicas. Mi sentido arácnido se activa porque hay una hermosa fuente donde reponer fluidos y almacenarlos hasta Cervera.
Justo antes de llegar al descansadero y fuente, he sobrepasado la baliza que me indica cómo llegar a Cervera de Buitrago. Deshago los pocos metros y enfilo el sendero hasta el siguiente pueblo.
El sendero aquí sigue una vía ganadera que discurre por la Dehesa Boyal de Abajo. Las lluvias primaverales han dejado todo el camino anegado. La arcilla y las pisadas de las vacas hacen que transitar sea incómodo. El calor de estos días lo ha medio secado en algunos puntos que están duros como el barro cocido y sin embargo unos centímetros después te hundes en la arcilla. No es un tramo muy largo, pero la subida se hace un poco pesada por lo desigual del terreno. Afortunadamente no están las vacas. Una vez arriba, se vuelve a bajar hacia un arroyito que se cruza por un puente de cemento y giramos a la izquierda donde enseguida topamos con un nuevo descansadero a la orilla de un vado. Justo en la parte de atrás hay un pilón con el símbolo del Genaro y, algo por encima, una nave ganadera.
Este vado tiene un fondo de cemento y cubre muy poco, así que continúo con los pies secos. Se inicia un importante robledal. Y aquí faltan marcas, porque el camino enseguida se bifurca en dos ramales: uno sale a la izquierda con una inclinación moderada; el otro elige subir de frente sin medias tintas. Como siempre, donde no hacen falta las marcas son redundantes y cuando son necesarias, desaparecen. Pruebo el de la izquierda porque es menos trabajoso y me propongo seguirlo unos metros a ver si descubro Genaritos. Lo que encuentro son las típicas marcas de puestos de caza. Imagino que en este robledal pululan jabalíes y otras piezas a las que la gente gusta de asesinar a lo tonto. Me doy la vuelta y enfilo ahora por el cuestón. Poco después encuentro una señal de GR pintada en el suelo y más adelante un Genaro. Paso un par de zarzos y tras coronar, aparece el primer poste claro de la Senda del Genaro.
Una vez arriba el camino ya es muy claro. Comienzan las vistas sobre el embalse.
El camino desde aquí, con vistas a todas las sierras y montañas que he ido transitando, es sencillo y sin pérdida, avistando enseguida el pueblo de Cervera de Buitrago.
Las vistas del pueblo, con el embalse y la Sierra de la Cabrera al fondo son muy interesantes.
Voy descendiendo con torres de alta tensión que no me gustan nada y que desvirtúan un poco el lugar. Pero supongo que mientras los extraterrestres no nos enseñen a utilizar la energía oscura, tendremos que usar estas cosas horribles y cancerígenas.
Echo una última mirada atrás para despedirme de Peña la Cabra y Matachines, que fueron buenos compañeros de ruta.
Mientras alcanzo ya el nivel del pueblo a orillas del embalse, engalanadas de primavera.
El desvío hacia el núcleo urbano, tras un poste de electricidad, está señalizado sólo por esta marca de GR.
Llego a Cervera de Buitrago (919 m; 188 habitantes) tras poco más de 2h y 7.63 km desde el pinar. Según entro encuentro una fuente con el cartel “agua no tratada” en la que repongo todo lo necesario. Veo a dos trabajadores de la limpieza, que son los primeros seres humanos con los que me topo desde el señor mayor de El Atazar ayer por la tarde. Tomo un bocado y pienso lo que voy a hacer.
La nueva Senda del Genaro no tiene en cuenta la posibilidad de ir desde Cervera a Manjirón de una tacada. La idea es volver a Robledillo por el mismo camino y de ahí tirar hasta El Hospitalillo de donde se vuelve a hacer una ruta de ida y vuelta hasta Manjirón (o Mangirón, que se lee de ambas maneras en mapas y carteles), para luego retomar El Hospitalillo y de ahí a El Berrueco. Pero a mí me da mucha pereza hacer este camino de vuelta por el mismo sitio. Y tengo unos apuntes (muy vagos y ambiguos) de alguien que unió Cervera de Buitrago y Manjirón, eso sí, advirtiendo al lector que señales pocas y muy perdidas. Yo creo que la primera y genuina Senda del Genaro contemplaba salir de Cervera bordeando el embalse y unirse a la Presa del Villar por caminitos, sin tener que regresar a Robledillo.
Vamos, que me arriesgo, porque me apetece ir orillando el embalse.
Tiro en la dirección que creo que me llevará a las orillas y me encuentro a un buen hombre trajinando en un pequeño huerto. Me acerco a él y lo saludo; ni puto caso. Vuelvo a darle los buenos días y nada. Vale, está más sordo que una tapia. Me aproximo a él desde otro ángulo para que me vea y le saludo por tercera vez. Le pregunto por donde tengo que ir para bordear el embalse y me señala un camino de los tres posibles, sin decirme nada más. Adiós y tal, pero como no me oye…
Ya estoy a orillas del embalse.
Se inicia aquí un precioso camino, ancho y cómodo, que discurre entre las orillas del embalse y una dehesa magnífica de quejigos (Quercus faginea) y fresnos. Todo sería perfecto si no hiciera este horrendo calor y este sol de verano.
Caminar por aquí es sencillo. Localizo algún Genaro de la Edad de Piedra, pero nada de balizas modernas. Está claro que por aquí no han trazado el GR-300, lo cual considero un error, porque la zona es realmente bonita.
Voy rodeando las orillas sin desvío posible; aún confío en que sólo tendré que seguir haciéndolo hasta El Berrueco. Pero las reseñas lo dicen bien claro: no-no…
Me aproximo a un entrante claro del embalse y compruebo en mi mapa mi localización. Vamos bien, todo controlado.
He bordeado ya lo suficiente como para encarar de frente la Atalaya árabe en la que estuve ayer a las 9:45 de la mañana. El círculo se cierra, el eterno retorno, etc.
Y pocos metros después el camino deja la orilla del embalse (por la que se iba tan despreocupado) para cambiar de dirección en ángulo recto y meterse en la dehesa con paso firme y hacia arriba. Ay, madre, que esto ya no está nada claro. Sigo por donde creo que puede ser (apenas el camino está hollado; no creo que venga nadie por aquí desde que a Genaro le cambió la voz) y consigo identificar una verja del terreno con la que describe la reseña que traigo. Aquí ya es tirar de sentido común y tener algo de suerte. Sigo por un camino en medio de ninguna parte, con la dirección que parece que sería correcta para ir a Robledillo. Al poco veo esto, y quieras que no, me tranquiliza.
Algo más adelante, sobre otra piedra de una valla desvencijada se adivina la tinta azul desvaída de lo que otrora fue un orgulloso Genarito. Al menos voy cumpliendo lo que mi desconocido amigo de las reseñas me ha ido indicando. De aquí parece que hay que llegarse a la carretera M-127. Bueno, pues aquí estoy. En una carretera que me llevaría a la Presa del Villar (lo cual es bueno), con fuego en el cuerpo y los pies recociéndose de pisar asfalto derretido.
Ay, qué fatiguitas acompañan al Genaro On Your Own. Estoy machacado por el horrible calor y la ausencia absoluta de brisa. La carretera es puro fuego y siento por primera vez que las ampollas están llamando a la puerta. Y ahora las reseñas me dicen que pase una verja, busque el arroyo, lo cruce y haga el bobo por esos andurriales. Pues habrá que hacerlo… Encuentro una verja, me tiro hacia el arroyo. Me parece muy raro que no haya ni camino, ni nada. Meto ambos pies, y tobillos, y pantorrillas en el agua y subo al otro lado. Hay un pilón, más adelante sale un vestigio de sendero y un Genaro antiguo, ¡pero antiguo! me confirma que por ahí pasaban los muchachos hace 10 años. Sigo por el sendero pensando que estoy en la orilla contraria de lo que mi escaso sentido común me diría que tengo que estar. Y llego aquí.
Miro las reseñas por si hay que sacar un parapente, o aquí es donde te recoge el helicóptero. Pero no; dice que hay que volver a pasar el arroyo (¿el mismo de antes?) cerca de una antigua presa y tomar un sendero que sale. Yo estoy sobre la presa, pero a 50 metros o más por encima y en la otra orilla. Por aquí no se puede bajar y detrás de la presa no se ven caminos. Aún busco por aquí si hay más Genaros, pero no veo nada. The little blue man se ha desvanecido en las arenas del tiempo.
Estoy un poco ya desesperado. Sabía que no estaba indicado pero esto es casi grotesco: estoy enfrente de donde tenía que estar, pero lo malo es que hay Genaros. Entonces quiero pensar que estas señales en realidad marcan al revés: que de donde venía yo, antes de llegar a la carretera había una posibilidad de avanzar por aquí, y entonces cruzar el arroyo (en sentido contrario al que lo había hecho yo) y salir a la carretera en ese punto. Si no, no me lo explico. Sea como sea, decido volver: la de tiempo y esfuerzo en vano que se pierde en estas cosas; pero así es la vida siempre, con sus tortuosidades, pliegues retorcidos y callejones sin salida. De todo se aprende, de todo se sale y siempre hay que recomponerse y seguir adelante. El Genaro no es más que otro camino en mi vida, éste no sólo metafórico, y como tal hay que tomarlo.
De vuelta al arroyo traicionero y de nuevo a la carretera. Ahora sí que las ampollas han llegado para quedarse: agua y asfalto preparan una marmita en la que se cocinan como en olla exprés. Bueno, pues ya está. Qué le vamos a hacer. Enfilo la carretera que en pocos kilómetros me dejará en la presa. Pero bastante antes de llegar me encuentro con esta grata sorpresa: hay un descansadero al borde de un pinar, a la izquierda de la carretera y postes actuales con todo muy claro. Mira tú, he llegado al descansadero de la etapa entre Robledillo de la Jara y El Hospitalillo, y yo sin saberlo. Llevo 4h18 para 15,36 km. Me meto entre los pinos, pero el alivio es momentáneo. El calor es tremebundo y la sombra se acaba en pocos minutos. Para que no sea todo malo, la señalización vuelve a ser rotunda y perfecta, marcando sin dudarlo hacia la Presa del Villar.
Las instalaciones de la presa se vislumbran ya cerca.
Ya sólo queda “tirarse” por este vertigionoso sendero que busca la presa desde el cotarro donde estoy.
La cual se muestra con toda su ingeniérica magnitud.
Hay que cruzarla para situarse en la orilla que, sin más pérdidas, conducirá por fin a la casilla de salida en El Berrueco.
Desde aquí se toma un caminillo bravo que ataja para, en poco tiempo, alcanzar el panel informativo de El Hospitalillo (4h47; 17 km). A un lado hacia Manjirón (que decido dejar para otra ocasión); al otro hacia El Berrueco. ¡Ése, ése!
El panel describe la etapa como sencilla en su trazado y longitud; un camino de servicio del Canal de Isabel II que va bordeando este lado del embalse durante 9.6 km. Un paseíto sino fuera por el calor, la panzá kilómetros que llevo desde ayer y las bamboleantes ampollas. ¿Pero qué son 10 kms para un ultra maratoniano como yo? Nunca salgo a correr menos de 11-12 en las tiradas más cortas. Esto no es NADA.
Creo que, por fin, me olvidaré de ir buscando Genaritos entre las piedras caídas. El carril ahora ya no presentará desvíos ni barrancos. La única advertencia es no salirse de él con la tentación de adentrarse en los viaductos del Canal, con cierto peligro de caída y que permanecen cerrados al público.
El camino transita por una dehesa de encinas simplemente espectacular. Fantástica. Tremenda.
Y mi camino encara ahora al viejo Matachines coronado por las antenas de comunicación que vi a primera hora de la mañana.
Por fin el camino se acerca lo suficiente al embalse como para disfrutar de estas bonitas panorámicas.
Durante el trayecto pasaremos por diferentes construcciones del embalse, como viaductos, unas curiosas chimeneas que actúan de respiraderos y tres almenaras: Alameda, Tejera y Recombo.
No deja de estar balizado el sendero, tanto por marcas de GR, postes de madera y todavía…
Damos vista ahora al pueblo de Cervera de Buitrago y sus instalaciones náuticas, donde inicié la orillada del embalse por la mañana.
El calor es infernal y hay poquísima sombra. Voy arrastrándome por el borde derecho del camino para que las copas de las encinas cargadas de flores me protejan un poco. Tengo que descansar un rato y comer algo, así que aprovecho un puentecillo sobre un riachuelo en el que la vegetación crece lo suficiente como para proporcionar algo de sombra fresca y me zampo una barrita y otras tonterías. Ya queda poco y sólo me resta el último empujón.
Una curiosidad: al pasar por otro segundo puente me quedo boquiabierto viendo saltar truchas contracorriente sin parar. Intento captar alguna pero el ritmo es aleatorio y para cuando las veo y aprieto, ya han desaparecido.
El camino se acaba, llegan urbanizaciones; veo un coche aparcado y una parejita tomando el sol en bañador. Mi camino, mi sendero, mi GR-300 termina forzosamente aquí. La civilización está ya presente y todo deja de tener sentido. El último tramo hasta el mismo casco urbano evita al menos la carretera y conduce por un lugar fresco y protegido que me salva de acabar con una mala imagen final.
Ya sólo queda salir al casco urbano. Justo antes, frente a unos berruecos de granito, me llevo esta conjunción de señaléctica como recuerdo.
Ya está. Hoy han salido 26.28 km, que unidos a los 42.25 de ayer suman 68.5 km de GR-300. Con mis desvíos y confusiones. Con mis fotos, mis recuerdos, mis experiencias. Lo he pateado, lo he disfrutado y sufrido. No hay que buscarle más historias, pero tampoco menos.
Hoy, el GR-300, la Senda del Genaro, ya me pertenece.



















































Mamonaco!! rutones que te metes, ains.
Tengo muchos proyectos en la bandeja de salida. Ya los iré comentando. Uno es bastante novedoso.
Hacía tiempo que no pasaba por aquí. Como siempre da gusto leerte majo. Me ha encantado la ruta, las fotos y todo. Felicidades por el paseo y gracias por compartirlo. Un saludo
Lógico que no te pasaras: este rincón llevaba cerrado casi un año. Y en breve volverá al trastero del olvido, que es donde merece estar.
Y dale con cerrarlo, hablaré con algún abogado, auqneu esté buceando, para que ésto esté abierto por mandato judicial.
Diiiigooooo.
Sólo me interesa lo efímero
sólo busco la impermanencia.
Que no se enfríe, Japo. Así que, ¿para Abril o así?
Todos sabemos que lo haré yo solito. Entre MAPOMAS, MAMs y GTPs nadie se animará a hacer algo sin dorsal.
Así lo dice la profecía.