Ni siquiera sé por dónde empezar. Son demasiadas emociones y recuerdos que se amontonan sin orden ni criterio. Demasiada intensidad como para poder cribar la información, replantearla, despojarla de lo más superfluo para otros (que no para mí) y tratar de redactar una crónica lo más acertada posible. Me siento incapaz de hacer todo eso. Así que será un tocho infumable, as usual, con errores de tiempos y de anécdotas, y con demasiada subjetividad. Pero al tratarse esto de un rincón personal (a veces demasiado) no tengo por qué buscar precisión y me puedo permitir algunas digresiones y libertades. Pero eso tendrá que esperar uno o dos días.
Ahora empezaré por el final, como algunas buenas historias: terminé esta monstruosidad en tiempo, dentro del control, vivo y sin mayores problemas que algunas raspaduras y unos pies en carne viva. He sido superviviente, finisher, o como se quiera llamarlo, de esta salvajada. De esta trituradora humana que ha acabado con 260 corredores en meta frente a los 550 inscritos. Hemos acabado el 47%. El 53% tuvo que retirarse. Demencial.
¿Cómo es posible que yo haya sido capaz de terminar una prueba de este calibre? Soy viejo, tengo sobrepeso, no he entrenado apenas este año, sólo llevo 4 años corriendo, no tengo capacidades especiales. Soy una persona normal y corriente, sin genética para el atletismo, con un pasado de fumador compulsivo y década y media dedicada sólo al trabajo y la vida totalmente sedentaria. Y he podido terminar. Hay sólo dos razones, ni una más.
La más importante de ellas es que he terminado gracias a mis amigos. No podría haber acabado sin su apoyo, su energía y su compañía. Muchos amigos nos inscribimos en enero en esta prueba. Por cuestiones diversas no todos salieron el sábado desde el pueblo de Navacerrada. Por la propia carrera, no todos pudieron terminarla. Yo tuve el privilegio de unirme al grupo más formidable que pueda existir. Tres personas de un corazón tan grande que no se puede explicar: Jesús, Jorge y Juan, Tres Jotas, casi como el jamón ibérico. De una calidad personal tan fabulosa que jamás podré corresponder a todo lo que hicieron por mí. Sin ellos no habría podido terminar esta monstruosidad. Tengo una deuda eterna con estas tres personas inmensas, fuertes y alegres.
Obviamente, yo era el eslabón más débil de esa cadena. Pero mis otros eslabones más similares habían ido cayendo poco a poco. Nacho (Silvestre) lo hizo pronto: en el Collado del Piornal decidió que no era el año para hacer esta barbaridad. Él era consciente de que no había entrenado para ello y que tenía muy pocas posibilidades. Carlos (Darth) y Javi (Loco), se retiraron antes de llegar a Morcuera. Estaban fuertes, pero sin ánimo de ofenderles ahora, a toro pasado, siento decir que no creo que hubieran podido finalizar. Ellos eran mi baza de poder continuar en grupo a un ritmo asequible, pero sabía que con los Tres Jotas tenía muchas posibilidades de acabar si aguantaba su ritmo mucho más alto que el mío. Así fue.
La segunda razón es la voluntad. La firme determinación de hacer algo. Saberse destruido y no cejar. Estar agotado y seguir avanzando. Ir sufriendo de un modo atroz y tener una palabra de aliento para un compañero al que adelantas y que va tan mal o peor que tú. Saber que te quedan 50 kms y no desfallecer cuando el cuerpo te grita ‘Para, cabrón, que me estás matando’. Dar un paso detrás de otro, aunque sea chiquito, apenas unos centímetros. Pero cada paso era un avance. Un triunfo del espíritu frente a la adversidad. Estar decido a algo, afrontar lo que venga, por demoledor que esto sea, y seguir. Siempre seguir. Si caes te levantas, si te golpeas, ahogas el dolor y avanzas. Si tienes miedo al destrepar un paso y ver con el frontal que hay una caída vertiginosa, reconducir la luz a la siguiente roca , olvidarte de dónde estás y aclarar la mente cansada para que los dedos hagan presa, apoyar bien los pies deshechos y avanzar medio metro más en la cresta.
Es una pelea a muerte con el cansancio y la frustración. Y en eso saqué sobresaliente. Siempre he sido muy claro con mis capacidades para este deporte. Son nulas. Ni por constitución física ni por genética tengo la menor aptitud para estas cosas. Pero lo intento. No me rindo. Nunca he abandonado en una carrera y siempre he dado todo lo que tengo dentro. No me dejo nada. Me entrego sin limitaciones. Cuando echo la vista atrás y pienso en cómo sufrí en mi primer maratón, cuando me caí al suelo en el Paseo de Coches del Retiro, aullando de dolor a 800 metros de la meta, totalmente zombie y agotado… Joder, eso no era nada para lo que he sufrido estos días. He pasado al menos por cuatro muros de maratón: colapso metabólico, pájara total, imposible seguir. ¿Imposible?
Nada es imposible.
Soy capaz de todo.
Una vez más, gracias a todos mis amigos y familiares por apoyarme, darme ánimos, su aliento cuando ya no me quedaba a mí ninguno. Un abrazo muy fuerte a mis tres camaradas de aventura, tan grandes que no sé ni qué adjetivo usar para describirlos. A mi amigo Luis que me ayudó a bajar de la última puta montaña, me llevó entretenido hasta la meta cuando yo era ya un despojo humano. Luego me llevó a casa y ni siquiera fui capaz de hablar con él durante el trayecto porque me quedaba dormido.
Ser fuerte, valiente y decidido es maravilloso. Tener amigos, insuperable.
Gracias.
¡¡¡¡¡FELICIDADES!!!!,asi en mayusculas,como te mereces,
Has demostrado,que tu fuerza de voluntad y confianza en ti mismo te han llevado al exito,y ademas acompañado de un puñado de buenos amigos:¡que mas se puede pedir!.
Lo dicho,muchisimas felicidades,disfrutalo a tope…
Saludos,Loken…
El mayor éxito es poder compartir la vida con gente estupenda. El resto no son más que tontás del correl.
Como te dije en meta ¡¡ENHORABUENA!! Venciste merecidamente a “La Bicha”. Nada es imposible y siempre somos capaces de llegar más lejos de lo que creemos.
Un abrazo y nos vemos pronto
Nos vimos al principio y al final de un día muy largo, de casi 30 horas, Nachete.
Como bien me dijiste, nos esperan muchas Zeroladas por la montaña, disfrutando y a un ritmo que podamos charlar y divertirnos.
Te recomiendo que un año lo prepares con intensidad porque es una experiencia muy grande y que te dejará marcado para siempre.
Un abrazo, Syl.
¡Enhorabuena! Estuve el sábado por la zona de la Barranca, y también por Rascafría, y he visto algunos corredores, puntos de control y avituallamiento. En seguida me acordé de tu post de la Trail de Peñalara, y me acordé, aunque no estaba seguro de que fuese este fin de semana, de que ibas a correr.
Admirable la determinación de los que se deciden a correr y sobre todo de los que habéis terminado. Cualquier cosa que diga se va a quedar corta.
Ayer, mientras ponia gasolina a la moto en Navacerrada (el domingo tocaba irse con la moto a los puertos, a buscar un poco de aire frío) me asomé y vi la meta en el polideportivo de Navacerrada. Me hubiese encantado estar ahí para aplaudirte cuando llegaste. Pero bueno, lo hago ahora: plas, plas, plas.
Qué bien habría venido esa moto, o al menos la gasolina, Juan. Porque no sabes cómo se llega a quedar el depósito: vas tirando de reserva, se encienden los pilotos rojos, te avisa de que ya no te queda nada dentro y tienes que tirar de los posos que van quedando al final.
Pero se sigue.
Gracias.
Que te dure el “sense of achievement”, que no solo es una de las mejores sensaciones que hay, sino que además la provoca uno mismo y esta te la has ganado.
De repente, a la admiración, se le ha sumado la envidia.
No me ofendo Yoku, es más, creo como tu, yo no hubiera sido capaz de terminarlo, ni con gemelo ni sin gemelo.
Es sencillamente una prueba para superhombres (cabezones, pero superhombres).
Muchas felicidades.
Sabes que nunca tiro flores innecesarias y te he dicho durante estos meses atrás que te veía fuerte como nunca. Incluso, defendí tu candidatura a ser finisher frente a algunos escépticos tras verte subir Maliciosa hace unas semanas.
Pero creo que el peso es fundamental en este tipo de animaladas. Cada kilo de más es un kilómetro de menos. Yo he estado en el límite límite. De hecho, sé que no me correspondía terminarlo. Sólo lo hice porque en un momento dado pensé: Voy a luchar hasta la muerte.
No me habría parado antes.
Suerte con tu gemelo. No sabes la envidia que me das con el (para mí ya olvidado) buceo.
Un abrazo, Carlos.
Lo tengo clarísimo, mientras pese la bestialidad que peso, para poder completar un reto de tal magnitud necesito tres requisitos.
Uno objetivo, un día ideal para hacerlo, fresco y nada de humedad, el sábado hizo calor, llovió y la humedad en algunos puntos fué afixiante.
Otro subjetivo, que yo esté durante toda la prueba al 110 %, el sábado el gemelo empezó a dar guerra demasiado pronto, aún faltaban 100 kilómetros más.
Y un tercero, de caracter místico, que solo los que hacemos estas tontás conocemos, que salga el día.
Otra vez, Don Francisco, muchas felicidades.
ERES GRANDE, MUY GRANDE.
Tienes toda la razón:
Frescor, sin frío, es lo ideal para estas aventuras. El calor húmedo te va machacando de una manera interna, en cuanto a electrolitos, que sólo puedes esquivar con sales y geles sin ton ni son, que a veces pueden ser contraproducentes.
Hay que estar mejor que bien para hacerlo. Yo calculo que estaba a un 70% de mi mejor forma física. Eso me hizo sufrir lo que nadie se puede imaginar. Y los pies, ay los pies…
El día, así es, la suerte de la que hablaba en un post anterior. Yo tuve suerte, mucha suerte.
Me gustaría que lo volvieras a intentar el año que viene, Carlos. Estoy absolutamente convencido de que podrás con ello.
Me encantaría verlo.
Solo, a las seis de la mañana, con más de ochenta kilómetros en las piernas, sentado en el suelo del bosque, agotado y dolorido, muy pocas personas se hubieran levantado. Pero tú, lo hiciste.
Después, frente a las rampas imposibles, durísimas, asesinas, del puerto de la Fuenfría, cuántos hubieran retrocedido espantados. Pero tú, subiste.
¿Dices que no tienes cualidades? No rendirte jamás. Luchar hasta el fin. Darlo todo, y luego dar aún un poco más. Eso, compañero, es más de lo que tienen muchos. Y tu tesón, tu afán de lucha, también me sostuvo a mí en las rampas de la Morcuera. Gracias también a tí.
Un abrazo.
Jorge.
Jorge, ni te imaginas lo agradecido que estoy de tu compañía y guía desde Claveles a La Granja. Estaba totalmente fumigado. Cada paso era un horror debido a las ampollas reventadas. Iba zombie perdido y tú me esperaste, me guiaste y me diste ánimos cuando también tú necesitabas ese apoyo que no podía darte en ese momento. Lo ideal habría sido turnarnos en el primer puesto, darnos un respiro a cada poco. Te tocó a ti llevarme a rastras y sólo puedo decirte mil veces “gracias”.
Espero algún día poder corresponderte, si cabe en un mínimo porcentaje, lo que hiciste esa noche por mí.
Un abrazo, amigo.
Enhorabuena Fran, a mi tambien me desmostraste una vez la capacidad de recuperación y la inmensa fuerza de voluntad que posees, en las 24 de Torrejón, te acuerdas ?, hubo un momento que nadie nos imaginamos que podias seguir, aun asi te levantantaste y cumpliste tu objetivo. Como en este fin de semana.
Te digo lo que me decias tú a mi aquel fatidico dia, esto te ha hecho mucho mas fuerte todavia, y pocas cosas se te podran resistir, amen de la velocidad, que eso es otro cantar.
Un fuerte abrazo.
Pd, yo era el del numero terminado en treinta.
Pedro, quizás comprendas que eché mano de mis recuerdos para salir del atolladero donde me encontraba. Estaba solo en una interminable rampa inmunda del 40% de desnivel. Sin un átomo de energía, roto, llorando a moco tendido.
Me acordé de ti, de que tuviste que escalar un paredón del 70% con el tobillo roto, y que luego llegaste por tu propio pie a Cotos. Y yo me estaba quejando por unas ampollas.
Estuviste conmigo a las 8 de la mañana del domingo, lo creas o no.
Y tu fuerza me ayudó.
Gracias, amigo.
Fran, la dureza de mollera es un lujo que cada día escasea más. Blandeamos de manos frente al clima, nos asustamos frente a crisis financieras, hay atasco en la A6 y ya nos echamos las manos a la cabeza, los niños necesitan una guía permanente porque abandonan a la primera. Por eso, cuando uno lee sobre dureza mental, ve que todavía quedan esperanzas.
Enhorabuena con triple ribete de diamantes. Ya lo tienes en la mano.
Una vez más, siento no disponer de tardes libres de 20 horas para tomar café y charlar con esa panda entrañable que sois.
SPJ
La dureza de mollera está bien, pero cambiaría un poco de ella por algo más de fuerza física. Me encuentro ya mayor y cansado. No recupero bien. Me cuesta horrores ponerme en marcha después de estas palizas. Creo que es fundamental la diferencia entre los treinta y tantos y los cuarenta y tantos.
Enhorabuena a ti también, Luis. Eres todo un personaje.
Gracias, amigo.
Indescriptible la alegría que sentí al verte bajar Navacerrada. El corazón se quedó contigo, en el avituallamiento. Estaba tan confuso, sorprendido y sobre todo admirado y sobrecogido que balbuceaba a Coral por el teléfono y ella no alcanzaba a comprender… “que está Yoku, ha seguido y está aquí…”
Y estaba tan atorado que no pude hacer lo que me pedía el alma: darte un abrazo de oso. Sin mariconeos, o con ellos, como prefieras, porque te lo mereces. No puedo estar más orgulloso, querido compañero.
En cuanto te vea -no te asustes- pienso dártelo, Fran.
El primer sorprendido fui yo al veros subir. Pensé que me sacaríais horas de adelanto. Ibáis los tres charlando tan animadamente y os vi de lejos pero no me reconocisteis hasta que Juan me miró dos veces, o tres, antes de percatarse de que el fantasma que descendía al control era el japo arisco.
Lo que me duele es que no confiaras en que fuera capaz de llegar
. Ya me conoces desde hace cuatro años y sabes que soy como tú, del género Tercus cabezonis. Nosotros no abandonamos.
Nunca.
Gracias, amigo.
Nunca dudé de que podrías llegar, Fran, no me he explicado bien. Pero en nuestra conversación de Boca del Asno te pusiste tan… ¿vehemente? que me convenciste. Pensé en serio que ibas a dormir y descansar. Supongo que lo dirías para que nos fuéramos, aunque yo hubiera preferido quedarnos juntos y tú no lo querías así.
Nunca he dudado o dudaré de tí, chaval. Pero me tragué tu farol.
Gracias a tí, amigo. Estoy absolutamente impresionado y conmovido.
Nada me habría gustado más que entrar con vosotros en meta. Pero no era posible.
Jesús, según íbamos junto al Eresma, en dos ocasiones perdí la consciencia unos segundos. Me asusté. En una de ellas estuve a centímetros de caerme hacia el río en una zona alta. No podía más. Tenía que descansar unos minutos y luego ir a mi ritmo.
Vamos a enfocarlo desde otro punto de vista:
Mi única oportunidad para llegar en control era “deshacerme de vosotros”
y aprovechar el colchón de tiempo que habíamos ido acumulando para poder ir muy muy despacio.
De haber seguido a vuestro ritmo me habría desvanecido sin energía. Así de claro.
Conociéndote un poco era imposible dudar de que llegarías. Sólo si un rayo te quebrara las patas. Esa determinación frente a la adversidad es el único arma que tenemos frente a las adversidades de la vida. Cuídate.
Hubo un momento en que pensé que no podía más, que me quedaba tirado en esa puta cuesta inhumana. Lloré como un perro y me acordé de muchas cosas. De ahí saqué la fuerza para seguir y decidí que iba a luchar hasta el final. Con dorsal o sin dorsal, si me lo quitaban en Fuenfría o el Pto. de Navacerrada, ya me daba igual. Llegaría a meta de todos modos.
Grazas, vello.
El eterno dílema actitud frente a aptitud. Creo que tienes un Sobresaliente en uno y Progresas Adecuadamente en el otro. ¡Enhorabuena!
Tampoco exageremos. Necesita Mejorar en uno y Pero adónde crees que vas en el otro.
Merci, Jose
Realmente es un desahogo derrumbarse unos segundos. Supongo que el cuerpo necesita aliviar la tensión y ya está. Me pasó lo mismo cuando llevaba 3 días corriendo de W a E desde Albacete y me quedaban apenas 3km hasta Denia. Debía llevar unos 170km o más, solo, y lo mejor fue arrancar a llorar a grito pelado. Mano de santo, en un momento estaba rodando a 4.30.
Abracémonos y lloremos. Hala.
spj
Me acordé también de eso y pensé en lo bien que me estaba viniendo. Al poco se acabaron las rampas y vislumbré el naranja voluntario. La pesadilla había acabado.
Habrá que volver a llorar, Espongiar.
Como ya te ha dicho Luis CyT antes, da gusto ver la dureza mental que habeis demostrado. Ahora que vivimos en el mundo de lo facil y que nos pertrechamos en nuestras comodidades, no cejar en el empeño es alentador.
Cuando vi a Angel-Malaika- en el tramos final del Schmidt, me di cuenta de primera mano de la trituradora de humanos que estaba siendo el GTP.
Enhorabuena y no te des tanta caña, ni gordito ni viejo, simplemente tú.
Cuando veo tanta alerta amarilla porque llueve un poco, o las broncas al gobierno porque no han previsto una nevada en la montaña y la obsesión por ir en todo momento en coche a todas partes, me descompongo.
Soy el único gilipollas que sube las escaleras en el Metro, o que va a ver a sus padres al centro y lo hago andando.
Todo lo queremos fácil, todo es un derecho, nada tenemos que pelearlo.
El sábado, y también el domingo, como bien dices, hubo una pelea. Larga y dura.
Yo creo que todos ganamos. Con medalla o sin ella.
Merci, Josito.
A todo el mundo, y estos rincones no son la excepción, le gusta conseguir lo que se propone.
Creo que a unos les gusta más que a otros, e incluso hay algunos en los que ese gusto se transforma en casi una necesidad; esa necesidad es la que hace que alcancen sus objetivos pese a que pueda parecer que no están hechos para ello.
Es es actitud la que hace que las hostias sean más gordas pero también los logros mayores, pero da la impresión de que compensa, ¿no?
Enhorabuena y disfrutalo, un abrazo.
¿Qué sería la vida sin hostias? Algo blando y falso que no merecería la pena ser vivido.
Tienes que conseguir entrenar con asiduidad, Javi. En serio, no un día aquí y otro allá. Plantéatelo para la próxima temporada y veremos si puedes acabar una cosa así. Antes tendrás que pasar por otros peldaños. No pretendas ir de cinco en cinco.
Gracias, niño.
Enhorabuena Fran!!
es un logro tremendo, sin duda, porque vaya 119k nos pusieron los amigtos peñalaros por delante, jaja.
Y no solo por cruzar la meta, sino por la forma de pelear la carrera y de vivir el camino que has tenido.
Tu receta de amigos y voluntad interminable, forman una poción mágica de Panorámix, seguro
Ahora, descansa y disfruta los recuerdos de la carrera. Será por horas….
DD
As the saying goes…
“Nunca subestimes la determinación de un Paquete. Sobre todo si tiene amigos”.
Qué te voy a decir de Zerolito, Pardillete y Aspen que tú ya no sepas o empieces a saber. Son gente 10, de la que uno se siente orgulloso de conocer.
Y ahora, Sergio, coge aire, hincha las ‘pelotas’
, y a recordarles a los yanquis que la gasolina mejor sin “plomo”.
Zorte on, lagun.
Estoy seguro que de ese 50% que no terminaron había más de uno con mejor forma fisica que vosotros, pero les faltaba equipo. Estoy de acuerdo en los dos factores que planteas como necesarios para acercarse a un reto como este. Sin los amigos no tiene sentido casi nada y en estas ocasiones son imprescindibles y la determinación es un valor individual que tu atesoras. Me gusta ese punto de locura que tenéis y la miro con una mezcla de envidia y admiración.
Felicidades de corazón Fran y un fuerte abrazo
Lander paquetil sale del anonimaato.
Gracias, Lander.
Los amigos fueron fundamentales para mí. Sin ellos habría dejado el asunto en Morcuera. Estaba destrozado. Pero me llevaron en volandas hasta Rascafría. Y luego Pardillete se ocupó de mí hasta La Granja cuando podía perfectamente haber seguido con ellos. Jamás lo olvidaré.
Y modestamente, creo que también me porté bien con ellos cuando los mandé a tomar por culo. No podía hipotecar su carrera para que me esperaran. El pactado “Si me queréis, irse”, fue lo correcto.
Y sí, Pardi y yo adelantamos a espectros en el camino desde el Chozo a La Granja a los que les sacábamos 10 y 15 años, quizás más, delgaditos y en forma. Y eran zombies.
No te digo que te animes a algo así porque creo que lo tienes muy claro.
Muy claro que no, quiero decir