No tenía muchas referencias para poder acceder a alguna vía de la cara norte de Cabezas de Hierro. Casi todas las descripciones parecen copiadas de la misma fuente y repiten idénticas indicaciones, no demasiado claras. Aunque conozco bastante bien el Valle de la Angostura –el cual recorrí en junio–, Zerolito me había contado que para la aproximación a Cabezas de Hierro durante el MAM siguieron el PR-27 para situarse a los pies del paredón. Se trataba de seguir las marcas blancas y amarillas en los troncos de unos pinos. No parecía tan difícil. Contaba también con la descripción que un montañero había publicado en su blog: “Donde los sueños perduran“. Precioso título para hablar de montañas.
El martes 2 de febrero era el día perfecto. Cielos despejados, vientos flojos, sin riesgo de tormentas. No iba a encontrar otra oportunidad como ésta.
A las 9:52 salgo del parking del Puerto de los Cotos rumbo a la pareja de montañotas que se divisa perfectamente desde ahí. Son preciosas, grandes y macizas. Su cumbre será mi destino. No albergo la menor duda de que voy a conseguirlo.
Sólo hay que caminar unos minutos por la carretera de acceso a Valdesquí hasta llegar a la valla que encontraremos a la izquierda. Dejar el asfalto y pisar esa nieve dura es una sensación maravillosa. Tengo delante a las dos Cabezas, pero el sol, con eso de salir por el Este, me impide fotografiarlas: se encuentra justo encima de la Mayor y el contraluz es demasiado intenso.
Añun quedan rastros de nubes en el profundo Valle de la Angostura. Una delicia para recorrer que aconsejo a todo el mundo: pozas cristalinas, aguas gélidas y pinares inmensos.
Me ayudo de la sombra de un pino para poder tomar una primera imagen del paredón tremendo de Cabeza de Hierro Mayor (2.381m). Mi destino.
10:10 – Llego al Refugio del Pingarrón. El día es glorioso de luz y buenas vibraciones.
Sé que tengo que seguir ahora las balizas del RV1 hasta cruzar el arroyo de las Guarramillas por un puente de madera (la foto me quedó especialmente mal). El camino es claro y la nieve está dura y perfecta para caminar. Desciendo hasta el riachuelo con decisión y completamente feliz. Hay algunas huellas de raquetas y bastones y no dudo demasiado en el camino. Es difícil captar la luz intensa del invierno en el espeso pinar.
En un pequeño claro, que recordaba perfectamente de mi ruta de junio, me giro para captar el macizo de Peñalara.
Y al otro lado del valle, los Pulmones de Cabeza de Hierro Mayor.
Atrás ha quedado el RV1 y he seguido –con algún despiste que otro– el PR-27: las señales están muy deterioradas y no siempre está claro el trayecto. En verano es posible que el sendero sea claro, pero cubierto de nieve y sin huella abierta, hay que ir con atención. Llego al Arroyo de las Cerradillas y lo cruzo sin ver señales al otro lado.
Aquí no hay el menor atisbo de huellas; hay una gran capa de nieve y sé que he llegado al momento en el que las descripciones dicen que hay que… no sé lo que hay que hacer. Pero el bosque se abre al Este y hacia allá me dirijo.
11:11 - Circo de las Cerradillas. Este circo se forma a los pies de Valdemartín y Cabezas de Hierro y es realmente bonito. El que me conozca puede imaginar el estado de felicidad en el que me encontraba en ese momento. El día era perfecto. La temperatura ideal para la actividad. La luz, el sol, la nieve… todo entero para mí. Soy feliz con estas cosas, no lo puedo remediar. Soy muy simple. Transparente como el hielo que me encuentro en algunas zonas.
Mi ruta por el PR-27 me ha conducido en una hora y veinte al Circo de las Cerradillas, más al Oeste de lo que se supone que tenía que haber terminado mi periplo para acabar a los pies de la Mayor. Este resalte es el que divide las canales de acceso y estoy donde estoy. Era mi segunda opción, aunque la primera si tenía en cuenta que escalar por los Pulmones en solitario era más prudente postponerlo para una segunda ascensión. Bien. Estoy aquí. Ahora. Esto es la realidad. Y no puede ser más hermosa.
Es también hora de calzarse los crampones. Hay mucho hielo, pero los pinchos se clavan perfectamente y es una gozada cruzar la vaguada y comenzar la subida. Me doy cuenta de que voy sonriendo.
Mi equipo es muy sencillo: crampones, un piolet de marcha y un bastón telescópico acortado y sin la roseta de nieve para que se clave sin problema, a modo de segundo apoyo. Llevo el piolet asegurado a mi para evitar perderlo (ya me pasó una vez) en caso de caída o despiste. Venga, para arriba.
Algo perturba el silencio. Un helicóptero sobrevuela. Estará toda la mañana de aquí para allá. Incluso se detendrá unas horas después en un lugar próximo a donde se encuentra ahora. Mirando atrás descubro que el Cerro de Valdemartín es una señora montaña y de un porte muy elegante desde el circo glaciar. Siempre pasa desapercibida entre Cabezas y Bola, pero no deja de ser una bonita montaña.
El estado de la nieve es… múltiple. Hay nieve profunda en polvo, que resulta agradable de pisar, pero muy cansada de ascender. Hay cencellada que se rompe como cristales y hay hielo en las zonas donde los regueros que bajan a la vaguada se han congelado. La ladera mantiene un desnivel homogéneo, que parece que no, pero es exigente, sobre todo porque me hundo constantemente. Da lo mismo, es una gozada.
Nadie desde que dejé el parking. Silencio absoluto. Sólo mi respiración y la cencellada quebrándose cuando la piso. Paro a menudo para hacer fotos y, ahora que nadie me oye, para recuperar el resuello.
El sol a mi derecha, sobre los resaltes previos a la cima de Cabeza de Hierro Menor. A mi derecha un montículo rocoso que encierra la canal de ascensión. Bajo mis pies un mundo blanco y silencioso que la luz hace restallar. Esto es un regalo. Y es para mí.
Parece fácil, y sin duda lo es, pero no se aprecia el desnivel, que lo tiene. Al final del reportaje, con imágenes tomadas desde una perspectiva diferente se puede comprobar que no iba silbando ni tocándome las narices. De hecho, a pesar de encontrarme en muy buena forma física tras un mes de entreno magnífico, tenía que detenerme a menudo. Mi ventana de tiempo se cerraba a las 14:00 para llegar a la cima. No quería retrasarme más.
Aquí me detuve a ajustarme un crampón, que estaba algo suelto. Se percibe mejor el desnivel que tiene la canal. Y esas son las huellecillas que voy dejando a mi paso. ¿He dicho ya que estaba disfrutando como un enano?
Me queda ya poco para llegar al final de este primer tramo de mantenida ascensión. Al llegar arriba se suaviza bastante. A pesar del esfuerzo me da un poco de pena terminar. Pero a la vez voy mirando el reloj porque estoy tardando bastante y quiero mantener mi crompomiso horario.
Nadie diría que aquí puede sobrevivir nada. Pero estos retorcidos matorrales aguantan vientos heladores, suelos desnudos, un sol implacable. La vida siempre se abre paso.
Toca ahora un flanqueo de Oeste a Este que parece muy sencillo. No es exigente como el primer tramo y uno puede descuidarse, confiarse… y terminar rodando ladera abajo hasta el mismo valle, seiscientos metros más abajo. La caída desde aquí es imparable, porque sólo hay una capa de cencellada de unos 5 cms. Con el piolet la rasco, dejando ver enseguida la pedrera. Si tropezara o perdiera pie aquí, sería imposible practicar la autodetención con el piolet: nada me podría frenar. Es en estos tramos tan sencillos en los que es más fácil perder la concentración, bajar la guardia y tener un disgusto.
Es difícil apreciar en las fotos el desnivel que tiene esta ladera. Pero doy fe que lo tiene. De cualquier modo, no tengo el menor problema en seguir avanzando entre vidrios plumosos que se rompen a mi paso. Un sonido cristalino y puro que me acompaña en este lugar tan hermoso.
Aquí traté de reflejar todo lo ascendido. Desde el bosque de la derecha, subiendo por toda la vaguada de desagüe del circo glaciar, hasta aquí arriba. Para tener referencias, los puntitos que se ven en el centro de la imagen sobre la nieve, son árboles. Me siento genial. Los gemelos algo cargados por el cramponeo, pero fuerte y lleno de energía. Alguna barrita y un poco de agua son suficientes para hacerme continuar.
Sigo hacia el Este por un terreno similar. No es exigente físicamente pero hay que andarse con cuidado. La ladera es un tobogán de cientros de metros. Pero ya veo la Cabeza Mayor.
¿Qué puedo decir? ¿Alguien se atreve a describir estas formas mágicas que surgen a mi paso? Prefiero guardar silencio, como hice cuando pasé entre ellas. Hagámoslo en silencio, con el mayor respeto por nuestro hermoso planeta.

Entro ya con decisión en los resaltes graníticos de Cabeza Mayor. El terreno es una mezcla de rocas cencelladas que conviene no pisar: esas hermosas plumas de hielo se quiebran y no puedes confiar en que te retengan. Entre las rocas, nieve más profunda que me aguanta, pero me obliga a un mayor esfuerzo. Es muy agradable y entretenido transitar por aquí.
Siguiendo la mirada atrás, vemos la pedrera que baja desde el collado hasta el valle y que está cubierta de cencellada por la que hay que caminar con precaución. Al fondo vemos Valdemartín y las antenas de Guarramillas.
Esto se pone interesante. Aunque podría evitar pasar por aquí flanqueando los resaltes, hay que jugar un poco. Y esto es mejor que la Wii.
El tubito tiene unos quince metros y es divertido. El piolet se clava de maravilla y subo disfrutando.
Me habría pasado un buen rato por aquí, pero enseguida veo la salida del tubo y la antecima de Cabezas.
Ya he subido casi todo lo que me quedaba por subir. Esta es la perspectiva desde la antecima.
Esto se acaba. Ya sólo tengo que avanzar entre unos cuantos resaltes graníticos y veo el vértice geodésico… y a un chaval sentado en él. Cachis… yo que quería la montaña solita para mí. Pero tiene algo positivo y es que tengo fotógrafo particular (yo hice lo mismo con él, por supuesto).
Son las 13:25. He tardado 3h33 desde la salida, y 2h14 desde el circo. No son tiempos netos porque pierdo enormes cantidades de tiempo con las fotos. Pero si le sirven a alguien de mínima referencia, perfecto. Obviamente se puede hacer más rápido. Y si se hace a primera hora con la nieve más dura, aún más ligero. Pero esos fueron mis tiempos.
El montañero se va y me quedo un rato en la cima, tomando fotos y reponiendo las fuerzas con barritas y un caldito caliente. Sopla el viento y cambio el chaleco de Soft Shell por la chaqueta de membrana.
13:40 – Inicio el descenso, contentísimo por haber llegado aquí por el lugar donde lo he hecho. En el descenso hacia el collado me encuentro otra irresistible formación de hielo.
Y tengo una magnífica vista de la Cabeza Menor.
Llevo 4 horas en marcha y me siento muy feliz del día redondo que estoy disfrutando. Sé que me quedan por lo menos 3 horas más de ruta, la mayor parte de ella por terreno muy conocido. Llego al Collado (2.216 m) que debo sumar a mi lista de dosmiles e incio la ascensión a la siguiente cumbre. Subir a Cabeza Menor me resulta cansado, quizás porque el objetivo ya estaba cumplido y la nieve me lo pone difícil: el calor aprieta, la nieve se transforma y en las laderas me meto hasta el corvejón en merengue.
Subir de nuevo a Valdemartín es extenuante con el calor y la nieve. Pero en la cima sopla el viento helador y tienes frío y calor al mismo tiempo. He estado ya aquí muchas veces, pero hoy la luz es irrepetible y tengo que hacer algunas fotos.
Tras muchos subes y muchos bajas, sobre una mezcla de nieve blanda, puré de nata y cencellada quebradiza, llego a las pistas superiores de Valdesquí, donde hay más gente de la que imaginaba para ser un martes cualquiera de febrero. Al final no soy el único parásito de esta sociedad.
Este tramo me resulta ya agotador, porque el camino acostumbrado para hacerlo, más llevadero, lo ocupan esquiadores. A mí me relegan al roquedo helado. Pero para eso estamos aquí, monín.
15:36 – Por fin llego al final de las pistas y al inicio de la Loma del Noruego. Barrita y me termino el agua.
Sé que me espera ahora un recorrido rompepiernas de continuas subidas y bajadas. Lomas de poco desnivel, pero muchas. Me lo tomo con filosofía: todo ha ido bien, he disfrutado, he gozado de un día perfecto y no puedo estar más contento. Así que despacito, pero sin pausa, comenzo el camino de regreso a Cotos.
Otro de los dosmiles al cesto: Peña del Águila (2.004 m). Aunque sea por tres o cuatro metros (según los mapas), ese vértice supera los dosmil. La luz de la tarde se vuelve dorada y proyecta mi, ejem, gallarda sombra delante de mis propios pasos. Me duelen los gemelos. Se me hace un poco largo el camino. Cae alguna barrita más.
En esta imagen se aprecia mejor el desnivel desde el circo (cuyo fondo está oculto por la loma en primer término), el flanqueo hacia el Este en dirección el collado y luego los resaltes de Cabeza Mayor. Y también se ven otras vías hacia la cima que, sin la menor duda, tengo que explorar.
Cuando llego al búnker sé que ya no me queda nada. El día ha sido grandioso e inolvidable. Un último vistazo a las montañas que hoy han sido mías.
Llego al Puerto de Cotos a las 17:10 tras 7h20 de actividad. Me hidrato, me quito los chismes y trato de ordenarlos en el maletero. A las 17:30 salgo hacia Madrid.
Soy muy muy afortunado.






















































Te envidio Fran. Ignoro qué será de mí a partir de mañana, en el que recibiré mi “bautismo” en nieve y hielo, pero dudo llegar a tener en algún momento el valor para hacer una salida así en solitario, por lo que no llegaré a disfrutar de esa sensación de plenitud ante la consecución de un objetivo que aporta la soledad. Sólo intuyo lo que sentiste el martes y tuvo que ser fantástico.
Nos vemos.
Veremos qué tal son tus sensaciones mañana en Peñalara y si descubres que te gusta la montaña invernal, aquí tienes compi para afrontar rutas por donde te apetezca.
Lo de la soledad, bueno, es algo muy personal (obviamente). No es necesario ir solo para disfrutar, y a menudo poder compartir con alguien una experiencia también aporta otra dimensión (casi desconocida para un pajarraco solitario como yo).
En serio, me gustaría que tuviéramos un grupete de montaña más o menos estable.
Hasta mañana
Que birria de fotos. Que soporífero relato. Que… que envida me das, mamoncete. Cuando narras tus “paseos” por la montaña, transmites algo muy especial. No sabría definirlo: una mezcla de alegría, orgullo, respeto… y que estás en “tu” sitio, alejado de todo aquello que detestas.
Para los que aún no nos atrevemos a profanar la montaña con nuestros torpes pies, esta ventana que abres a las cumbres nevadas es como un regalo. Gracias.
Y lo del grupo estable de montaña… que bonita idea. Pero yo al menos esperaré hasta que se derritan las nieves.
Cuando narras tus “paseos” por la montaña, transmites algo muy especial. No sabría definirlo: una mezcla de alegría, orgullo, respeto…
¿Equilibrio?, ¿paz?…
:-O :-O :-O :-O
Se resume en dos palabras.
Im
Presionante
¡Por fin subiste a Cabeza Mayor! Sí señor
Estupendísimo reportaje, a la altura de los que ya has hecho, a pesar de la vagancia
Supongo que te evitaste subir a Cabeza Menor (no hay fotos desde la cumbre). Valdemartín, esa “pequeña entre dos gigantes” es muy bonita desde ahí abajo.
Me encanta cómo no pierdes detalle, cómo te empapas y tratas de traducir en palabras lo inenarrable. Nos haces revivirlo a los que alguna vez hemos sentido esa sensación de armonía, de comunión con la Naturaleza y nuestras montañas.
Don’t stop me now (Queen dixit). Y está claro que ese embrión montañero está germinando. Sólo falta que te federes
me partía de risa con tu irónico comentario en el hilo paquetil.
Me encató Yoku. Mil gracias.
hasta las comas me he leido, preciosa ruta, bonito relato
Bos días e chuviosos YOKU:
Ahora sí las he visto y veo que son buenas, estupendas. Lo bueno es que así se disfruta del trabajo que tú haces …y no se suda.( es como cuando ves un documental de La 2 , puedes echar un ajedrez y volar por ahí sin salir de casa.Igual que esos obnubilados que creen que viajaron fuera del cuerpo….Sensaciones, solo son sensaciones ,como diría HUme)…deica logo YK.
Pues como ésta tienes tropecientas. No presumo de hacer buenas fotos (alguna me ha salido bien por casualidad, y están en el apartado ‘Fotografía’). Intento documentar mis salidas a la montaña por si le pueden servir a otros. Como ves, casi siempre voy solo, porque si me acompaña alguien, hay contratiempos.
Bos días YK:
En eso coincidimos plenamente. Solo voy sólo al monte, así no tengo que enseñar a “naide” nada y técnica alguna ni escondrijo cualquiera y de esa forma camino a mi ritmo ni comparto secretos mas que con el viento…agur