Tengo en mis manos el documento que han elaborado en el colegio de mi hijo para regular la convivencia de alumnos, profesores y personal del centro. Literalmente ‘El contenido del Plan se resume en: las normas de conducta de obligado cumplimiento para los alumnos, los diversos tipos de faltas y sanciones, y el procedimiento disciplinario’.
Interesante. De manera que la convivencia trata de faltas y castigos. Y las normas son de obligado cumplimiento para los alumnos. Qué curioso.
El documento es espantosamente largo y concienzudo. Aterrador. No sé qué tipo de escrito entegrarán a un presidiario cuando ingrese en la cárcel. Supongo que será sencillo y directo: le dejarán claro los horarios y todo lo que no puede hacer. No creo que tenga tantas páginas como éste que hojeo ahora. Pero insisto, es de un colegio, no de un correccional o de una prisión federal del profundo sur de EE.UU. Y, así nos lo vendieron, de un colegio progresista (es absolutamente reaccionario, pero eso ya es otro asunto). Un colegio normal con chicos normales, muy majetes. Y el documento es aterrador.
Pero aún es más terrorífico saber que varias personas se han reunido para confeccionar esta sarta de barbaridades. Y terrorífico es pensar que ellos creen que hacen lo adecuado. Y sobre todo, me causa terror que los padres de los alumnos estén de acuerdo y se sientan satisfechos.
Esto sucede en un colegio de una ciudad moderna de un país europeo en el siglo XXI. En otras palabras: esto es el tope de modernidad y libertad que puede darse en la sociedad humana. Estoy horrorizado.
El totalitarismo y la dictadura consiguieron vencer definitivamente cuando se disfrazaron –burdamente– de democracia y libertad. La esclavitud obtuvo su mayor victoria cuando ofreció consumo y progreso a sus ciegos sirvientes. Miles de millones de felices borregos contentos por poder trabajar y comprar enseres. Por establecerse. Por acatar las normas de convivencia. Por ser esclavos para siempre con la mejor de las sonrisas.
Nuestros derechos caben en un billete de metro –y a menudo son pisoteados–. Nuestros deberes ocupan decenas de volúmenes. Y los castigos aparejados a su incumplimiento no dejan de regularse y aumentar.
Sólo quieren niños silenciosos y obedientes, moldeables, que acaten cualquier cosa que se les ordene; obreros temerosos, oficinistas sumisos, trabajadores acobardados: si aceptas lo que venga, más recortes, menos derechos, más humillación, menos libertades, conservarás tu puesto, tu exiguo salario, tu seguridad. Podrás pagar ese cuchitril por el que darás toda tu vida, podrás comprar lo que te digan que compres. Y sonríe, porque si te comparas con otros…
Os odio profundamente. Os detesto. No sabéis la suerte que tenéis: no he nacido en EE.UU. y nunca podré ser presidente de ese país. Yo no me andaría con tantos miramientos. Apretaría el puto botón rojo y os mandaría a todos a tomar por culo.
Os odio, uno por uno. A los amos y, sobre todo, a los esclavos.
Supongo que no te consuela que es una directiva de la Consejería de Educación y no del cole progre al que llevas a tu hijo.
O quizá eso es lo más aterrador…
No, no me consuela.
Sí. Normas, normas, normas. Sal a correr, machácalos con tu ritmo. En cierto sentido, la civilización ha conseguido el milagro de que los esclavos acepten con alegría su condición. Y lo peor es que ni podemos excluirnos… ni apretar el botón.
Que pensemos que no hay salida forma parte del adiestramiento masivo de los esclavos.
Hay salida. Siempre la hay. Siempre individual.
La libertad siempre es individual. No existe otro tipo. Cuando se pretende regular la libertad de las personas se cae de nuevo en la esclavitud.
No hay frase que odie más que “No hay que confundir libertad con libertinaje”.
Sólo el libertinaje es libertad.
Fantastico yoku esta semana he tenido un pensamiento parejo al tuyo que plasme con esta cita de Charles Bukowski “Cuando estás en la calle es cuando te das cuenta de que todo tiene dueño y de que hay cerrojos en todo. Así es como funciona la democracia: coges lo que puedes, intentas conservarlo y añadir algo si es posible. Así es también como funciona la dictadura sólo que una esclaviza y la otra destruye a sus desheredados.”
Sí, he leído tu entrada sobre la Dead Woman y los cazadores. Ahora me paso por tu casa a dejarte un comentario.
una de arena:
sin conocer los detalles parece que ese papel está escrito a la defensiva, ya sabemos todos lo que pasa en general en los coles y supongo que muchos profes se sentirán tan agredidos y sin derechos como pones en tu entrada por esos adorables nenes que no son más que una extensión de nosotros mismos en las aulas.
Tratemos de formar ciudadanos libres y autónomos de pensamiento, no personajes consentidos, incultos, maleducados y cargados de derechos, y por favor no me pisen el pié.
blus
Mientras veía otra vez (y van…) el cacho de la peli del brikindegual me he fijado en tu última frase, en la que dices que “odio al amo”. Joder, “amo” es 1ª persona del singular del verbo amar. Cágate lorito. ¿Es tu “amo” porque te obligan, a pesar de todo, a amarlo?
Toma empanada mental para empezar el día… yo con mis cositas.
A pesar de la dolorosa vigencia de la obra floydiana, hoy por hoy hay niños que hay que echar de comer aparte. No es culpa suya, pobres míos. Hay padres y madres sin criterio, moldeados por esta sociedad consumista y carente de valores que los hacen a su imagen y semejanza. Se sustituye cariño por regalos, esfuerzo por sobreprotección, responsabilidad por tibieza, amigos por consolas. No tienen tirachinas pero graban en su móvil las humillaciones o palizas a sus iguales. Cogen todo lo que esta sociedad de consumo les ofrece menos lo más importante, lo que no cuesta dinero pero sí compromiso, y así tenemos los resultados que vemos, tristemente, en nuestro entorno.