B. Material imprescindible
En capítulos anteriores analizamos someramente la indumentaria que tendríamos que vestir en cada circunstancia. Ahora es el turno de precisar el material que debemos llevar con nosotros cada vez que realicemos una actividad en la naturaleza. Queda claro que se tratan de rutas y excursiones sencillas entre el senderismo y el montañismo, en todas las estaciones y sin pasos de escalada, para los que se necesitaría un material distinto y adecuado que escapa a este pequeño análisis.
B.1. Mochila
Inseparable compañera de nuestras aventuras. Yo recuerdo con absoluta precisión todas las que he tenido a lo largo de mi vida y a los lugares a los que me ha acompañado cada una. También he visto la evolución de su forma, estructura, materiales y hasta la estética. ¿Alguien recuerda aquellas que tenían una estructura de tubos de aluminio con un resalte en el que ese encajaba el saco o la tienda? Eran un incordio, pero en su momento, molaban. Luego llegaron materiales más impermeables (he tenido una Altus tantos años que no sé cuántos pueden ser, que me salió perfecta; la he tirado hace poco por cuestión de no seguir almacenando trastos; pero estaba como el primer día y ahora me arrepiento de haberlo hecho).
Además de tropecientas mochilas urbanas tengo 5 para la montaña (y aún me gustaría comprarme otras dos…). Puede parecer que soy un consumista compulsivo, pero prometo que es todo lo contrario: nunca compro nada que no vaya a usar, y cuando lo hago es porque lo he pensado mucho, he esperado mucho hasta decidirme y aún así, dudo hasta el último segundo. Y todo lo que compro lo uso durante muchos años.
Empezaremos de menor a mayor capacidad.
Las mochilas Raid o Trail son pequeñas, anatómicas y están pensadas para correr con ellas sin que el peso nos impida avanzar con rapidez. Su función principal es la de portar el agua (en bolsas tipo CamelBak y en depósitos independientes) y llevar con nosotros el material de supervivencia necesario entre etapas o controles de la carrera: cortavientos, alguna muda, guantes, mapas, móvil, bastones, botiquín y comida rápida.
¿Se pueden utilizar en una salida de montaña en la que no vamos a correr? Yo antes diría que no. Pero mi opinión ha cambiado totalmente tras comprarme una. Se puede usar perfectamente en una salida corta de medio día en la que la mayor parte de la ropa la llevemos puesta desde el principio y sólo necesitemos guardar un cortavientos, un par de calcetines y poco más. Obviamente la capacidad de almacenaje queda restringida a esas mínimas prendas, un bocata, el botiquín y algún gel o barrita en caso de apuro. El resto del equipo lo llevaremos puesto: en primavera y otoño, nos abrigaremos con un forro polar o un Soft Shell que no nos quitaremos durante la ruta. Un chubasquero o un cortavientos fino será lo que nos quepa en su aprovechadísimo interior. En los bolsillos del cinturón caben barritas, frutos secos, chocolate, el móvil, la cámara… Sin duda es una magnífica opción para una ruta sencilla, corta, rápida y que estemos seguros de que no nos va a deparar ninguna sorpresa (bueno, de eso no se puede estar nunca seguro; pero me entendéis). Es también una buena opción para que los más pequeños de la casa se acostumbren a llevar una mochila en las salidas y se hagan responsables de su agua y su comida, por ejemplo, mientras el papi lleva el grueso de las provisiones y demás material.
Las mochilas de ataque tienen una capacidad mayor y están diseñadas para portar más material de montaña. Suelen tener unos 30-40 litros distribuidos en el bolso principal, los laterales, el de la seta y el cinturón. Tener una de éstas es imprescindible. Es la que más usaremos en nuestras salidas de un día y la más polivalente. Hay decenas de modelos de todas las marcas, cada día son más chulas y es difícil decidirse por una (o dos, o tres…). No suelen tener una estructura interna que les aporte forma y su punto fuerte es la ligereza. Casi todas vienen ya con
cinturón lumbar y pectoral, lo que nos permitirá ajustarla perfectamente sin que se mueva y nos desequilibre. Suelen tener uno o dos bolsillos para meter la cantimploras y también suelen ser compatibles con sistema de hidratación tipo CamelBak. No olvidemos lo útil que puede ser un par de enganches para los bastones o el piolet. Algunos modelos tienen algún sistema de aireación que separa la espalda del cuerpo principal del macuto con una rejilla aireada. En fin, si nos queremos engañar… lo hacemos. Con calor y tras los kilómetros suficientes, sudarás por la espalda. Yo tengo una así y bueno… no está mal.
Otra cosa fundamental es la funda impermeable. Muchas mochilas ya llevan incluido un bolsillito con cremallera en la base de la que se extrae esta funda que impedirá que se nos moje la ropa y el material. En caso de que no la lleve o de que sea demasiado justa y no cubra el material que podamos llevar por fuera (saco, aislante…) venden fundas independientes de todos los tamaños. En ocasiones podemos ahorrarnos esto si llevamos un poncho impermeable que cubra también la mochila.
No soy capaz de recomendar ninguna marca porque creo que todas están muy bien y cada uno encontrará un modelo más acorde a sus necesidades, sensación de comodidad o simple gusto estético. El precio, desde 20 € los modelos más simples y sin pretensiones (que pueden servir para el 80% de nuestras salidas, si somos sinceros) hasta 100 € o más los modelos más ligeros y adaptados al alpinismo, el esquí de fondo o la escalada. Buscar en períodos de ofertas o en modelos de años anteriores puede ser recompensado con drásticas rebajas de precio. Yo diría que por 30-50 € te puedes llevar algo muy majete.
Las usaremos en todas las excursiones de máximo un día o en los ataques a cima mientras dejamos la mochila principal en la base, metiendo en la pequeña sólo lo imprescindible para subir y bajar: hidratación, comida rápida, seguridad y calor. El resto de la ropa y provisiones quedará a buen recaudo en el refugio o donde podamos guardarlo.
Los amantes de la ligereza (Light packing o incluso Ultralight packing) pueden (y ejem, modestamente, podemos) usar este tipo de mochilas para pasar varios días en la naturaleza, llevando saco, funda vivac, aislante, comida para varias jornadas… Pero es algo que se va aprendiendo con el tiempo y no lo recomiendo a principiantes. Yo he usado una de 40 litros para estos menesteres y reconozco que me va muy justa, pero cada vez voy afinando más y se puede hacer sin problemas. Para profundizar en esta filosofía recomiendo encarecidamente la web Ultraligero. El vasco que la lleva es un fiera que se ha recorrido enormes distancias con el peso y el material tan ajustado que parece imposible que lo haya conseguido. No dejéis de visitarla porque es una fuente de sabiduría magistral.
Las mochilas de media carga permiten un volumen de 40-60 litros y son las ideales para pasar dos o más días en la naturaleza transportando el saco de dormir, el aislante, los aparejos de cocinar y alimentos varios.
En este caso que incluimos siempre saco y aislante, la funda impermeable que cubra por completo la mochila y los elementos externos es fundamental. Pasar varias horas bajo la lluvia, acampar, cambiarse de ropa y descubrir que está mojada puede deprimir al más optimista. Si encima se nos ha empapado el saco, la nochecita ya será insufrible.
En este segmento de mochilas es importante que presente un armazón semirígido, las hombreras bien acolchadas y los cinturones cómodos y anatómicos. En muchos casos es posible regular la espalda en función de la altura de manera simple. Interesante que tengan un compartimento especial para el saco y que podamos acoplarle el sistema de hidratación. Varios bolsillos laterales, enganches para el material de invierno y posibilidad de sujetar una tienda en la parte inferior serán también aspectos que podemos valorar.
Todo esto está muy bien y hay que tenerlo en cuenta. Pero quién es el guapo que después de dos días acarreando 15-20 kg a la espalda durante una media de 10 horas al día va cómodo y no está hasta las cejas de llevar el mochilón. Creo que hay que evitar las mochilas demasiado grandes para una travesía de dos o tres días por la sencilla razón de que siempre llenaremos el macuto hasta su máximo… y un poco más. Si tenemos una de 45 litros la llenaremos con 50 y si la hemos elegido de 60 portearemos 65. Aprender a llevar todo lo necesario, pero sólo lo necesario es algo que no es en absoluto sencillo. Los porsiacaso nos llenarán la mochila de cosas que echamos habitualmente y que nunca terminamos de usar.
Truco: es importante hacer una lista exhaustiva de lo que incluimos en cada escapada y que no sólo sirva como lista de comprobación para que nada se nos olvide antes de empezar… la tenemos que volver a revisar al regresar a casa para ver lo que hemos utilizado… y lo que no. Si hay algo que siempre aparece en ese último grupo de cosas no usadas es hora de replantearse su inclusión (el botiquín queda exento, claro: ójala no tengamos que usarlo nunca pero siempre hay que llevarlo).
Las mochilas de trekking o travesía son enormes y preciosas, y con sólo verlas nos transportan a espacios salvajes en completa soledad. Aunque ahora se llama trekking a cualquier cosa, (“Ayer hicimos trekking por Cercedilla“) habría que reservar tan bonita palabra para aquellas rutas alejadas de la civilización, de muchos días y con autonomía total; y ser más realistas y humildes con nuestras salidas domingueras. Puesto que nadie va a emprender un trekking sin haberse baqueteado a fondo durante muchos años antes en salidas más cercanas, sencillas y controlables, no deberíamos adquirir una de estas mochilas de 60-80 litros (incluso las hay de 100) hasta no tener la experiencia necesaria. Un trekking por las Rocosas de tres meses nos exigirá llevar todo tipo de ropa y material (desde chanclas hasta crampones, desde bañador a plumífero). Pensar en 70 litros (¿25-30 kg a la espalda?) es ya algo que hay que barajar. En estos viajes uno puede pasar 7-10 días seguidos en completa soledad, en un paisaje salvaje en el que tenemos que salir por nuestros propios medios. Ahí los porsiacaso se convierten en necesidades básicas.
Tengo algunas ideas en mente sobre este asunto y estoy viendo las primeras mochilas que me permitirán llevarlo a cabo… Bueno, ya iremos viendo…
Y para terminar, la cita del sabio griego Bias de Priene, que decía lo siguiente:
“Omnia mea mecum porto“
(conmigo llevo todo lo mío)
Apéndice: Cómo organizar la mochila
Peliaguda y muy personal cuestión. Incluso he visto consejos y argumentos contrapuestos. Supongo que la realidad se centra en dos premisas fundamentales:
- Las cosas se meten como quepan, porque siempre llevamos más de lo que cabe y hay que hacer hueco cómo sea.
- Tras unas horas de sacar y meter cosas, el caos es ya tan completo que da igual la primera intención o la organización científica que habíamos planificado en casa.
Una idea se que se repite en varias guías de montaña es la siguiente:
- El saco en el fondo de la mochila, pues es lo que no vamos a utilizar más que al final de la jornada. Si la mochila tiene bolsillo especial con cremallera, es donde mejor va. Si lo metemos en una bolsa de plástico nos aseguraremos de que no se mojará.
- Lo más pesado que llevemos (de hecho no deberíamos llevar nada pesado) junto a la espalda, para que no nos desequilibre hacia atrás y nos transforme demasiado el centro de gravedad. Habrá que tener cuidado para que nada puntiagudo o demasiado duro nos vaya tocando en los lomos: lo que al principio casi ni se nota puede convertirse en una tortura tras unas horas de rozamiento. Si llevamos una estructura semi-rígida y malla de aireación conseguiremos separar esa zona del rozamiento con nuestra espalda.
- Lo más ligero, lo que vamos a necesitar (guantes, cortavientos, gorro…) y que no nos desequilibre el peso podemos meterlo rodeando el centro más pesado. Lo que viene siendo a mogollón.
Unos cuantos consejos:
- Meter en bolsas cada elemento para que no se manchen o se derramen (leche condensada, chocolate, miel, etc., tienen una tendencia natural a pringarlo todo, por muy alejado que esté de nuestro flamante polar).
- Bolsas por colores para guardar objetos de la misma categoría que podamos recordar puede servir para no estar abriendo todas las bolsas hasta dar con lo que buscamos.
- Yo uso este tipo de bolsas estancas para la ropa: la ropa siempre está seca, limpia y por el sistema que tiene de extracción del aire, ocupa mucho menos que si la guardamos tal cual.
- Es conveniente utilizar los bolsillos externos de la mochila para transportar todos los objetos de mayor uso: así evitaremos abrir y desordenar el bolso principal del macuto cada vez que queremos coger agua, o los guantes o unas gafas de sol.
- Conviene guardar cada cosa siempre en el mismo lugar para que lo encontremos rápidamente y sin desorganizar el resto.
- No olvidemos que la ropa de montaña suele contar con abundantes bolsillos (muchas veces con cremallera) que nos permite portar pequeños objetos de primera necesidad (picoteo, protector labial, móvil, guantes, pañuelos…) sin tener que parar cada dos por tres a abrir la mochila. Tampoco conviene llevar demasiadas cosas en la ropa porque molesta al moverse por terreno accidentado.
Continuará…
Mañana voy al Decathlon con la lista de la compra. Aparte del material detallado en la anterior entrada, ya tenía apuntada mochila y frontal…. Y sacado brillo a la tarjeta…
Compra con moderación, Carlos. El equipo es algo que se va construyendo poco a poco, a través de los años y según surgen las necesidades.
Sólo lo que precises de verdad y no puedas sustituir con dos o tres cosas que ya tienes.
Contención y moderación en el uso de la tarjeta, que ya sabes que lo que más satisfacción te va a producir es pasar esas horas con tus hijos…
y eso no cuesta dinero.
Disfrutad!
Ah, mi vieja Altus de aluminio… yo me pillé una de lo más remono: tenía el hierro abatible para que ocupara menos en casa (fundamental en mi caso). Y la deseché en perfecto estado.
Muy buena descripción, y haces bien en no mojarte en cómo hacer el macuto. Yo he visto de todo, he discutido el tema mil veces con colegas… recuerdo uno en especial que ponía el saco justo al final, a modo de “tapón” para la mochila. Y gente que lo ponía entre el macuto y la seta, aflojando las trinchas de ésta.
Fundamental lo de los bolsillos para material ligero de uso frecuente y muy buena idea lo de las bolsas quechua. La organización en bolsas, sobre todo de los alimentos, es muy importante.
Good job, Fran. Voy a por el tercer volumen
kill bill vol. 3
(¿Me estoy columpiando o alguna de esas mochilas de aluminio se podían usar también como silla?)