Etapa 2. Laguna de los Pájaros – Reventón – Rascafría - Mirador de los Robledos.
Nochecita toledana. Así es como se suele llamar a las noches en las que no se ha podido descansar por la razón que sea. No sé muy bien por qué ocurre eso en Toledo. Sólo sé que el viento no me ha dejado dormir en condiciones. Aún así he tenido un período de sueño REM en el que estaba acampado y unas vacas me pisoteaban la tienda y la mochila. Qué cosas. Si he soñado es que he dormido y si he dormido es que he descansado. Así que arriba, holgazán.
06:50 – Salgo del refugio y me encuentro con el amanecer. Está entero para mí. No tengo que compartirlo con nadie. El cielo se pinta de colores para saludarme. Qué privilegio estar aquí, ver esto, disfrutar de un nuevo día en este planeta. No necesito gran cosa: aquí se relativiza el dinero y el poder. Quizás nuestros políticos y banqueros deberían tener este tipo de experiencias y, me cuesta creerlo, ver cómo es el mundo en realidad. Tal vez dejarían de hacer el mal y se dedicarían tan sólo a vivir. Bueno, me dejo de filosofías y vivo intensamente el momento de extrema belleza y serenidad que se dibuja ante mis ojos. El viento se ha calmado con la salida del sol (igual sucede en el mar) y dispongo de un buen rato de tranquilidad para desmontar el campamento. No quiero que venga ahora un guarda del parque y me eche la charla por dormir aquí y me amargue la buena experiencia. Creo que si alguien monta la tienda al anochecer, la levanta al amanecer y no deja rastro alguno de su presencia, no está cometiendo graves delitos.
Es increíble que uno pueda llegar a la montaña en coche, desplegar mesas, sillas, neveras, niños con pelota lanzando bolsas de patatas por las rocas, arrojando latas de refrescos al río, la música a todo volumen… y eso sea bueno y medioambientalmente sostenible; y que yo esté cometiendo un delito por el que podría ser juzgado. Las leyes las redactan gordos malévolos en sus despachos, cuyo único contacto con el “campo” es cuando van a cazar ciervos y jabalíes al coto del cuñado del empresario que les unta para recalificar terrenos. Matan un poco, engullen buenos asados, caros vinos, puros, putas, y el domingo por la tarde a casita, que el lunes hay que gobernar a esta masa de gilipollas. Y ese puto bosque, me lo talen, que así evitamos los temidos incendios en verano, que restan votos. Y de paso construimos un campo de golf, que eso sí que es bonito y sostenible. Lo siento, no puedo evitar el sarcasmo; creo que en el fondo tengo razón.
Desayuno con apetito. He decidido no calentar nada de lo que tome por el respeto absoluto que tengo a la naturaleza. Lo gracioso es que aquí se puede fumar. Al día siguiente leí un cartel en el bosque de la Angostura: Prohibido tirar cerillas o colillas sin asegurarse de que están totalmente apagadas. ¡Me cago en tu puta madre! ¿O sea, que se puede arrojar basura asquerosa al bosque mientras no esté ardiendo todavía? Hay que joderse… En fin, creo que uno debe seguir sus valores y no dejarse contagiar por la cenutriez que le rodea sin remisión.
8:27 – Todo recogido, debidamente lavadito (lo que viene siendo un gato) y en marcha. El día se ha levantado espléndido, pero llevo el cortavientos encima de dos capas de ropa. Salgo por el senderillo que se adivina en el aliviadero de la laguna y me alejo del lugar mágico donde he pasado la noche.
El camino es suave y sin problema alguno. Tras llanear un poco veo que hay que descender al puerto y desde ahí remontar a los Neveros. Estoy de magnífico humor y me siento muy bien. Echo una miradita atrás para despedirme de la laguna, pero ya no está visible. Sin embargo, la perspectiva del Risco de Claveles es preciosa y nueva para mí.
El terreno es suave, con amplios prados alpinos salpicados de enebros rastreros y retamas pequeñas. Se baja con facilidad con amplias vistas a ambos lados: la llanura segoviana a la izquierda y el valle del Lozoya a la derecha.
08-44 - Puerto de los Neveros (2.121 m). Hay un poste con señales de madera indicando los tiempos a Claveles y Peñalara. Al lado segoviano se distingue el embalse del Pontón, La Granja y el Moño de la Tía Andrea. Y la inmensidad de la meseta castellana a lo lejos.
Comienzo la subida hacia el pico, que presenta una pequeña cresta rocosa. Enseguida se ve una especie de muralla de piedra seca, que cruzo en un lugar derruido para seguir subiendo por la derecha, buscando el camino entre las rocas por el lado que da a Lozoya. No es una cresta complicada ni aérea y se hace muy bien y es entretenida, entre granito y retamas amarillas.
08:57 - Alto de los Neveros ( 2.136 m). Las vistas son magníficas a ambos lados, y entre las rocas se ven formaciones que fueron torretas y baluartes de la Guerra Civil; un aperitivo de lo que me encontraría a partir de ahora en estos altos.
09:05 – Según el libro de Domingo Pliego, hay otra cota en la lista: Segunda Cumbre de los Neveros (2.121 m), que me apunto sin saber muy bien si tiene sentido este tipo de contabilidad. No me importa tanto el listado como recorrer toda la Sierra de Guadarrama usando esa lista como excusa. Pero no me quiero obsesionar con unas marcas en un mapa.
El sol aprieta y me quito el cortavientos Una vez superada esta pequeña cresta rocosa (fácil y bonita) vuelvo a transitar por terreno muy suave y ondulado, con el piso de piornos y retamas que crece por estas alturas. Hay que ir buscando el mejor paso, pero hay algún hito que facilita las decisiones. Se desciende suavemente al siguiente colladito entre piornos con algunos hitos, no muchos, pero sin pérdida posible.
09:28 – Collado de Hoyo de los Poyales (2.021 m). Es un lugar ancho y abierto desde donde tomo dos fotografías. En el lado segoviano y algo más abajo, veo las primeras vacas, que serán los únicos mamíferos que me acompañen hoy.
Ahora hay una pequeña subida hacia unas rocas que se ven destacadas a la derecha del camino; seguimos ya casi llaneando y se alcanzan otras surgencias rocosas que parecen ser la cota de 2.072 m que anuncia Pliego. Pues vale. Al saco. Otras rocas a la izquierda, que ahora no se apuntan como dosmil, y una ligera bajada hacia el Collado de Oquendo (2.054 m, aunque a mí me da 2.063 m, cosas del GPS). Son las 10:02 y llevo 4 kms desde Pájaros.
El pinar de Oquendo parece una repoblación de las faldas del macizo de Peñalara en la vertiente segoviana. Ahora me toca realizar una subida importante hacia el siguiente pico. No es en absoluto complicada y tampoco es muy exigente. Al comienzo de la ascensión me encuentro unas gafas de sol de Adidas que no están nada mal. Como no me he cruzado con nadie, de estar por aquí su dueño estará más adelante y no más atrás. Las cojo por si veo a otro andarín, pero hoy toda esta cuerda está para mí solito. Remonto esta ladera inclinada, con cada vez más rocas y arbustos, pero sin mayores contratiempos. Por el camino me han recibido así como ochocientos mil saltamontes: simpáticos camaradas que me acompañarán el resto del día con sus saltitos y aleteos. Los hay de todos los tamaños y colores.
10:17 – En apenas un cuarto de hora he subido al Alto del Morete (2.133m). En esta cumbre es donde más restos de la Guerra Civil me encuentro. Su cima es alargada y se encuentra llena de trincheras, parapetos y restos de construcciones defensivas de cuando nuestros abuelos se liaron a hostias. O sea, como ahora pero con balas. Mientras recorro estos restos de nuestro pasado más negro no dejo de maravillarme de cómo una especie tan rematadamente estúpida ha llegado a creerse el centro del universo.
Hacia el lado segoviano tenemos esta vista completa del citado pinar de Oquendo, la cresta de Siete Picos, el Minguete, Montón de Trigo y la Mujer Muerta. ¿Alguien da más?
Sigo circulando por restos de antiguas fortificaciones derruidas y rellenadas, buscando el paso entre las piedras caídas, las retamas y los piornos. Es una larga meseta que tiende a bajar y que muestra un nuevo resalte rocoso, otra cota de la colección: Cota NE del Morete (2.095 m).
Van cayendo dosmiles sin mucho esfuerzo. Pero como he dicho, no me preocupa en absoluto pasar exactamente por todas las cotas sino recorrer la sierra y explorar terrenos que desconocía. Todo este cordal es nuevo para mí y no está nada mal. Es sencillo de recorrer y las vistas son espléndidas. Bien es cierto que técnicamente no suponen ningún reto (quizá como mucho la subida por los Neveros y el Morete aportan algo parecido a la sensación de subir una montaña, pero son extremadamente cortas y sencillas). Pero el paseo es bonito y estoy disfrutando. Sólo un pero: el día está enturbiándose, y unas nubes altas afean el cielo, aportan agobio, y aunque a estas alturas el viento sopla lo suficiente como para que no haga calor, en el valle tiene que hacer un tiempo más bochornoso.
Yo ahora tengo una bajada con los acostumbrados piornos hasta el Puerto del Reventón, cuyo conocido mojón cilíndrico veo desde lejos, igual que la valla de piedra seca que separa Madrid de Segovia y asciende al pico del Reventón, cuyo vértice geodésico también se aprecia perfectamente.
10:47 - Puerto del Reventón (2.038 m). He invertido media hora justa en llegar desde Morete al puerto. Exactamente lo que marca Pliego en su guía (sus tiempos son bastante aproximados a los que hago, en esta excursión y en otras que he realizado siguiendo sus indicaciones).
Me toca descansar, relajarme unos minutos, tomar un tentempié e hidratarme. Valoro la posibilidad de dormir aqui esta noche: la valla de piedra hace justo un esquinazo que me protegerá del viento (siempre que no sople por el lado abierto, como suele suceder). El lugar es ciertamente desolado y carece del encanto de la Laguna de los Pájaros. Pero era mi primera opción desde la planificación en casa porque en mi mapa hay una fuente no lejos del puerto con el indiscutible nombre de Fuente del Reventón. No hace falta decir que desde el manantial de Pájaros no he vuelto a ver nada que se asemeje al agua en estas cumbres. De momento no tengo problema porque es pronto, apenas he tenido que beber y aún conservo las provisiones de agua helada. Pero el día será largo y la caminata no ha hecho sino empezar. Con estas –importantes– consideraciones en la cabeza me hago una arretrataura que me queda de medio lado; además el viento me mueve el cortavientos que llevo por fuera de la mochila. Pero como el modelo es el que es, tampoco importa demasiado.
Para el curioso, el cilindro presenta la siguiente inscripción: LA SOCIEDAD MILITAR DE EXCURSIONES A SU PRESIDENTE EL TENIENTE CORONEL IBÁÑEZ MARÍN 23 JULIO DE 1909 EN MELILLA B. LÓPEZ ??? 1910
11:12 - Termino el descanso y decido que puedo dormir aquí sin problemas; y me dirijo hacia la cima del pico que da nombre a este puerto. La cuesta es corta y llego en 12 minutos. Una manada de vacas ha tomado el lugar y hago unas fotos para que conste que se pueden sumar un dosmil; a ver quién termina antes la lista. Esto es como la carrera de Edurne con los ochomiles, sólo que yo compito con la Vaca Paca. A cada uno lo suyo.
11:24 – Pico del Reventón (2.079 m). Desde aquí me encuentro en un terreno prácticamente llano. Es una enorme y larga extensión de piornos, con una valla a mi derecha que separa ambas Comunidades. No tienes la sensación de ir por una cumbre, sino por una meseta alta. La única dificultad es sortear los piornos, las retamas, otras leguminosas de flores naranjas que no sé cómo se llaman y las vacas con sus terneros que pueblan esta zona. El día se está convirtiendo en pegajoso y no tengo ya tan buenas sensaciones. A lo lejos veo la cumbre de la Flecha, mi siguiente objetivo.
Avanzo rápidamente por esta extensión y llego a la cota al N del Reventón (2.042 m, a mí me da cuatro o cinco más). Desde aquí veo el siguiente puerto al que tengo que bajar antes de ascender a la Flecha.
Pero la cosa se complica. Cada vez hace más calor. Y no veo la manera razonable de bajar desde aquí hasta el collado que se vislumbra bastante más abajo. Me asomo por todas partes y no veo camino. La zona más accesible sería una ladera inclinada de piornos que baja sin contemplaciones. Pero bajar por ahí sin camino sería agotador y no me apetece nada. Especialmente porque tengo que llegar al collado, subir la cuesta de la Flecha (que tampoco es demasiado retadora como montaña, y volver a realizar el camino de vuelta. Me entra un poco de mal rollo. Para colmo de males, las indicaciones de la guía son al revés, es decir, desde la Flecha hacia donde estoy. Y no son demasiado precisas y resultan ambiguas, dejando al libre albedrío la subida hacia la cota donde me encuentro, para evitar justo las rocas donde estoy ahora mismo. Genial. Comprendo que me tengo que tirar por la ladera de piornos a saco para bajar al colladito y recordar bien el camino de ida para no equivocarme a la vuelta. Y total por acceder a un vértice geodésico más. No me apetece.
Sigo un buen tramo el sendero que desciende de las rocas con la esperanza de que haga una curva y gire a la derecha para bajar al collado, pero hacia donde gira es a la izquierda. Saco un mapa y veo que además de las cotas que lista Pliego hay otras tres, un poco más alejadas en la vertiente segoviana y que veo perfectamente desde donde estoy… más abajo del resalte donde me encuentro. Joder, una de ellas es Peñas Buitreras. Alguno la conocerá porque se ve muy bien desde La Granja y tiene un chorro muy característico que despeña el agua muy cerca del pueblo. Es un risco muy bonito. ¿Qué hago? ¿Lo bajo? ¡Sí, tendría que bajar para subir a su cima! Me río yo solo. Peñas Buitreras es un risco complicado de subir, al menos eso creo yo que sólo he ido hasta el Chorro, y los paredones se vuelven completamente verticales. Pero si subo una montaña será de abajo arriba, ¿no? No de arriba abajo. Qué lío tengo. ¿Me sentiría bien diciendo que he estado en la cima de una montaña cuando lo que he hecho es bajar desde un camino plano y dar cuatro pasos hasta su cumbre rocosa? Decididamente no. Si algún día subo Peñas Buitreras será desde La Granja.
12:21 – Se me han ido cuarenta minutos en ir y volver, bajar un poco, mirar por aquí y por allá y no decidir nada. Así que rompo la baraja y me vuelvo por donde he venido. Algún día subiré a la Flecha desde el Puerto de las Calderuelas y, si es posible, en invierno y con nieve, para aderezar un poco el monótono vagar por estos piornos.
Deshago el camino y le hago una foto a la cota desde donde me ha entrado todo este follón mental.
No quiero perder el sentido del humor, pero estoy cansado, no he llegado hasta donde quería y tengo la sensación de estar en un terreno inhóspito. Hablo con las vacas que me encuentro y les pregunto qué coño hacen por estos andurriales.
Ahora tengo en frente el camino que he hecho esta mañana. El macizo de Peñalara se encuentra bien lejos. He caminado bastante, la verdad. Me siento un poco cansado y el runrún del agua no deja de atosigarme: “Por aquí no hay agua, Fran“. Con la que tengo no puedo pasar el día y la noche y mantener algo para desayunar y aguantar el camino hasta que encuentre una fuente.
Agua. El año pasado las pasé realmente putas por este tema. Estaba completamente perdido y deshidratado, y sé que en esos casos el cerebro funciona peor (el mío ya lo hace mal estando en condiciones normales). El razonamiento se confunde y se tiende a tomar decisiones muy equivocadas. Ajá, pienso, entonces es que me he pasado la vida deshidratado, porque sólo he tomado decisiones equivocadas.
Subo ahora al vértice del Reventón, no vaya a ser que alguien me saque los colores porque diga que no he subido las cuatro piedras que sujetan el cilindro.
13:45 . De nuevo en el Puerto del Reventón. No me entretengo demasiado. He decidido que voy a comer en la fuente anunciada en el mapa. Una vez alimentado e hidratado, podré decidir con más claridad. Inicio el claro descenso a Rascafría desde el puerto. No tiene que estar lejos…
¿Fuente? En este terreno desolado no puede haber una fuente. Vuelvo a mirar el el mapa y me aparece la jugosa fuente en el mismo camino que sigo. No existe. Si la hubo, no está. Y si está, que alguien me diga por favor dónde. Aquí ya no me puedo quedar a pasar la noche. Dormir en estas laderas inhóspitas sería un suplicio, y volver a subir al puerto para pernoctar sin agua en esa valla de piedra… sin hacer nada desde ahora hasta la noche… Tengo que bajar a Rascafría, reponer las reservas de agua y dormir en el valle. Hala, para abajo. La guía me dice que voy a tardar ¡3 horas! en bajar desde el Reventón a Rascafría. ¿Pero cómo puede ser eso? ¿Tres horas bajando? Se habrán equivocado.
El camino es completamente de bajada, sin descanso y por unas laderas salvajes sin cobijo ni comodidades. El camino pedregoso va negociando zetas interminables.
Son las dos de la tarde, hace un calor insufrible, no hay sombra, no hay árboles, haces una curva, continuas quinientos metros, la curva ahora te devuelve en dirección contraria sólo que diez metros más abajo de donde venías… no hay otra manera de salvar el enorme desnivel que tienen estas laderas agrestes. Decido parar a comer. No tengo sombra. Me siento en una piedra irregular rodeada de pinchudos piornos y me trasiego la manduca sin hambre. Y a seguir descendiendo.
En otras condiciones diría que el paisaje es hermoso a su manera. Y lo es. Pero estoy cansado, me duelen los pies por el calor y las piedras. Noto las primeras ampollas saltando jubilosas en las botas.
Aparecen los primeros pinos de repoblación. Ejemplares minúsculos que bordean el camino y que lo delimitan, ocultando el enorme desnivel de las laderas dominadas por los piornales. Escucho el retumbar del arroyo del Paular que baja bravío por este barranco, que el camino no llega a atravesar en ningún momento. Un nevero en la cabecera del arroyo es el culpable de tanta agua y tan alejada de mí.
Cómo estaré de agotado que me topo con el grillo más bonito que he visto en mi vida, con su ovipositor enorme y unos colores irisados inmejorables… y no me agacho a hacerle una foto. Tendría que desenganchar el cinturón de la mochila, la travilla del pecho, dejar todo en el suelo, arrodillarme ante la grilla, esperar que se quede quieta, probar cuatro o cinco fotos, recolocarme el macuto… qué pereza. A quién sí tomo un daguerrotipo es a este congénere que se quedó sin agua por estos andurriales.
La pista desemboca en otra que la cruza en horizontal. Estoy en el Raso de la Cierva y mi camino se mete por fin en un bosque. Es un pinar de verdad.
La cosa cambia. El piorno deja paso al brezo, señal de sombra y humedad. El camino se parece mucho a los que hice el año pasado por la zona de Abantos y el GR-10 por la sierra de Malagón.
Me encuentro con un roble, el primero que se ha colado en este pinar. Inmediatamente miro el GPS y encuentro la respuesta: estoy a 1.585 m. He descendido desde más de 2.000 y a esta altitud ya pueden sobrevivir los robles. Me detengo y repaso el día. Llevo 19,23 km y 7 horas de actividad. Y aún me falta bastante para llegar al pueblo y casi no me queda agua. Vamos bien.
Cada vez los robles son más abundantes, hasta que pasada una verja que avisa de la entrada en un coto privado de caza (ahí es donde van a cazar jabalíes y corzos los politicastros que luego hacen las leyes cretinas contra los montañeros) entro en un robledad inmenso que se llama Los Horcajuelos. Es ladera sur, un bosque tupido y eso significa insectos y más insectos. El robledal es bonito, pero no estoy yo para apreciar tanta belleza y tanta tontería.
Sólo quiero llegar a la Fuente del Chorro que aparece en mi mapa (el que lo confeccionó o era un cachondo o un hijoputa) al desembocar este camino en el pueblo. La proximidad del tal chorro me permite detenerme a captar a este enorme ciervo volante.
Este camino por fin desemboca en otro más abierto desde el que veo a un lado el monasterio del Paular y al otro las primeras casas de Rascafría. Identifico una especie de polideportivo en las afueras y hacia él me dirijo, convencido de que la Fuente del Chorro se encuentra a su vera.
16:33 – Ni fuente, ni chorro, ni nada. El poli es de reciente construcción y está cerrado. Enfrente hay una centro cultural y alguna casa aislada. A mi derecha está el helipuerto (!). Pero nada de agua. Veo una cruz a la sombra y me detengo a descansar. Estoy molido. No he tardado las tres horas anunciadas, pero casi. La bajada del puerto es agotadora. ¿Cómo será la subida? Con razón le pusieron ese nombre. Me hago un café con leche con el último resto de agua que me queda y pienso mientras en lo dura que tendría que ser la gente en la Edad Media. Sin gore-tex, sin vibram, sin mariconadas. Unas abarcas de esparto, unos trapos en los pies en invierno, y a subir el carro con los productos que tuvieran que transportar desde aquí a Segovia. Con calor, con nieve… qué huevos tenían nuestros antepasados. Y yo quejándome por no tener agua…
La cruz de piedra está pegada a lo que veo que es un parque. Estoy salvado. Veo a unas chicas jóvenes más abajo y me dirijo a ellas con paso resuelto. “Disculpad, ¿sabéis dónde hay una fuente?“. “No, no hay ninguna. Que yo sepa no hay ninguna por aquí“. Vaya, no hay fuente. Estoy en un parque sin fuente. Como en Madrid, qué casualidad. Debe de ser la consigna de los alcaldes de la Comunidad: ni un parque con fuente. Me encuentro justo a la salida del pueblo, en la carretera que se dirige al Paular. ¿Qué hago? Son las cuatro y media. Necesito agua YA. Cuando cuento esto es muy fácil decir: “Pues te vas al pueblo, entras en un bar y te pillas bebidas y lo que sea, cara huevo“. Vale, eso podría haberlo hecho y lo pensé unos segundos. Pero no era consecuente con mi filosofía de ser autosuficiente. Y no me apetecía ir de un sitio a otro de un pueblo con ese calor, a la hora de la siesta intentando encontrar un lugar donde comprar lo que se suponía que debía encontrar por mi cuenta. Rompía las reglas del juego, por muy tonto que le parezca a alguien que no comparta mis ideas (el 99% de los humanos y buena parte de los simios).
Tomo el carril que han hecho desde el pueblo hasta el Puente del Perdón, enfrente del monasterio. Es un largo paseo y seguro que además de los banquitos han colocado alguna fuente. Pues no, mira tú. Dos kilómetros de carril bici con descansaderos y sin agua. ¡Anda, como en Madrid! Tendré que mirar si el alcalde de Rascafría es primo de Gallardón o han hecho el cursillo en la misma academia de psicópatas.
Pero no pasa nada. Sólo tengo que llegar al Puente del Perdón, cruzarlo, llegar al Bosque de Finlandia y saciar mi sed en la Fuente del Botijo, que conozco y que sé de su existencia probada y real. Tardo más de lo que debiera, porque mis ampollas reclaman atención en forma de dolores insufribles y alegres llamaradas de escozor infinito a cada paso. Por fin llego a la ¿fuente?: del caño sale un mínimo chorro que huele mal y que ha embarrado todo alrededor. Miles de insectos pululan en el fango. Lleno a medias una de las botellas mientras me pican los bichardos. Pruebo el líquido… sabe a demonios, a moho o algo peor. Joder, no me lo puedo creer. En otoño manaba el agua de una manera tan fuerte que casi era imposible llenar el envase. Decido no rellenar las otras dos botellas. Tomaré el RV1 y seguro que encontraré una fuente no conectada con los retretes del infierno.
Cada decisión es peor que la anterior. Ahora es muy fácil descojonarse de mí y decirme lo que tenía que hacer, pero en ese momento las cosas son distintas: estoy muy cansado, llevo ocho horas andando por caminos duros, apenas he comido, tengo los pies deshechos, los labios resecos e hinchados, tengo que buscar agua y un lugar alejado de la civilización donde poder pasar la noche. Son muchas cosas y cada vez se complica más. Llego a las Presillas, una zona donde hay gente en bañador en las praderas que han plantado al lado de una pozas de baño del río Lozoya. La gente medio en pelotas tomando helados y yo con 20 kg a la espalda cruzando ante ellos. Como un puto marciano. Sigo un poco más y me siento debajo de unos robles. Saco las dos bebidas de frutas que traía para merendar y me las bebo de dos tragos. Están buenas y parecen bastante naturales: contienen un montón distinto de frutas y me llenan de energía. La inyección que necesitaba para seguir adelante y llegar hasta la siguiente señal de fuente que viene en mi (fucking) mapa. La primera parte de este camino ya la había hecho en un par de ocasiones, porque es común con el que se dirige a las cascadas del Purgatorio. Pero en un cruce se separan y yo sigo por el RV1, que es el que me llevaría por todo el valle de la Angostura de vuelta a Cotos mañana por la mañana. Es una putada llevar un río al lado cuando te estás muriendo de sed. Imposible beber de ahí. Además del tráfico humano que hay en la zona, hay explotaciones ganaderas y ganado suelto por todas partes. Y los herbívoros tienen la fea costumbre de cagar donde beben. Vete tú a saber qué ventajas evolutivas les traerá este hábito tan curioso; pero para los españoles es una ligera putada que la mayoría de los ríos y arroyos estén contaminados (no sólo por las vacas, especialmente por los humanos, pero no voy a entrar ahora en el tema). Oyes el Lozoya, cantarín y risueño saltar por las piedras. Y tu lengua se queda pegada a los labios hinchados. Y las ampollas también se pegan y se despegan.
Qué bien me lo estoy pasando.
Bien. Restaurante La Isla. Al otro lado del río, más adelante. Parece que en el mapa hay un puente. Es cuestión de avanzar incansablemente hasta dar con tal isla de felicidad en medio del bosque. No sé ni cuánto tardo ni hago más fotos ni pienso en nada. Llegar a la Isla, comprar todo lo que tengan, o robarlo, o matar a los propietarios, o secuestrar a la joven y bella hija de estos, o llamar a la policía exigiendo billetes pequeños y un helicóptero (tienen uno, porque he visto el helipuerto). Pero yo quiero AGUA, esmoc on de guoter, o lo que sea. Y lo quiero ya.
Veo un puente. Lo veo de casualidad porque no está nada claro desde el sendero que sigo. Pero tengo una valla metálica que me impide pasar. Yo me deshuevo ya… Joder con el guionista. Se está sobrando conmigo. Investigo y encuentro la manera de cruzar la puta verja. Luego me tengo que arrastrar como un gusano por unos árboles que cierran el paso y consigo encontrar la manera de llegar al puente. Restaurante La Isla… cerrado. No pasa nada. Cruzo el puente y llego al otro lado. Un parking. Unos señores. Les pregunto si saben de alguna fuente. Con acento argentino responden que no saben. Veo otro restaurante… cerrado. Salgo a la carretera. Ya sólo me queda una opción. O sale bien o me muero. Hay un símbolo de fuente en el Mirador de los Robledos, donde se encuentra el Monumento a los Guardas Forestales. He estado dos veces ahí, sé llegar, está a un kilómetro de donde me encuentro. Nunca he visto si había fuente porque no la he necesitado. Pero viene el dibujito en el mapa hecho por Hannibal Lecter. Venga, mil metros más. Si fuera corredor lo haría en 4 minutos (soy paquete). Pero tardo casi 20. Cosas del agotamiento, las ampollas y las mochilonas. Cuando llego a la caseta me encuentro con la cuadrilla de vigilancia de incendios. Mira qué bien. A ver ahora dónde duermo yo. Les deseo buenas tardes y les pregunto por la fuente…
¡Y existe! ¡Es real! ¡Está ahí mismo! Con su grifo, con su pulsador, con su agua… Bebo como un camello hasta que se me sale por las orejas y luego un poco más. Mientras relleno las botellas veo cómo se montan en los dos todoterrenos y se largan. Se ha acabado el turno (son las 19:40) y me dejan solito y repleto de agua como un odre viejo.
La caseta es abierta, pero tiene techo, dos bancos y no está nada mal para dormir protegido del viento. Pero expresamente prohibe siquiera el paso, al ser de uso de la brigada contraincendios. No descarto venir a pasar la noche aquí si no consigo encontrar un lugar apropiado en la zona. Y es que estoy ya molido. Me meto en el bosque, busco un lugar tranquilo, elijo un claro rodeado de pinos y suelto la mochila.
19:44 – Doy por terminado mi día. He caminado 34,15 km durante 11h y 17′ y he ascendido 12 dosmiles. Se acabó. Aquí tengo agua a demanda, toda la que quiera, y desde este punto puedo reincoroporame al camino que he de seguir mañana en 20 minutos. Perfecto. Voy a hacer una llamada y veo que no hay cobertura. El frondoso bosque no deja pasar la señal. Me alejo hasta la pista asfaltada y me doy cuenta (el cerebro vuelve a funcionarme gracias al agua) de que si me descuido no sé volver a donde he dejado la mochila. Entonces voy tomando referencias y dejando rastros que me permitan volver a donde tengo todo el material. Y hago bien, porque en cuanto me separo unos pasos, las sombras del bosque mixto de robles y pinos ocultan por completo todo. Eso es bueno, porque aunque estoy a poco más de 100 metros de una pista forestal, nadie podrá verme si monto el campamento.
Vuelvo gracias a las miguitas que he ido dejando y monto el refugio, preparo las cosas del dormir y me hago la cena. Estoy tan cansado que me meto en el saco muy pronto. Aquí hace calor y no necesito tanto abrigo. Estoy desnudo dentro del saco, sin funda de vivac y con la puerta abierta del refugio. El bosque está plagado de insectos, pero en cuanto desciende la temperatura se van las moscas y sólo quedan millones de arañas de todos los tamaños y colores. Veo que son totalmente inofensivas y no les doy más importancia. La noche se va adueñando del bosque y mis ojos se van cerrando.
Entonces oigo unos rápidos zancos y unos ladridos de alarma muy típicos de los corzos. Oigo perfectamente cómo pasa uno muy cerca de donde estoy, pero las sombras me impiden verlo bien. Va apurado, ladrando de forma lastimera. No sé qué le habría pasado al pobre. Cierro la puertecilla, cierro los ojos y descanso como el niño que soy.
Hasta mañana.






























Juer… me preocupo. Yo hubiera tomado decisiones bastante parecidas a las tuyas, así que ¡soy un yoquesé de esoso como tu!
De Pájaros “p’arriba” también es terreno comanche para mí, lo has descrito muy bien. Lo peor el tema de los mapas y los libros. Yo soy incapaz de dar con las fuentes cuando vienen marcadas, es frustrante sobre todo cuando vas buscándolas por necesidad. O decidir si un sendero es el que debes tomar o no, porque hay algunos no dibujados en el mapa. En fin.
Tema agua. Tranquiliza saber que estás cerca de una población (Rascafría) donde podrás abastecerte, así que entiendo tu decisión de buscar una fuente. Lástima que haya sido tan difícil encontrar una con agua no fangosa. Yo hubiera bebido agua del Lozoya, sin dudarlo. Y me habría bañado en las Presillas. Bueno, eso… no creo. Pero te habrías refrescado, bajado la temperatura corporal y pensado con más claridad.
Oye, el camino que cogiste en el cruce de las cascadas del Purgatorio ¿es el que lleva a la Morcuera y luego te desviaste a la dere? es que no me queda claro…
Por lo demás, qué decirte. Fenomenal relato que esperaba especialmente para conocer, de tu mano, ese cordal de la sierra. Gracias por compartirlo.
No, hombre, no seas un yoquesé, que de ahí ya no se sale
.
Los mapas tienen un grave problema: están totalmente desactualizados y contienen muchos errores. Se abren nuevas pistas y caminos, se olvidan otros, se modifican unos terceros y el mapa refleja una realidad de los años 60 en el mejor de los casos. Los libros ayudan, pero no es nada fácil describir con palabras algunas rutas, requiebros y atajos que el autor toma y que tú, con la guía delante, el mapa y la realidad, no sabes cómo hacer. Lo bueno de ir solo es que no meto en apuros a otras personas, lo cual siempre es un alivio.
El agua es una putada. En invierno se necesita menos y la nieve se puede derretir, pero en verano tienes que beber constantemente y muchas fuentes están secas (cuando existen). El agua de los ríos en Madrid está contaminada por la mierda de las vacas. Llevaba pastillas del ejército, que parece que son muy efectivas. Pero hay algunas amebas que resisten todo lo que les echen y se convierten en parásitos para el resto de la vida.
A ver, desde el puente del Perdón, en el Paular, salen dos caminos balizados: el RV1 que lleva a Cotos por el valle de la Angostura (el que yo seguí) y el RV6 que, como bien dices, lleva hasta Morcuera (exactamente hasta el refugio del puerto de la Morcuera). Salen juntos y pronto se desvían. Para ir al Purgatorio hay que tomar el RV6 y luego más adelante, tomar un nuevo desvío señalizado, efectivamente. Y a la vuelta se puede volver por el robledal (muy bonito) hasta desembocar en el RV6 de nuevo por otro sitio, ya cerca de Las Presillas.
Okis, es cierto, ya me sitúo. Gracias por la aclaración
Yo tengo tb mogollón de potabilizadoras. Pero por mucho que nos envenenen las vaques si has ido una vez al Madonal o al Burriquín tienes parrús para aburrir. La próxima vez subes con la bolsa de la Diosaz vacía y la recargas en Pájaros, bodoquín
2L más (2kg más)
Ah, la cervecita… el reverso es sabio.
Lo de los mapas es correcto. Yo últimamente me imprimo imágenes de Google Earth. Se ven claramente los caminos QUE SÍ EXISTEN (y además los puedes pintar) y así es mucho menos difícil perderse. Eso sí, tienes que ir con unos cuantos folios en el macuto, pero vienen fenomenal. Además te permite escudriñar previamente el terreno y con las vistas 3D “adivinar” lo que vas a ver en cada punto. Ya se que ya lo sabes, pero lo digo por si alguien no se había planteado esta ayuda a la hora de planear una ruta
No obstante la labor documental de determinadas guías es muy buena y de agradecer, a pesar de que te hablen de fuentes fantasma y de que los tiempos de referencia entre trayectos no se correspondan (faltaría más) con los tuyos.
Tres cosas Fran.
Insensato
Insensato
Insensato.
Me quieres explicar que diferencia hay para la autosufiencia, entre un grifo de una fuente de agua con el grifo de un barril de cerveza :< :< , entiendo que no quieras agua embotellada, puaggg!!, pero una cervecita, bien tirada con su copita fria, eso es autosuficiencia.
La noche toledana viene de que cuando la ciudad de Toledo fué conquistada por los musulmanes en el siglo VIII, el califa de Cordoba cambió al emir de la ciudad, y este para evitar que los recien conversos a la religión mahometana se pusieran farrucos ante el califa, invitó a una noche a los poderosos de la ciudad y les corto el cuello, poniendo sus cabezas en una picas y dejandolas asi durante mucho tiempo en las murallas de la ciudad, las crónicas hablan de mas de 400 cabezas cortadas.
Te lo cuento por qué se que estas historias, tipo Heidi, te encantan
, seguramente en el "internes" podrás ampliar.
Ves lo que has hecho, yo toda prisa para poder irme de finde y aquí perdiendo el tiempo leyendote, gracias por compartirlo.
Gracias por tu erudición histórica. Creo que habría que volver a prácticas tan interesantes y definitivas con nuestros gobernantes, para alegría del pueblo llano y ejemplo del futuro que los aguarda.
En cuanto a amorrarse a un grifo de cerveza… tú eres como Obélix, que de pequeño caíste en un barril de Mahou, ¿no?
La mayor parte de la gente huye de la soledad, porque les aterra quedarse a solas consigo mismos. Tú, sin embargo, anhelas ese momento. No serás tan malo como te crees
Gracias por compartir (y de qué hermosa manera) todo lo vivido, lo bueno y lo malo. Por hacer que tu escrito rezume respeto y amor por la Naturaleza. Por hacer que nuestros ojos vean, y nuestros corazones sientan, siquiera una mínima parte de lo visto y sentido. Por tener la cordura de tener sueños y la locura de querer realizarlos.
Eso sí, yo estoy con Darth. Hubiera entrado en un bar, y habría chupado directamente del grifo de la cerveza hasta reventar
Me apunto a ese barullito serrano para el otoño, procuraré llevar buena provisión de cerv… digo, de agua.
Salu2.
Creo que no es tan raro sentirse agusto con uno mismo. En contra del bulo que se ha ido formando, yo no odio a mis semejantes. Supongo que iría con gusto con algunos de vosotros: sois majos, buenas personas y muy agradables. Lo malo es que no tenéis tanta libertad como yo para salir y hacer lo que me dé la gana.
Pero por mí, en ocasiones iría con alguien…
Hermosas fotos, Yoku. Esos recorridos hay que editarlos en papel para llevarlos por ahí.
Cuando leí lo de la lista de la compra pensé: a este hombre le falta la mula para llevarlo todo. Te pareces a James Stewart en “Horizontes Lejanos”. Solo en medio de las montañas. Ya sólo te falta la pelliza de cuero con cuello borrego.
Sí, hay que llevar menos peso, mucho menos. Pero eso se va aprendiendo poco a poco y depende mucho de cada persona. Usé casi todo y lo que no, eran útiles muy importantes por si venían malas.
Pero hay que hilar muy fino, sí.
yoku
precioso relato, aunque lo he pasado muy mal leyendolo, he tenido que ir dos veces a la nevera mientras lo leía con una sed del demonio…
Una cosa que se me ocurre a vuela pluma: admiro la determinación que tienes para meterte en estos belenes, pero ¿llevas algún tipo de baliza o similar para que si te pasa algo (una caida, una indisposición repentina, una picadura…) y no hay cobertura para el móbil (que será lo normal) poder avisar de donde estás y que alguien pueda ir a buscarte?, ir solo por ahí es cosa seria.
blus
Como bien dices, en los lugares más apartados y, por tanto, más peligrosos, no hay cobertura.
Llevo un pequeño walkie, pero tampoco confío mucho en que alguien esté en el radio limitado que puede emitir, escuchando a ver si un gilipollas está en apuros.
Y si me pasa algo, pues de eso se trata. De salir por mis propios medios, de no tirar la toalla y salir adelante. Eso forma parte del juego. Un accidente puede suceder en cualquier parte; lo malo de estar en un lugar más remoto es que nadie va a dar contigo. De hecho, no me crucé absolutamente con nadie en la montaña ni en el bosque. Sólo al llegar a Rascafría y en los alrededores de la carretera de ésta a El Paular.
El riesgo existe, pero forma parte de la gracia de todo esto.
Sí, lo de llevar la placenta lo pensé, pero son demasiados kms, demasiadas cuestas, y dos kg de más se notan muchísimo. Pero es cierto que eso hubiera ayudado. Lo tendré muy en cuenta para la próxima