Nuestros compañeros apuntados al Maratón Alpino Madrileño (MAM) llevan jugando con la metáfora de El Señor de Los Anillos (ESLA) desde que comenzaron su entrenamiento específico. Así, sus salidas los llevan a Caradhras, a las Torres de Mordor, etc. Es ingenioso y divertido, especialmente cuando sabes de qué va todo eso de ESLA (algunos frikis hasta tenemos gramáticas élficas: de todo tiene que haber en el mundo).
Este sábado iban a realizar el tramo de ida y vuelta considerado más sencillo dentro de ese infierno y, amablemente, me incluyeron en su lista de distribución por si quería unirme a la Comunidad del MAMillo. Es evidente que no estoy yo en condiciones de ir a su ritmo ni mantener siquiera la compostura: tras el MAPOMA y las 24 horas de Torrejón no levanto cabeza; estoy hecho polvo, lento, dolorido, contracturado y fuera de forma por completo. De manera que mi participación en ese entrenamiento debería haberse evitado por el bien de todos. No ha sido así y los he acompañado… un poco.
Ellos se autroproclaman hobbits (voluntariosos, fuertes, alegres, triponcillos) y mi personaje no cuadraba mucho con ese perfil. Por belleza y carácter a mí me va más el de orco putrefacto. Y con ésas me definí. Pero lo que estaba claro es que mi papel era el de “la pesada carga“, como se refiere Frodo en multitud de ocasiones al puto Anillo. Y eso es lo que he sido: pesada y carga.
Con esa premisa totalmente asumida –que mi papel era más de molestia que de otra cosa– tenía que conseguir no joderles el entrenamiento. Ahora me arrepiento de haber ido, pero es que no era consciente de que estaba tan mal. Bueno, lo siento, pero ya no puedo hacer nada. Me ha podido el querer ir a la montaña, compartir un rato con gente muy maja y no estar siempre solo. Pero de todo se aprende y no volverá a suceder.
A las 8:30 nos encontramos en el Polideportivo de Cercedilla, con el día en Madrid horroroso de calor algo aliviado por los 1.200 metros a los que se encuentra el pueblo serrano. Carlos ha venido con Juanjo, al que conocí en la Media Maratón por Montaña de Somosierra; Zerolito se ha traído a Paloma y Marina, dos hermanas que correrán el Cross del Telégrafo el mismo día que ellos el MAM: Paloma nos acompañó y su hermana prefirió hacer una ruta en solitario; y como guía tenemos a Sergio (Mayayo), avezado montañero que conoce todos los vericuetos del recorrido del maratón alpino como si fuera el pasillo de su casa. Empezamos a corretear y enseguida me doy cuenta de que estoy hecho polvo: las sensaciones son penosas, me cuesta trabajo poner un pie delante del otro, soy incapaz totalmente de abrir las piernas y mis pasitos son lastimosos. A cada minuto que transcurre me cuesta más seguir el ritmo (suave) que lleva el resto de compañeros a través de los senderos entre el robledal al principio, y el pinar después. Voy cerrando el pelotón y sólo me libra del abandono ver que Carlos tampoco está para muchas alegrías hoy. Vamos los dos a un ritmo mucho más lento que el resto. Nos tienen que esperar en algún punto para que no perdamos el camino.
Éste, por lo que veo, va paralelo al conocido camino del Calvario, que une Cercedilla con el Pto. de Navacerrada. Pero son senderillos que entran y salen del principal, atravesando el río en infinidad de ocasiones. El camino es muy agradable y la frondosidad del bosque nos libra un poco del horrendo calor que nos castiga esta semana en Madrid. Pero yo cada vez me siento peor y más decepcionado por no poder seguir un ritmo que no es para nada fuerte ni rompedor. Me empieza a entrar mal rollo porque veo que podrían ir más deprisa y que nos están esperando.
Llegamos a la estación del Pto. de Navacerrada y subimos primero al Telégrafo, para que Paloma complete el recorrido de la carrera del domingo y nosotros suframos un poquillo más. Desde ahí, la bajada se realiza a tumba abierta en pocos minutos hasta el Puerto.
En ese momento Carlos decide que ya ha tenido suficiente, que el pubis le está dando más problemas, que al día siguiente corre en Ávila una carrera y que se vuelve tranquilamente a Cercedilla. Yo podría (debería) haber hecho lo mismo, pero el ansia, ay, el ansia… Subimos a Bola por una de las pistas de esquí, un recorrido menos duro que el que subimos hace unas semanas con Jesús y Paloma, hasta coronar Guarramillas y seguir un poco hasta el collado donde nos hacemos un par de fotos.
Mientras guardo la cámara mis compañeros al grito de “Marica el último” (un servidor) salen encebollaos y descienden como posesos por las pendientes mientras yo hago lo que puedo (poco).
Aprovecho para hacer algunas fotos de la zona, que a mí lo que me gusta es disfrutar de los lugares por donde paso, y a la carrera se ve poco; no me importa perder algo de tiempo, pero hoy ni siquiera hago fotos medianamente dignas.
Llevo ampollas en el pie izquierdo, me duelen tanto los isquios que creo que me van a dar calambres en cualquier momento y tengo peores sensaciones que Chewakka en la fiesta de A rapa das bestas. Sobre todo siento que me tengan que esperar. Pero han aprovechado para hacer sus necesidades en el Bar Dos Castillas, reponer líquidos y tomar algún gel. Iniciamos la larga bajada a Cercedilla que mis compañeros hacen a toda pastilla y yo como una ancianita aquejada de varices y tobillos hinchados.
En algún tramo conflictivo veo que se queda alguno para esperarme y que no me confunda de sendero. Insisto en que no me esperen y que se diviertan en la bajada. Que no me voy a perder. Terminan por hacerme caso y los pierdo de vista. Tanto, que en algún cruce me debí de confundir y empecé a tirar por una especie de prado que no me sonaba de nada haber pasado por él en la subida. Tras unas vueltas y desviaciones decido tomar el Calvario, que sé que no tiene pérdida y que me permitirá ir más a mi ritmo sin sobresaltos de piedras y raíces. Así que tomo ese camino más cómodo para correr (o lo que demonios esté haciendo yo en el día de hoy), y llego al embalse de Navalmedio por el otro lado. Ahora el calor es demencial y estoy tan contracturado que cada paso es una tortura, cayendo sobre el talón izquierdo lleno de ampollas. Pero todo llega a su fin y termino en el Poli de Cercedilla donde me recibe Carlos, ya cambiado, que me informa de que el resto de integrantes se está duchando. Me tomo una isotónica (me había ventilado los 2 litros de la Diosaz ya hacía tiempo) y me mareo un poco. Me miro el talón y veo lo que hay. Es mi cruz en la vida: intentar ser corredor con estos pies que se me llenan de ampollas constantemente es algo que hay que echarle valor. Ni calcetines técnicos, ni vaselina, ni nada: ampollas que se revientan, se secan, se solapan, crecen unas sobre otras, se llenan de sangre, se estallan… así es mi día a día. Tengo ahora mismo los pies que es para verlos… bueno, mejor no. Os lo ahorro.
Cervecitas en un bareto cercano y mis mejores deseos para los valientes que el domingo se enfrentarán al Cross del Telégrafo y al MAM. Se merecen todo nuestro apoyo y, sobre cualquier otro sentimiento, nuestra más profunda admiración.
Y yo ahora no sé qué hacer. Estoy gordo. He cogido muchos kilos este mes. Me siento fofo, patoso, sin fuerzas, fuera de forma, a punto de lesionarme seriamente, sin alegría, sin ligereza, lleno de dolores, con los pies destrozados, con muy mal rollo y una sensación lastimosa en general.
La vida me ha enseñado a no tomar decisiones en los momentos peores, porque suelen ser equivocadas. Así que pospondré la reflexión y siguientes acciones a tomar hasta que mi nivel de alegría pase del actual “Pozo negro de desesperación” a uno más llevadero de “Tras ese pasadizo infecto lleno de pinchos se ve un puntito de luz”.












YOKU,
levanta ese ánimo, seguro que algo tuviste que disfrutar, del paisaje sombreado entre robles y pinos, de los senderitos llanitos, de los saltos de riachuelos refrescando los pies, de la inmensidad del paisaje en los altos…
Venga, ánimo chaval y no tengas esos pensamientos tan derrotistas que no son ciertos, sólo son fruto de un momento determinado, de verdad, recupérate y mucho ánimo.
A este jodío pequeño orco (como llamaba Bárbol a Merry y a Pippin) le van a caer unos trescientos gorrazos detrás de las orejas.
Tío, cuídate, ten paciencia y disfruta. En condiciones normales sabes que tú irías por delante, es sólo cuestión de darte un poco de relax.
Mil gracias por tu apoyo, tu ayuda y tu compañía. Y tenme informado de lo de Siete Picos, me encantaría acompañarte
Peñalara siempre… ¡cómo se nota lo que nos gusta!
¿Qué es eso de Siete Picos?. ¿No será una cita a solas entre vosotros?, de eso nada: tendréis que cargar conmigo…
Yoku, lo de las ampollas es tu cruz como la mía con el calor. Resignación, (cristiana o no, a tu elección), y buenos alimentos, ¡ah, no, que no era así…!
Aprovecha los calores para descansar y correr lo que te apetezca y al ritmo que te apetezca. Estoy con Jesús: en circunstancias normales tú deberías haber estado muy por delante, pero con el tute que llevas es normal que tu body te pida tregua.
Paloma también anda interesada en Siete Picos. Aún no hay datos de la organización, pero supongo que saldrán a la luz enseguida. Creo que es andurrear “sólo”, pero me imagino una foto en cada picacho ¿no?
Joer,un tipo que se marca un Mapoma de lujo y remata con unas 24h de la leche,(acuerdese “alteza” Yoku),digo yo que tiene todo el derecho del mundo,a estar en baja forma,asi que disfruta de lo conseguido,que es mucho y merecido,y mucho animo ….
Saludos,
Gracias por las palabras de ánimo que poco efecto surten habitualmente en el “animado”. Son etapas que se pasan y como todo, duran más o menos según variables que no siempre se pueden controlar.
Cambiad lo de Alteza, por Bajeza. Lo de Señor del Universo por Ser Infecto o bien, Homo Abyecto (son intercambiables).
Pasará… o no.