Pocas ciudades europeas tendrán la historia acumulada con la que Segovia se ha ido cubriendo durante más de 2.000 años. Fue habitada por los celtas, que le dieron el nombre de Segóbriga (Ciudad de la Victoria) y que los romanos mantuvieron. De esa época es el increíble acueducto desde donde partimos y al que llegamos el domingo 30 de marzo. Un recorrido monumental por la antigua ciudad que todo el mundo debería conocer.
Una amiga nuestra de Mozoncillo, Mari Luz, llevaba ya corriendo unos meses, despacito y sin método; simples trotes dos o tres veces por semana, sin series, ni cuestas, ni fartlek, ni pulsómetro ni mediciones de ningún tipo. Yo intentaba animarla a que se metiera algo más de lleno en este mundo, pero ella prefería ir a su ritmo, sin dar el salto a un entrenamiento más concienzudo y exigente.
Cuando se anunció la segunda edición de la media maratón de Segovia la reté. Yo me inscribí esa primera semana y le pedí que ella también lo hiciera. No lo hizo en ese momento, pero aceptó el reto con reservas. Desde entonces, sus tiradas se hicieron más largas y frecuentes. Sus dudas en cuanto a poder completar tantos kilómetros eran muchas.
Pero el ayuntamiento de Segovia creó una estupenda iniciativa: “Si quieres, puedes”. Un grupo de entrenadores nacionales de atletismo guiaría a los segovianos que lo desearan para ser capaces de terminar la carrera fuera cual fuese su estado de forma. Es la ventaja de las ciudades pequeñas: muchas más iniciativas culturales y deportivas, accesibles a toda la población y gratuitas.
Mari Luz, junto a otros dos amigos nuestros, Cris y Galo, se unieron a este grupo de entrenamiento. Les han ofrecido asesoramiento continuo, planes, motivación, buen ambiente, y cómo no, el aspecto social que conlleva entrenar con otras personas. Para hacernos una idea, una especie de Paquetería segoviana. El resultado ha sido magnífico.
Yo me había presentado voluntario para ayudarles en todo lo que pudiera durante la carrera. Parece presuntuoso por mi parte, dado mi pútrido nivel atlético. Pero sin ánimo de sobrevalorarme, tengo más experiencia y mejor estado de forma que ellos y podía servirles de liebre o de apoyo.
Lo cierto es que Mari Luz se debatía un poco entre haber quedado conmigo para que la llevara y seguir con el grupo (unas 20 personas en su nivel; había otro grupo de mayor nivel y un tercero de menor). Yo entendí perfectamente que querían salir todos juntos, ir de charla, pasar el día de fiesta juntos; por lo tanto me uní a ellos: un grupo variopinto, con más mujeres que hombres, de diferentes edades. Mi ojo ya acostumbrado me hizo valorar que muchos de ellos irían muy despacio y sobrepasarían las dos horas largas. Aún así, no insistí en sacar a mis amigos del grupo, porque he aprendido a apreciar el valor humano en este deporte por encima de los resultados.
Nos metimos en el inmenso mogollón de la salida bajo los arcos romanos del Acueducto y esperamos a que la brigada paracaidista llevara a cabo su siempre llamativa exhibición.

Aunque parezca mentira, justo a mi lado había una señora vestida con abrigo de cuero y botas: entre los corredores se encontraban aún los familiares y vecinos despistados que no se habían percatado de que la carrera iba a comenzar en segundos. Confío que no los arrollaran en la estampida. Sólo un pero: no había alfombrilla de salida; y sin embargo habían colocado intermedias en los kilómetros 10 y 15. No veo necesidad de esos datos para la mayoría de los corredores. En cambio sí nos gusta conocer el tiempo neto de nuestra carrera. En fin, ya estoy acostumbrado y pico el reloj justo cuando atravesamos andando el arco de salida.
El primer mil es a trote cochinero. El grupo de segovianos (todos con la misma camiseta naranja y blanca que les habían regalado con el lema) era fácil de reconocer y su objetivo es mantenerse juntos, nada de perder a un compañero. Hacemos el k1 en 6′ y aún así alguno de ellos dice: “¿No vamos muy rápido?”.
Reconozco que yo ya no valgo para estas cosas. Me pone frenético estar en una carrera y no correr. En cuanto me coloco el primero y empiezo a tirar veo que no me siguen, que sólo piensan en ir juntitos. Lo comprendo y no digo nada. El k2 volvemos a marcar más de 6′ (’Así vamos bien’, confirma una mujer del grupo). Mari Luz me había confesado que sus objetivos por este orden eran: terminarla y bajar de 2h. Soy consciente de que si ahora que van fresquitos este ritmo les parece bien y adecuado, en cuanto las cosas se pongan un poco más crudas no van a poder con ello. Después de 4k de subida regresamos por nuestros pasos y comienza una larga bajada hasta el río. Disimuladamente intento acelerar un poco y veo que muchos me siguen.
Yoku y Mari Luz en la Alameda
Llegamos a la bonita zona de la Alameda, paralela al río y en la parte más baja de la carrera. Recibimos los ánimos de nuestras familias, que nos saludarán en varios puntos de la ciudad. Desde ahí hay una laaaarga subida hasta pasar de nuevo por los arcos del Acueducto y seguir subiendo por la calle Real hasta la plaza Mayor y su catedral gótica. Sé que esa enorme subida va a seleccionar al grupo. En la primera rampa ya el grupo se escinde y me quedo con Mari Luz, Cris y un chico y una chica que parece que tiran bien. Galo, el marido de Cris, se queda retrasado y ya no contactará con nosotros. Así que me ocupo de ir subiendo a estos cuatro valientes, ahora a 5:30 clavados durante varios kms. Al que se va quedando rezagado me lo subo hasta juntarlo de nuevo con el grupo. Voy tan tranquilo a este ritmo. No me cuesta nada. Voy hablando, mirando atrás, esperando, subiendo al que lo necesita, poniéndome de cortavientos… ¡Parezco de verdad! Unas fotitos en el largo paseo de Sto. Domingo y nuevos ánimos de la familia. El recorrido es bonito y lleno de aplausos de los segovianos.
Cuesta de Sto. Domingo, la cosa tira para arriba de verdad. Cris y Mari Luz saludando
No se puede poner un pero a los vecinos. Tampoco a los cientos de voluntarios (escuché que 500) que durante la prueba nos fueron abasteciendo de todo lo que uno pudiera desear: una chica en bicicleta con botiquín fue en nuestro grupo casi toda la carrera; agua cada 2.5k, naranjas y plátanos… perfecto todo.
La subida por José Zorrilla es larga y dura; pero yo he puesto el control de crucero y no me muevo de 5:30. Sé que Mari Luz y Cris pueden bajar de 2h y no estoy dispuesto a ceder en ese punto. Al llegar a la rotonda del Pastor (una enorme estatua muy característica) los ánimos de mis compañeros se vienen abajo: están sufriendo por la cantidad de kilómetros en subida y perdemos a la chica (Almudena) que parecía ir tan sobrada al principio. Entramos en Nueva Segovia, un barrio moderno y menos atractivo que el casco histórico. Mari Luz tiene un bajoncillo. Cris sigue a su ritmo (su hija es una de las voluntarias y le da una botella de agua) y el chico que aún sigue con nosotros (es alto y fuerte, quizás unos años mayor que yo) sigue con ella. Intento animar a Mari Luz. Le recuerdo que le dije que sobre el k16 tendría este bajón, porque no está acostumbrada a estas distancias. No suele correr tantos kilómetros y el cuerpo se lo avisa: ‘Eh, suelta, baja, para, que yo ya no quiero más’. Ve a su entrenador que la anima y el bajoncillo se esfuma. Hemos pasado ya todas las subidas fuertes y nos quedan poco más de 4k hasta meta. Les digo que si seguimos así bajamos de 2h, pero que si me siguen bajamos de 1h55. El chico, Jesús creo que se llamaba, nos avisa que está mal, que ya no puede tirar más. Cris le dice que vamos todos juntos, que no le dejamos solos. Veo el cartel del 17 y les digo: “Venga, relajaos unos segundos, soltad los brazos, tomad aire y al pasar por el cartel me decís qué hacemos”. En voz baja le pregunto a Mari Luz: “¿Tienes otro cambio?” “Sí, tira que te sigo”. Guau. Por fin oigo eso. En el 17 cambio de ritmo. Mari Luz me sigue sin problemas y Cris se pone detrás. El chico se va quedando. Adiós, majo, lo siento pero ahora me ocupo de ellas. A partir de ahí nos hacemos todos los kilómetros por debajo de 5′. Da gusto verlas correr, con fuerza, con la sonrisa en la cara. De repente veo a un chaval como mi hijo corriendo a mi lado. Es un niño. “Oye, cuántos años tienes”, le digo. “Doce”. Lleva unas zapatillas normales y una camiseta de algodón, con su dorsal reglamentario. Le pregunto si le han dejado correrla siendo tan joven y le felicito. Luego lo vería en meta y le volví a dar la enhorabuena por haber terminado. Lo cierto es que me da tiempo a hacerles comentarios a los corredores que vamos adelantando. Para mí este ritmo (4:50-55) es muy cómodo; estoy entero y a todos doy una palabra de ánimo. Aunque para ánimo el que nos mandan los vecinos (ambas son muy conocidas y se oyen sus nombres en cada calle).
A 4:50 por las calles de Segovia
Veo que van felices cuando empezamos a bajar por los arcos y giramos por Fernández Ladreda, donde nuestras familias nos dan los últimos aplausos. Yo les digo: “¡Qué bien han corrido, lo han hecho de maravilla!”, y aún acelero un poquillo más porque les voy azuzando, “¡Vamos, tías, que bajáis de 1h55′! ¡No os dejéis nada dentro!”. Es emocionante la llegada entre cientos de vecinos entregados que no paran de aplaudir y animar. La llegada de nuevo a la plaza del Azoguejo, los tres juntos abrazados y con un crono por mi reloj de 1h54′45″ (la organización nos lleva a 55′07″, pero no es verdad). Están radiantes, pero aún les aguarda una sorpresa más: a mí me quitan de enmedio, es sólo para chicas; foto, rosa y bolsa de obsequios extra (la bolsa del corredor la habían entregado antes, y era estupenda: mochila, camiseta técnica, calcetines, ¡forro polar!, revistas, barra energética y zumo).
Mari Luz y Cris, campeonas
A mí me entregan una medalla de terracota (prometo que pensé que era una especie de galleta energética o algo así) y al avituallamiento. En Segovia se come muy bien, eso lo sabe todo el mundo. Así que tienen preparado un dispositivo para que nadie se quede con hambre: todo tipo de bebidas, caldo recién hecho, preñaditos de chorizo calientes, pasteles de chocolate… de todo. Yo no soy muy de ésas cosas, pero me lo he ganado y me como uno de cada y me tomo una cerveza light mientras nos reagrupamos. Lo triste es ver a algunos corredores acarreando cajas llenas de bocadillos, pasteles, bebidas, como si estuvieran haciendo la compra en el Mercadona. Es que no lo puedo entender; me sobrepasa. La ciudad ha sido generosa con nosotros: la organización de 10, el público de 11, te ponen un inmenso avituallamiento para que te recuperes y lo único que piensas es en rapiñear y llevarte cosas que no puedes comerte ni en una semana… Lamentable. Me acuerdo del buitreo en la media de Getafe con las camisetas. Son pocos, pero son patéticos.
Mientras Mari Luz utiliza las piscinas de hielo que han dispuesto en la zona de fisios, voy con mi familia, me cambio y nos vamos juntando todos. Galo ha entrado poco después de nosotros. Me dice que aunque nos iban viendo todo el rato no podían hacer el cambio de ritmo para acercarse. Macho, yo hoy liebreaba a las chicas; los tíos que se lo hagan solitos…
Vamos a casa de Cris y Galo (viven en un chalet a escasos dos minutos del acueducto) mientras se pone a llover de verdad. Duchita, nos vamos a tomar el aperitivo y comemos todos juntos comentando la jugada.
La vuelta a casa, por Navacerrada y nevando. Un día estupendo.





Noragüena para tí y tus chicas. Ha sido una lástima que este año coincidiera con los 50K, pero al año que viene, sí o sí, tengo que estar allí.
En cuanto a esto que dices:
Es la ventaja de las ciudades pequeñas: muchas más iniciativas culturales y deportivas, accesibles a toda la población y gratuitas.
¡Ejem!…, no destaparé de nuevo la caja de los truenos que ya hubo quien me dejó de hablar en mi terruño…
A ver si es verdad y corremos juntos el año que viene
.
Lo que comentas, no lo entiendo. ¿Tuviste una mala experiencia con alguna iniciativa en Ávila?
Chico, yo lo único que sé es que en Madrid hay mil exposiciones y eventos culturales: intentas ir y nunca hay entradas. Al final te hartas y ni te molestas en acudir a lo que haya.
En Segovia hay 5: pero si quieres ir, vas.
Y lo que han hecho desde el Ayuntamiento me parece de lujo: cerca de 70 personas se han apuntado y han tenido entrenadores, instalaciones, desayunos, regalos…
No sé, me parece que vivir en una ciudad pequeña es infinitamente mejor.
¿Mala experiencia en Avila?. Juzga:
http://elblogdeuncorredorpaquete.blogspot.com/2007/05/media-maratn-de-avila_20.html
Y pregunta al resto de protagonistas, en especial a Mocosoft al que tuve que sujetar, literalmente, para que no se encarara con la concejala de deportes que se acercó a animar a los corredores.
Otra “jugada” del mismo club en los últimos párrafos de esta otra entrada:
http://elblogdeuncorredorpaquete.blogspot.com/2007/07/i-media-maratn-amigos-del-camino-de_08.html
La publicación de estos análisis me costó que varias personas del club organizador me retiraran la palabra.
Tengo que matizar que hablo del tema atlético. En lo cultural: exposiciones, conferencias, conciertos, congresos… Avila se mueve mucho y bien.
Bueno, vale ya de abusar de tu paciencia…
Pedazo de Media Fran y como buen Crack que eres llevando a tus amigas a ese tremendo éxito. Yo debuté en Media con 2h14′ así que hacerlo por debajo de 1h55′ me parece un exitazo.
Esa Media de Segovia hay que apuntarla para el año que viene, además me pilla cerca de Becerril.
Lo del año pasado de Avila fué una mala organización. Gente como yo que hice en meta 2h09′ no tubimos agua hasta el km15, pero no por ello la tacho del calendario. La calidad humana de la gente que me acompañó unido a la gran comilona que nos pegamos (¿Verdad Carlos?) hace que quiera repetir en esa cuidad alguna que otra carrera.
Nos vemos el Domingo ;).
Es cierto, en cuanto lo ha nombrado Carlos he recordado que pasasteis penurias en la media de Ávila, y lógicamente, Carlos lo sufrió más porque era el anfítrión.
Errores en una organización son comprensibles. Cada vez soy más tolerante con el error, no así con el trapicheo, la especulación, el engaño y la avaricia.
Pero en mi entrada me refería más a la calidad de vida que tienen las personas que viven en una ciudad pequeña (Segovia, Ávila, Teruel…) que acceden a más cosas que los que habitamos una gran urbe con mucha oferta pero con poca accesibilidad a lo que se oferta.
En cuanto a la media de Segovia, creo que vale la pena el año que viene pensar en enviar un comando paquetil.
Bonita media Fran, tendremos que hacerla algún día.
Felicidades para Mari Luz..
chulito jajaja, ya te pillaré yo a ver si libreas tan …facil…
Un saludo crack.
Elige la Media y yo el calcetín.
Te voy a hacer yo ronronear, pero bien!
Todavía me debato entre “ahogarte” o darte la enhorabuena, como me aconsejan mis conocidos.
Agggggg….
La mejor media maraton de España, y lo digo con conocimiento de causa que llevo a mis espaldas 25 medias y 12 enteras ( es decir maratones).
En ningún lugar me han tratado como en Segovia, encima la ciudad un lujo, paracas para abrir boca y unos preñados a la llegada.
Lástima que alguno fuera a quitarse el hambre, buitres los hay en todo los lados además de en el campo
Estoy contigo, Batusi. Una media perfecta en todo: el entorno, el recorrido, la gente, la ciudad, los voluntarios, todo.
Espero que no se masifique y podamos disfrutarla cada año.
Gracias por pasarte por aquí.
[...] riesgo de salir más en la pantalla que la Pantoja, inserto aquí las fotografías oficiales de la II Media Maratón de Segovia en las que aparecemos Mari Luz, Cristina y el Buey [...]