El 29 de octubre de 2006 corrí mi primera carrera popular. No llevaba más que tres meses entrenando (sic) y tenía muchos kilos de más, mucho tabaco aún en los adentros y muy poca sabiduría. El resultado no podía ser sino lamentable. Pero como todo lo que se hace sin pensar, resulta fresco e interesante. Estas líneas las escribí al terminar la carrera.
MARCANDO PAQUETE
Bueno, ya estoy desvirgado. Pues tampoco era para tanto…El sábado estaba nervioso, la verdad. Fuimos en viaje de ida y vuelta al pueblo de Segovia donde tenemos una casa. Temas de albañilería, pero no curré mucho. Después de comer, a buscar setas, pero no me las cené por si acaso me sentaban mal y la liábamos. En el camino de vuelta (con mi extraño humor que poca gente entiende; será que tengo la gracia en el culo) recuerdo a mi mujer y a mi hijo que quiero donar todos los órganos (el corazón queda excluido, pues estará reventado) y que esparzan mis cenizas en el Collado Ventoso; aunque si les da pereza, que las echen por el váter, que da igual. Mi mujer se preocupa: “No sé por qué te has dejado convencer para correr, la verdad; si no estás preparado no lo hagas”. Mi hijo abandona sus posiciones exigentes (me pedía al menos medalla de bronce) y se da cuenta de que su padre puede palmar: “Pues no corras, papá“.
Me acuesto pronto porque creo que no voy a pegar ojo. Pero duermo correctamente. Eso sí, con el tema del cambio de hora, me levanto muy pronto; me da tiempo a desayunar de forma adecuada y a… ¡asar un pollo! Así cuando vuelva derrengado no tendré que ponerme a hacer nada. Salgo a las 10, porque he quedado con mi amigo Luis allí; mi familia irá directamente a la salida. Tiene su gracia el ambientillo de la carrera. Hay gente que se está pegando una paliza calentando que no sé yo muy bien a qué viene. Coño, así que esto era el famoso chip. Calentamos muy lentamente, unos estiramientos suaves (yo no quiero gastar mucha energía, porque no voy sobrado). Veo que no me duele nada. No cojeo y me encuentro bastante recuperado (había estado cojo: cosas de la vida sana). La gente ya se coloca en el arco de salida. Me despido de Luis, que se pone con los primeros, y yo me voy hacia atrás, con los paquetillos.
Mi familia no está y me da un poco de bajón. En esto que los veo correr como locos: llegan justo a tiempo. “¿Cómo estás?” “Bien, aunque ya estoy a 120 y no he empezado”. Beso a mi hijo y sorprendentemente, mi mujer me besa a mí. Imagino que está convencida de que voy a morir, y así se evita tener que besar al cadáver, que siempre sabe peor. “Oye, papá, que ya ha empezado, que están corriendo“, me dice mi hijo señalando al pelotón que corre que se las pela. Y yo a por uvas . Claro, es que no estoy acostumbrado a los besos. “Coño, esperarme, cabritos, que yo también vooooooy”.
Mamma mia, qué subidón me dio. Salir el último, a muchos metros del penúltimo y empezar a sortear gente a toda hostia. No he corrido más en toda mi vida. Sabía que estaba haciendo el ganso, pero qué narices, me apetecía… . Siempre corro solo, y aquí hay gente por todas partes (algunos huelen mal desde la salida ). Me quito de en medio a uno que destila agrios aromas y sigo dándome caña. 170 pulsaciones y subiendo, y subiendo la cuesta, digo. Cuando me queda poco para girar en la rotonda y volver, me saluda mi amigo, que va con los buenos: “Venga, tío”, yo aún tengo fuerzas para gritar. Voy suelto, genial, nunca he corrido mejor. Nos ha jodío, iba a menos de 5′ el kilómetro. Sé que me estoy equivocando, éste no es mi ritmo y no lo voy a poder mantener más de 4 Kms. No veo marcas de Kms, pero por el Google Earth sé más o menos por dónde caen. El caso es que doy la primera vuelta (3.5 Kms aprox, en 17:02; a 4′52″; o sea, la mueette).
Mi hijo está encantado cuando me ve pasar. “Papá, que vas muy bien, que no eres el último“. Ja, ja, ja, espera un poco, hijo, que todo llega en esta vida . Segunda vuelta a saco, aunque ya sé que no voy a poder aguantar así. En la cuesta veo aparecer en mi muñeca el odiado 180. Algunos de los que van conmigo empiezan a cambiar de ritmo, unos caen pero otros me adelantan. Me fijo en un tipo más o menos de mi edad que parece que va a ritmo parecido y me junto a él. Al final de la cuesta se queda y yo, mísero de mí, inconsciente, sigo ahora hacia abajo sin recuperar: 183 . Segundo giro en la rotonda y vuelta a subir. Esto ya se hace horrible. Delante de mí va una chica bajita con un culo muy simpático. Intento mantenerlo como referencia. Pero yo ya voy hecho migas y ella mantiene su ritmo. Adiós, culo. 185-186, y no cedo. Eso es mi límitetotal en los entrenamientos, cuando esprinto. Entonces siento el aire a mi derecha soplar con fuerza, fiuuuuummm, joder, me están doblando los primeros… pequeñitos, delgados, corriendo como corzos… Espera, macho, que te doy 20 kilos más a ver si corres igual . Sobre el Kms 6 nos dan agua, sí, sí, para beber estoy yo, me enjuago la boca y me echo el resto por la cara. Mi mujer me hace fotos y me dice “Venga, que vas muy bien, cada vuelta en 17; sólo queda una”. Mi hijo me manda su sonrisa y sus ánimos . Joder, si no fuera por eso… Aquí iba a estar yo…
Tercera y última y mi pulsómetro echa humo, 190-191 . Sé que las voy a pasar canutas, ya no doy más. Me cuesta un mundo subir la cuesta. Me empiezan a rebasar un montón de grupitos. Yo ya paso de marcas, de liga paquetil y de todo. Con no reventar me conformo . Último giro, de aquí me quedan unos 2 kms y pico. Estoy bastante solo y me siento desfallecer. Hace un calor de la leche. 193 pulsaciones. El tiempo pasa rápidamente en mi reloj, pero muy despacio en el exterior. Siento que alguien se acerca por detrás. Echo un ojo y se me pega un tío, más joven que yo. Le digo: “Venga, que nos quedan menos de 2Kms”. El tío me farfulla algo y me sonríe, pero está tan mal como yo. Veo gente sentada que ha decidido abandonar, algunos con buenas pintas de atleta… subimos juntos una cuesta y bajamos, yo voy a 196 pulsaciones , sé que voy muuuuy despacio, pero el corazón va muuuy rápido. Me queda una larga cuesta que se hace interminable. Cierro los ojos y corro un rato sin mirar. Cuando los abro, veo a un señor delante de mí. Lo conozco de vista, de entrenar por este parque. Va también tocado y consigo ponerme a su vera. Me dice: “Menuda rompepiernas es la jodía”. Imagino que se refiere a la carrera y no a una mujer, aunque cualquiera sabe. Nos queda girar y para abajo 300 metros. Yo no puedo esprintar, no he bajado de 196 desde hace mucho y no tengo nada más en mi interior. Coño, ¿¿¿por qué van alejando el arco de meta??? Ah, no, ya he llegado…¡¡¡Qué palizón!!! Paro el crono en 53′21″… pero qué paquete soy.
Mi hijo está encantado, viene enseguida conmigo. “¡Has terminado! ¡Y no eres el último, todavía quedan más!”Me bebo de un trago la lata, me dan la bolsa (camiseta, gorra, llavero, cartera-monedero, medalla, revista “Muy” y reloj despertador, no está mal la cantidad de regalos que te dan por sobrevivir) y recupero las pulsaciones a unas maravillosas 150. Luis ha hecho 44 y poco, él sí es un campeón… Yo sólo un paquete . Pero es lo que hay.
Me alegra un monton que tengas un blog.
Ya recuerdo yo ese post… ¡¡¡cómo ha cambiado el cuento!!!
Mucha suerte con tus yokuciones en este medio tan extraño que es la blogosleches ésta. Trataré de seguirte al menos una vez de vez en cuando
No os preocupéis por fichar aquí, que nos vemos en el bar. Allí se está de lujo y siempre hay orejones y Acuarius.
[...] el 21 de septiembre correré por tercera vez esta carrera en el Parque Paraíso (Arcentales). Fue la primera que corrí (y casi la última) y me gustaría seguir haciéndolo durante muchos años. Es una carrera muy modesta, sin grandes [...]